«Caravanserai» y la revolución jazz fusión de Santana
Más que jazz, rock, prog o fusión, Caravanserai es energía en estado de gestación, buscando una nueva forma de existir. Es disciplina espiritual.
Carlos Santana, entrevista «Jazziz», 2023
A comienzos de 1972, tras una intensa etapa de giras y el éxito de sus tres primeros discos «Santana» (1969), «Abraxas» (1970) y «Santana III» (1971), Carlos Santana se encontraba en un nivel de músico rock de masas, gozando de gran arrastre entre la juventud norteamericana y latina.
Sin embargo, el mexicano/estadounidense entraría a una fase de transformación profunda como ser humano que daría origen a un nuevo sonido, más alejado del éxito de latin rock que había seducido a gran parte de los Estados Unidos.
En efecto, el siguiente trabajo no sería concebido como una continuación directa del sonido latino sabrosón que los había llevado a la fama, sino como una exploración más ambiciosa y espiritual, que comenzaría una nueva y excitante trilogía dentro de su discografía, junto a «Welcome» (1973) y «Borboletta» (1974).
Para Carlos, este período representó una etapa de autodescubrimiento, influida tanto por su entorno musical como por corrientes filosóficas y espirituales en auge en la primera mitad de los años 70′, que lo llevaría incluso a compartir gurú con John McLaughlin (Sri Chinmoy) y adoptar el seudónimo de Devadip.
Sabemos que la irrupción del jazz fusión impulsada por figuras como Miles Davis abrió nuevas posibilidades para artistas que se encontraban atascados en el rock puro y buscaban nuevas formas de expresión. Santana, motivado en parte por el legendario baterista Mike Shrieve (sí, el de Woodstock 69′) y su exposición a obras como «In a Silent Way» (1969) o artistas como Pharoah Sanders o Elvin Jones, comenzó a interesarse profundamente en estas nuevas formas.
Llegaron incluso a invitar a compañeros del sello como Weather Report para que abrieran sus shows, y así poder observar detenidamente su forma de tocar aquella música.
Si bien desde sus inicios en San Francisco había imaginado una música que integrara mariachis, percusión afrocubana y blues, ahora encontraba un lenguaje más sofisticado para materializarla. A esto se sumaron influencias del jazz espiritual de John Coltrane y las enseñanzas de Paramahansa Yogananda (sí, el mismo de «Tales from Topographic Oceans»), cuyo pensamiento permeó el concepto del álbum, incluso apareciendo citado en el arte del disco.
Las sesiones de grabación, realizadas en los estudios Columbia de San Francisco, marcaron un quiebre con el pasado inmediato de la banda. Por primera vez desde 1968, Santana pudo trabajar sin presiones externas de giras y managers, concentrándose exclusivamente en el desarrollo de las composiciones. Este aislamiento generó un ambiente casi monástico, donde cada integrante se sumergió en el proceso creativo.
La incorporación de nuevos músicos como Doug Rauch en el bajo y Tom Coster en teclados aportó una base más sólida y orientada al jazz, mientras que figuras como Armando Peraza enriquecían la percusión para no perder sus raíces afrolatinas. Incluso miembros que pronto dejarían la banda, como Neal Schon y Gregg Rolie, contribuyeron significativamente al resultado final.
Distribuido en varias sesiones entre febrero y mayo de 1972, el trabajo fue evolucionando gradualmente desde sonidos más cercanos a «Santana III» hasta una apertura total hacia una suerte de jazz fusión/rock progresivo latino e improvisación libre. Cada bloque de grabación reflejaba un estado distinto del grupo, pasando de la energía inicial a una sensación de compleción y comprensión musical.
Esta evolución interna también se tradujo en la estructura del disco, cuya secuencia final incluso generó dudas dentro de la banda por los contrastes de energía y atmósferas.
Cada sesión aportó algo distinto, ya que no había un plan rígido, sino un desarrollo orgánico donde la música se transforma en el proceso mismo de grabación. Incluso el trabajo técnico con las cintas contribuyó a esa sensación de flujo continuo, donde las piezas parecen respirar en lugar de estar ensambladas artificialmente.
El término acuñado «Caravanserai» proviene del persa y significa literalmente «lugar donde descansan las caravanas», reflejando un lugar de transición, un espacio de descanso espiritual, un punto entre de dónde vienes y hacia dónde vas.
Esta noción se alinea con la filosofía de Yogananda y del hinduismo, quienes describen la vida como un ciclo continuo de muerte y renacimiento hasta alcanzar la iluminación. Santana adoptó esta visión como eje conceptual, transformando el álbum en una especie de peregrinaje sonoro que invita al oyente a detenerse, reflexionar y reconectar consigo mismo.
Así, este palacio musical (definición de serai) dio lugar en el estudio a composiciones ricas y un gran énfasis en lo instrumental, con piezas como “Eternal Caravan of Reincarnation”, funcionando como verdaderos portales sonoros que establecen el tono espiritual del álbum, mientras que la inmediata acompañante de “Waves Within” muestra la ambición técnica del grupo, con complejas estructuras rítmicas y un diálogo casi místico entre las guitarras de Santana y Neal Schon.
La influencia de Miles Davis es particularmente evidente en composiciones como “Every Step of the Way”, donde la improvisación y las texturas juegan un papel central. Al mismo tiempo, canciones como “Song of the Wind” rinden homenaje a figuras clave del jazz, como Gábor Szabó, integrando lirismo y virtuosismo en una experiencia profundamente emocional.
Así, un 11 de octubre de 1972, tendríamos «Caravanserai» en las disquerías, para sorpresa de los fanáticos que se habían aferrado al guitarrista por cosas como Oye como va o Evil Ways.
El viaje
La apertura de «Eternal Caravan of Reincarnation» con sonidos de naturaleza funciona como umbral, invitando al oyente a entrar en otro plano. Aquí aparece el nuevo Santana, con estructuras modales, métricas menos previsibles y un protagonismo del bajo y el órgano que redefine el centro de gravedad del sonido.
Así, se presentan dos piezas casi hermanas, como lo son «Waves Within» y «Look Up (To See What Is Comin’)» como una especie de punto de transición. Aún hay rastros del groove accesible del pasado, pero filtrado por un dialecto expresivo más cercano al jazz, pero inmediatamente seductor para el oído.
Por su parte, «Just in Time to See the Sun«, siendo una de las pocas piezas vocales del LP, funciona como momento de claridad dentro del viaje, con un mensaje directamente ligado a la idea de iluminación espiritual, atravesado por enormes síncopas.
Sin solución de continuidad llega uno de los grandes momentos del disco, como lo es «Song of the Wind«. La guitarra de Santana alcanza aquí una cualidad casi mística, sostenida por una base sutil de congas y la virtuosa batería de Shrieve en un registro profundamente expresivo.
«All the Love of the Universe» está más apegada al rock clásico de los años setenta, pero a la vez es expansiva y ritualista, convirtiendo la repetición en mantra, integrando percusión, bajo y voz en una experiencia casi litúrgica. Luego de ello, «Future Primitive» es puro Miles en clave de raíz africana, con mucha percusión latina incluida.
Seguimos con el viaje desembarcando en el mundo carioca junto a «Stone Flower«, un cover de Antonio Carlos Jobim que introduce el componente brasileño, reforzando la idea de intercambio cultural como eje del álbum. Seguimos en Sudamérica con «La Fuente del Ritmo«, encontrando el punto más directo hacia el pasado de Santana, pero ahora integrado dentro de una lógica de improvisación controlada jazzy fusion y desarrollo colectivo.
Cerramos con la experimental «Every Step of the Way«, siendo la pieza más larga, intensa, abierta, incluso ambigua de todo el LP. Más que concluir, deja al oyente suspendido, reafirmando que el viaje no tiene un final definitivo, a caballo en algunos de los riffs más memorables del mexicano.
Incredulidad ante lo desconocido
Cuando «Caravanserai» fue presentado, la reacción fue de inmediata incomprensión por parte de sus antiguos fanáticos. Desde Columbia fingieron ataques al corazón, considerándolo un riesgo innecesario y un suicidio artístico para una de sus figuras jóvenes más representativas, mientras que Santana en aquella época diría: «No somos cobardes«.
El disco abandonaba deliberadamente cualquier posibilidad de hit, pero sí abría una excitante trilogía de jazz fusión que no dejaría indiferente a nadie, aterrizando hacia el estado cuasi interdimensional de «Welcome» y su jazz espiritual, donde Santana abandona casi por completo el esquema de canción en favor de la experiencia, para redondear el concepto con el regreso a tierra de «Borboletta» y su lenguaje más orgánico.
Si no, que se lo pregunten a Phil Collins y sus influencias en Brand X y algunas piezas del Genesis post-Gabriel.
Sin embargo, «Caravanserai» no fue un fracaso; de hecho, alcanzó el Top 10 en Billboard. Si somos justos, probablemente gran parte de las ventas provino del hecho de que el nombre de Santana ya arrastraba masas, incluso sin haberse escuchado qué tipo de música contenía este nuevo LP.
Aun así, Carlos supo mantener una conexión con su audiencia más leal incluso en sus facetas más experimentales, a costa de perder singles, ventas y hits masivos, pero con una férrea determinación de una búsqueda espiritual real.
Con el tiempo, «Caravanserai» y sus dos sucesores finalmente encontrarían su verdadero lugar, ya no como un éxito comercial de los amantes de los ganchos fáciles, sino como obras de culto, adoptadas por los fanáticos más entendidos del rock progresivo y el jazz fusión.






