«The Mars Volta» (2022), y su propio regreso al futuro

The Mars Volta 2022 cover

«Queríamos hacer lo contrario de todos los discos que hemos hecho. Todo el tiempo hemos amenazado a la gente con que haríamos un disco pop, y ahora lo hicimos». Así se refería Cedric Bixler-Zavala a Octahedron (2009), hace más de una década. The Mars Volta no sólo remeció los 2000 con su propuesta rica en colores y estilos inclasificables, sino que se dieron el lujo de coquetear con el pop mediante una jugada arriesgada, tras una implacable serie de cuatro bombazos discográficos.

En pleno 2022, y con el retorno a lo grande, también hubo expectativas. Lo venían avisando en sus días imperiales, y una década después del cúlmine Noctourniquet (2012), el single «Blacklight Shine» nos pilló de sorpresa. El desconcierto fue inevitable, más aún para quienes en su momento quedamos de una pieza con la firma alienígena de los supremos De-Loused in the Comatorium (2003) y Frances the Mute (2005). Los siguientes, «Graveyard Love» y «Vigil», pese a su rica paleta musical, encendían las alertas de igual forma. Era fijo que pasaría, acentuado con la producción visual, totalmente distinto a todo a lo que alguna vez fue The Mars Volta.

Es en la portada donde debemos hacer hincapié antes que todo. Del surrealismo y la psicodelia de un Frances the Mute o un Amputechture (2006), a una imagen minimalista, con el predominio del dorado-negro. Y el nombre de la banda como título, una forma de hacer «borrón y cuenta nueva» respecto a sus trabajos anteriores. Como en los días de Octhaedron, pero marcado por la distancia de 10 años y el extenso silencio previo al regreso.

Pero dentro de todo el destemple en cuestión -más que entendible, en todo caso-, hay que tasar la jerarquía de The Mars Volta, la banda, respecto a The Mars Volta, el álbum (¿o al revés?). Hablamos de una institución que dejó huellas por apostar a la diferencia en vez de «el paso adelante». Una banda que no progresó, sino que nació progresada. Y su LP homónimo, al parecer, asoma como una necesidad. Tanto Bixler-Zavala como Omar Rodríguez-López -productor, guitarrista y responsable de la dirección musical- la tienen clara, incluso sabiendo lo que conlleva. Sobretodo en plena era digital y con las redes sociales dictando juicio de calidad.

 

Las canciones de The Mars Volta

El arranque con la mencionada Blacklight Shine, en contexto de álbum, se ve resplandeciente y brioso. El inicio de una nueva era, apelando a lo directo, a lo simple y melódico, con Cedric y su voz trazando la línea de luz con ese sabor latino que lo hace más seductor, con Daniel Díaz Rivera aportando en las percusiones con un toque muy Santana.

 

Al igual que su condición de single, Graveyard Love continúa el recorrido con un toque más electrónico. Aquí ya empezamos a asumir que The Mars Volta circa 2022 no pretende en absoluto revivir una era irrepetible, sino abocarse a la integridad artística, la honestidad ante toda pretensión ajena a sus propósitos. Notable la labor en sintetizadores de Omar y su hermano menor Marcel, cuyo protagonismo en el sonido de The Mars Volta obedece netamente a la obra como prioridad.

 

 

La sensualidad alucinógena de Shore Story y la cadencia sutil de Blank Condolences -esta última con hálito a Massive Attack– disipan toda duda y corroboran en qué están estos Mars Volta. Abrazando sonidos más cálidos, menos «rockeros» pero igual de aventureros que en los fulgurantes 2000. Y no necesariamente lo anterior implica «re-inventar la rueda», sino hacer la música que te gusta, incluso sabiendo lo que implica un cambio radical, como nos lo aclara Vigil, una deliciosa balada de corte radial y, por lejos, el espejo de un presente marcado por la diferencia como llave para abrir las puertas de la emoción.

 

 

El calor tropical de Que Dios te Maldiga mi Corazón, en menos de dos minutos, te agarra de la cintura y directo a la pista de baile. ¿Se puede hacer algo con tal de evitar dicho efecto? Como cualquier estado anímico, te puede pillar volando bajo y transformar tu casa u oficina en una celebración «all-day-and-all-of-the-night».

Mientras, Cerulea proyecta una belleza conmovedora dentro de su modernidad. El pop, o lo que conocemos de manera corriente, se caracteriza por sus melodías ganadoras de manera natural. No sabemos si en The Mars Volta se planteó la idea de un álbum ganador para el regreso a las canchas, pero lo logran con una clase que hoy al menos suele escasear en estos tiempos de software y actualizaciones.

La intensidad de Flash Burns from Flashbacks, podría ser lo más cercano a los tiempos de Frances the Mute o Amputechture, en gran parte por la guitarra de Omar reclamando su puesto principal. Pero no nos engañemos; en The Mars Volta no hay lugar para la nostalgia. Y Cedric lo sabe, porque es su voz lo que descuella en primer plano.

Palm Full of Crux refleja la sensibilidad intacta de un conjunto que, en vez de sucumbir a la autoindulgencia, se exige en unir fuerzas individuales para un objetivo en común: la canción como forma de expresión. Coros que llegan directo a la mente y los sentidos, con una exquisitez que, al menos, hace 15 años era impensada, o no se hacía notar como tal en medio de las ráfagas musicales de su era dorada.

No Case Gain puede ser el pasaje más ‘controversial’ de todo el catálogo de The Mars Volta. Pop puro y bailable hasta el sudor, hecha para la radio o, en esta época, el streaming. Steven Wilson, por nombrar un caso reciente, lo hizo con «Permanating». Y tal como el líder de Porcupine Tree, la inspiración en el sonido clásico de ABBA, Tears For Fears y las versiones ochentosas de Peter Gabriel y David Bowie, es evidente a kilómetros. Para muchos será el momento más débil del disco, como de lo más rupturista. Pudo haber sido lanzada cómo single. Así fácil. En realidad, The Mars Volta volvió con una colección de hit-singles, las cosas como son.

Las guitarras acústicas que acompañan a Cedric en la intro de Tourmaline, tras el minuto inicial dan paso al resto de los instrumentos para construir una muralla de sonido, pintada de colores ignotos en el pasado, tonalidades presentes en esta vuelta a lo grande. The Mars Volta siempre ha sido y será progresivo desde la tripa, como nos lo refriega en la cara Equus 3 y sus brochazos de música caleidoscópica.

Increíble lo que sucede en Collapsible Shoulders, donde Cedric se ‘disfraza’ del Elton John clásico, y The Mars Volta, dentro de su nuevo ropaje, se despacha una pieza antológica. A nivel instrumental, nos recuerda al Genesis de los 80, en la forma en que la calidad y las melodía ganchera caminan juntas de la mano. Por otro lado, el cierre de The Requisition puede causar reticencia por la aparente sobreproducción. No es precisamente un final en plena gloria, tampoco se sabe para dónde va exactamente. Sólo sabemos que va, y sería.

 

Apreciación general

Las sensaciones son encontradas y con toda razón. Yendo a los números, es el disco de menor minutaje de todo el catálogo de The Mars Volta, con 44 minutos de duración, y 10 cortes que promedian los 2-3′ de extensión. Descontando su contenido sonoro, resulta inédito en todo aspecto.

Otro punto a destacar es el tema de las letras. Si los Mars Volta clásicos destacaban por sus conceptos de personalidad crítica, acá Cedric va la grano, más directo que nunca y hablando de cosas que pasan realmente, absolutamente distinto a los relatos Sci-Fi que encandilaron a toda una generación hace casi dos décadas. Su esposa Chrissie Carnell Bixler y otras tres mujeres, acusaron al actor Danny Masterson («Steven Hyde» en la sitcom That ’70s Show) de violación. La Iglesia Cienciológica (Masterson es practicante de dicha creencia desde su adolescencia) intervino y acosó a las víctimas, al punto de que Cedric y Omar se enviaban las pistas de grabación a través de CDs, por temor a represalias. Esa onda.

Si hubiera que mencionar referencias, además de los mencionados Bowie y Gabriel, y guardando las distancias, aparecen de pronto el bloque integrado por Yes y Genesis, ambos superventas en los 80. Como también podemos apreciar la influencia de King Crimson 1981-84, específicamente el más ¿accesible? Beat. The Mars Volta parece recoger la antorcha de los primeros -sobretodo Genesis, pero la filosofía Crimson se manifiesta en la intención propia de hacer música impensada en esos días de locura.

El único reparo que podríamos hacer, es el de cualquier banda icónica que se reúne o retorna a las pistas tras un largo silencio. Una obra de tamañas características, debería ser el inicio de un nuevo ciclo, ojalá sin esperar otro kilo de años para un nuevo lanzamiento. De lo que sí estamos seguros, es que The Mars Volta regresó a su estilo, sin necesidad de satisfacernos con refritos de gloria pasada. Nos guste o no, Cedric y Omar miran hacia adelante, nada de condolencias vacías hacia lo que fue, sino contar historias cortas y reales, donde los hombros colapsan por el amor yaciente en el cementerio espiritual. Eso es The Mars Volta hoy, como lo fue ayer. Distinta ropa, el mismo espíritu de revolución.