DesiertoArte: música, cosmos y raíces del norte de Chile

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DesiertoArte es el nombre artístico del proyecto solista del chileno Javier Castro Figueroa. Compositor, multi-instrumentista, profesor de música y técnico en instrumentos, Javier es también bajista de la banda del gran Mauricio Redolés. Asimismo, hace casi dos décadas es parte de un conjunto llamado «Let It Band», con quienes realizan versiones de The Beatles con arreglos acústicos y una teatral puesta en escena. Con todo, un hombre que respira y vive la música.

Aunque DesiertoArte lleva más de dos décadas sobre la marcha, la inclinación de Javier hacia la música se remonta hasta fines de los 80. A los 15 años tocaba batería con amigos de escuela y de su barrio, recibiendo un importante impulso de parte de su compañero y músico Rodrigo Morales. Con gustos diversos como el hard rock, el heavy metal, el folk, la música fusión, el pop y la música docta, sus inicios se vieron marcados por la música sin etiquetas definidas.

Paralelamente, surgía en Javier un creciente interés por el cosmos. Desde su niñez, miraba al cielo nocturno, en la época en que la contaminación lumínica todavía no impedía disfrutar de las estrellas. La serie de Carl Sagan, y la experiencia de ver imágenes estelares con música de fondo, resultarían decisivos en esta inspiración. Con ello, el sonido electrónico caía como anillo al dedo. Las influencias de figuras como Jean-Michel Jarre, Vangelis y Kitaro se hacían presentes en sus inicios, a las que más tarde se harían patentes influencias de la electrónica alemana (Kraftwerk, Tangerine Dream). La experiencia cinematográfica de su sonido también se haría presente, fundamentalmente desde John Williams.

Asimismo, Javier cultivó un gran gusto por la música étnica. Habiendo crecido en zonas con una vista privilegiada hacia la Cordillera de Los Andes, no tardaría mucho en interesarse por los instrumentos propios del altiplano. En la medida en que fue investigando, fue también adquiriendo sus primeros instrumentos, como quenas, zampoñas, charango, tarkas y uno que marcaría mucho su trabajo: la ocarina. Por esta razón, bandas como Los Jaivas, Quilapayún o Inti Illimani también resultaron importantes en la consolidación del estilo de DesiertoArte.

Con todo lo anterior, llegar a estudiar la carrera de Pedagogía en Artes Musicales era un resultado no solo esperado, sino necesario. Como si, en el mismo firmamento que solía observar desde la niñez, hubiese estado escrita su vinculación con la música, el cosmos y la tierra.

 

La carrera de DesiertoArte

Desde su época como universitario, Javier ha editado hasta la fecha 11 álbumes entre 2003 y 2022 bajo su proyecto DesiertoArte. Todos ellos, trabajos donde ha impreso su sello radicado en su amor por la música, la astronomía, la naturaleza y la cultura del altiplano. Sus trabajos han sido editados de manera independiente, volcando todo este amor hacia el propio empaque. Así, Javier se encarga incluso de armar y ensamblar los discos, resguardando un trabajo absolutamente personal.

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El primer álbum de DesiertoArte se tituló Desierto, editado en 2003. Aquí podemos ver claras reminiscencias a la electrónica alemana, representando directamente el cosmos. Especialmente inspirador resulta el punto de vista del cielo del norte de Chile, estableciendo un auténtico viaje entre galaxias durante toda su extensión gracias al amplio uso de sintetizadores.

Su siguiente álbum, titulado Elki (2004), profundiza en la relación entre el cosmos y la tierra (entendida como el territorio, el suelo, el agua y su gente). Aunque, esta vez, centrándose más en el lugar desde el que se observa: la contemplación misma del firmamento.

Contemplaciones (2006) establece un vínculo entre el alma, el desierto y el cosmos. La adición de sonidos de agua fluyendo le otorgan un sentido de reflexión y meditación que no habíamos encontrado en sus dos trabajos iniciales.

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Piscis (2007), en tanto, va directamente al alma, valiéndose de las influencias étnicas que recubren el sonido de sus seis pistas. Cruz del Sur (2009), por su parte, regresa de lleno al cosmos, con atmósferas más densas que llenan todo el espacio sonoro. Ello se nota claramente en pistas como «Nebulosa de Orion» o «Pléyades», que vuelven a sonar con una orientación similar a su primer trabajo. Aunque en su debut ya se inspiraba en esta temática, este era su primer álbum dedicado a un observatorio (el Observatorio Cruz del Sur, de Combarbalá), donde compuso toda la música.

Luego de este álbum, Javier hizo una pausa de ocho años. Una etapa dura de su vida, en la que incluso debió vender varios de sus instrumentos. Sin embargo, como él mismo dice, «de grandes decepciones surge gran música». En 2014 vuelve a tocar con una banda, y poco a poco recupera equipamiento similar al que tenía, para conservar su sonido. Desde entonces la música, la naturaleza y el cosmos han permitido sanar heridas. Javier nos señala también el apoyo de «Rodrigo Hiza y Bernardo Córdova junto con el de mi pareja Mónica, la que ha sido un pilar importantísimo en todo lo que es DesiertoArte».

De este modo, en 2018 editaba Horizontes. Esta era el regreso, en una obra de dos pistas, que vuelve a conectar la tierra con el universo.

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En 2019 edita Eclipses. Con una clara inspiración estelar, este disco fue lanzado el mismo día del eclipse solar del año 2019, en el Observatorio Collowara (que se traduce como «cerro de estrellas» en lengua Aymará), ubicado en Andacollo. Esta experiencia se vincularía con su siguiente trabajo, titulado Sendero Cósmico (2020), en el cual su pieza principal lleva por título «Collowara… Sendero Cósmico». Asimismo, la pista de cierre («Cielo Sur») estaría dedicada al Observatorio del mismo nombre, en Alcohuaz.

Sereno (2021), finalmente, dirige su inspiración hacia el agua, desde la fuerza del mar hasta la calma de las suaves cortinas de agua de un arroyo, en un álbum que conecta la música con las fibras humanas más sensibles.

 

Lo nuevo de DesiertoArte

En los últimos años, Javier Castro ha reunido un considerable set de instrumentos con los que se encuentra haciendo nueva música. Su sonido lo extrae, principalmente, de un Roland XP10, un Casio CT-S400 un Yamaha SK10 del 79 y, cómo no, el primer teclado que le regalaron sus padres, un Yamaha PSR19. En palabras de Castro «muy sencillo, pero que fue mi punto de inicio». A ello se suma la versatilidad del Microkorg. Junto con ello, cuenta con ocarinas en distintas afinaciones, hechas por Ocarinas Arcoíris de Quilpué, flautas dulces marca Aulos, además de quenas y zampoñas hechas por el artesano José Luis Matus, recientemente fallecido.

Con este equipamiento, DesiertoArte ha lanzado dos álbumes este 2022: «Paisajes Estelares» y «Ruta Ancestral». Ambos, de algún modo, desarrollan de manera paralela, pero complementaria, dos de las grandes inspiraciones de Javier Castro.

 

Respecto de Paisajes Estelares, Javier nos cuenta: «está inspirado en el cosmos, y hay temas dedicados a agrupaciones u Observatorios Astronómicos. También hay un par de temas que hice para un programa llamado La Noche del Misterio, de La Voz del Norte, conducido por un gran periodista, Cristián Riffo, que además es investigador Ufológico. En él hay mucha predominancia de los teclados y sintetizadores, además de un recurso que estoy utilizando hace poco: el Vocoder. Hay temas muy espaciales, algunos de corte más rítmico y otros directamente ambientales, muy suaves».

Por su parte, Ruta Ancestral se define desde la Madre Tierra. En palabras de Javier: «hay una vinculación muy estrecha con la Pachamama y los hitos arqueológicos. estuvimos conociendo el Rincón las Chilcas, en los alrededores de Combrabalá. Un sitio lleno de Petroglifos, algo muy inspirador, en un entorno de mucha paz. Junto con esto, estuvimos visitando un tambo Inca escondido al interior de Valle de Elqui, en ruta hacia el Paso Aguas Negras (Comuna de Vicuña). Nos costó tres viajes lograr localizarlo, y fue un momento intenso recorrerlo. Por lo mismo, la música de este trabajo está interpretada con Ocarinas, Charango, Quenas, Zampoñas y teclados entre otros accesorios, tiene un ambiente muy propio de la música altiplánica. Hay también un experimento en el que afiné una Mandolina a modo de Bandola y compuse una melodía inspirada en los cantos Aymaras».

 

Con todo, DesiertoArte representa una propuesta musical (y por qué no decirlo, filosófica y espiritual también) genuinamente enraizada en la naturaleza y en las propias vivencias de su autor. La sensibilidad con la que retrata diferentes paisajes y estados de ánimo hacen, así, a este proyecto como uno de los grandes representantes de la experimentación electrónica de la actualidad.

Aunque su música no se encuentra en plataformas de streaming, te dejamos los siguientes enlaces para escuchar a DesiertoArte: