Ciro Perrino: «Después de 50 años, el espíritu de Celeste sigue intacto»
Hablar de Celeste es hablar de una de las expresiones más delicadas, evocadoras y profundas del rock progresivo italiano. Liderada por Ciro Perrino, figura esencial dentro de la escena de los años setenta, la banda supo construir un lenguaje propio donde la sensibilidad mediterránea, la música de cámara, la ensoñación pastoral y una refinada intuición melódica convergieron en una propuesta absolutamente singular.
Desde sus primeros dias en Il Sistema, banda fundamental para la formación de Celeste y Museo Rosenbach, hasta «Principe di un Giorno» (1976, reseñado acá), el cual sigue siendo considerado por muchos aficionados y estudiosos como uno de los grandes trabajos del rock progresivo italiano; su historia es parte del ADN del rico legado de la música en aquella época..
Hoy, 50 años después, tenemos el gran honor de tener una extensa y reveladora conversación con Ciro sobre memoria, identidad artística, visión musical y fidelidad.
Esta entrevista es probablemente uno de los documentos más completos que se hayan publicado en español sobre estos temas; y muy posiblemente, también uno de los más completos en cualquier idioma. Además, nos permite adentrarnos en la escena clásica del rock progresivo italiano como pocas veces tenemos chance de hacerlo.
No podemos sino agradecer sinceramente a Ciro su enorme generosidad, su apertura y su disposición a revisitar con tanta honestidad y sensibilidad algo que forma parte del patrimonio más fino de la música popular europea del siglo XX.
La entrevista con Ciro Perrino
PJ: ¡Hola Ciro!, comencemos por el principio. ¿Qué representa para ti el movimiento del rock progresivo italiano y por qué crees que hubo una explosión creativa tan grande durante ese período?
CP: El final de los años sesenta y casi todo el período de los años setenta posteriores vieron en todo el mundo una efervescencia creativa excepcional. En todos los países hubo un gran despertar y, a menudo, hablando de rock progresivo, que en aquella época no estaba definido con esta etiqueta, sino con el apelativo más genérico de música pop, las distintas culturas musicales supieron crear una mezcla entre el lenguaje universal del rock y las tradiciones, y muchas veces también el folclore, de sus propios orígenes.
En Italia ocurrió algo particular, porque esto siempre ha formado parte del tejido de mi país, donde las influencias fueron de naturaleza muy diversa. De hecho, aparte de toda la corriente de música folclórica, que es muy distinta de Norte a Sur, hubo mezclas entre la música clásica, la música lírica y operística, hasta llegar a la experimentación con matices incluso jazzísticos. Sin olvidar la natural propensión del pueblo italiano a la melodía y a la vocación del bel canto.
El deseo de encontrar nuevos caminos era muy fuerte y sentido por todos los músicos. Incluso las canciones más sencillas tenían una profundidad que permitía a muchos abrir nuevas visiones, así como también sucedía con la canción de autor. Todo se mezclaba y asumía contornos nunca antes vistos ni escuchados.
Pienso que la riqueza que las bandas italianas de aquellos años supieron expresar residía precisamente en ese inmenso patrimonio cultural revisitado y actualizado. Por lo tanto, puedo afirmar que para mí aquel movimiento fue un verdadero renacimiento y afirmación de grandes potencialidades que hasta ese momento no habían tenido la oportunidad de manifestarse.
PJ: Nos contabas que Il Sistema (banda de Sanremo, precursora de Celeste) fue fundamental en la escena de fines de los años 60′ y que incluyeron una pieza de Mussorgsky en una versión rockera. ¿Qué puedes contarnos de aquellos primeros años de Il Sistema y de la experiencia de adaptar “Una notte sul Monte Calvo” a su sonido?
CP: La experiencia con Il Sistema fue determinante para todo mi recorrido como músico. Provenía de un período en el que había militado en varias bandas que tocaban música bailable y de entretenimiento (en aquella época yo era baterista y estaba a punto de diplomarme en flauta traversa en el conservatorio), y sentía la necesidad de tener nuevos espacios; junto conmigo también la sentía el organista Floriano Roggero, porque el papel de músico y simple ejecutante en salones de baile, donde no podía expresar todo lo que iba madurando y sintiendo, me quedaba estrecho.
Estoy agradecido por aquellos años en los que me formé y adquirí la necesaria disciplina del sacrificio, del estudio y del contacto con el público, pero había que dar un giro. Y en la segunda mitad de 1969 la ocasión no tardó en llegar.






Otros dos músicos de la zona de Sanremo, como Luciano Cavanna, bajista y cantante, y Enzo Merogno, guitarrista (años más tarde lo encontraríamos en la primera formación de Museo Rosenbach), estaban buscando un baterista y un organista para formar una banda que no tocara solo covers, sino que empezara a interpretar en público temas propios, totalmente originales. Teníamos las mismas intenciones y finalidades. Nos encontramos, y bastaron pocas horas de ensayo para que quedara claro que estábamos hechos los unos para los otros.
La conexión fue extraordinaria desde el primer momento y, sobre todo para mí, fue una revelación sentir que mi batería y mi estilo eran perfectos para la manera de tocar del bajista. ¡Nos convertiríamos en el motor rítmico de la banda!
Claramente, nuestras primeras apariciones en público debían equilibrar temas conocidos con nuestras primeras composiciones, todavía tímidas pero muy personales. Así que, junto con covers de King Crimson, Gentle Giant, Black Sabbath, Spooky Tooth, Santana, Blood, Sweat & Tears, Deep Purple, Free, etc., introducíamos aquellas canciones que empezaban a representar la parte más profunda y experimental de nosotros mismos.
En la sala de ensayo lo grabábamos todo, cada día, con meticulosidad y paciencia. Ensayábamos hasta 12 horas al día, buscando siempre “el sonido”. Y en aquellos años todavía no habían llegado los sintetizadores ni los distintos dispositivos que ayudan a los músicos. El máximo de vanguardia estaba constituido por el órgano Hammond y la columna Leslie. Por lo demás: batería normal, bajo eléctrico con un potente amplificador, guitarra eléctrica con un distorsionador y algún pequeño efecto mágico, pero nada más.
Fue entonces cuando decidimos acudir al mundo de la música clásica para nutrirnos de nuevas inspiraciones y explorar nuevas oportunidades. La base de tres de nosotros era muy sólida y estaba profundamente arraigada en ese mundo: el organista era estudiante del conservatorio, el bajista había crecido en un ambiente impregnado de música clásica y sacra, y yo estaba estudiando flauta travesera y debía diplomarme en el conservatorio; además, mis escuchas pasaban tranquilamente de Beatles, Rolling Stones, The Who o Jimi Hendrix, a Vivaldi, Corelli, Bach, Beethoven, todos los compositores rusos, Verdi, Puccini, etc. Así que descubrir que algunos grandes compositores de épocas lejanas a la nuestra tenían una vocación, por así decirlo, “rock”, no fue difícil.
Escuchamos horas y horas de discos de vinilo para identificar algo que nos hiciera estremecer y comprender que ahí debíamos detenernos y concentrar todas nuestras fuerzas para crear algo que nos satisficiera y nos hiciera sentir que habíamos encontrado nuestro punto de llegada desde el cual partir. Nuestra elección recayó casi exclusivamente en autores rusos. Por lo tanto, principalmente Mussorgsky, Rimsky-Korsakov y Borodin atrajeron nuestra atención.
Sus composiciones nos fascinaban. Su gran capacidad para desatar emociones intensas y crear imágenes nos hacía comprender que allí debíamos verdaderamente detenernos y elaborar nuestro estilo. Fue también en ese momento cuando entró en la formación un nuevo integrante que aportaría gran experiencia y la riqueza de nuevos instrumentos, que encontrarían espacio en las nuevas búsquedas sonoras de la banda. Así fue como Leonardo Lagorio se incorporó con sus saxofones, la flauta y un teclado Farfisa adicional para imitar el piano.
En ese punto, la paleta tímbrica de la banda se completó de manera excepcional. Podíamos afrontar escrituras y arreglos complejos. Lamentablemente, la banda nunca llegó a entrar en estudio para fijar todas aquellas intuiciones y suites sinfónicas de nuestra autoría. Por una serie de problemas complejos, la banda se disolvió después de ni siquiera dos años de conciertos por toda Italia.
Participamos en algunos festivales pop, como se llamaban entonces, y uno incluso lo ganamos, por delante de New Trolls, Nuova Idea, Arti e Mestieri, Delirium y decenas de otros. Recibimos ofertas de muchas casas discográficas, pero apenas dos meses después de aquel festival, en octubre de 1971, la banda se separó.
PJ: Después de Il Sistema, ¿cómo nació Celeste?
CP: Desde la disolución de Il Sistema hasta la creación de las bases de Celeste pasaron varios meses. En primer lugar, quisiera recordar que, en lo que me respecta, Ciro Perrino, había madurado definitivamente la idea de que no volvería a ocupar el papel de baterista puro en ninguna banda nueva. Optaría por una forma más completa de ser músico.
Me explico. Deseaba profundizar y estudiar el mundo de las percusiones, sobre todo las provenientes de culturas lejanas a la mía. Además, estaba mejorando mi técnica con la flauta travesera. Empezaba a estudiar piano y composición, junto con el estudio del oboe, instrumento que siempre he amado muchísimo. Y al mismo tiempo me interesaba la aparición de los primeros sintetizadores.
Quisiera recordar aquí que, en los últimos meses de Il Sistema, yo me ocupaba de un instrumento que había sido construido en un único ejemplar por el hermano del bajista y que había sido llamado Empirico Primo. Este instrumento imitaba sonidos de la Naturaleza y era capaz de producir sonidos particulares, del mismo modo que poco después descubriríamos con los primeros Minimoog.
Como decía, después de largos meses que me sirvieron para aclarar aún más mis ideas e intenciones, comencé a reencontrarme con Leonardo Lagorio para intentar sentar, aunque fuera sobre el papel, las bases de una nueva banda, de un nuevo proyecto desligado de las formaciones típicas de aquel período, centradas en el clásico esquema de batería, bajo, guitarra, órgano y cantante. Queríamos algo diferente. Con Il Sistema ya habíamos explorado muchos caminos. Ahora era el momento de cambiar.
Queríamos un “sonido mediterráneo”, acústico, con ligeros matices jazzísticos, casi de música de cámara. Tal vez lo que, muchísimos años después, se llamó tocar unplugged. Pensábamos precisamente en la posibilidad de actuar en espacios pequeños, íntimos, con pocos instrumentos.
El camino no era fácil. Por mi cuenta, empecé a buscar músicos que tocaran guitarras acústicas, bajo -eso sí, eléctrico- para dar cuerpo al sonido de la banda, flautas, saxofones, violonchelos, violines. Y fue en esa búsqueda que, preguntando en el conservatorio de mi ciudad, encontré a un músico que tocaba guitarra acústica, violín y clarinete. Hablo de Mariano Schiavolini, que aportó todas aquellas composiciones que años después se convertirían en «Principe di un Giorno«.
Mi búsqueda continuó hasta completar la formación que teníamos en mente. Así llegaron Giorgio Battaglia con su bajo eléctrico, Riccardo Novero con el violonchelo y su hermano con el violín, y finalmente el jovencísimo Marco Tudini con flauta y saxofón tenor. Yo, por supuesto, me ocuparía de las percusiones, de la segunda flauta y de las flautas de pico renacentistas.
La banda estaba lista. Empezamos los ensayos y a adaptar las composiciones de Mariano a esta formación original. Con el tiempo, sin embargo, perdimos por desgracia a parte de los músicos, que por razones personales se retiraron, y quedamos solamente cuatro: Schiavolini, Battaglia, Lagorio y yo.
Nos vimos obligados a revisar las partes, y fue en ese momento cuando entró lo que se convertiría en uno de los grandes protagonistas del sonido de la banda: el Mellotron. Podíamos sustituir violines, violonchelos y disponer de toda una orquesta. Y fue también entonces cuando conocimos a Nikki Berenice Burton, quien debía convertirse en la vocalista de la banda. Con su voz cristalina, su carisma y su extraordinaria musicalidad, habría encarnado perfectamente aquellos mundos que yo había descrito en mis textos sobre la historia del Príncipe. Habría adaptado muy bien al inglés lo que yo había escrito en italiano.
Pero después, una vez más, las cosas cambiaron. Nikki nos dejó para regresar a Gran Bretaña, porque un contrato previo con una major inglesa le impedía participar en proyectos distintos. Entonces, con todas las bases ya preparadas y grabadas, me tocó a mí convertirme en el cantante de las letras, y mi voz, que no estaba prevista, se convirtió en el emblema de Celeste.
A partir de ahí, lo demás es historia.
PJ: ¿Cuál es la historia original detrás de Principe di un Giorno (1976) y qué te inspiró a crear el personaje del Príncipe? Tú mismo has explicado que este álbum nació de una visión juvenil de un príncipe a orillas de un lago alpino. Cuéntanos más sobre esa historia inspiradora y cómo la tradujiste en las canciones del disco.
CP: Respondo a tu pregunta reproduciendo íntegramente lo que escribí recientemente precisamente sobre cómo nació esta saga del “Príncipe”.
LA VERDADERA HISTORIA DEL PRÍNCIPE de “PRINCIPE DI UN GIORNO”
Principe di un Giorno
Favole Antiche
Eftus
Giochi nella Notte
La Grande Isola
La Danza del Fato
L’imbroglio
Hacía muchos años que deseaba escribir algo acerca de los motivos inspiradores que me impulsaron a crear la figura del Príncipe, protagonista del primer álbum de Celeste, titulado precisamente «Principe Di un Giorno».
Volviendo con la mente y con el corazón a aquellos momentos, la primera visión que tuve se remonta a cuando tenía 14 años.
Fue con ocasión de un campamento de verano y de una excursión posterior, durante la cual crucé los Alpes, en la frontera entre Italia y Francia, junto a un grupo de compañeros de mi edad y un acompañante, el Padre Daniele Fontana, a quien considero mi padre espiritual.
Después de una larguísima caminata, llegamos a un pequeño claro rodeado de altas montañas. Se decidió que pasaríamos la noche allí, así que, tras dejar nuestras mochilas bajo una providencial roca, acampamos a orillas de un pequeño lago de montaña, después de montar la tienda que nos acogería y nos daría refugio.
Bajo la sabia y experimentada guía del Padre Fontana, preparamos el refugio para la noche, que se acercaba rápidamente. Estábamos muy cansados. A pesar de nuestra juventud, el esfuerzo fue considerable. Al más puro estilo “survivor”, extendimos sobre la superficie empapada de agua el suelo de la tienda, que, siendo muy grande, estaba pensada para albergar a una decena de muchachos. Todavía bajo la lluvia clavamos las estacas, levantamos la tienda y luego colocamos los tensores.
Después de haber consumido una comida fría, nos retiramos al interior de nuestro refugio para descansar. Tras un tiempo que no sé definir, sentí como si me atrajera una llamada lejana; no conseguía dormirme y así, escapando de la vigilancia de nuestro acompañante y sin despertar sospechas, salí al exterior y, poco a poco, sin hacer ruido, me acerqué a la superficie del espejo de agua.
La noche había vuelto a estar clarísima y traía consigo silencio. Los centros habitados estaban lejos y ningún sonido provenía de los valles que rodeaban el lugar donde nos habíamos detenido. Me acerqué cada vez más, casi hasta tocar la superficie del agua. La Luna, aquella noche, era mi amiga: creaba reflejos y me permitía ver el fondo del lago. Todo aparecía indistinto, pero algunos contornos allá abajo empezaban a delinearse cada vez mejor.
La primera silueta que reconocí fue la de un trono.
Entré entonces en una especie de sueño lúcido, y los recuerdos todavía hoy son vívidos, y estoy seguro de haber vivido aquellos momentos en los que el espacio y el tiempo habían perdido todo sentido.
Un Príncipe, mi Príncipe, había establecido su morada allí abajo quién sabe desde cuándo. Esperaba que alguien estuviera dispuesto a escuchar su historia, sus tormentos, sus decepciones, pero también sus alegrías, aquello que habían sido sus triunfos.
Su corte se había reducido ya a un fiel escudero, y estaba reconfortada por la presencia del amado caballo blanco, montado sobre el cual, en una noche quizás muy parecida a la que yo estaba viviendo, había decidido abandonar la vida sobre la Tierra. Había espoleado con dulce ternura a su cabalgadura y luego, poco a poco, había desaparecido bajo la superficie del agua.
Una nueva existencia lo esperaba. Allí abajo tendría todo el tiempo para elaborar su experiencia de vida y contemplar y meditar.
La experiencia que viví aquella noche me permitió entrar en contacto con un mundo que jamás volvería a abandonarme.
No sé cuánto tiempo permanecí en ese estado de suspensión. La Luna se desplazaba y su luz de plata hacía cambiar lentamente los reflejos. Una ligera neblina permanecía en algunos puntos remotos, cerca de las orillas. Parecían almas en movimiento, en acuerdo con la profunda respiración de las montañas que, a nuestro alrededor, asistían a aquella escena. Custodiaban desde tiempos inmemoriales la esencia de aquella historia antigua y desgarradora.
Me pregunté -y aún hoy sigo preguntándomelo— por qué aquella noche de verano me encontré en aquel marco de magia, como testigo único de hechos en equilibrio entre dos o más mundos.
Lo que hoy sé es que el Príncipe ha decidido regresar. Aún tiene algo más que contar y aún tiene que contarse a sí mismo.
Después de más de 50 años decidí volver a esas montañas y encontré de nuevo aquel mismo pequeño lago.
Volví solo, porque sabía que podría encontrar otra vez a esa figura a la que tanto debía. Estaba seguro de que, con cierta delicadeza, podría llamarlo y encontrarme hablando con él como medio siglo antes. He sido su cantor. A través de las letras de Celeste en «Principe di un Giorno», di a conocer las vicisitudes y tristezas de un hombre tan noble y solitario de un tiempo lejano, decepcionado por las acciones de los hombres de su tiempo, un tiempo remoto y distante, pero, por desgracia, todavía tan actual.
Su mundo está lleno de Favole Antiche.
Su fiel escudero es Eftus.
El sueño de La Grande Isola.
La soledad de Giochi nella Notte.
La resonancia con la historia de un nuevo y siempre antiguo Ulises en La Danza del Fato. También el Príncipe ha escogido el exilio voluntario o no, poco importa. Eso lo ha llevado lejos de sus afectos, como suele ocurrirles a los Héroes.
La circularidad de los regresos, de los eternos retornos.
La quimera de L’Imbroglio.
Su caballo blanco.
Cuando llegó el momento de escribir las letras del primer álbum de Celeste, reapareció el recuerdo de aquella experiencia, de aquella noche mágica. Los textos fluyeron con una naturalidad extraordinaria. Parecían ya preparados, como si hubieran estado esperando ser descubiertos y revelados al mundo.






PJ: La historia del Príncipe fue concebida originalmente como parte de una saga más amplia. ¿Cómo planificaste esa narración y por qué tardó tanto en completarse? Has dicho que concebiste la saga del Príncipe como un único conjunto unificado de principios. ¿Cuál era tu plan para continuarla en un segundo y un tercer álbum, y por qué no se llevó a cabo hasta muchos años después?
CP: Cuando con Celeste iniciamos nuestro camino y la aventura en el mundo musical, no imaginábamos que nos limitaríamos a la producción de un solo álbum. En 1977, aunque ya a finales de 1976, cuando «Principe di un Giorno» acababa de publicarse, el liderazgo interno había cambiado.
De hecho, habíamos pasado de las atmósferas etéreas y fabulosas de las composiciones de Mariano Schiavolini a las influencias más rock y jazz de Leonardo Lagorio. Yo había realizado el cambio pasando definitivamente a los teclados y sintetizadores, dejando el papel de baterista a Francesco “Bat” Dimasi. Así que, dentro de la banda, los equilibrios eran ahora diferentes.
Mi intención de continuar la saga del Príncope, dividida en tres proyectos, estaba corriendo un gran riesgo. De ese período, hecho solo de ensayos y preparaciones, ha quedado testimonio en una serie de grabaciones que solo en 1990 en vinilo, y luego en 1992 en CD, vieron la luz. Nunca cito esos soportes en la discografía oficial de la banda porque, aun tratándose de grabaciones muy cuidadas y precisas, no fueron pensadas para convertirse en un disco. Para nosotros eran solamente demo tapes para confrontarnos y comprender cómo continuar nuestra búsqueda sonora. Hablo de «Celeste II» y «Celeste II Plus«.
La razón por la cual la narración de la saga se interrumpió forzosamente fue precisamente la disolución prematura de la banda. Yo había concebido todo como una trilogía que se expresaría en tres álbumes. Pero así quedó solamente la primera fase, en la que el Príncipe se había presentado y nada más.
Tendrían que pasar más de 45 años para retomar el proyecto, que luego continuó con «Il Risveglio del Principe» en 2019 y, posteriormente, en 2021, se concluyó con «Il Principe del Regno Perduto«, donde toda la parábola del viaje del Príncipe encontró su apoteosis.
Por lo tanto, aunque con un gran retraso, aquello que había sido mi propósito encontró, después de casi 50 años, su resolución, y el Príncipe completó su recorrido hasta donde yo lo había concebido y visto.
PJ: Sabemos que viene en camino una nueva versión del clásico de 1976, basada en las cintas originales de la época de Prince of One Day, esta vez concretando por fin aquella visión original. Las voces estarán a cargo de Siobhán Owen con letras en inglés. ¿Qué te motivó a retomar y rehacer este trabajo?
La razón por la cual esperé el 50º aniversario de la publicación de «Principe Di un Giorno» para reconectar con la visión originaria, reside en el hecho de que a mí, personalmente, me había apenado muchísimo que el proyecto no hubiera sido presentado al público con la forma que nosotros habíamos preparado.
Los textos originales habían sido escritos claramente por mí en italiano, pero el trabajo de adaptarlos al inglés fue largo y muy difícil, porque era necesario mantener las mismas atmósferas e imágenes para no falsear su espíritu. Pensé y, sobre todo, sentí que era una cuestión ética y moral devolver el verdadero contenido de este proyecto. Y la conmemoración después de 50 años me pareció el momento más adecuado.
Entretanto, «Principe di un Giorno» ha tenido todo el tiempo para expandirse por el mundo entre los aficionados al género y ahora se ha consolidado; este es el momento justo para acompañarlo con la que era la intención inicial. Sin hacer comparaciones. Podrán convivir uno al lado del otro sin conflictos, integrándose mutuamente.
El camino del Príncipe concluyó con «Il Principe del Regno Perduto», publicado en 2021, pasando por «Il Risveglio del Principe de 2019», y quizá volverá… quizá no.
El descubrimiento de Siobhán Owen como intérprete de esta versión fue una verdadera sorpresa. Considero que desempeñará este papel de manera excelente y dará a «Prince of One Day» ese color que parecía perdido y olvidado.
Lamento inmensamente que no haya podido participar Nikki Berenice Burton, que en aquellos años maravillosos había estado con nosotros en la realización inicial, pero por desgracia la vida decidió de otro modo para ella.
La voz de Nikki puede oírse en algunas pistas de las demo tapes que fueron publicadas años atrás en la edición solo en CD de «Principe Di un Giorno – The Definitive Edition«, y que habían sido grabadas en 1974.
PJ: Después de 50 años, ¿cómo percibes la evolución del sonido de Celeste desde sus inicios hasta hoy? Hablando de tiempo y memoria, ¿qué elementos de la identidad artística han permanecido intactos y cómo ha cambiado, o no, el lenguaje musical de la banda a lo largo de cinco décadas?
CP: Después de 50 años, lo que considero que ha permanecido inalterado es el Espíritu y el tipo de inspiración que aún hoy distinguen la escritura de la banda.
Por supuesto, mucho ha cambiado. De hecho, mi papel y mi tarea principal dentro de la banda original eran los de autor de las letras, creador visionario de un mundo: el del Príncipe. Me sentía una especie de Pete Sinfield. Por lo tanto, yo intervenía en los arreglos solo en el campo restringido que concernía a mis percusiones. En la parte puramente musical, todo era obra de Mariano Schiavolini, que había aportado a la banda todas sus composiciones, para las cuales yo había adaptado las imágenes que narraban al Príncipe y su mundo onírico y fabuloso.
Sin embargo, cuando retomé el camino de la banda tras 45 años, me encontré, por desgracia, solo. Después de consultarlo con mis “viejos” compañeros —aunque ya en las décadas anteriores había intentado reconstruir la formación original con ocasión de suculentas ofertas de organizadores de conciertos en Japón, Corea del Sur, México y Estados Unidos—, recibí solamente respuestas vagas que me hicieron entender que no tenían intención de retomar aquel discurso.
Una de las razones de tantas dudas, aparte del escaso entusiasmo que encontré en ellos, residía en que, mientras yo afirmaba que era necesario retomar el camino interrumpido al día siguiente de Principe di un Giorno y, por tanto, replicar —actualizándolo, desde luego— el sonido y las atmósferas que lo habían convertido en un álbum de culto entre los aficionados, los otros ex miembros de la banda decían que había que cambiarlo todo e intentar otros caminos.
Yo seguía insistiendo en que nunca hay que alejarse demasiado de aquello que fue apreciado, para no decepcionar ni alejar a los fans.
En cualquier caso, volviendo a lo que es Celeste hoy, desde 2019 hasta este 2026, debo decir que mantengo —o al menos intento mantener— alto el Espíritu original. Sí he introducido algunas novedades. Por ejemplo, en la sección de percusión consideré importante incluir de forma permanente a un verdadero baterista. Ya no era posible, después de casi 50 años desde el debut, seguir manteniendo únicamente situaciones suspendidas y etéreas.
Por lo tanto, la idea de alternar momentos más rock en el sentido clásico con situaciones más oníricas, para luego volver al pulso del ritmo, es la que encuentro más adecuada sin traicionar el espíritu de Celeste Y todo siempre condimentado con “salpicaduras” de experimentalismo, que siempre han sido una característica de la banda desde sus comienzos.
En cuanto al futuro de la banda, preveo siempre mantenernos en nuestra línea, continuando la innovación sin traicionar el espíritu original.
PJ: ¿Qué puedes contarnos sobre tus proyectos actuales y futuros, especialmente «Celeste meets Celtic Harp» con Claudia Murachelli? Sabemos que estás trabajando con la arpista Murachelli y otros músicos en nuevo material. ¿En qué consisten estos proyectos y hacia dónde piensan llevar el sonido de Celeste en esta nueva etapa?
CP: Con «Celeste meets Celtic Harp» he querido intentar volver, aunque sea temporalmente, al sonido de los inicios, cuando la búsqueda estaba centrada principalmente en atmósferas acústicas con guitarras, pequeñas percusiones, flautas y Mellotron.
Aquí trabajé sobre la instrumentación introduciendo el sonido mágico del arpa celta, tocada magistralmente por Claudia Murachelli, quien además asumirá el papel de cantante, aunque limitándose a vocalizar, porque he pensado este proyecto como completamente acústico e instrumental.
Por lo tanto, habrá percusiones para crear una alfombra rítmica, pero sobre todo con la intención de colorear. Luego estará también la ya consolidada pareja formada por Enzo Cioffi en la batería —tocada principalmente con escobillas, con sutiles matices jazzísticos y ritmos étnicos— y Francesco Bertone, que esta vez se dedicará completamente al contrabajo, tanto pizzicato como con arco.
Habrá pocos otros instrumentos, como flautas de todo tipo, siempre con el fantástico Marco Moro, y clarinetes. Y luego un amplio parque de cuerdas con instrumentos renacentistas y étnicos (aunque también guitarras acústicas y clásicas).
Para mí he reservado un espacio muy pequeño, donde haré intervenciones delicadas e íntimas con el Mellotron. Pero sobre todo he pensado en escribir y casi en dirigir. Y considero este «Celeste meets Celtic Harp» como un momento de transición, como cuando, paseando por un bosque espeso de árboles, de repente se abre un nuevo espacio y nos encontramos en un gran prado verde donde nos detenemos a descansar para recuperar el aliento antes de reemprender el camino. Un espacio de paz, donde el tiempo, por un instante infinito, se detiene. Suspendido.
Esa es la impresión que quisiera transmitir a quien se disponga a escucharlo.
Después, el camino de Celeste continuará. De hecho, a finales de este 2026, para completar el 50º aniversario de la publicación de «Principe Di un Giorno«, la nueva banda retomará completamente el proyecto y volverá a sonar las siete composiciones originales a la luz de cómo hoy sentimos esas canciones después de más de medio siglo. Será un desafío hermosísimo y ofrecerá una visión diferente de aquel viaje.
Seguramente, siempre sin traicionar el espíritu original, siento que será más pulsante, y muchos instrumentos que en la versión original habían sido imitados por sintetizadores serán asignados a músicos de música docta.
PJ: Hablando de aquello, la música de Celeste fusiona armonías doctas; por ejemplo, influencias rusas del siglo XIX con melodías mediterráneas. ¿Cómo definirías la identidad sonora de Celeste y de dónde provienen esas influencias particulares? ¿Qué buscáis expresar a través de esta combinación de tradición clásica y sabor mediterráneo?
CP: Es inevitable que, después de haber pasado una vida escuchando música y más música, de todo género, proveniente de todos los rincones de la Tierra —clásica, barroca, romántica, rock—, al final, cuando uno se pone a escribir, todo confluya y se manifieste en composiciones que han extraído su savia vital de todo aquello que se ha convertido en un patrimonio interior.
Y es algo que continúa evolucionando, no permanece nunca quieto: se renueva, adopta nuevas formas y nunca se parece del todo a sí mismo. No existe una intención consciente, porque es la propia Música la que actúa como guía, toma al compositor de la mano y lo invita a explorar espacios nuevos.
Solo después, retrospectivamente, se puede pasar a examinar lo realizado y empezar a reconocer influencias, similitudes y resonancias. Pero después. Solo después. Cuando uno está en el flujo de la escritura, no es consciente de lo que está ocurriendo.
Es indudable que Italia es y ha sido siempre un cruce de caminos donde han confluido todas las músicas. Por ejemplo, muchos compositores extranjeros pasaron un tiempo en Italia. En mi ciudad, Sanremo, por ejemplo, el compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski durante su estancia entre 1877 y 1878 compuso su Cuarta Sinfonía en fa menor y concluyó la escritura de Eugenio Oneguin. Quizá eso explique por qué las influencias se entrecruzan.
El perfume del mar trae ecos lejanos e invita a recorrer nuevos caminos y a descubrir sonidos y tradiciones provenientes de lejos. Me gusta pensarlo así.
La identidad sonora de Celeste siempre se ha alimentado de estas influencias, las ha moldeado en su interior y las ha hecho propias, devolviéndolas con su personalidad, hecha de distintos aspectos derivados también de sus músicos que, como ocurre con buena parte de sus actuales miembros estables, proceden por ejemplo del Jazz.
Enzo Cioffi, el baterista; Francesco Bertone, el bajista y contrabajista; y Marco Moro, el flautista, trabajan principalmente en el ámbito del Jazz y aportan, trasladándolas magistralmente, sus experiencias e inspiraciones al Espíritu de Celeste, enriqueciéndolo de manera determinante, pero sin alterar su significado.
PJ: Una vez dijiste: “Io non sono Celeste, io servo Celeste”, distinguiéndote de la banda. Filosóficamente, ¿cómo entiendes esa relación entre tu identidad artística y la de Celeste?
CP: Exactamente así. Es decir, como ocurre también con toda mi discografía solista, me considero al servicio de la Música.
El músico, el compositor, es un intermediario, un filtro, un canal privilegiado que está en constante comunicación con los mundos sutiles donde la Música ya escrita existe desde siempre. La tarea espiritual del compositor es com-poner, es decir, poner juntos los elementos.
Todos aquellos que escriben están en comunicación directa con los mismos canales. Luego, según la propia sensibilidad, cultura, preparación y actitud, las mismas notas adoptan formas diferentes y nacen obras maestras inmortales o, a veces, simples canciones que duran el espacio de una mañana. Esa es la Magia.
Así pues, en el momento en que decidí retomar la herencia de CELESTE, sabía perfectamente que tendría que medirme con un “monstruo” —en el buen sentido de la palabra— que venía del pasado, y que no debía traicionar la identidad que fue y sigue siendo la de CELESTE – Principe di un Giorno.
En cada nuevo proyecto, a partir del álbum del regreso, Il Risveglio del Principe, tanto en la fase de escritura como en la de realización, me he encontrado y me encuentro cada vez preguntándome si he sido honesto y coherente con el Espíritu que dio origen a nuestro primer proyecto.
Ahora mi responsabilidad es mucho más pesada, porque ya no soy solamente el autor de las letras, sino también de todas las composiciones y de los arreglos de cada instrumento individual. Mi responsabilidad es muy alta. Aunque, por otra parte, dejo muchísimo espacio a los músicos que ahora son los nuevos miembros de Celeste, en lo que respecta a las improvisaciones y sus formas de expresión más verdaderas y espontáneas. Y además escucho de ellos impresiones, reflexiones y acepto sus consejos.
PJ: Cuando revisitaste ideas de los años 70 para Il risveglio del Principe (2019), ¿cómo afectó eso a tu creatividad? Has dicho que acumulaste muchas frases y piezas a medio escribir que luego acabaste utilizando en Celeste.
CP: Sí, por supuesto, es verdad.
Desde que la banda se disolvió, aunque entre 1977 y los tres años siguientes creé varias bandas como Snc, St. Tropez y La Compagnia Digitale, siempre he escrito mucha música destinada a mis proyectos en solitario, y cada vez que me encontraba entre las manos con una pieza cuyo uso no comprendía bien dentro de los proyectos que tenía en curso, me daba cuenta de que eran perfectas para un hipotético Celeste.
Cuando me enfrentaba a la escritura de mis proyectos solistas, me ocurría a menudo que creaba estructuras armónicas acompañadas de cantos muy melódicos que debía descartar, pero que sentía perfectos para Celeste.
Por lo tanto, nunca eliminé nada. Fui creando carpetas con partituras ricas en ideas y, más a menudo, con desarrollos completos. Así me encontré, después de años y años, con un archivo riquísimo de ideas, pero también de piezas ya listas para ser adaptadas a un nuevo “Proyecto Celeste”.
PJ: Mirando hacia el futuro, ¿hacia dónde piensas llevar el sonido y el legado de Celeste en los próximos años? Después de este largo viaje, ¿qué nuevos horizontes musicales te gustaría explorar y qué mensaje o identidad artística esperas que perdure en el futuro de Celeste?
En cada nuevo proyecto o etapa me he permitido, con delicadeza y seriedad, introducir en Celeste pequeñas variaciones. He intentado dar más visibilidad a la vena Jazz, Soft Jazz o, mejor dicho, swing, que en muchos momentos de «Principe di un Giorno» puede percibirse ya desde los inicios. Las improvisaciones de saxofón son una prueba de ello.
Pero luego me gusta devolver la banda a otras atmósferas, aquellas que fueron las de los comienzos: más acústicas, íntimas. Prueba de ello es el nuevo proyecto «Celeste meets Celtic Harp», donde los diálogos entre los diversos instrumentos remiten en parte a «Principe di un Giorno», con sus cuerdas vibrantes, percusiones suaves, flautas y pianos.
Se trata, por lo tanto, de un universo sonoro siempre en movimiento, pero que nunca se aparta de sí mismo. El Espíritu de Celeste es constante y está presente. E incorpora lo que para mí es el prog.
Prog es sinónimo de Progreso, de movimiento perpetuo.
El próximo Celeste ya está en mi mundo de imaginación. Tal vez el Príncipe podría volver a contar dónde se ha refugiado después de su desaparición, ocurrida con la conclusión de la trilogía en «Il Principe del Regno Perduto»
Las últimas palabras que se escuchan en los últimos surcos, recitadas por una voz infantil (mi hijo Ciro), dicen precisamente esto:
“… El Príncipe ha decidido, distingo su sombra en la niebla. Ahora el sendero… Ahora el lago… ¿Volverá el Príncipe? Quizás… Quizás…”
Enlaces de interés
Bandcamp de Ciro Perrino: https://ciroperrino.bandcamp.com
Bandcamp de Celeste: https://celeste4.bandcamp.com/
Bandcamp de Il Sistema https://ilsistema.bandcamp.com/
Facebook Celeste: https://www.facebook.com/people/Celeste-Rock-Band-More/
Damos gracias a Ciro Perrino por su exclusiva información y fotografías









