In the Court of the Crimson King: la biblia del rock progresivo

In the Court of the Crimson King 1969 frontal reseña progjazz

Hay discos imprescindibles, y otros que, incluso, destacan entre esos discos. In the Court of the Crimson King (An Observation by King Crimson) de King Crimson es una obra fundamental. Un álbum del que han bebido miles de músicos y que cimentó el camino de la leyenda del rey carmesí. Lanzado el 10 de octubre de 1969 y grabado en los estudios londinenses de Wessex, provocó un terremoto en la escena musical de la capital inglesa. Una obra maestra que, con el paso de los años, se ha transformado en arte esencial.

La famosa portada de In the Court of the Crimson King se erige como una figura representativa de la música. Fue hecha por Barry Godber, quien solía visitar el lugar donde ensayaba la banda y, luego de escuchar los temas que se estaban creando, pintó la icónica cara que puede tener diferentes interpretaciones para el que la mira. 

Ciertamente, había influencias en el debut de King Crimson. Bandas como The Moody Blues, The Nice o discos como el «Sgt. Pepper’s» de The Beatles se pueden considerar fácilmente. Sin embargo, es aquí, en el debut de Crimson, donde aquellas aún tímidas mezclas de lo clásico y lo moderno experimentan un salto enorme, manifestándose en su absoluto esplendor y máximo alcance sin haber tenido prácticamente ningún desarrollo previo. Cinco jóvenes se juntaron por vez primera, se animaron a lo que poquísimos grupos se han animado en la historia y lanzaron un estilo -qué va- un género grandioso y completamente rompe-moldes, que cambió el curso de la música rock. 

Virtuosismo, grandilocuencia, experimentación, canciones largas y con varios segmentos distintos; mellotrones a granel, letras pretenciosas, obsesión con la lírica fantástica, influencias de la música clásica y del jazz, conciencia de estar haciendo “alto arte”… etcétera. El rock progresivo, tal como se lo entiende, nunca se apartó mucho de estas normativas. Y todas ya están aquí, alcanzando su mayor expresividad y elocuencia. 

Robert Fripp, Greg Lake, Ian McDonald, Michael Giles y Peter Sinfield fueron los encargados de dar vida a este viaje sonoro por las profundidades de lo desconocido. 

 

Navegando por In the Court of the Crimson King

El primer capítulo de esta biblia musical es la explosiva 21st Century Schizoid Man (including «Mirrors»), que comienza con un sonido de ventilación pasado por un órgano para proceder a uno de los riffs más emblemáticos, brutales y reconocidos de la música, creado por Lake. Fue el último tema grabado del disco, y fue hecho en una sola toma, grabada en las primeras horas del viernes 1 de agosto. Esta pieza es un vendaval de emociones límite, que atraviesa una sección media llena de exquisitos matices y una furia vertiginosa que Fripp ya tenía en su mente, desarrollada desde 1968.

Ian McDonald (un abrazo al cosmos), desde sus tiempos en el ejército, tenía una melodía guardada, que originalmente era parte de una composición para big band llamada Three Score and Four. Dicha melodía finalmente encontraba su hogar en este tema, en los ensayos que se dieron en enero de 1969 en el subterráneo del Fulham Palace Café, en el 193 Fulham Palace Road, lugar que era propiedad de Peter y George Calatychos. El solo de guitarra de Robert fue hecho tres días después, el 4 de agosto, con cierto sentido de urgencia, mientras esperaba que McDonald trabajara en los elementos necesarios para su contribución al track.

Con respecto a eso, McDonald dijo que su solo salió demasiado bien al primer intento, y lo que él estaba buscando era sentirse incómodo. Por esto se ponía de rodillas en el estudio, para no sentirse a gusto y poder tocar con dolor, enojo y con un toque de paranoia. Michael Giles, posiblemente uno de los bateristas más infravalorados que existen, creó un toque dinámico, vanguardista, furioso, elegante y fluido, que le da la identidad a esta obra alquímica.

La letra tiene una notable fuerza y lucidez, con un mensaje anti-capitalista y contra las guerras. Esta letra, que Lake interpreta con una desgarrada voz, nos mostraba que ese hombre del siglo 21, a pesar de todo lo que ha vivido en cuanto a la crueldad del ser humano, sigue su camino como si nada sucediera. 

El segundo capítulo de In the Court of the Crimson King se titula I Talk to the Wind. Esta canción fue grabada el martes 29 de julio, después de un concierto en Aylesbury. Aquí encontramos la calma después de la tormenta del inicio del disco. Un tema pastoral, en donde la flauta de Ian McDonald pinta con elegancia la melodía. Esta maravilla tiene su propia historia detrás, ya que fue compuesta por McDonald y grabada en 1968 con la voz de Judy Dyble de Fairport Convention. McDonald hizo dos solos en dos pistas totalmente separadas. Pero, por condición del sistema estéreo, al juntarlos se produce una bajada de una octava en el sonido de la flauta. Dicha edición se puede escuchar en el minuto 5:23, en donde es notoria. 

Epitaph (including «March for No Reason» and «Tomorrow and Tomorrow»), el tercer capítulo, es de una magnificencia sublime. En buena medida, gracias a Lake, quien canta como si se le estuviera desgarrando el alma. Un tema que es una cascada excelsa de sonidos, que transporta al oyente a un mundo donde la realidad se vuelve difusa. Fripp ha señalado que el tema fue una pieza colaborativa, aunque posiblemente no le haya convencido en su momento a Ian o a Greg.

Una sección de Epitaph ya había surgido en los ensayos el martes 27 de mayo de 1969. Ya para el 6 de junio McDonald había puesto las partituras no sólo de este tema, sino que también de «Cadence and Cascade». Epitaph fue grabado el miércoles 30 de julio, con una larga sesión de diez horas, que comenzó a las 11:30 de la mañana.

La canción nos muestra la precaria situación del mundo a causa de la guerra fría que se vivía en esos años. A pesar de la oscura naturaleza del track, se distingue por su belleza intrigante y por la emoción que Lake le imprime a su canto. El inicio de Epitaph no tenía originalmente los timbales, que fueron agregados casi por accidente, ya que habían sido dejados aparte, en otra sesión. Pero bueno, ya que los accidentes son solo fenómenos que irremediablemente habrían sucedido, esto le dio una estatura dramática al tema. Lo anterior, sumado al gigantesco sonido del mellotron, transformó a esta pieza en un monumento sónico.

McDonald reconoció que Epitaph es su tema favorito del álbum, ya que está bellamente estructurado, y consideraba que aquí se encuentra la mejor interpretación vocal por parte de Lake. La sección de «March For No Reason» comienza al minuto 4:15, con una melodía en donde se puede sentir la desesperanza, el dolor, el vacío y la pérdida. Ya para el minuto 6:56 comienza la parte de «Tomorrow and Tomorrow», en donde el mellotron desencadena un río de emociones que fluye hasta el infinito. 

La onírica y llena de misticismo, Moonchild (including «The Dream and The Illusion», aunque la banda llamaba a esta parte «the free thing») es el cuarto capítulo de In the Court. La estructura básica fue grabada el jueves 31 de agosto, y es una la piezas más delicadas del álbum. Una parte de la secciones tuvieron sus primeros ensayos en febrero, en el Fulham.

Moonchild es un tema etéreo y abstracto, que tuvo parte de su influencia en las visitas que hacía Michael Giles frecuentemente a dos locales musicales: The Old Place y The Little Theatre. Allí observaba a bandas de la escena del free jazz inglés. Entre ellas, se encontraba Spontaneous Music Ensemble, en donde tocaban el baterista John Stevens, el guitarrista Derek Bailey y un percusionista llamado… Jamie Muir.

La estructura, los sonidos disonantes y, especialmente, el silencio que interpretaba el ensamble, hicieron mella en Michael que incorporó esos elementos a Moonchild. En el estudio había un vibrafono, dejado ahí en alguna antigua sesión musical, y fue aprovechado por McDonald a último minuto, lo que dio un alma especial a la composición. Según lo declarado por Giles, lo que ocurrió en el estudio con este track es que, cuando grababan sus partes e iban a la sala de control a evaluar lo que habían grabado, se asombraban de escuchar cosas que no se habían percatado que habían hecho. Cosas que, por una conjunción galáctica, se habían hecho presentes en ese estudio. 

Lamentablemente, llegamos al final de este río de emociones con la sublime The Court of the Crimson King (including «The Return of the Fire Witch» and «The Dance of the Puppets»). Esta pieza es un «hijo» de McDonald, en la cual muestra todas sus capacidades de composición que, a través de todo el álbum, se hace palpable. Junto con Pete Sinfield empezaron a gestar el tema el 4 de febrero de 1969, en los ensayos en Fulham, desarrollándose en los días siguientes.

En ese mismo lugar, y con la noticia de que la banda estaba ensayando en el subterráneo del café, era normal que llegaran admiradores y gente de la industria de la música para ver qué sucedía en ese recóndito lugar. Fue justamente en uno de esos ensayos (el 4 de abril), observado por un par de personas, que McDonald sintió que el tema había cobrado vida. Una semana después, en el Speakeasy, King Crimson daba su primer concierto. 

El inicio del tema irrumpe con la fiereza de Giles, para dar paso al mellotron y luego a la voz eterna de Lake, constituyendo una invitación a entregarnos al fuego creador de las melodías. McDonald trabajó bastante duro para tener un gran sonido con su flauta, para que el tema cobrara vida propia y que todos los músicos pudieran sentirla suya. El resultado fue una pieza sinfónica que retrataba con maestría la frágil condición humana frente al poder. Con ello, finalmente, se redondeaba el funesto sentido lírico que había atravesado todo el disco, desde su inicio.

 

En síntesis, con In the Court of the Crimson King no hablamos de un disco, sino de un legado espiritual. Uno que ha cambiado la vida de miles de almas abandonadas. 

En otros mundos y galaxias, el tiempo ilusorio pasa de diferentes formas. En este mundo ya han pasado solo unos cuantos desde esta obra, esculpida por seres venidos de otras dimensiones.

Amante de los sonidos vanguardistas pero con una parte de mi corazón en lo melódico, fui criado en mundos donde el caos sónico se transforma en belleza. Viajo desde lo más clásico a las más apabullantes expresiones artísticas.

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