A Momentary Lapse of Reason: Pink Floyd reducido a dos

Momentary Lapse of Reason front

El 7 de septiembre de 1987 se liberaba A Momentary Lapse of Reason, decimotercer álbum de estudio de Pink Floyd. Con este disco, se comenzó a escribir no solo una nueva etapa en el sonido del grupo, sino también se abrió un bizantino debate hasta el día de hoy: ¿Waters o Gilmour?

 

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Antecedentes

Entre 1984 y 1985 la tensión dentro de Pink Floyd crecía silenciosamente. Ante ello, los integrantes del grupo decidieron dedicarse a trabajos solistas y colaboraciones. En 1984, Roger Waters lanzaría The Pros and Cons of Hitch Hiking», mientras David Gilmour hacía lo propio con «About Face». El mismo año, Richard Wright (aunque no era parte de Pink Floyd oficialmente) edita «Identity» junto con Dave Harris. En 1985, Nick Mason y Rick Fenn lanzaban «Profiles».

Sin embargo, ninguno de los trabajos solistas alcanzó el éxito de los álbumes de Pink Floyd. De hecho, durante la gira de About Face, Gilmour debió cancelar dos fechas por una baja venta de entradas. Ello le ayudó a convencerse de que era momento de volver a publicar bajo el nombre de Pink Floyd. Incluso sin Waters, el nombre del grupo era mucho más fructífero que el nombre de sus integrantes. Con Waters ya fuera del grupo, sus declaraciones de que Pink Floyd no sería capaz de continuar sin él, solo fue un incentivo adicional para Gilmour.

PINK FLOYD A Momentary Lapse of Reason Canada Gatefold FOC 12

La preparación de A Momentary Lapse of Reason

Para comenzar con A Momentary Lapse of Reason, a inicios de 1986 Dave contactó a Bob Ezrin, con quien ya habían trabajado en The Wall. De hecho, Gilmour se lo «arrebató» a Waters, con quien se supone que Ezrin colaboraría para Radio K.A.O.S. La idea era revivir el sonido de Pink Floyd, que se había perdido especialmente en The Final Cut. Para ello, comenzó a reunir varios músicos, como Phil Manzanera, Jon Carin e incluso Tony Levin. Y sí, también al propio Richard Wright, quien por razones contractuales no podía aparecer como miembro estable.

No obstante, el trabajo resultó inicialmente difícil. La idea original era construir un álbum conceptual, para mantener el sello del grupo. Había bastante música compuesta, pero faltaban las letras, un aspecto siempre complejo para Gilmour. Entonces intentaron, sin éxito, recurrir a letristas que pudieran dar un hilo conductor para las letras del álbum. Así que Pink Floyd echó por tierra hacer un disco conceptual. Aun así, recurrieron a Anthony Moore para escribir algunas letras («Learning to Fly», «The Dogs of War» y «On the Turning Away»).

Con todo, a pesar de que finalmente el disco consiguió una aceptable recepción comercial, las críticas resultaron bastante dispares. Incluso el propio Waters se dio tiempo para mofarse del álbum, especialmente de sus letras. Estas críticas, sin embargo, se apagaron poco a poco tras el éxito de la gira, cuyo despliegue devolvió a Pink Floyd la confianza en los escenarios.

A Momentary Lapse of Reason fue grabado inicialmente en el Astoria, una antigua embarcación que Gilmour compró, y en la que remodeló su comedor como estudio de grabación. Debido a que el espacio era bastante estrecho, decidieron utilizar amplificadores más pequeños que lo habitual. El trabajo allí se extendió entre noviembre de 1986 y febrero de 1987. Desde entonces, hasta marzo, cambiaron a varias otras locaciones, como Mayfair Studios y Audio International Studios en Londres, así como a los A&M Studios o el Village Recorder de California.

Con el fin de conservar la calidez del sonido, se utilizaron consolas que permitían grabar en sonido analógico, especialmente para la sección rítmica de cada canción. Sin embargo, también se incluyeron grabadoras de cinta digital, usadas para grabar guitarras y voces. La incorporación de tecnologías digitales, así, produciría un sonido mucho más propio de los años 80, que impregna buena parte del disco.

La carátula, diseñada por Storm Thorgerson, presenta una fotografía de un conjunto de camas de hospital en una playa, que construyen un camino o un río. Un hombre se sienta en una de ellas, mientras una mujer a la izquierda porta algunas sábanas. Atrás se aprecia una jauría de perros (supongo que es una referencia a «The Dogs of War») y una persona planeando (referencia a «Learning to Fly»). Esta imagen fue una pesadilla según Thorgerson, ya que requirió instalar alrededor de 700 camas y, por lo tanto, un gran despliegue logístico.

A Momentary Lapse of Reason photo

Las canciones de A Momentary Lapse of Reason

El disco abre con Signs of Life, un cálido instrumental recitado por Nick Mason, con palabras que pueden significar diferentes cosas. El sonido del agua (posiblemente del mismo Támesis donde se encontraba el Astoria) y de sintetizadores, permiten que el sugestivo sonido de los remos suene extrañamente dulce. Las bases de esta pieza son, sin embargo, antiguas (de 1978, según Gilmour), lo que explica que alcancen un sonido tan propio de Pink Floyd. De hecho, el sonido del sintetizador y de la guitarra limpia de Gilmour se asemejan en algo a los primeros minutos de «Shine On You Crazy Diamond».

Learning To Fly es, según Mason, la canción de sonido más propio de Pink Floyd en el disco. Su título y letras expresan la libertad de volar, una pasión que Gilmour y Mason compartían. Especialmente durante su escritura, Gilmour se encontraba tomando lecciones de vuelo, lo que inspiró estas letras. Aunque también puede entenderse como el levantamiento de la nueva aventura de Pink Floyd, sin Waters. La sección rítmica de esta canción resulta especialmente pegadiza, con una interesante programación de batería y el sonido de Tony Levin en el bajo.

Sigue The Dogs of War, de ritmo bien marcado en 12/8, con una base de blues que domina la canción. Sobre ella, se despliegan letras inspiradas en el ambiente bélico de la época, que evocan posturas políticas propias de la última etapa del grupo con Waters. La música acompaña muy bien, entregando texturas de oscuridad acentuadas por los arreglos de cello y la reverberación de la batería. Sobre esa oscuridad se ensalza una interpretación muy enérgica de Gilmour, enfatizando la rabia contenida en las letras.

The Dogs of War se empalma con One Slip, canción que contiene en sus versos el «A Momentary Lapse of Reason» que da el título al álbum. La composición tuvo una considerable colaboración del gran Phil Manzanera, otorgándole esa sensación de suave vértigo. Las líneas que hablan del «momentáneo lapso de razón» indican que representan a los momentos especiales que nos permiten hacer cosas decisivas en nuestras vidas. La canción se acompaña del Chapman Stick de Levin, quien produce un efecto que otorga aun mayor particularidad a esta canción.

Luego, una de las canciones más «bellas» del catálogo de Pink Floyd, aunque sus letras expresan una protesta propia de la izquierda política. Algo que para Gilmour no es representativo, pero ya que las letras fueron escritas por Anthony Moore, el trabajo se orientó hacia la esperanza por construir un mundo en que deje de reinar el egoísmo de los intereses propios. Y con ello, que prevalezca el bien de los oprimidos. La canción va adoptando mayor intensidad, hasta el último verso en que entran todos los instrumentos y el apoyo coral femenino, lo que da a esta pieza un cierre brillante y sobrecogedor.

Yet Another Movie prosigue en una canción de letras bastante impresionistas, en las que versos que plantean imágenes surrealistas se mezclan con secuencias cortas de sintetizador y guitarra y una muy acompasada sección rítmica, construyendo una atmósfera minimalista. Ello se mantiene durante los primeros minutos, irrumpiendo solos de guitarra fugaces. Llegando a los 4 minutos Gilmour suelta uno de los mejores solos del álbum, para regresar a la melodía y arreglos iniciales.

Hacia el final, esta canción continúa sin interrupción con Round and Around, corto instrumental que opera a manera de «coda» para Yet Another Movie. Otra pieza de voz distorsionada digitalmente y mínimos arreglos instrumentales aparece en A New Machine, Pt. 1, que da inicio a Terminal Frost.

Esta canción es otra pieza instrumental, aunque de extensión más larga. Apenas se incluyen un par de palabras semi-cantadas por Gilmour, para entrar a una pieza que entremezcla una extraña sensación de calidez y oscuridad. Los arreglos vocales femeninos y, especialmente, la contribución de saxofón resultan puntos destacables de este tema. Luego de ella, se cierra este pasaje del disco con A New Machine, Pt. 2, de apenas 39 segundos.

El álbum finaliza con Sorrow. Una canción que, en mi gusto, puede resultar algo tediosa con los sobrecargados efectos de guitarra, aunque en las versiones en vivo genera una sensación absolutamente magnífica. Este efecto se consiguió con Gilmour usando su Steinberger con dos pedales: su Boss Heavy Metal distortion pedal y un Boss digital delay pedal. Este sonido pasaba por dos amplificadores, cuya distorsión dio el primer resultado de gran intensidad. Para acrecentar esta sensación, se volvió a grabar la guitarra con un sistema de amplificación instalado en el L.A. Sports Arena, lo que produce esa profundidad en el sonido.

Un aspecto particular de esta canción es que Gilmour compuso su letra antes de la música, algo no muy usual en él. Esta letra habla de la desesperanza por un mundo perdido, del cual ya no quedan más que recuerdos, entre los cuales se desenvuelve una serie de solos de Gilmour, que también se extienden hasta el final de la canción y del álbum.

Para finalizar…

En general, no me agrada decir que un disco es «mejor» o «peor» que otro, porque es demasiado subjetivo y poco respetuoso hacia los artistas. Cada obra debe apreciarse desde su propia inspiración e interpretación y, en el caso de AMLOR, desde su contexto particular. David Gilmour nunca se consideró a sí mismo como un gran letrista. Los aportes a Pink Floyd de Mason se habían sido prácticamente nulos desde hacía más de una década. Wright recibía un sueldo semanal, y su confianza para aportar se encontraba por los suelos.

Todo lo anterior nos indica únicamente que A Momentary Lapse of Reason es el álbum que Pink Floyd podía entregar en ese entonces. Al menos, el intento de hacer el mejor trabajo posible estuvo siempre allí, limitándose por lo antes mencionado. Buscaron buenos letristas, buscaron la colaboración de músicos de trayectoria impecable y trabajaron con ingenieros de vasta experiencia. Y aunque este disco suele ser criticado y descrito como de los menos inspirados en su discografía, era un paso necesario para proseguir.

Esta obra, además, permitió al grupo volver a acercarse al público, que creo que es lo más importante de esta etapa de Pink Floyd. La gira del disco se extendió durante casi 9 meses e implicó más de 200 presentaciones, que dejaron registros impecables y, sobre todo, permitieron a nuevas generaciones acercarse al grupo. Incluso, más adelante, haría olvidar al propio Roger Waters, pero para afinar el sonido a ese nivel todavía debía transcurrir casi una década.

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