«I Believe in Father Christmas», La Navidad que tenemos, es la que merecemos
Ellos dicen que habrá nieve en Navidad, ellos dicen que habrá paz en la tierra
I Believe in Father Christmas (Lake, Sinfield)
Cuando pensamos en canciones navideñas populares, suelen venir a la mente villancicos tradicionales, alegres y festivos. A nivel de piezas populares, en nuestra Latinoamérica suelen sonar cosas como «El Burrito Sabanero» de Hugo Blanco, «Feliz Navidad» de Jose Feliciano, o incluso la versión en español de Luis Miguel de «Santa Claus llegó a la ciudad», entre muchas otras.
En el mundo anglosajón, la cosa cambia. Además de canciones tradicionales como «Silent Night» o la popular «White Christmas» de Irving Berlin; incluyendo las más onderas y repetidas ad nauseam «All I Want for Christmas is you» de Mariah Carey, o «Last Christmas» de Wham!, y un largo etcétera, existe cierta pieza que es totalmente diferente a las anteriormente nombradas.
En 1975 un músico de rock progresivo británico publicó un single que, con el paso de los años, se ha convertido en un clásico de temporada. Hablamos de “I Believe in Father Christmas” de Greg Lake.
Claro, por obvias razones, «I Believe…» no es una pieza navideña tradicional en el mundo hispano; pero incluso en el mundo anglo, más que un villancico convencional, es una canción que articula una mezcla de nostalgia, cinismo, y crítica cultural que ha resonado en las sucesivas generaciones.
En 1974, Greg Lake era una estrella absoluta. Primero con el debut y secuela de King Crimson; y luego como miembro de Emerson, Lake & Palmer, estaba en el peak de su carrera. Es, justamente, a fines de ese año que compuso la música de «I Believe in Father Christmas» junto a Peter Sinfield, quien se encargaría del departamento de las letras. Sinfield ya venía colaborando con él desde sus días carmesí, hasta el último disco de ELP hasta ese entonces, «Brain Salad Surgery» (1973).
Grabada en esas últimas semanas de 1974 y recién lanzada como single en noviembre de 1975; tuvo un éxito que sorprendió tanto al propio Lake, como a Sinfield. Alcanzó rápidamente el número 2 en las listas de singles del Reino Unido, y su camino al primer puesto solo fue obstaculizado por el mazazo de “Bohemian Rhapsody” de Queen.
Musicalmente, es una balada bellísima donde la amada Gibson J-200 de Lake brilla en una sucesión de acordes evocadores y limpios, en un arpegiado finísimo. Otra de las características más distintivas de esta pieza clásica es la inclusión – a sugerencia de Keith Emerson – de un motivo instrumental orquestal proveniente de Troika, parte de la suite Lieutenant Kijé de Sergei Prokofiev. En ese sentido, los 2/3 de ELP sabían que la inclusión del compositor ruso remitiría a la simbología festiva de la Navidad.
En cualquier caso, y sin duda alguna, lo más singular de esta pieza navideña es su lírica. Desde el inicio, Lake quiso hacer algo diferente, al no buscar un tema festivo tradicional ni un éxito pop navideño ligero. A diferencia de piezas similares, la balada surgió de una crítica consciente a la comercialización de la Navidad y a la idealización de sus imágenes más superficiales, como los copos de nieve o los regalos; y a su vez, como el primer mundo se colocaba una venda ante las calamidades del tercer mundo, de forma un tanto cínica.
El mismo Greg ha descrito el tema como una protesta más que una celebración tradicional de la temporada; así como también Peter Sinfield, quien describió la letra como “una Navidad de postal, con bordes mórbidos”. Una imagen que articula precisamente ese contraste entre la belleza de las fiestas de fin de año y el trasfondo más oscuro de nuestra experiencia humana.
Curiosamente, este single apareció solo en formato de 7”, con «Humbug» (Lake) como lado B, bajo el sello Manticore. Recién dos años después, en noviembre de 1977, la canción fue incluida en el álbum doble «Works Volume 2» de ELP.
Esta extraña inclusión (nunca se trató de una composición de la banda), no respondió a un plan conceptual original del disco, sino más bien a una decisión editorial y de compilación. Aquel doble LP funcionaba como un álbum de piezas sueltas, caras B, piezas solistas y grabaciones no incluidas en trabajos previos de los integrantes del trío de hierro.
Creo en el Padre Navidad
De entrada, nos encontramos con un narrador que recuerda con afecto la inocencia de las Navidades infantiles, llenas de imaginación, emoción y magia, solo para contrastarla con la desilusión que trae la adultez. Así, rápidamente cuestiona si esas promesas fueron realmente cumplidas por la vida adulta o simplemente vendidas como parte de un idealista relato de festividad.
En ello, el coro es clave, ya que queda de manifiesto que esto no es una pieza tipo Grinch anti-Navidad. Acá tenemos dobles lecturas, ya que no afirma una creencia literal de un Padre Navidad aludiendo a Santa Claus (a pesar de que en el mundo anglosajón, el padre Navidad es efectivamente Santa), sino que funciona como una declaración simbólica, puesto que no afirma “creer en la Navidad” como símbolo actual, sino que en la idea original detrás de ese disfraz; esto es, el amor, el encuentro con los seres queridos, y la redención.
La tercera estrofa es sumamente reveladora. Me vendieron un sueño de Navidad, me vendieron una noche de paz, no deja espacio a dudas. Alguien ha «vendido» una historia, y aunque no se especifica quién, el mensaje apunta a la cultura de consumo, el mercado, la propaganda, o incluso, la simplificación religiosa o pagana.
El verso final de Aleluya Noel, estés en el cielo o en el infierno, la Navidad que tenemos, es la que nos merecemos, sugiere que, pese a las decepciones del mundo adulto, todavía queda espacio para reflexionar sobre qué clase de Navidad queremos construir o experimentar, dependiendo de que destino estemos construyendo.
Un video controversial
Otro punto aparte es su recordado video original, grabado en 1975, poco antes de su publicación como single, y concibiéndose bajo condiciones muy poco habituales para un videoclip de la época. A diferencia de los registros promocionales navideños tradicionales, el clip fue pensado como una extensión conceptual del mensaje lírico, más cercano a una pieza audiovisual provocadora que a un producto comercial navideño.
El rodaje se realizó principalmente en la península del Sinaí y en las cuevas de Qumrán, cercanas al Mar Muerto. Ambas locaciones estaban cargadas de un fuerte simbolismo durante los años setenta, puesto que el Sinaí había sido escenario de conflictos armados recientes, especialmente en el contexto de las guerras árabe-israelíes, mientras que Qumrán está asociada a los Rollos del Mar Muerto, textos fundamentales para la comprensión histórica del judaísmo y del cristianismo.
Uno de los elementos más impactantes y polémicos fue la inclusión de imágenes reales de guerra, tomadas de material de archivo del siglo XX. Tanques, explosiones, tropas armadas y escenas de destrucción se intercalan con los paisajes desérticos. En 1975, esta decisión resultó especialmente incómoda para un contexto televisivo navideño bastante conservador del Reino Unido, dominado por contenidos familiares y celebratorios.
La reacción de las cadenas británicas fue ambivalente. En una era pre MTV, el video fue considerado inapropiado para ciertos horarios, precisamente por su crudeza visual y por el contraste radical con la programación navideña habitual.
En ese sentido, Lake y Sinfield habían logrado su cometido, mostrando esa incomodidad de celebrar ideales de paz, amor y fraternidad, mientras el mundo seguía inmerso en guerras y desigualdad.
Medio siglo
Con el paso de los años, y más allá de su mensaje provocador, “I Believe in Father Christmas” no solo ha mantenido su popularidad, sino que se ha consolidado como un clásico navideño. Radios y listas de reproducción navideñas la recuperan cada diciembre, incluso si no se ajusta al canon de villancicos tradicionales. Además, ha sido reversionada y reinterpretada a lo largo de las décadas, incluyendo artistas tan diversos como U2, Sarah Brightman o Susan Boyle.
Recientemente, ha vuelto a la atención pública con el lanzamiento de un video animado conmemorativo, que narra la historia de un niño cuya percepción de la Navidad evoluciona con el tiempo.
Hoy, vemos como tristemente su mensaje sigue siendo relevante, incluso a 50 años después de su lanzamiento. Y si, probablemente, al final del día, la Navidad como humanidad que tenemos, es la que merecemos.






