La tormenta emocional de «Pawn Hearts» de Van der Graaf Generator
En los primeros años de la década de los setenta, cuando el rock progresivo comenzaba a expandir sus límites más allá de lo comercial y lo cómodo, pocas bandas llevaron esa exploración tan lejos como Van der Graaf Generator.
Mientras muchas bandas afamadas del prog británico recién comenzaban a dar forma a su sonido, los comandados por Peter Hammill ya contaban con tres devastadores LP bajo el brazo: el debut psicodélico proggy de «The Aerosol Grey Machine» (1969), el increíble «The Least We Can Do Is Wave to Each Other» y el infravalorado «H to He, Who Am the Only One«, ambos de 1970.
Así, en enero de 1971, Van der Graaf Generator comenzó a formar parte del Six Bob Tour de Charisma Records. La idea, concebida por el jefe de la casa discográfica Tony Stratton-Smith, ofrecía al público la oportunidad de ver a tres de sus apuestas más prometedoras, Genesis, Lindisfarne y el propio VDGG por el módico precio de 30 peniques de la época, lo que traducido a 2026, serían unos 4 o 5 dólares actuales. ¡Toda una ganga!
Y claro, si la mayoría de los shows costaban el doble o más, y los discos de vinilo rondaban las 3 libras, aproximadamente medio día de salario en aquella época en el Reino Unido.
Genesis, prácticamente desconocidos entonces, abrían el triplete; Van der Graaf cerraban; y el folk rock británico de Lindisfarne ocupaba el puesto intermedio, algo curioso considerando que eran los únicos con verdadero éxito en ese momento.
VDGG era el plato final, ya que incluso para los estándares de agrupaciones de vanguardia de comienzos de los 70′, eran una banda sumamente extraña. No tenían un guitarrista convencional (Peter Hammill apenas tocaba la acústica ocasionalmente) y su sonido estaba dominado por el saxofón incisivo de David Jackson, los teclados oscuros de Hugh Banton y la batería intensa y precisa de Guy Evans, creando una mezcla densa, inquietante y disonante, pero a la vez melódica.
Aquello era el canvas perfecto para la voz y la mente compositiva de Hammill.
A finales de los años 60, Hammill había observado cómo los músicos llevaban sus instrumentos a extremos distorsionados que los vocalistas aún no exploraban. Eso lo llevó a desarrollar un estilo vocal altamente teatral y operístico, con pronunciaciones exageradas, mezcladas con gritos controlados, susurros positivamente maléficos, chillidos y salvajes rugidos.
Paradójicamente, fuera del escenario era una persona tranquila, culta y con bastante sentido del humor, mientras que sus letras giraban en torno a las penurias del ser humano, como el aislamiento, la paranoia y la duda; quizá en un afán de liberar demonios internos para no tener que cargarlos dentro.
Para la primavera de 1971, una agotadora gira de tres semanas por Alemania, tocando prácticamente cada noche y viajando en la parte trasera de un viejo camión de helados, terminó por desgastar a Hammill. Aeropuertos, taxis, duchas de autopista… todo alimentó una sensación creciente de soledad, aislamiento y claustrofobia que empezó a filtrarse en su obra.
Ya no escribía simples poemas, y de hecho, gran parte del futuro «Pawn Hearts» y futuras canciones como “German Overalls” nacieron en este período.
En mayo, la banda recibió su primera gran exposición mediática al aparecer en portada de Melody Maker; y en junio, se retiraron a Luxford House, una enorme mansión Tudor en Sussex alquilada por Charisma, supuestamente embrujada, donde incluso Genesis había desarrollado el lado más siniestro de «Nursery Cryme».
Se decía que las vigas provenían de un barco hundido de la Armada Española del siglo XVI y que los fantasmas de los marineros vagaban en busca de venganza. Era el entorno perfecto para un futuro álbum sumergido en sensaciones de ahogo, claustrofobia y la furia del mar.
De este modo, y con una gran intensidad emocional, el trabajo exhibe toda la expresividad lírica de Peter Hammill, constituyendo una de las obras más ambiciosas y desafiantes del grupo en toda su carrera.
El álbum se concibió inicialmente como un trabajo doble, con piezas experimentales individuales que reflejarían las inquietudes artísticas de cada integrante, al más puro estilo ELP.
Para ello, David Jackson desarrollaría una pieza llamada «Archimedes Agnostic» con letras en latín, de la cual ya no existen registros. El tecladista Hugh Banton compondría la muy krautrockera espacial «Diminutions«, y por su parte, el baterista Guy Evans llegaría con influencias del Miles Davis de «Bitch3s Brew» y «Angle of Incidence«. Hammill propondría «W«, una canción sobre un incendio escolar vivido en su infancia.
Incluso se pensó incluir el cover de “Theme One” de George Martin (el de The Beatles) y nuevas versiones en vivo en el estudio de anteriores piezas como «Killer» o «Darkness«, pero finalmente prevaleció el ánimo de crear una obra más cohesiva.
De esta forma, el LP finalmente se compondría únicamente de tres piezas de gran extensión. Además, y al igual que el anterior disco, volvería a contar con la colaboración especial de Robert Fripp, aplicando pinceladas de su guitarra en la suite que cerraba el disco, en una instrumentación más bien cargada hacia el Hammond de Hugh Banton y los vientos de David Jackson.
El título «Pawn Hearts» surgió de un error de pronunciación de Jackson, que Hammill convirtió en una metáfora que atraviesa la suerte de concepto del trabajo, si es que hubiese uno: todos somos peones, vulnerables.
El arte de portada, obra de Paul Whitehead, muestra figuras históricas atrapadas en piezas de ajedrez de vidrio, como Julio César, Juana de Arco, Shakespeare, John Lennon, Napoleón, y otros, todos igualmente frágiles.
Así, enseñándonos que no importa lo trascendente mundanamente que seamos, ya que todos somos extremadamente vulnerables, «Pawn Hearts» saldría a la venta un 1 de octubre de 1971.
El destino inevitable
El disco se abre con un hombre solo al borde de un acantilado, listo para saltar. El viento arremolina, una flauta silba, el saxofón lo llama desde la oscuridad. Cuando la batería y el órgano parecen empujarlo al vacío, mira hacia abajo y ve cuerpos, personas que conoce, que ama, estrellándose contra el mar.
Duda. Piensa en los lemmings, esos pequeños roedores que migran en masa cuando su población crece demasiado, y hasta bien avanzado el siglo XX, se creía que tenían un instinto suiçida desconocido.
Así, amanece el LP con la lúgubre «Lemmings (Including Cog)«, con un saxo y hammond totalmente sacachispas, unido a una performance absolutamente inolvidable de Peter, colocando imágenes en nuestra cabeza de muerte inevitable, mientras que cuando llega «Cog», tenemos literalmente maquinaria industrial, con cuerpos atravesados por acero y huesos triturados.
Luego, de aquello, una invitación a no seguir la mentalidad de masa; no vale la pena saltar.
Por cierto, aunque la metáfora del suiçidi0 colectivo de los lemmings es poderosa, en realidad es un mito nacido de un documental de Walt Disney en los años 50 que, años más tarde, se comprobaría como falsa, ya que parte del equipo arrojó manualmente los animales por un acantilado. Disney siendo Disney.
En la siguiente pieza, «Man Erg«, Hammill introduce términos científicos de física como erg, unidad de energía, representando la fuerza del ser humano que impulsa nuestras emociones contradictorias. De esta manera, nos explica cómo en cada ser humano vive un asesino que es capaz de matar sin ningún tipo de remordimiento. Simplemente escalofriante.
Musicalmente, destila preciosas melodías de piano junto a la cálida voz de Hammill, para dar paso a una excitante sección en 7/8 de fuerza y rabia. Obra maestra absoluta.
Sin aún reponernos de la patada inicial, la segunda cara del LP abre con una épica monstruosa de faros solitarios en el mar. El clásico de clásicos “A Plague of Lighthouse Keepers” y sus diez partes (!) narran la historia de un vigilante costero consumido por la culpa de no poder salvar a los marineros. Puede advertirles, pero no rescatarlos, y eso lo lleva a sentir que los deja morir.
La fragmentada voz de Hammill en medio de un disonante y oscuro panorama musical sugiere múltiples personalidades, acosado por fantasmas de naufragios; todo mientras musicalmente hay momentos de calma (flauta imitando gaviotas mediante), pero la niebla trae la tragedia de un barco que choca contra las rocas.
Las almas ascienden, mientras que nuevas referencias físicas y científicas como el movimiento simple armónico adquieren un nuevo significado simbólico, reflejando su culpa cíclica.
La realidad y el mundo espiritual se disuelven en un torbellino caótico, mientras el vigilante sube la espiral del faro hasta caer al vacío. Luego flota en el mar, referencias bíblicas mediante, arrepentido.
En pánico, y cerrando esta suerte de concepto con la apertura del LP, lucha por no ahogarse y comprende que no quiere morir. Ve nuevamente a los lemmings saltar y rechaza ese destino.
Hammill deja el final abierto, ¿sobrevive o se ahoga? El bello piano final sugiere paz… quizás porque ahora forma parte de los muertos.
Si bien hoy en día la estatura de «Pawn Hearts» entre los conocedores es irrefutable, originalmente el álbum recibió críticas mixtas y vendió incluso menos que sus predecesores, lo que, para una banda de altas expectativas, sonó a rotundo fracaso.
Van der Graaf solo encontró éxito en el extranjero, especialmente en Italia, donde el disco se colocó en lo más alto de las listas. El fragmentado tour de finales de 1971 y el primer semestre de 1972 dio especial énfasis al país de la bota, con desplazamientos constantes entre países como el propio Reino Unido, Alemania y otros puntos de Europa continental.
Sin embargo, sus ingresos ni siquiera costearon los gastos de gira ni equipo. Las tensiones y el cansancio crecieron, por lo que en agosto de 1972 decidieron separarse temporalmente.
Demoledor
Mas de medio siglo después, fue el tiempo el que se encargó de colocar a «Pawn Hearts» en el panteón de los grandes, y eso es porque siempre fue un descolgado que no envejeció igual que muchos de sus pares.
Si bien, que una banda del calibre de Van der Graaf Generator no tenga la difusión que merece llega a ser criminal, mientras existan progjazzeros como tú o como yo que quieran enfrentarse a esa oscuridad y decidir si se hunden o nadan, seguirá estando vivo.







