Renaissance y «Scheherazade and Other Stories», belleza sobrecogedora
En 1975 los británicos de Renaissance se encontraban en el apogeo de su creatividad dentro de la escena del rock progresivo sinfónico, y con un público fiel que se equiparaba en número a los ascendentes Genesis con «The Lamb». Tras crecientes ventas y discos aclamados como «Ashes Are Burning» (1973) y «Turn of the Cards» (1974), la agrupación se había consolidado en un ensamble estable con Annie Haslam (voz), Michael Dunford (guitarra), John Tout (teclados), Jon Camp (bajo) y Terence Sullivan (batería), lo que recordamos ahora como «la formación clásica»
Este núcleo venía refinando disco tras disco un sonido docto y elegante, pero accesible para las masas; caracterizado por la prodigiosa voz de Haslam y complejos arreglos de piano y orquesta. Para «Scheherazade and Other Stories«, su sexto álbum de estudio, Renaissance decidió embarcarse en su proyecto más ambicioso a la fecha.
Mientras ya tenían grabado en su totalidad una pieza corta llamada “The Vultures Fly High”, en los estudios AIR de Londres, decidieron seguir y concluir este nuevo LP en los míticos Abbey Road Studios de Londres en mayo de 1975 con la colaboración de la London Symphony Orchestra bajo la batuta del arreglista Tony Cox.
Inicialmente, Renaissance buscó al productor David Hentschel (Genesis), pero al no estar disponible recurrieron a David Hitchcock, quien ya era reconocido por producir algunos de sus colegas como Caravan, e incluso participando en «Mirage» y «The Snow Goose» de Camel; quienes compartían mánager con Renaissance, Miles Copeland.
Aunque la banda y el productor se llevaron bien a nivel personal, luego admitirían que no terminaron de compenetrarse en lo creativo, sintiendo que la producción pudo haber sacado aún más brillo al material. Curiosamente, Hitchcock estuvo produciendo simultáneamente «Cunning Stunts» (1975) de Caravan en aquellos días, dividiendo su escaso tiempo entre dos estudios, lo que probablemente afectó ambas producciones en ciertos detalles sonoros, que podrían haber sido mejores.
Por primera vez, Michael Dunford, quien hasta entonces había sido el principal compositor y digamos, «creador» del sonido Renaissance, permitió y alentó que otros miembros colaboraran activamente en la creación de las piezas. En particular, el pianista John Tout y el bajista Jon Camp asumieron un rol importante en la escritura de varias secciones, resultando en el primer álbum de Renaissance que no incluye créditos de composición de ningún integrante original de la banda fundadora, sino exclusivamente del “nuevo” núcleo compositor, junto a las letras habituales de la escritora Betty Thatcher.
Tener a tres compositores simultáneos enriqueció los arreglos y permitió explorar texturas sinfónicas más complejas que nunca. El grupo también prescindió de citas directas de piezas doctas preexistentes, algo que solían hacer en álbumes previos, para centrarse en arreglos 100% originales, aunque claramente derivativos como es el caso de su épica principal, que contiene discretos guiños temáticos a la famosa suite Scheherazade del ruso Nikolái Rimsky-Kórsakov, aunque sin citas literales.
El título original del trabajo, «Scheherazade» a secas, refleja claramente la dedicación casi total del LP a la afamada leyenda persa. Dunford había comenzado a escribir una obra musical teatral basada en la recopilación de los afamados cuentos persas Las mil y una noches, específicamente en la historia de la sultana Shahrazad o Scheherezade. Originalmente, sería parte de aquella banda sonora coescrita con Jon Camp, cosa que nunca se materializó.
Si no conoces la historia, acá tienes un condensado. Según la leyenda, el sultán Shahriar, tras sufrir la infidelidad de su esposa, desposa a una nueva joven cada día para ejecutarla al amanecer siguiente, convencido de la falsedad de todas las mujeres. Finalmente, Scheherezade, una joven inteligente y valiente, se ofrece como esposa y cada noche narra al sultán un cuento fascinante que deja inconcluso, obligándolo a mantenerla con vida para escuchar el final la noche siguiente. Tras 1001 noches de relatos (que incluyen las aventuras de Simbad el marino, Alí Babá, Aladino, etc.), el sultán no solo perdona a Scheherezade, sino que se enamora de ella y la convierte en su reina definitiva.
Como curiosidad, el nombre de Scheherazade se hizo bastante famoso en Latinoamerica en la década pasada debido al fenómeno de la telenovela turca Binbir Gece, o Las mil y una noches, pero es perentorio aclarar que la historia de aquel drama comparte mínimos detalles con el cuento original persa, y por ende, con este disco.
Volviendo a la música, esta premisa de cuentos encadenados sirve de inspiración directa para la gran suite del álbum, “Song of Scheherazade”, que ocupa todo el lado B. Las «otras historias» del lado A fueron agregadas al final, junto con el agregado de última hora del titulo «and other stories«.
Fusionar la narrativa exótica de Las mil y una noches con rock y orquesta en una obra de unos 25 minutos no sería fácil, ya que lograr una compenetración perfecta entre ambos mundos era de un resultado muy variable, e incluso, azaroso. En este caso se logró de forma magistral, y no en vano este álbum es citado como ejemplo de integración orgánica entre un grupo de rock y una sinfónica, junto a obras como «The Snow Goose», o algunas cosas del mejor Jethro Tull. Sin mencionar que la imponente voz de Haslam parece casi concebida para un trabajo de este calibre.
En cuanto a las otras historias del lado A, Renaissance nos presenta tres piezas independientes en temática y estilo, pero coherentes con la atmósfera romántica del disco. No existe un hilo conceptual que las conecte entre sí ni con Scheherezade, más allá de un aire de cuento o fábula en cada una, pero las letras de Betty Thatcher aportan imágenes poéticas y ensoñadoras que redondean el LP a la perfección. Sin mencionar que una de ellas es el hit menor «Ocean Gypsy«.
Por otro lado, el arte del LP, diseñado por el estudio gráfico Hipgnosis refuerza ese carácter de cuento, mostrándonos una ilustración onírica de inspiración oriental que originalmente iba a ser parte de un tapiz más extenso. De hecho, Hipgnosis planeaba realizar una serie de pinturas sobre el tema de Scheherezade, pero el artista encargado falleció repentinamente tras completar solo la primera, la cual terminó siendo la carátula definitiva.
¿Se dan cuenta de que este trabajo tiene todas las credenciales de las vacas sagradas del progresivo británico?, es porque, efectivamente, es uno de ellos. Desde su presentación visual hasta su contenido musical, «Scheherazade and Other Stories», lanzado en algún punto de julio de 1975 en la isla británica y en agosto de 1975 en EE.UU, se plantea como un viaje mágico, a la mejor usanza de los LP más queridos de ésta época.
Bajo un cielo persa
“Trip to the Fair”, la apertura del LP, es una de las composiciones más destacadas de Renaissance. Esta pieza de casi 11 minutos nos sumerge en una atmósfera misteriosa y teatral ya desde los primeros arpegios del piano de John Tout, cuyo virtuosismo brilla en una introducción dramática de varios minutos. Las notas de pianoforte, a la vez delicadas y llenas de suspenso, nos hacen imaginar la expectativa de que algo imponente viene.
De hecho, la pieza está inspirada en una vivencia real. La letra surgió tras una cita que Annie tuvo con Roy Wood, miembro de The Move y la ELO, donde, tras una cena divertida, fueron a un parque de atracciones en Hampstead Heath de noche y la encontraron completa y extrañamente vacía. Thatcher tomó esa anécdota de “un viaje a una feria donde no había nadie” y la convirtió en esta fantasía melancólica.
“Trip to the Fair” es una pequeña maravilla llena de detalles que merece varios párrafos. Tras la intro de piano, se superponen una serie de risas maníacas de la propia Annie, captadas de forma orgánica en el estudio por sucesivas equivocaciones que cometió al entonar la letra. Luego de aquello, la voz cristalina de Haslam entra casi susurrando, como narrando un sueño, mientras la instrumentación va recreando la sensación de un carrusel abandonado, donde se escuchan pasajes que evocan música de feria, con el teclado imitando organillos y un sutil tempo de vals. A mitad de la pieza, la banda introduce un interludio jazzy, donde el piano de Tout dialoga con un vibráfono en un intercambio casi improvisatorio en 3/4.
Esta sección proporciona un magnífico sabor a progjazz que realza la variedad dinámica del tema, mientras la base rítmica de Jon Camp y Terence Sullivan en el sillín de la batería aporta sutiles matices y buen gusto. Hacia el final, la tensión va creciendo con arreglos orquestales y coros en crescendo, culminando en un clímax donde Haslam libera su poderosa voz soprano.
En contraste, “The Vultures Fly High” vendria siendo una intentona de single para la radio, pero extrañamente nunca se editó como tal. Con apenas 3 minutos de duración, este corte es lo mas cercano al pop de todo el álbum, y es visible su concepción fuera del resto del material de Abbey Road. Aun así, es rockera, es rápida, es poppy pero a la vez sofisticada. Otra joyita.
Lo que no tiene nada de poppy es la mordaz letra de Thatcher, refiriéndose a los críticos musicales y periodistas como «buitres» que acechaban a la banda con reseñas negativas y en contínua busqueda de escándalos extra musicales. ¡Que poco ha cambiado la prensa en medio siglo!
“The Vultures Fly High” fue una favorita de los escenarios por muchos años, probando ser un número enganchante y rápido que daba un buen respiro a las grandes piezas sinfónicas del repertorio.
Pero aun así, no sería el «hit». Ese titulo le corresponde a “Ocean Gypsy”, que nos devuelve al terreno de las composiciones extensas. Con poco más de 7 minutos, esta balada sinfónica es de una belleza sobrecogedora, desplegando un aura nostálgica y romántica que efectivamente nos remite a un mar inmenso y de ensueño -Annie Haslam mediante- cantando una de sus melodías más emotivas, en una tesitura baja y susurrante al inicio que va ascendiendo a notas más altas a medida que la emoción de la pieza crece.
John Tout reveló la interpretación de la letra de Thatcher, donde el sol y la luna son amantes eternos que nunca pueden encontrarse, y ésta «gitana del océano» sería aquel amor errante, atrapada en un ciclo eterno de resignación. Es fácil entender por qué “Ocean Gypsy” logró conectar tan fuertemente con el respetable, ya que es de lo mas hermoso que logró moldear el prog britannia.
Si bien nos puede remitir al mito griego de Helios y Selene, esto no está contrastado del todo, pero perfectamente puede ser una historia derivativa de aquello, al mas puro estilo de Genesis.
“Ocean Gypsy” fue lanzada como single promocional en algunos países y, aunque no escaló muy alto en las listas, dejó una gran estela. Décadas después, Blackmore’s Night de Ritchie Blackmore con su esposa Candice Night harían una convincente versión en 1999 que vale la pena escuchar.
La canción de Scheherazade
“Song of Scheherazade” es probablemente el pináculo creativo de todo el catálogo de Renaissance y una de las suites conceptuales más logradas del rock progresivo de los 70′, la cual merece un párrafo aparte. Dividida en nueve subsecciones, la épica nos narra musicalmente la historia de la joven narradora y el sultán, recreando diversos pasajes de Las mil y una noches a través de la música, donde cada nota está en su sitio y en su justa medida, avanzando sin sobresaltos ni cambios bruscos gratuitos, logrando que los 24 minutos pasen casi sin darse cuenta gracias a su continuidad narrativa impecable.
La suite inicia con “Fanfare”, un breve segmento instrumental compuesto por Touten, y como su nombre indica, es una fanfarria orquestal que nos traslada de inmediato a los áridos paisajes del medio oriente. Los bronces de la London Symphony Orchestra anuncian pomposamente la entrada al palacio del sultán, estableciendo el ambiente majestuoso. Acto seguido, se enlaza con “The Betrayal”, donde la música se torna dramática y urgente, ilustrando la traición de la esposa infiel que desencadena la furia del sultán.
Con “The Sultan” entramos de lleno en la narración. Esta parte, coescrita por Dunford y con letra de Thatcher, presenta la voz masculina de Jon Camp tomando el rol del sultán Shahriar. Es notable oír a Camp cantar un fragmento solista, con ese tono más grave y autoritario, encarnando al personaje. La música aquí es más oscura y rítmica, con un excelente bajo prominente, reforzando la imagen del sultán implacable.
Tras exponer el dilema del sultán, la suite nos regala un hermoso respiro con “Love Theme” que introduce el tema de amor, melodías cálidas de la orquesta y el piano que auguran la futura conexión entre Scheherezade y Shahriar.
A continuación, “The Young Prince and Princess as told by Scheherazade” es una delicada mini pieza dentro de la suite, donde Annie Haslam vuelve al frente. Aquí Scheherezade narra uno de sus cuentos al sultán, sobre un joven príncipe y su amada princesa, mientras le acompaña una música suave y romántica, casi un madrigal, con la voz de Haslam flotando sobre arpegios de guitarra acústica, clarinete y sutiles cuerdas. Este pasaje destaca por su ternura y por un bello solo de flauta, que acentúa el carácter del medio oriente y folclórico del relato.
Luego de un pequeño fade out, entramos en “Festival Preparations”. La historia llega a un punto de clímax, donde se avecina un festival en el reino, acompañados por la orquesta y el piano que desarrollan una suerte de fuga barroca, donde los músicos demuestran su formación docta con un contrapunto brillante; y claro, como no podía de ser otra manera, todo muta a «Fugue for the Sultan«. Durante estos minutos centrales de la suite, la música acelera y se vuelve jovial, reflejando los preparativos y la agitación alegre del pueblo ante la celebración, mientras el sultán empieza a sentirse maravillado por las historias de Scheherezade.
La recta final de la suite engloba “The Festival” que estalla en júbilo orquestal, donde casi podemos ver un desfile colorido en la corte. Finalmente todo concluye en “Finale”, una coda emotiva y resolutiva, con la reaparición de la voz de Annie Haslam para cerrar el arco narrativo, retomando letras del segmento del sultán pero ahora en un tono transformado, esto es, el sultán le perdona la vida a Scheherezade y declara su amor, liberándose de su amargura.
Las frases musicales de distintas secciones previas convergen a modo de recapitulación, mientras la orquesta eleva el último estribillo a alturas sublimes. El crescendo final con toda la orquesta, el coro y la banda en plena potencia es sencillamente escalofriante; para luego, una despedida como un susurro, mientras en nuestra mente se cierra el libro de cuentos; de esos que quedan marcados a fuego en nuestras conciencias para siempre.
Recepción y gira
En una época en que el punk comenzaba a gestarse y muchas bandas progresivas comenzaban a tomar derroteros mas directos, Renaissance logró con el complicado «Scheherazade» uno de sus mayores éxitos comerciales. En Estados Unidos, donde la banda ya venía ganando un público leal en ciudades como Nueva York, Philadelphia o Cleveland, el disco alcanzó el No. 48 en la lista Billboard 200, su posición más alta hasta ese momento.
Si bien en el Reino Unido su éxito fue más modesto, el LP se difundió ampliamente en Europa continental y otras regiones, llegando a considerarse rápidamente un referente del género. Con el tiempo, las ventas acumuladas del álbum rondarían cifras respetables; se habla de cerca de medio millón de copias a nivel mundial, e incluso de certificación Disco de Oro en EE.UU.
Para promocionarlo, Renaissance emprendió extensas giras entre 1975 y 1976 que los llevaron por teatros y auditorios de ambos lados del Atlántico. Un hito memorable fue su serie de tres conciertos con entradas agotadas en el Carnegie Hall de Nueva York en junio de 1975, algo solo reservado para verdaderos monstruos en popularidad como Led Zeppelin, figuras de la ópera, y grandes maestros de la música académica. Estas presentaciones, con la participación en vivo de la New York Philharmonic dirigida por Tony Cox, fueron un triunfo rotundo y evidenciaron la devoción del público estadounidense por esta fina agrupación.
Estos shows quedaron inmortalizados en el doble álbum «Live at Carnegie Hall» publicado en 1976, que también tuvo buen desempeño en el Billboard, con un notable puesto 60. “Ocean Gypsy” y “Trip to the Fair” eran momentos destacados de los shows, permitiendo a Annie Haslam lucir su rango vocal noche tras noche.
Lo máximo
«Scheherazade and Other Stories» representa una perfecta unión de concepto, composición e interpretación. Es una obra maestra rica en detalles y matices, fruto de un momento irrepetible, regalandonos un pedazo de arte acústico que aún a medio siglo, sigue resonando y destilando una belleza con pocos parangones en la música popular.
Un verdadero cuento mil y una veces digno de ser escuchado, a menudo injustamente olvidado, y encumbrado allá donde viven los Close to The Edge, los In The Court y tantos más.







