«Bright Spirit» de Gong y su culminación espiritual
Pensar en Gong como grupo en sentido clásico siempre ha sido insuficiente. Su propia biografía oficial insiste en la idea de entidad metamórfica que se rehace en cada ciclo, con una continuidad más filosófica que biográfica. De hecho, el mundo que manejan es muy propio, tan singular como el de otras lumbreras más populares como Yes o King Crimson.
Desde sus inicios en una comuna francesa a fines de los sesenta, el proyecto impulsado por Daevid Allen y Gilli Smyth muy pronto quedó asociado a un imaginario donde música y visión funcionan como un mismo motor creativo.
Ese carácter colectivo no fue solo social, ya que también se volvió un método musical. En su etapa temprana se consolidaron marcas tímbricas que todavía hoy resuenan como ADN, donde las voces estilo space whisper y, sobre todo, la guitarra glissando quedan expuestas como gesto expresivo, descrita en retrospectiva como parte fundacional del sonido Gong.
La propia historia de la agrupación narra un quiebre instructivo que ayuda a entender la naturaleza de «Bright Spirit«. Tras la etapa de la llamada Trilogía Radio Gnome («Flying Teapot«, «Angel’s Egg«, ambos de 1973, y «You» de 1974), el nombre Gong se desplaza hacia un paradigma más virtuoso y cercano a la fusión, con la virtuosa batería de Pierre Moerlen como pivote simbólico de esa ruta jazzy.
Ese antecedente importa porque «Bright Spirit» no imita la fusión setentera, pero sí hereda su premisa, donde la psicodelia puede pensarse como orquestación y arquitectura, no solo como color.
«Bright Spirit» aparece como cierre explícito de una trilogía reciente que comienza con «The Universe Also Collapses» (2019) y continúa con «Unending Ascending» (2023); y aunque este nuevo disco no se trata de un trabajo conceptual estrictamente narrativo a la manera de la mitología clásica del grupo, en entrevistas, el propio Kavus Torabi lo explica como un tríptico.
Esto es, un modo de pensar tres discos como paneles relacionados pero autónomos, con variables estables (mismo espacio de grabación) y estrategias distintas en composición y proceso.
De esa forma, estos tres últimos trabajos se pueden leer como un arco de transformación bastante claro, tomando como punto de partida el fallecimiento de Daevid Allen en 2015. Así, desde el colapso existencial y la disolución del ego en «The Universe», pasamos por la expansión luminosa y evolutiva de «Unending», hasta llegar a la integración espiritual y afirmativa de «Bright Spirit».
Tres discos que, sin ser una trilogía hiperestricta, funcionan como un viaje coherente desde la caída hacia una forma de conciencia más abierta, cósmica y celebratoria.
Ese marco de tríptico guía la escucha hacia un método de percepción donde el sueño no opera solo como tópico lírico, sino como epistemología; una manera de pensar donde psicodelia, amor y “membrana” entre mundos se filtran a la música.
En ese sentido, el disco se deja leer como una tecnología de umbrales, con pasajes que se abren, se repliegan y vuelven a abrirse, más atentos a la transición (el entre) que a la afirmación (el aquí).
En lo lírico, Torabi ha descrito «Bright Spirit» como un álbum atravesado por la diosa Tierra y lo “divino femenino”, lo que desplaza la vieja caricatura hippie hacia una espiritualidad más directa y contemporánea, pero sin convertirla en sermón, sino más bien como imaginería que organiza afectos y densidades.
El Gong actual se presenta como un quinteto con un reparto instrumental muy calculado, y ya a estas alturas, estable: El ya mencionado Torabi en voz, guitarras eléctrica y acústica, sintetizador y armonio; Fabio Golfetti en guitarra y voz; Dave Sturt en bajo y voz; Ian East en maderas (flauta y saxos); Cheb Nettles en batería y voz.
Esta distribución abre un campo típico del jazz rock, con un frente armónico/melódico donde la madera puede actuar como solista, como doblaje o como color espectral, y donde las guitarras pueden alternar función rítmica, texturas y líneas principales sin competir por el mismo registro.
Es, sin duda, el trabajo más colorido y caleidoscópico de la actual encarnación, con ambientes indios, pasajes instrumentales largos con clara raíz jazzera, viajes cósmicos y momentos introspectivos, aderezado por aquí y allá con buen rock progresivo psicodélico, y mucho glissando.
Y ya que lo hemos mencionado un par de veces, vale recordar que glissando designa el deslizamiento de una nota a otra (un “slide” continuo o rápido entre alturas). En el contexto del jazz fusión, su fuerza es doble, ya que da continuidad y, a la vez, introduce ambigüedad de afinación y de frontera tonal, algo vital para una estética que prefiere la música tipo «umbral».
«Bright Spirit» fue grabado y mezclado por Frank Byng en Snorkel Studios, y masterizado a cargo de James Plotkin. Lanzado el 13 de marzo de 2026, está construido en 7 pistas y, sumadas sus duraciones oficiales, ronda los 43 minutos y 42 segundos en un formato LP muy agradable que permite diseñar un arco global con distintos grados de expansión.
Las canciones
El LP amanece con la épica de «Dream Of Mine«, la cual abre como una transmisión desde un intersticio, con un centro que “florece” hacia armonías y una melodía angulosa descrita por Torabi como un momento de claridad dentro del remolino. Así, instala un gran ambiente y luego deja que aparezcan puntos de giro, como cambios de densidad armónica, de tímbrica y de perspectiva ricos que nos presentan todas las cartas de este cohesivo trabajo.
«Mantivule» cumple, por contraste, una función de compresión donde el trabajo de dos guitarras puede articularse como engranaje, una más textural y la otra más incisiva.
«The Wonderment» nos arroja a la cara el primer ejemplo de guitarra glissando modulante y una secuencia de sintetizador analógico pulsante, proponiendo un estado meditativo. Así, se sostienen planos largos gongianos —casi drones— mientras saxos y guitarras dibujan micromovimientos y fricciones.
El primer single del álbum fue «Stars in Heaven» y queda clara la razón, presentándose como una elección representativa por su pegajoso coro y su mood psicodélico onírico. Lo más relevante es su lírica, donde se expande la idea de que el mundo es como tú eres, y que la mirada cínica o defensiva configura un entorno percibido de la misma naturaleza. También afirma querer recordarse a sí mismo la posibilidad de volver a amar el mundo.
«Fragrance Of Paradise» es una pieza clave por su singularidad, descrita por Kavus como su primera canción de amor. En un repertorio históricamente atravesado por máscaras de humor, surrealismo, o juegos irónicos, claramente es una nueva temática en el mundo de Gong, aunque sin abandonar lo cósmico. Y vaya que funciona.
Después de la hermosa bisagra casi mántrica de tres minutos de «Relish The Possibility«, el gran final de «Eternal Hand» y su mood a la Jakko Jakszyk se revela poderosamente atractiva y seductiva al oído, lleno de detalles que te obligarán a una escucha altamente activa.
¿El más cohesivo de la trilogía?
Una forma útil de cerrar la escucha es recordar una frase de Daevid Allen, donde Gong se comporta como “círculo de bandas”, con un “Gong clásico” al centro. De esta forma, esa imagen no obliga a vivir en el pasado, sino más bien legitima el cambio como ley interna.
«Bright Spirit» encuentra a Gong en plena forma creativa, profundizando en su faceta de estructuras abiertas, atmósferas oníricas y una constante sensación de viaje. Más aventurero y permeable que sus predecesores, «Spirit» funciona tanto como una obra autónoma como la culminación natural de una narrativa sonora que ha ido expandiéndose durante los últimos años.
En esa lógica, este LP se entiende como un disco que completa un ciclo contemporáneo, y es probablemente el trabajo más cohesivo de toda la trilogía. ¡Debes escucharlo!






