Las baquetas filosóficas de Neil Peart

Bateristas líderes que han influido decisivamente en sus propias bandas hay muchos, pero pocos alcanzaron el nivel de disciplina, rigor creativo y compromiso artístico que definieron a Neil Peart.

Es que además de ser un eximio compositor de ritmos y rudimentos, este natural de Ontario (Canadá), nacido un 12 de septiembre de 1952 como el mayor de cuatro hermanos, también tenía a su cargo el traje de letrista filoso, y creador de los conceptos mas filosoficamente profundos detrás de los canadienses de Rush.

Desde niño mostró un carácter introvertido y curioso, mas bien nerdy (tal como el personaje de la letra de «Subdivisions»), prefiriendo perderse en libros y discos antes que en deportes o fiestas. Su pasión por la música surgió temprano. De adolescente, sus padres le regalaron una radio de transistores que lo fascinó, y pronto comenzó a golpear cualquier superficie imitando ritmos.

A los 13 años recibió sus primeras baquetas, tomó lecciones de batería y al año siguiente obtuvo su primer kit, cumpliendo la promesa que hizo a sus padres de perseverar en la percusión y no como un hobbie pasajero, o que dejara los tambores olvidados después de un tiempo.

Peart creció admirando a bateristas que combinaban potencia y precisión, tales como Keith Moon, John Bonham, Michael Giles o Ginger Baker, quienes fueron algunos de sus héroes juveniles. Estudió sus estilos en detalle, tomando los elementos que mas le resonaban de cada uno, para crear el suyo propio, caracterizado por fuerza controlada y una gran complejidad técnica.

Años después, el guitarrista Alex Lifeson recordaría la audición de Neil para Rush en 1974 diciendo que “tocaba la batería como Keith Moon y John Bonham al mismo tiempo”, una muestra de la intensidad y virtuosismo que ya poseía a los 21 años.

Esa búsqueda musical llevó a Peart a viajar a Londres a los 18 años, con la esperanza de hacerse un camino como baterista profesional. La experiencia resultó agridulce, ya que por un lado, consiguió algunos pequeños shows y trabajos de sesión, pero tuvo que ganarse la vida vendiendo articulos y bisuteria rockera en una tienda de Carnaby Street.

En Inglaterra también halló algo que influiría profundamente en su faceta literaria de aquí en adelante. En el metro de Londres, Neil, ya un devorador de libros para ese entonces, encontró por casualidad una copia de «The Fountainhead» (El manantial) de Ayn Rand. Aquella historia de individualismo férreo, disciplina interior y fidelidad personal resonó con las ideas que el joven Peart ya intuía, y terminó de darle un profundo sentido moral a toda su vida.

Para él, la integridad personal, independencia y esfuerzo propio estaba por encima de todo, permeando incluso en las influencias que impregnaría su futura incorporación al trío canadiense. Décadas más tarde reconocería que el protagonista de la novela, Howard Roark, fue un modelo a seguir porque afirmaba principios de integridad, individualismo y autosuficiencia que Neil estaba adoptando en su vida ya en sus primeros 20s.

En el verano de 1974, tras volver desilusionado a Canadá luego de estar pasando hambre en la isla británica, Peart audicionó para una joven banda de rock de Toronto, que buscaba reemplazo para su baterista original, John Rutsey.

Aunque su apariencia tímida, retraida y poco rockera hizo dudar inicialmente a Alex Lifeson, bastaron unos beats para convencer al bajista y cantante Geddy Lee. Neil ganó el puesto y, con apenas dos semanas para ensayar, debutó en vivo con Rush ante más de 11.000 personas abriendo un show para Uriah Heep y Manfred Mann.

Si bien al principio, fue dificil para Peart encajar dentro de la férrea relación de dos amigos de toda la vida como lo son Lee/Lifeson; poco a poco, y gracias a su desbordante intelecto, se hizo un espacio. De hecho, inmediatamente asumió el rol de letrista principal de Rush, aprovechando su amor por la lectura y la escritura. Sus nuevos compañeros, más enfocados en la música, confiaron en la pluma de Neil para dar voz a las canciones.

Con Peart a las letras, Rush abrazó temáticas poco comunes en el rock, incluso bajo estándares progresivos de los años 70′, tales como ciencia ficción, filosofía e individualismo. En su primer álbum juntos, «Fly by Night» (1975), Neil debutó como letrista en la potente “Anthem”, canción inspirada abiertamente en una novela de Ayn Rand.

No sería sino el primer atisbo de una impronta filosófica que se profundizaría en «2112» (1976), el disco que marcaría el gran despegue de Rush. El lado A entero del álbum es una suite conceptual de veinte minutos ambientada en un futuro distópico, cuya trama, un individuo que descubre la música en una sociedad opresiva que la tiene prohibida, reflejaba una defensa radical de la libertad creativa. A contracorriente de las tendencias y bajo la presión de su discográfica para hacer música más accesible, Rush decidió jugarse el todo por el todo.

El resultado no solo salvó la carrera de la banda, sino que se convirtió en una de sus obras de referencia, una reivindicación de la integridad creativa por sobre las exigencias comerciales, y esa espina dorsal moral, fue en gran parte, gracias a los lineamientos interiores del baterista.

Además, «2112» consolidó el estilo de Rush y de Peart en la batería, con complejidad estructural, largos pasajes instrumentales y una suerte de hard rock progresivo muy calculado y meticuloso. Neil se ganó rápidamente el apodo de “El Profesor”, y con razón, puesto que en los shows emocionaba al respetable con solos apoteósicos, desplegando un kit de batería que lo rodeaba casi por completo con gongs, campanas, y concert toms, muy influido por la disposición que tenía Carl Palmer de ELP para aquel entonces.

Sin embargo, su virtuosismo nunca fue gratuito o mero relleno; cada single, cada paradidle, cada cambio de tempo y métrica servían a la narrativa de las canciones y creaban una verdadera aula de enseñanza estilo masterclass para los bateristas de las futuras generaciones.

Y es que Peart era una suerte de compositor de la rítmica. Concebía sus secciones con el mismo esmero con que escribía versos, y donde una palabra tenía que ser certera y precisa, un fill debía ser el acompañante perfecto, tanto en resonancia como en «fonética musical».

Una de sus reglas autoimpuestas fue no repetir jamás un mismo fill de batería dentro de una canción, manteniendo así la frescura y la imprevisibilidad. Esta filosofía quedó plasmada en clásicos venideros, tales como “Tom Sawyer”, “Limelight” o “The Spirit of Radio”, verdaderos íconos del prog rock donde Rush logró condensar arreglos intrincados en piezas más directas que se ganaron un lugar inmediato en el canon del rock.

Por otro lado, instrumentales como “YYZ” o “La Villa Strangiato” mostraban su capacidad para contar historias solo con ritmo y melodía percusiva, popularizando el que sería una marca registrada de acá al futuro, decantando en convertirse en un infaltable de los bateristas del futuro. Llamado coloquialmente como el «Ritmo Rush» (entre otros nombres similares), consiste en paradidles en el ride y acentos, más algunas ghost notes en la caja que cualquier baterista con un poco de interés en el estudio del instrumento, sabrá identificar.

En ese sentido, Neil entendía la batería no como un espacio para la improvisación espontánea, sino como una disciplina compositiva equiparable a la escritura musical tradicional. A diferencia de muchos bateristas de rock que desarrollan sus partes desde jams y luego fijan una versión “definitiva”, Peart escribía sus partes de batería con un nivel de detalle casi obsesivo.

Utilizando notación completa, definía no solo el ritmo general sino también el sticking, los acentos, la dinámica y la orquestación exacta dentro del kit. Asi, una vez que una parte estaba terminada, no existía la noción de “variarla en vivo” como suele ocurrir en muchos casos del prog rock; ya que se tocaba exactamente como había sido concebida. El modificarla significaba alterar la arquitectura de la canción, como si Geddy comenzara a tararear otra melodía, o Alex ejecutara otros acordes ajenos.

Aproximación de la composición y ejecución

Su aproximación a la composición se alejaba del pensamiento lineal de una sola pieza completa. Peart construía sus partes de forma modular, por bloques rítmicos, como si diseñara planos de una obra arquitectónica.

Tomemos, por ejemplo, una pieza instrumental como «YYZ», donde la batería no “sigue” al bajo o a la guitarra como lo haría un ejecutante normal, sino que participa activamente en la exposición temática. Este famoso patrón inicial de Neil, inspirado en el código Morse del aeropuerto de Toronto, funciona como un motivo que se transforma y reaparece a lo largo de la pieza.

Cuando Peart utilizaba polirritmia, lo hacía siempre bajo un principio de control absoluto y nunca caótica ni decorativa. Tomando esta vez «La Villa Strangiato», vemos como superpone métricas distintas en independencia de extremidades, pero todo calculado para encajar con la armonía y la forma global.

Mientras el hi-hat puede sostener una referencia estable, los toms articulan frases en métricas irregulares, generando tensión sin perder dirección, todo esto sin caer en secciones abiertas ni jams; acá, cada transición está fijada y ensayada hasta el mínimo detalle, lo que convierte la interpretación en algo más cercano a ejecutar una partitura contemporánea que a tocar rock en el sentido tradicional.

El punto más representativo de esta forma de componer, aparece en el mencionado «2112», donde la batería cumple una función de instrumento solista. Acá Peart utiliza leitmotivs cuidadosamente estructurados que acompañan el relato conceptual de opresión, descubrimiento, y rebelión. Incluso el famoso solo de batería dentro de la suite no es un espacio de libertad improvisada, sino una sección completamente escrita, integrada al discurso musical.

Esto explica por qué Lee/Lifeson/Peart podían interpretar «2112» en vivo con una precisión brutal, ya que no estaban “tocando una versión”, si no que reconstruían la obra tal como había sido concebida.

Y acá es donde reluce la legendaria exactitud de Rush en vivo, lo que se explica por esta suma de decisiones metodológicas. Al finalizar la composición, las partes modulares estaban cerradas, y mientras la banda fue pionera en utilizar click track solo en secciones críticas, Peart ensayaba hasta que los rudimentos se convertían en reflejos condicionados y ejecuciones asociadas solo a x pieza.

Al contrario de muchos bateristas amantes de la improvisación sobre el escenario, la repetibilidad no era una limitación artística, sino una forma de respeto hacia la composición, y que a la postre, le dió una personalidad única al trio de Canada.

Con el paso del tiempo, esta metodología no desapareció, pero sí se refinó. Mientras en los años setenta predominaba la densidad y la complejidad, durante los ochenta y mas allá Peart aprendió a decir más con menos, manteniendo la escritura detallada pero con mayor economía de recursos, tal como se escucha en «Moving Pictures» (1981), «Subdivisions» (1982) «Grace Under Pressure» (1984), o «Power Windows» (1985), y un largo etcétera.

La malinterpretación de las letras de Rush

La abierta admisión de la influencia de Ayn Rand y otras lecturas objetivistas en numerosas piezas, llegando incluso en clásicos como «The Trees» o «Freewill» a criticar abiertamente «la igualdad forzada», o el impregnar desconfianza hacia el poder que interviene para imponer resultados, además de la defensa implícita de la diversidad natural y la responsabilidad individual; trajo consecuencias inesperadas para Rush.

Algunos críticos vieron con recelo las letras individualistas de Peart y las interpretaron como ideológicamente extremas, o relacionadas con los movimientos mas libertarios de Estados Unidos. En ciertos medios se llegó a acusar a la banda de propagar mensajes autoritarios encubiertos, interpretando símbolos y metáforas de forma tendenciosa.

Ello, llevó a la prensa a condenar ciertas letras, catalogándolas maliciosamente como «provenientes de un letrista pobre» o de «letras ridículas». De hecho, aun se leen supuestas «críticas» a su lírica que esgrimen estos anémicos argumentos, sin ir al fondo del mensaje que realmente quería transmitir el canadiense.

Geddy y sus compañeros quedaron consternados, en especial considerando la historia personal y familiar de Lee, cuyos padres sobrevivieron al Holocausto. Sugerir que Rush promoviera ideas cercanas al fascismo resultaba no solo absurdo, sino profundamente ofensivo.

Neil, por su parte, evitó caer en disputas políticas públicas. Siempre explicó que su interés por Ayn Rand había sido filosófico, no partidista, y mientras detestaba la idea de sermonear a la audiencia, nunca quiso ser un predicador desde el escenario. Su mensaje central real era ético, no ideológico; la importancia de dar lo mejor de uno mismo, de trabajar con honestidad y compromiso, y de respetar la libertad individual sin imponerla a otros.

Con el tiempo, la obra de Rush siguió siendo objeto de interpretaciones con saña, incluso décadas más tarde, cuando algunos políticos estadounidenses intentaron apropiarse del significado de ciertas canciones para respaldar agendas ajenas a la banda. Rush reaccionó con firmeza, dejando claro que su música no podía ser utilizada con fines políticos.

Peart, ya entonces, definía su postura personal como la de alguien que valora la libertad individual, pero también la compasión, la empatía y la responsabilidad social. Rechazaba los extremos ideológicos y desconfiaba tanto del dogmatismo conservador como del autoritarismo disfrazado de progresismo.

La humildad del maestro y las tragedias

En los años 90′, Neil se enfrentó al escollo de estar cayendo en una hiper rigidización de su concepto, por lo que, con la humildad propia del maestro, tomó clases con el baterista de jazz Freddie Gruber. Allí reaprendió a tocar batería para mejorar el flujo corporal y la naturalidad del movimiento, pero sin traicionar a sus bases, donde la batería se compone, y no se improvisa.

Peart fue matizando y ampliando su visión del mundo gracias a una nueva disponibilidad de recursos literarios y musicales en la nueva década (world music mediante). Reconoció abiertamente que había dejado atrás su adhesión acrítica a Ayn Rand y que ya no compartía varios aspectos de su filosofía, en particular su falta de empatía hacia los más vulnerables. Sin abandonar la defensa de la responsabilidad individual, Peart defendía la necesidad de una red de apoyo social y de una ética basada en la compasión.

A finales de los años noventa, su vida se vio marcada por aquellas infames tragedias personales devastadoras, con la muerte de su hija en 1997 y, de su esposa, en 1998.

Después de una declaración que dejaría helados a Lee y Lifeson de «considerenme retirado«, emprendió largos viajes en motocicleta por Norteamérica, experiencias que transformó en libros profundamente introspectivos tales como «Ghost Rider» (2002) y «Far and Wide» (2016). A la postre, y sin querer, se convirtieron verdaderos superventas.

Una luz en el firmamento

Neil Peart falleció el 7 de enero de 2020, a los 67 años, tras una silenciosa batalla contra un glioblastoma, una agresiva forma de cáncer cerebral. Generaciones de bateristas encontraron en su obra la razón para tomar las baquetas por primera vez, y muchas de sus letras acompañaron a oyentes que vieron reflejadas en ellas sus propias inquietudes, dudas y aspiraciones.

Al final, Peart nunca buscó ser un gurú, mientras aducía que “solo soy un baterista que lee libros”. Lo cierto es que detrás de cada solo y cada beat adornado con complejos rudimentos, había un pensador, un narrador y un observador del mundo.

Por eso, algunos años después de su muerte, y varias décadas después de discos como «2112» y más allá de su propia vida, Neil Peart sigue brillando cual luz en el firmamento, tanto en la batería como en la pluma, inspirando a quienes buscan, como él, comprender el significado de su propia existencia, a través de la música y la imaginación.


ProgJazz es un colectivo unido por la amistad nacido en 2007, y que busca difundir música sobre la base del rock progresivo, el jazz, la música de vanguardia y todos sus géneros asociados.

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