Animals: Pink Floyd y su propia rebelión en la granja

Pink Floyd Animals Destacada

 

Una revisión de la producción y canciones de Animals (1977), décimo álbum de estudio de Pink Floyd, y un clásico manifiesto político progresivo en plena era del punk en Reino Unido.

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La génesis de Animals

El 21 de enero de 1977 Pink Floyd editaba Animals, su décimo álbum de estudio. Un disco que llegaba en el contexto de una Inglaterra agitada social y económicamente por el desempleo y la inflación. Especialmente la juventud en Reino se encontraba desesperanzada, viéndose a sí misma sin un futuro claro. Así, abrazó al punk como expresión cultural, que le permitía canalizar su rabia, odio y aborrecimiento hacia los escombros de la sociedad victoriana. Se construía un fuerte cambio generacional.

Ante el desorden predominante, afloró en Roger Waters toda su inquietud política. Una inquietud que siempre lo acompañó, pero que hasta entonces no se había manifestado tan explícitamente. Esto le dio la inspiración para tomar las riendas de Animals y, con ello, de consolidar su liderazgo en Pink Floyd.

De esta manera, Animals se convertía en el tercer álbum conceptual de Pink Floyd. Aunque se basa en el libro «Rebelión en la Granja» de George Orwell, resulta una adaptación bastante libre, cambiando incluso el mensaje ideológico que hay por detrás. Desde la crítica al sistema socialista a uno que apuntaba sus dardos hacia el capitalismo descarnado.

Waters desarrollaría esto dividiendo a la sociedad liberal en tres estratos: cerdos (dueños del capital), perros (clases medias aspiracionales) y ovejas (clase obrera). Para subrayar la rabia de esta temática, Animals adoptó un sonido más crudo que sus antecesores. Más rockero. Uno que, a la postre, convertiría a este álbum en uno de los puntos más destacados de la discografía de Pink Floyd. Aunque, como contraparte, aumentaría la discordia dentro del grupo.

La preparación de Animals

Animals fue grabado en Britannia Row, estudio propiedad de Pink Floyd, ubicado en el municipio londinense de Islington. Sus instalaciones, más incómodas que Abbey Road, tensionaron la grabación del álbum. Además, algunas diferencias políticas entre el grupo y el ingeniero Brian Humphries afloraron durante las sesiones. El liderazgo exacerbado de Waters y la escasa colaboración del grupo (principalmente de Wright), añadieron todavía más complicaciones.

Además, uno de los aspectos más difíciles en la preparación de Animals fue su portada. El arte del disco, diseñado por Storm Thorgerson, originalmente presentó dos alternativas al grupo. La primera, con un niño viendo a sus padres manteniendo relaciones sexuales. La segunda, con dos patos muertos colgados sobre una chimenea, a modo de decoración. Ninguna convenció al cuarteto.

Pink Floyd Animals Original Cover
Uno de los bocetos originales de Storm Thorgerson para Animals

La carátula final, ideada por Roger Waters, representa un ícono del rock. En ella, aparece la central Battersea Power Station, ubicada a orillas del Támesis. Su estructura, para Waters, representaba poder y dominación. Sobre ella aparece Algie, el cerdo volador, que fue construido como un globo gigante, por la firma alemana Ballon Fabrik.

Algie fue instalado entre dos de las chimeneas, y fotografiado por un gran equipo, no sin antes tener varios percances. El más conocido, ocurrió cuando el globo se perdió en los aires debido a una ráfaga de viento, siendo recuperado varias horas después.

A pesar de estas dificultades, Pink Floyd logró llevar a cabo el trabajo de preparación de Animals. El proceso creativo se facilitó, considerando que dos piezas se encontraban relativamente armadas. En efecto, «Dogs» nace de una pieza anterior, titulada «You’ve Gotta Be Crazy”. «Sheep», en tanto, surge de «Raving and Drooling». Ambas fueron compuestas casi dos años antes, y también presentada en la gira de DSOTM.

 

Las canciones de Animals

El álbum comienza con Pigs On the Wing 1, una breve balada acústica compuesta por Waters, y que para el álbum fue dividida en dos partes. Esta apertura, líricamente, funciona como una advertencia, que nos señala lo que ocurriría si nadie se preocupara por nadie. Nos pone en la situación de un individualismo extremo, de la apatía total, que es la que nos sumerge en la realidad que plantea el disco.

Aunque esta canción tiene un gran sentido político en Animals, en realidad se inspira originalmente en la alegría y esperanza que trajo, para Waters, su segundo matrimonio. El título que adoptó, se basa en el término que usan los pilotos de combate para referirse a un enemigo oculto.

Dogs es la única canción que, además de Waters, cuenta en sus créditos con otro miembro de Pink Floyd: David Gilmour. Aquí se despliega toda la acidez de las letras de Waters, que atacan a las clases medias que aspiran a ser como los cerdos. Esas que representan el oportunismo, la traición y que, en algún momento de sus vidas, se terminan aislando, quizá por la culpa, o por nunca haber confiado realmente en nadie.

La base melódica fue compuesta por Gilmour, quien quiso añadirla inicialmente a Wish You Were Here. La versión original de “You’ve Gotta Be Crazy” sonaba menos fría, aunque la letra era bastante similar. En la última parte el grupo hizo más cambios, bajando la afinación en un tono (Re). De esta manera, Dogs se convertiría en la última pieza épica de Pink Floyd y, posiblemente, la composición más progresiva en su discografía gracias a la progresión de sus acordes.

Pigs (Three Different Ones) continúa con la crítica social, en la que los cerdos dueños del capital pueden dividirse en tres grupos. El primero, el gran empresario propiamente tal. El segundo, es una mujer carente de humanidad, posiblemente Margaret Thatcher, representando lo aplastante del poder político. El tercero era otra figura británica de la época: Mary Whitehouse, una reconocida activista conservadora, quien encarnaría el poder moral.

Esta canción la escribió íntegramente Roger Waters. El sonido del cerdo, al inicio, fue producido por el efecto Heil Sound Talk Box de David. Un sintetizador, un Hammond y el bajo (posiblemente grabado por Gilmour) ponen en marcha esta canción, que alcanza 11 minutos de duración. La voz de Roger merece una mención aparte, adaptándose perfectamente a la fuerza (incluso rabia) que requiere esta letra.

La catarsis conceptual de Animals recae en su última pieza extensa: Sheep. Esta canción se basa en “Raving and Drooling”, aunque con muchas modificaciones en su letra, que originalmente se refería a la locura. Posiblemente, fuera un rezago del ánimo de DSOTM.

La figura de las ovejas retratan a una clase trabajadora profundamente dominada. Esto se vincula magistralmente a la pieza anterior, a estos tres tipos de cerdo, que representaban diferentes aparatos ideológicos del Estado (dispositivos de dominación desde la perspectiva marxista). La dominación cultural se plantea con un interludio de voz sintetizada, que recita parcial y lúdicamente el Salmo 23 de la Biblia. Esta canción, sin embargo, constituye un llamado a la rebelión final, con las ovejas matando a los perros.

Sheep tiene, además, uno de los pocos momentos en que Richard Wright brilla por sí mismo, durante la introducción. Sin embargo, la entrada de la batería y de la guitarra agregarían gran fuerza y dinamismo a esta pieza. Hacia el final, la canción se desvanece lentamente para retomar el sonido de aves y ovejas del inicio, y que abren paso para la última pista del álbum.

Animals termina con Pigs On the Wing 2. A diferencia de la primera parte, esta pieza parece ser mucho más optimista. De hecho, entrega respuestas a algunas inquietudes iniciales.

Si bien se inspira en la estabilidad que su segunda esposa le dio a su vida, Waters también propone aquí un cierre lírico necesario para el disco: el amor, la preocupación mutua, la empatía, son ingredientes imprescindibles para no transformarse en los perros del disco, o en ovejas sumisas. Algo similar a lo que retomaría al final de Hey You (de The Wall): «Together we stand, divided we fall».

Así, esta corta canción, a pesar de ser muchas veces pasada por alto al lado del resto de las piezas, tiene un significado y un mensaje clave en el disco. Probablemente, sea el corazón de la consigna de Animals.

 

A modo de síntesis…

El disco tuvo bastante éxito en su momento. La gira europea de Animals comenzó el 23 de enero y se extendió hasta el 31 de marzo de 1977. En Estados Unidos, bajo el nombre de «In the Flesh», este tour se haría en dos tandas: entre el 22 de abril y el 12 de mayo, y entre el 15 de junio y el 6 de julio.

En Animals, Pink Floyd terminaba de dar un giro temático que transitó sutilmente en su carrera. Un giro que pasó desde las abstractas menciones a seres mágicos o planetas en su disco debut, hasta el retrato de la más cruda y concreta realidad. Una realidad que sería, al menos durante la estadía de Waters, la tónica en sus siguientes álbumes.

Con ello, este álbum se convierte en el más «punk» y, paradójicamente, más progresivo de Pink Floyd. 

Con Animals, efectivamente, Pink Floyd conseguía subvertir la música punk, aunque sumándose, desde otra vereda, al álgido momento de la Gran Bretaña de esa época, empatizando con la abandonada juventud británica de esos años. El mensaje era claro: unámonos, empaticemos y volvamos a sentir. Un mensaje que, al día de hoy, parece más vigente y necesario que nunca.

Puedes escuchar Animals aquí: