Reseña: «I Dreamed of Electric Sheep» de PFM (2021)

PFM I Dreamed of Electric Sheep

Hablar de un nuevo álbum de una banda que lleva 50 años de trayectoria resulta siempre riesgoso. En casos similares, se suelen oír, casi como susurros, frases como «deberían retirarse», «quieren hacer más dinero» o simplemente «¿otro disco más?» En muchas ocasiones, estos dichos resultan, además, razonables. Pero PFM, con su álbum «I Dreamed of Electric Sheep», es, definitivamente, una excepción. Una más que honrosa excepción.

La temática de este disco es el resultado del contexto de pandemia, aunque no podemos solo «culpar» al Covid por esta inspiración. También se encuentra el gusto declarado de Franz Di Cioccio y Patrick Djivas (cuyos rostros aparecen fusionados en la carátula) por la ciencia ficción. De manera más específica para este álbum, por el libro «¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?» de Philip K. Dick (que también inspiró la película «Blade Runner»). De hecho, este gusto compartido les había dado la idea de trabajar en un álbum conceptual, con esta temática, desde hacía ya tiempo.

Sin embargo, el mundo distópico retratado en la novela parecía acelerarse gracias al confinamiento, y a la maximización de actividades humanas mediante herramientas informáticas. En el contexto de pandemia, pareciera que todas las cosas (o al menos las que son relevantes) pasaban por la pantalla de un computador o de un móvil. Tener tanta información a mano nos sintetiza cada vez más con estos dispositivos, a la vez que dajamos la imaginación y fantasía en planos secundarios. ¡Los androides somos nosotros!

Esta idea puede sonar entretenida, interesante, y sobre todo adecuada. Sin embargo, una buena temática inicial no asegura siempre la calidad de una obra. Lo difícil comenzaba entonces, y el dúo Di Cioccio/ Djivas, luego de componer con todas las restricciones propias de la pandemia, lograron reunirse con el resto del grupo.

I Dreamed of Electric Sheep/ Ho Sognato Pecore Elettriche

El resultado solo lo hemos podido conocer este 22 de octubre, con un álbum doble, con versiones en inglés y en italiano, en la misma tónica de «Emotional Tattoos». Así, tenemos una versión llamada efectivamente «I Dreamed of Electric Sheep» y otra titulada «Ho Sognato Pecore Elettriche». Aunque la música es idéntica entre ambas versiones, los títulos de las canciones no tienen una traducción literal entre sí.

El álbum comienza con Worlds Beyond, que nos muestra una de las máximas a las que aspira PFM: un marcado eclecticismo, sin temor a arriesgar y con la suficiente valentía de no jugar a una nostalgia barata. Un inicio de epopeya, marcado por tonos sinfónicos y cinematográficos construyen una melodía ágil, que es luego interpretada en modo rock progresivo: guitarra eléctrica, batería, bajo y órganos, acompañados de toques de violín. Sin embargo, llegando al minuto 2 tenemos una sección dominada por riffs que bien se acercan al metal progresivo. ¿PFM sonando a Dream Theater? Pues sí. Los teclados dominan un corto pasaje que se rompe para dar entrada al piano que se conecta con el siguiente tema. ¡Una maravillosa apertura!

El disco prosigue con Adrenaline Oasis, en que el suave piano entrega el liderazgo a la voz de Di Cioccio, quien sin tener una gran voz, sabe utilizar sus recursos vocales para acoplarse muy bien a cada canción. Luego de un inicio con base en pop de buen desarrollo melódico, el ritmo se acelera en una sección que incorpora guitarra eléctrica y mágicos sintetizadores, que son uno de los puntos sobresalientes aquí.

Let Go retoma una base de pop de manera pausada y emotiva, cambiando en energía y estilo con la pieza siguiente: City Life. En esta pieza podemos encontrar algunos sonidos electrónicos, con sintetizadores muy idóneos. Aquí podemos encontrar nuevas entregas de rock, incluso algo pesado en algunos interludios. Los arreglos permiten recrear un ambiente futurista, en que lo sinfónico, el rock y la electrónica conviven con mucha frescura.

If I Had Wings es una pieza que, en líneas instrumentales, puede resultar liviana, aunque nuevamente entrega una encantadora melodía. Esta canción nos cuenta una historia acerca de un dron que se enamora de La Tierra. Paradójicamente, pareciera que este dron puede captar la belleza del planeta mejor que los propios humanos, idea que enfatiza el espíritu temático del álbum.

Desde aquí en adelante, las cosas se ponen incluso más interesantes. Un marcado bajo (que me recuerda a Chris Squire) predomina en la escena de Electric Sheep, en una pieza que se sostiene en el funk. Daily Heroes tiene un sentido sobrio al inicio, pero es solo un espejismo que resulta en una juguetona canción sobre un hombre sin identidad. De esos que, de tanto construir fachadas distintas para las demás personas, terminan siendo «nadie» realmente.

Kindred Souls es un tema histórico, ya que dos leyendas del rock progresivo colaboran aquí: ¡Ian Anderson y Steve Hackett! guitarra y flauta suenan en diferentes momentos, en una pieza de música étnica cargada de cortinas atmosféricas de base electrónica. Junto con el sonido de una gaita, aparece la inconfundible flauta de Anderson, en una pieza que incluso muestra toques de Neo-Prog.

Para finalizar, Transhumance y Transhumance Jam cierran en disco con dos piezas separadas que en realidad bien pueden ser una sola. Una sesión instrumental en que cada músico dialoga de forma libre con los demás, mostrando todos los riesgos que PFM está dispuesta a enfrentar. Después de todo, un jam explosivo podría, actualmente, funcionar como un bonus track… ¿pero para finalizar un álbum conceptual? Y vaya que tiene sentido, porque en estas piezas PFM nos dice que la única forma de evitar ser androides radica en dos vías complementarias: dejar volar la creatividad e interactuar con otras personas. De eso se trata, finalmente, este cierre.

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En I Dreamed of Electric Sheep, Premiata Forneria Marconi no solo da en el clavo en términos conceptuales en un momento todavía preciso, sino que además lo hace liberándose a sí misma de cualquier clasificación. Esto es, en efecto, mucho más que rock progresivo. Dándose el tiempo para comenzar magistralmente, luego para bajar las revoluciones con el fin de desarrollar el dramatismo necesario, para luego ir in crescendo hasta el final, el grupo atraviesa por muchos límites que la crítica y los fans han construido con los años. Quizá, este es el espíritu que debiera adoptar el rock progresivo a estas alturas de la historia, alejándose de sus propias etiquetas obsoletas.

Ciertamente, esto último representa un riesgo. Transitar entre el jazz, el rock sinfónico, la música del mundo, el funk, la electrónica y el metal puede ser abrumador para algunas personas. Sobre todo, para quienes esperan de PFM sonar siempre como en «Impressioni di Settembre».

Pero nada más lejos de eso. PFM pone a los progresivos más recalcitrantes en su lugar, para hacerles entender que ningún género es más que otro, y que solo hacen música que debemos apreciar por su valor intrínseco. Por su valor como arte, como expresión de una intención clara de entregar belleza al mundo. Y en eso, PFM es muy, muy difícil de superar.

Puedes escuchar «I Dreamed of Electric Sheep» (con su respectiva versión en italiano) en Spotify: