Guía del joven para adentrarse en el mundo de Miles Davis

No quiero ser un repetidor de mí mismo.

Miles Davis

Con ustedes, Mr. Miles Dewey Davis III (1926-2026).

El 26 de mayo de 2026 se cumplen exactamente 100 años del nacimiento del hombre que reescribió el lenguaje del jazz no una, sino cinco o seis veces. Es que, tal como Picasso lo hizo con la pintura y Stravinsky lo hizo con la música docta, Miles Davis lo hizo con el jazz. Punto.

Solo basta tirar una línea cronológica desde que este natural de Illinois llegó a Nueva York en 1944, cuando el jazz era todavía esencialmente música de fiestas bailables, hasta su fallecimiento en 1991, cuando Davis producía su próximo disco con un afamado productor de hip-hop.

La diferencia musical entre ambos extremos es brutal, y probablemente no tiene parangón con ningún otro músico de su era.

Así, un solo trompetista atraviesa, en una sola vida, toda la curva del jazz del siglo XX; desde el bebop con Charlie Parker, el cool con Gil Evans, el hard bop con su primer gran quinteto, el modalismo con «Kind of Blue» (1959), el post bop con el segundo gran quinteto, el jazz fusión con «Bitches Brew» (1970), el funk eléctrico con «On the Corner» (1972), el pop jazzy con «Tutu» (1986) y, finalmente, el cruce con el hip-hop en «Doo-Bop» (1992).

Cada uno de esos puntos es la cabecera de un capítulo entero en cualquier historia del jazz que se respete, y todos los firmó el mismo hombre.

Es por ello que alguien así de imponente merece tener su guía de introducción para el joven, elaborada y curada cuidadosamente para que haga justicia a un maestro de este calibre.

Si eres alguien con poca o nula experiencia en el jazz, este es el momento. Tal vez en algún momento viste u oíste el nombre de Miles Davis en una serie, comercial, programa de radio, en un libro, en una camiseta o en un meme (de nosotros, jeje). Quizá alguien te recomendó algún disco o canción de él hace años y nunca te atreviste.

Incluso, la palabra jazz puede que te genere cierta distancia, resistencia o, en el mejor de los casos, una especie de respeto reverencial mezclado con un poquito de temor, lo cual es totalmente normal.

Si esto es así, esta guía es sumamente para ti. Y no es casualidad, puesto que probablemente no existe mejor puerta de entrada al jazz en general que la propia obra de Miles Davis, justamente porque su catálogo cubre, prácticamente él solo, toda la geografía del género.

Y claro, si eres uno de los grandes geógrafos de una corriente musical, tienes que haberte rodeado de los mejores, ¿no? En efecto, Miles fue también uno de los grandes cazatalentos del siglo XX, y posiblemente el más certero, desarrollando una verdadera universidad por donde pasaron gente como John Coltrane, Bill Evans (pianista), Cannonball Adderley, Wayne Shorter, Herbie Hancock, Ron Carter, Tony Williams, Chick Corea, Keith Jarrett, John McLaughlin, Joe Zawinul, Dave Holland, Jack DeJohnette, Marcus Miller, John Scofield, Mike Stern, Kenny Garrett, Bill Evans (saxofonista) y un largo etcétera.

Cualquier conservatorio del mundo daría lo que sea por tener a uno solo de esos nombres en su nómina de egresados, y Miles los tuvo a todos; pero más importante, los fichó antes de que el mundo supiera que serían a futuro absolutos músicos consagrados.

Tony Williams tenía 17 años cuando entró a su banda; Wayne Shorter venía de una agrupación de teloneros de Art Blakey, así como también nadie había oído hablar de John McLaughlin o Adam Holzman cuando aterrizaron en Nueva York para encontrarse con Davis.

Miles tenía un olfato sobrenatural para detectar el talento crudo, y un método férreo para hacerlo florecer, arrojándolos al ruedo sin red, exigiéndoles tocar cosas que no se creían capaces de tocar y dejándolos brillar. Su banda funcionaba como una especie de cantera del Ajax o La Masía en términos futbolísticos, una suerte de fábrica de estrellas que después colonizaban el resto del planeta.

Incursionando en el sonido, lo primero que observa el recién iniciado en Miles Davis es justamente la trompeta y su tono ronco, melancólico, atravesado por la sordina Harmon, la cual se volvió uno de los timbres más reconocibles del siglo XX, al nivel de la voz de Sinatra, la guitarra de Hendrix o el piano de Bill Evans.

Todo esto acompañado de una estética visual cuidadosamente elaborada (los trajes, las gafas, las portadas), su incursión en la actuación, su autobiografía de 1989 e incluso su pintura formaban parte de un artista absolutamente integral.

¿Intimidante?

Tal como ocurre con Frank Zappa, enfrentarse a la discografía de Miles Davis puede resultar intimidante para el recién llegado, aunque más que por cantidad, es por la inabordabilidad del mismo.

Sí, son más de 50 discos en vida y decenas de trabajos póstumos que nos dejan ante un catálogo que supera con holgura los 100 títulos oficiales; pero la inabordabilidad de la que hablamos proviene de que no es una discografía a la usanza regular, sino que son seis o siete mundos distintos de épocas que, en algunos de sus casos (sobre todo las primeras etapas), suenan a un pasado muy distante.

De esta forma, el Miles bebopper que tocaba con Bird en 1945 no tiene nada que ver con el Miles modal de 1959, que a su vez no tiene nada que ver con el Miles eléctrico de 1974, ni con el Miles ochentero de gafas oscuras y trajes de Issey Miyake.

En todo caso, la razón de ser de esta guía es para derribar todas esas barreras.

Los principios inmutables

Quien atraviesa esa puerta múltiple descubre un universo articulado por unos principios inmutables, no importando la década.

Reinvención sistemática: Pocos músicos en la historia se han atrevido a cambiar tantas veces de piel. Cual camaleón, Miles dio vuelta al jazz como quien da vuelta a un calcetín con el bebop, cool, hard bop, modal, post-bop, jazz fusion, funk eléctrico, jazz pop, hip-hop jazzy. Así, cada ciertos años el trompetista hacía estallar su propia estética y reconstruía desde cero.

El silencio como instrumento: A diferencia de los virtuosos de Bird, Dizzy o Coltrane, Miles entendió tempranamente que el espacio entre las frases es tan importante como las frases mismas. Su famoso «no toques lo que está ahí, toca lo que no está» resume una estética donde la economía de notas no es pobreza musical, sino concentración brutal donde, para jugar con los silencios, hay que ser sencillamente un maestro.

El cazatalentos definitivo: Como te contamos anteriormente, si Zappa fue el pedagogo y el formador del rock, Miles lo fue para el jazz, y por casi medio siglo. La lista de músicos formados en sus distintas alineaciones es de proporciones bíblicas: John Coltrane, Cannonball Adderley, Bill Evans, Wayne Shorter, Herbie Hancock, Ron Carter, Tony Williams, Chick Corea, Keith Jarrett, John McLaughlin, Joe Zawinul, Dave Holland, Jack DeJohnette, Airto Moreira, Marcus Miller, John Scofield, Mike Stern, Kenny Garrett, Bob Berg, Darryl Jones, y un gran etcétera.

El estudio como otro instrumento en el jazz: Junto a su productor y mano derecha de toda la vida, Teo Macero, Davis fue uno de los primeros del jazz en entender el estudio de grabación como un instrumento más. Desde 1969 en adelante, los músicos entraban a tocar sin saber qué estaban grabando exactamente; era Macero quien después cortaba la cinta, ensamblaba composiciones a partir de jams largas y construía discos enteros con tijera, pegamento y ecualización. «Bitches Brew» y casi todo lo posterior fue producto de ese método.

¿Cómo, entonces, me inicio en el mundo de Miles sin morir en el intento?


🎺Guía del joven para adentrarse en el mundo de Miles Davis🎺

A continuación, y al igual que nuestra guía de Zappa, te presentamos una guía cronológica de fácil entendimiento, con puntos claves de la discografía del norteamericano agrupada en los períodos que, a juicio de este editor, resultan más fáciles de catalogar. Si no te gusta un período, puedes saltar al próximo rápidamente para ir probando a tu propio ritmo.


🎼 Periodo Bebop (1944-1948)

El joven Miles se crió en un ambiente privilegiado donde (según sus mismas palabras), nunca sufrió carencias. Hijo de un dentista acomodado de East St. Louis y de una madre «guapa», llega a Nueva York en 1944 supuestamente a estudiar a la Juilliard, pero en realidad la razón de su viaje era para conocer a su héroe Charlie Bird Parker.

Lo encuentra, se muda con él y termina siendo el trompetista del histórico quinteto de Bird junto a Dizzy Gillespie. Es un Miles aún en formación, técnicamente más limitado que sus colegas, pero con un instinto melódico y un swing tan distintivos que Parker ya lo prefiere por sobre trompetistas más virtuosos.

Aquí también nace el Miles del traje impecable, postura altiva y mirada desafiante, en un mundo donde el músico negro debía sonreír al público blanco, haciendo morisquetas. Él, simplemente, no sonrió jamás.

🤩 Imprescindible: «Birth of the Bebop: Bird on Tenor» (1947) y, sobre todo, «Charlie Parker’s Savoy and Dial Sessions» (1945-1948), donde aparece como sideman. Naturalmente, no son discos puramente de Davis, pero te darán un excelente contexto para comenzar. Si quieres ir directo a algo bajo su nombre, busca «First Miles» (1945, recopilación), aunque solo si tienes demasiada curiosidad.

🎼 Periodo Birth of the Cool / Cool Jazz (1948-1950)

Tras dejar la banda de Bird, Miles arma una formación nonet, esto es, nueve músicos, configuración casi inédita en jazz inspirada en los arreglos orquestales de Claude Thornhill. Aquí aparece por primera vez la figura que lo acompañará durante 15 años: el arreglista canadiense Gil Evans, en lo que será la sociedad creativa más fructífera de la historia del jazz orquestal.

Las sesiones, grabadas en 1949 y 1950, fueron lanzadas inicialmente como singles y recién compiladas como LP en 1957 con el título de Birth of the Cool. El disco bautiza un género entero, el cool jazz, y demuestra a sus 23 años que Miles no era un solista más de su instrumento, sino un verdadero conceptualizador de eras.

🤩 Imprescindible: «Birth of the Cool» (1957, sesiones de 1949-50). Un disco escuela que enseñó a respirar entre las notas. Su influencia es tan alargada que se siente directa en arreglos de Pink Floyd, Talk Talk, e incluso, en buena parte del costado más jazzy de la escena Canterbury.

🎼 Periodo Prestige y su primer renacimiento (1951-1956)

Los primeros años de la década de los 50 son la consagración como superestrella de Davis, pero también son durísimos, ya que cae en la heroína, y su carrera se vuelve errática, llegando a tocar algunos shows en estado de semiconsciencia. En 1954 se encierra en la granja de su padre en Millstown, Illinois, y se desintoxica solo, a la fuerza, en cuatro días de infierno.

Vuelve hecho de hierro y graba para el sello Prestige una serie de discos clave del hard bop incipiente, culminando en las maratónicas sesiones de 1956, con dos días de grabación con su primer gran quinteto (Coltrane, Red Garland, Paul Chambers, Philly Joe Jones) en los que registró suficiente material para cuatro LP enteros: «Cookin’«, «Relaxin’«, «Workin’» y «Steamin’«.

🤩 Imprescindibles: «Walkin’» (1957, sesiones 1954), una declaración de intenciones post-rehabilitación con Walkin’ como el jazz blues definitivo. También no podemos olvidarnos de «Bags’ Groove» (1957) con la inolvidable homónima de Milt Jackson, además de la tensa y legendaria sesión de Navidad de 1954 donde Miles y Thelonious Monk casi se van a las manos en pleno estudio.

En cualquier caso, los cuatro discos terminados en -in’ son magistrales y se pueden escuchar como si fuera uno solo de cuatro horas.

🎼 Periodo Columbia y el Primer Gran Quinteto (1955-1958)

Miles ficha por Columbia Records (sello donde estará 30 años) y empieza a grabar en paralelo a sus contratos restantes con Prestige. El primer quinteto se consolida con John Coltrane en saxo tenor, ya comenzando a consagrarse como un genio, y la combinación de la trompeta con el sheets of sound coltraniano es fácilmente uno de los grandes diálogos sonoros del siglo XX.

Hacia 1958 entra Cannonball Adderley en saxo alto, convirtiendo el quinteto en sexteto, y aparece por primera vez el modalismo en «Milestones» (1958), anticipando lo que vendría al año siguiente.

🤩 Imprescindibles: «‘Round About Midnight» (1957), primer disco para Columbia y posiblemente el mejor punto de entrada absoluto a Miles para un oyente proveniente del rock, puesto que tiene melodía, atmósfera y contención. También debemos agregar «Milestones» (1958), donde la pieza homónima introduce la escala modal y le abre la puerta a «Kind of Blue» (1959)

😮 Recomendación especial: La banda sonora de Ascenseur pour l’échafaud (Louis Malle, 1957), grabada en una sola noche en París mientras Miles miraba la película proyectada, es muestra de una improvisación pura a una imagen con pocos parangones en la época y anticipo del jazz cinematográfico.

Además, en cierto modo, es un abuelo lejano del scoring para imagen que harían años después bandas como Goblin o Tangerine Dream. Si eres un cinéfilo empedernido que ha visto la cinta y escuchado el disco, sabes a qué nos referimos.

🎼 Periodo Modal: «Kind of Blue« (1959-1960)

Si no has escuchado aunque sea una sola referencia a «Kind of Blue» durante toda tu vida, es porque estás muerto y enterrado bajo una losa de hormigón reforzado hace décadas. Si el progjazzero lector tiene apuro y solo va a escuchar un disco de Miles en su vida, este es.

«Kind of Blue», grabado en dos sesiones (2 de marzo y 22 de abril de 1959), publicado el 17 de agosto de 1959, es el disco de jazz más vendido y más influyente de todos los tiempos. Bill Evans en piano, en lugar de Red Garland, compuso varios de los esbozos modales en servilletas de café horas antes de las grabaciones.

Los músicos llegaron al estudio sin haber visto ningún tipo de partituras, y la cosa fluyó en una sola toma como contadas veces en términos de música popular. Ese nivel de comunión musical entre Coltrane, Cannonball, Evans, Chambers, Cobb y el propio Miles, todos al mismo tiempo en estado de gracia, solo ocurre una vez por siglo.

La fama de «Kind Of Blue» llegó a tal punto que desde 2002 es parte del registro nacional de grabaciones norteamericano.

🤩 Imprescindible: Obviamente, «Kind of Blue» (1959). Cinco piezas, 45 minutos, la entrada de platillo crash más legendaria de la historia y cero desperdicio. Es el equivalente en el mundo del jazz a cosas como Sgt. Pepper’s, In the Court of the Crimson King o Dark Side of the Moon, e incluso quizá dos escalones más arriba. Es el disco que todo el mundo debería tener, independiente del género que le guste.

Por cierto, acá una historia digna de ser contada. El 25 de agosto de 1959, un Miles en plena gloria de «Kind of Blue» estaba acompañando a una mujer blanca a un taxi afuera del club Birdland, donde era el artista principal de la noche, cuando un policía de Nueva York le ordenó retirarse de la entrada, solo por su condición de negro.

Miles se negó, ya que literalmente estaba trabajando ahí. El resultado fue que lo apalearon, arrestaron y fue fotografiado ensangrentado en el calabozo. Este episodio marcaría su actitud para el resto de su vida hacia Estados Unidos y la prensa, y se convirtió en una de las imágenes más recordadas del Movimiento por los Derechos Civiles.

🎼 Periodo Colaboraciones orquestales con Gil Evans (1957-1963)

En paralelo a su trabajo con el quinteto y sexteto, Miles desarrolla con Gil Evans una serie de trabajos orquestales que constituyen, por sí solos, una obra distinta. Son piezas para trompeta solista y big band ampliada, donde Evans inventa colores tímbricos que el jazz nunca había escuchado, con uso extensivo del corno francés, tuba, oboe, flautas bajas y un largo etcétera. Aquí Miles toca a veces el fliscorno en lugar de trompeta, buscando un timbre aún más cálido.

El resultado es música orquestal del siglo XX que rivaliza, sin exagerar, con la mejor de Bernstein, Stravinsky o Copland.

🤩 Imprescindibles: «Miles Ahead» (1957), suite continua basada en piezas reorquestadas; además de «Porgy and Bess «(1958), reinterpretación de la ópera de Gershwin en clave jazz orquestal; y, por sobre todos, «Sketches of Spain» (1960), una de las grandes cumbres del jazz orquestal del siglo XX, con la versión del segundo movimiento del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo.

Paco de Lucía diría que ha sido lo más hondo nunca grabado fuera de España, además de la magistral suite «Saeta». Si te gustan los arreglos orquestales de King Crimson en «Lizard», escucha a Gil Evans y entenderás de dónde viene todo eso.

Interludio hispanoamericano

Ahora, hagamos una pausa para detallar algo que ningún texto en castellano sobre Miles Davis ha subrayado lo suficiente, y es que probablemente ningún músico estadounidense del siglo XX dialogó con mayor profundidad con las tradiciones musicales del mundo iberoamericano que Miles Davis.

Hablamos de un cruce de varias décadas, en varias direcciones, que merece su propio capítulo.

Estamos en Los Ángeles, 1959. Miles visita a un viejo amigo, el contrabajista de estudio Joe Mondragón, de ascendencia apache e hispana y uno de los bajistas más solicitados de la costa oeste. Mondragón coloca en la tornamesa el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo (1939), en su grabación orquestal original. Miles queda fulminado. Como cuenta él mismo en su autobiografía: «Yo escuchaba esas líneas melódicas tan fuertes y me decía, carajo, tengo que grabar esto. Se me quedaron en la cabeza, no había vuelta atrás».

De vuelta en Nueva York, llama a Gil Evans. Por las mismas semanas, una amiga, la actriz Beverly Bentley, le había traído de un viaje a España una antología de música ibérica; y Miles, junto a su entonces esposa Frances Taylor, había asistido a un espectáculo del bailaor Roberto Iglesias que le había revolucionado el oído. La leyenda dice que tras eso hizo literalmente una compra masiva de discos de flamenco en una tienda de Nueva York, y se encerró a estudiarlos como si fuera a dar un examen final.

De allí tendríamos todas estas incursiones con el mundo hispano, aunque la reacción de Joaquín Rodrigo ante esos trabajos fue fría. Ciego desde los tres años, profundamente católico, defensor obsesivo de su tradición clásica española, al compositor valenciano no le gustó nada la versión que Miles y Evans hicieron del adagio de su concierto, escrito originalmente en duelo por el aborto espontáneo que sufrió su esposa Victoria Kamhi en 1939, lo que carga la pieza con una emocionalidad muy específica que el jazz «ensuciaba», a juicio del autor.

La respuesta de Miles, ya con la fama de su lado, es de un cinismo elegante que vale por sí solo: Le dije a esa persona que se lo había hecho escuchar, a ver si le gusta cuando empiecen a llegarle los cheques de regalías. Nunca más supe de él. Y, efectivamente, Rodrigo cobró durante 39 años los royalties de un disco que oficialmente detestaba.

Pero lo más interesante no es la anécdota, sino lo que Miles oyó. En la cara B del disco, las piezas «Saeta» y «Solea» se internan en la tradición flamenca de Andalucía, y Miles fue de los primeros músicos extranjeros en formular en voz alta una intuición que el flamenco español llevaba siglos sospechando, pero que pocos académicos se atrevían a decir tan claro; y es que el cante jondo y el blues vienen del mismo origen.

Como dijo en su autobiografía: En ‘Saeta’ hay escalas árabes, escalas africanas negras, que se modulan y se tuercen y serpentean. Es como estar en Marruecos. Y sobre «Solea»: Está cerca del sentimiento afroamericano del blues. Viene de Andalucía, así que tiene base africana. En cuatro frases, Miles diagnosticó la conexión profunda entre el blues norteamericano y el cante jondo andaluz que los musicólogos demorarían décadas en argumentar académicamente.

El propio Miles abrió las puertas de sus distintas bandas a músicos lusófonos e hispanos durante toda su carrera eléctrica. Airto Moreira, percusionista brasileño, fue figura clave en «Bitches Brew» (1970), «Live-Evil» (1971) y giras posteriores.

Pero el caso más emocionante es el del recientemente fallecido Hermeto Pascoal, el genio multiinstrumentista de Alagoas, a quien Miles incorporó brevemente en 1970 para las sesiones de estudio de «Live-Evil».

Hermeto compuso tres de las piezas más bellas del disco «Little Church», «Nem Um Talvez» y «Selim», originalmente acreditadas (por descuido de etiquetado de Columbia) a Miles, después corregidas.

Por otro lado, Miles devolvería el favor al mundo hispano, ya que «Sketches of Spain» funcionó como detonador retroactivo del jazz español. El saxofonista navarro Pedro Iturralde, escuchándolo a comienzos de los 60′, decidió que era hora de mezclar flamenco con jazz en serio, por lo que invitó a un guitarrista flamenco de 19 años a tocar con él en el Berlin Jazz Festival de 1967. Ese guitarrista se llamaba Paco de Lucía, y aquel fue su primer concierto de jazz registrado.

Sin «Sketches» no hay Iturralde-de Lucía. Sin Iturralde-de Lucía no hay Paco-McLaughlin-Di Meola («Friday Night in San Francisco», 1981). Sin Paco-McLaughlin-Di Meola no hay buena parte del flamenco fusión posterior.

Es una cadena de dominó cuya primera pieza cayó en un estudio de Columbia en Nueva York, en noviembre de 1959.

La frase definitiva la dijo Jorge Pardo, flautista y saxofonista madrileño, miembro histórico del sexteto de Paco. Recordando el momento en que escuchó «Sketches of Spain» por primera vez.

Te das cuenta de que, guau, esa música la están viendo grandes músicos de afuera y están haciendo algo con ella. Así que nosotros somos tontos, somos bobos con nuestra música. Tiene que venir alguien de afuera a hacerlo, y la tenemos aquí, al alcance de la mano.

Jorge Pardo

¿Y Miles en suelo hispano? Cruzó el Atlántico varias veces. La gira de 1988 lo llevó a Madrid, donde la noche del concierto sufrió una arritmia que lo obligó a suspender la fecha siguiente, y que le robó probablemente dos o tres años de vida. Aun así, el público europeo y español defendió sus discos eléctricos de los 80′ con un entusiasmo que la prensa neoyorquina rara vez le dispensó.

En América Latina, el rastro es más disperso y funciona más como influencia, pero existe. En Cuba, el saxofonista Paquito D’Rivera lo cita como referencia inevitable en sus libros de memorias, además de jugar un papel de influencia absoluta en La Habana del primer Irakere. En las escenas locales como la chilena, la argentina, la mexicana de los 70′ y 80′, los músicos que entraron al jazz eléctrico y la fusión se reconocían discípulos del Miles eléctrico más que del Miles modal.

Para finalizar, hay una conexión clara entre el «Bitches Brew» y la generación que en Chile pasó por el Club de Jazz de Santiago y el Bosca, en Buenos Aires por el Café Berlín. Si no, que se lo pregunten a los próceres chilenos de Fulano.

🎼 Periodo Segundo Gran Quinteto (1964-1968)

Volvamos a la cronología. A inicios de los 60′ hay una transición algo errática con discos como «Someday My Prince Will Come» (1961), donde aparece Frances Taylor en la portada, o «Seven Steps to Heaven» (1963), hasta que en 1964 Davis arma el segundo gran quinteto, y posiblemente la formación de jazz más sofisticada de toda la historia del género.

Así, con Wayne Shorter (saxo y composición), Herbie Hancock (piano), Ron Carter (contrabajo) y un adolescente prodigio de las baquetas de 17 años llamado Tony Williams en batería, inventan un concepto que Miles llamó time, no changes, el cual mantenía un tempo y un beat sostenido, pero disolviendo las progresiones armónicas tradicionales en favor de centros tonales móviles.

El resultado fue un verdadero jazz acústico de cámara, hipercomunicativo, donde los cuatro instrumentos parecen leerse el pensamiento. Buena parte del lenguaje del postbop posterior, incluida la base armónica de todo el jazz fusión que vendría, nace aquí.

🤩 Imprescindibles: «E.S.P.» (1965), «Miles Smiles «(1967) y, sobre todo, el díptico «Nefertiti» (1968) donde la pieza homónima de Shorter invierte los roles de cómo funcionaba un ensamble de música popular. Allí, el quinteto repite la melodía mientras la batería improvisa por arriba. Si eso no es ser progresivo, no sabemos qué otra cosa puede serlo.

Además, tenemos «Miles in the Sky» (1968), donde Herbie Hancock toca por primera vez piano eléctrico Fender Rhodes y se intuye, sin querer queriendo, el batatazo eléctrico que se viene. «Sorcerer» (1967) es la pieza que falta en medio. Los cinco son magistrales y se pueden escuchar como una verdadera pentalogía.


😮 Recomendación especial: Si te encantó este período, busca «The Complete Live at the Plugged Nickel 1965» y sus ocho horas (!) del quinteto en vivo en un club de Chicago, donde tocan estándares del repertorio antiguo, pero deformándolos hasta volverlos irreconocibles. Free jazz controlado, podríamos decir.

🎼 La transición eléctrica (1968-1969)

Hacia 1968, un veterano Miles perdía terreno y popularidad entre los jóvenes, mientras se enamoraba de una joven cantante de funk soul llamada Betty Mabry, que pasará a ser su segunda esposa, Betty Davis. A través de ella entra al hard rock de Jimi Hendrix y el funk de Sly Stone. Davis queda anonadado, por lo que la influencia que tendrán ese tipo de artistas de acá al futuro será decisiva. Te debemos el oro, Betty.

Así, el quinteto incorpora pianos eléctricos (a veces tres simultáneos), guitarra eléctrica y un groove que ya no es ni swing ni bop, sino otra cosa totalmente distinta.

🤩 Imprescindibles: «Miles in the Sky» (1968) y, sobre todo, «Filles de Kilimanjaro» (1968), donde Chick Corea reemplaza a Hancock en mitad del disco y Dave Holland a Ron Carter, anticipando el cambio total que vendrá.

Sería un pecado de pena capital dejar fuera a «In a Silent Way» (1969), siendo el primer disco verdaderamente eléctrico de Miles; con tres tecladistas (Hancock, Corea, Joe Zawinul), un Tony Williams en estado de gracia entrando recién a sus 23 años, John McLaughlin acabado de aterrizar en Nueva York desde Inglaterra y Teo Macero ya editando las cintas con escalpelo. Si vienes desde el rock, es un trabajo obligado.

🎼 «Bitches Brew» y la era dorada del jazz fusión (1970-1972)

El 30 de marzo de 1970 explota una verdadera bomba de racimo con «Bitches Brew«. Este doble LP de casi 95 minutos de música y portada de Mati Klarwein con afroiconografía surrealista funda oficialmente el jazz fusion en todo su esplendor, como si del vientre de una madre saliera de inmediato un adulto con bigotes y maletín.

Grabado en agosto de 1969 con un ensamble enorme de 13 músicos en distintas combinaciones, contando con Shorter, Corea, Zawinul, McLaughlin, Holland, DeJohnette, Lenny White, Don Alias, Bennie Maupin, Larry Young, Harvey Brooks…ufff, el disco no tiene composiciones en sentido tradicional, sino que son jams largas que Teo Macero editó en sala, cortando físicamente la cinta y reordenando secciones para construir las piezas finales que todos conocemos.

Drum loops antes de los drum loops. Sampleo analógico antes del sampleo. Vanguardia pura.

El impacto de la música fue tal que parió numerosos hijos. Zawinul y Shorter salen del grupo y forman Weather Report (1971). McLaughlin sale y forma la Mahavishnu Orchestra (1971); Corea sale y forma Return to Forever (1972), y para rematar, Hancock saca «Mwandishi» (1971) y luego «Head Hunters» (1973).

Es decir, de un solo disco nacen cuatro de los grupos clave de jazz fusión de los 70′, y que a la postre, fueron sumamente influyentes en el prog rock de mediados de aquella década. No hay otro caso comparable en la historia de la música.

🤩 Imprescindibles: Naturalmente, «Bitches Brew» (1970), pero más allá de eso, el ultra recomendable «A Tribute to Jack Johnson» (1971) fue la banda sonora de un documental sobre aquel boxeador negro, y posiblemente es el disco más rockero de toda la carrera de Miles. Si Hendrix hubiera vivido cinco años más, no tenemos ninguna duda de que habría colaborado acá.

También no podemos dejar de mencionar el legendario «Live-Evil» (1971), siendo un doble en vivo con algunas piezas de estudio donde aparece el Lost Quintet con Keith Jarrett y un recién ingresado llamado Hermeto Pascoal.

😮 Recomendación especial: Te recomendamos el libro Running the Voodoo Down de Phil Freeman y el documental Birth of the Cool (2019) de Stanley Nelson. Vas a entender de mejor manera el shock cultural que provocó este disco en 1970, cuando los puristas del jazz consideraron a Miles un traidor y la prensa rockera no sabía cómo tomarlo.

🎼 Periodo funk eléctrico de vanguardia (1972-1975)

Si «Bitches Brew» había escandalizado, lo que vino después fue derechamente una declaración de guerra para cualquier purista del jazz. Influenciado ahora por Sly Stone, James Brown y Karlheinz Stockhausen, Miles configura una banda con dos baterías, sitar, tabla, percusión africana y un sonido cada vez más denso y abstracto.

Los discos de este período fueron unánimemente destrozados por la crítica de la época, pero hoy son considerados verdaderas profecías de los próximos 40 años de música electrónica, con drum and bass, trip-hop, post-rock, el IDM y la propia electrónica experimental.

Aunque suene a ciencia ficción, un disco como «On the Corner» (1972) anticipa en 25 años el sonido de DJ Shadow, Massive Attack y Squarepusher.

🤩 Imprescindibles: «On the Corner» (1972) y su arte de portada con caricaturas afropolíticas que Miles diseñó para que ningún crítico blanco supiera quién tocaba, siendo el experimento más radical de toda su carrera. Además, tenemos «Get Up With It» (1974), doble LP que incluye «He Loved Him Madly» (32 minutos de homenaje a Duke Ellington, recién fallecido), la cual anticipa todo el ambient posterior. De hecho, Brian Eno lo cita explícitamente como influencia para su «Music for Airports».

Mientras tanto, LPs en vivo como «Agharta» y «Pangaea» (ambos de 1975, grabados el mismo día 1 de febrero) en Osaka, tarde y noche, con Pete Cosey en una guitarra y Sonny Fortune en saxo, son realmente música de otro planeta, aún en 2026.

😮 Recomendación especial: Si llegaste vivo hasta acá y aún quieres más, busca «The Complete On the Corner Sessions» (boxset de 2007), donde se incluyen las versiones extendidas sin editar de Teo Macero. Vas a escuchar cómo se construía un disco de Miles en este período, con horas y horas de grooves hipnóticos que después se recortaban a 20 minutos por pieza.

🎼 Los años de silencio (1975-1980)

Tras los shows de Osaka, y quizá por lo vapuleado que se sintió por la crítica transversal, Miles desaparece por cinco años sin grabar, tocar en vivo y dar entrevistas. Sumido en la cocaína, los analgésicos para sus problemas crónicos de cadera, una depresión severa y rodeado de un círculo cada vez más tóxico en su casa de la 77th Street en Nueva York, el trompetista más influyente del siglo XX simplemente deja de existir para el ojo público.

Es el período más oscuro de su vida, por lo que apenas pinta y dibuja (otra de sus grandes pasiones), y debido a esto, sus cuadernos de estos años son hoy material de museo. Si la curiosidad te pica, puedes buscar «Circle in the Round» (1979) y «Directions» (1981), que son compilaciones de tomas inéditas bastante valiosas del período 1955-1970 que Columbia sacó precisamente para llenar el silencio comercial.

🎼 Un nuevo regreso (1981-1985)


A inicios de 1981, su sobrino, el baterista Vince Wilburn Jr. y su nueva esposa, Cicely Tyson lo convencen lentamente de volver. Un oxidado Miles necesita reaprender a tocar, y cuando reaparece en el Newport Festival de julio de 1981, los críticos están aterrados. ¿Será todavía Miles, o solo una sombra?

Ni lo uno, ni lo otro, es un Miles nuevo rodeado de músicos jóvenes como el guitarrista veinteañero Mike Stern, un bajista llamado Marcus Miller y un saxofonista de 21 años llamado Bill Evans (no confundir con el pianista), tocando un sonido más rockero, más poppy, más directo y moderno; con su nueva gran firma estética de gafas oscuras gigantes.

🤩 Imprescindibles: «The Man with the Horn» (1981), polémico debut del regreso que si bien tiene altos y bajos, resulta ser material histórico para entender esta nueva etapa. También tenemos «We Want Miles» (1982), doble en vivo donde se escucha la nueva banda asentándose.

No podemos olvidar tampoco «Star People» (1983), donde por primera vez en años Miles vuelve a sonar plenamente convencido de lo que hace; junto a «Decoy» (1984), con John Scofield en la guitarra y un funk sintetizado que mira directamente al pop ochentero.

Finalmente, te recomendamos «You’re Under Arrest» (1985), último disco para Columbia tras 30 años, con versiones inesperadas de «Human Nature» de Michael Jackson y «Time After Time« de Cyndi Lauper, que en su momento fueron consideradas un sacrilegio algo cringe, pero que hoy se entienden como una jugada brillante.

Finalmente, era el mismo Miles democratizando el repertorio pop de la época con la misma autoridad con la que en 1958 había democratizado a Gershwin.

🎼 Periodo Warner Bros (1986-1991)

Tras 30 años en Columbia, Miles ficha por Warner y se sumerge de lleno en la estética digital de los 80′. Marcus Miller ya no solo era bajista, sino productor, compositor y multiinstrumentista, quien programa la mayor parte de los nuevos discos en el sintetizador Synclavier y el Akai MPC.

Curiosamente, en el mismo momento en el que Zappa hacía lo mismo en su estudio de Laurel Canyon, Miles operaba en paralelo a 5.000 km de distancia con el mismo concepto. Música compuesta con drum machines, con Davis tocando encima de un paisaje pregrabado. «Tutu» (1986), con el recién ingresado tecladista Adam Holzman, gana el Grammy al Mejor Disco de Jazz y se convierte en el disco más vendido de Miles desde «Kind of Blue».

Como dato rosa, originalmente «Tutu» iba a ser una colaboración con Prince, que finalmente no se concretó por desacuerdos contractuales. Hubiera sido glorioso.

🤩 Imprescindibles: «Tutu» (1986) es un homenaje al obispo sudafricano Desmond Tutu de sonido sumamente cristalino y Miles tocando la trompeta como si fuese un cantante. Además, debemos sumar «Amandla» (1989), continuación natural, con composiciones de Marcus Miller y George Duke, y un Kenny Garrett ya consolidado en saxo.

Imposible dejar fuera «Aura» (1989, grabado en 1985), la cual es una suite orquestal del danés Palle Mikkelborg dedicada a Davis, donde el trompetista improvisa sobre una orquesta sinfónica completa, resultando en una especie de nuevo «Sketches of Spain» pero de los 80′, y para muchos (incluido este editor) es uno de los discos más subestimados de toda su carrera.

Interludio del príncipe de las tinieblas

Ozzy Osbourne adoptó el apodo de Prince of Darkness en los años setenta, como parte de la estética de Black Sabbath y de su carrera solista. Pero el apodo existía hacía rato en el mundo musical, y se lo habían colgado a Miles originalmente. Sus músicos y la prensa especializada lo llamaban así desde mediados de los sesenta, pero por causas muy distintas (y bastante peores) a las del británico.

Y es que, más allá de su estampa de trajes negros y mirada altiva pre-70′, Miles adoptó, sin tapujos, la crueldad como herramienta de liderazgo. Podemos tomar como ejemplo a Tony Williams, quien terminó renunciando en 1969 tras años de peleas públicas, peleas por dinero y un trato cada vez más áspero. Por otro lado, saxofonistas y guitarristas de todas las épocas pasaron por una suerte de rito de iniciación humillante, donde Miles les hacía tocar piezas que no conocían, en pleno escenario, frente al público, para ver si sobrevivían.

Algunos sobrevivieron y se convirtieron en leyendas (Marcus Miller, Kenny Garrett, John Scofield). Otros se quebraron en el intento. Su método pedagógico funcionaba, pero la cuota de daño psicológico no era menor.

La otra tiniebla fue una especie de racismo invertido, probablemente en respuesta a lo que él mismo había sufrido en los años cuarenta. Así, comenzó a cultivar un desprecio explícito hacia músicos blancos a los que consideraba intrusos en una música negra. Documentado está cómo Bill Evans tuvo que tolerar comentarios públicos crueles durante su paso por el sexteto de «Kind of Blue», aunque, paradójicamente, Miles lo defendía a muerte cuando los demás se le iban encima.

🎼 Discos póstumos (1992-2026)

Dejando las sombras de lado, todo lo bueno tiene un final; y Miles terminó falleciendo el 28 de septiembre de 1991 en Santa Mónica, California, a los 65 años, víctima de una combinación de accidente cerebrovascular, neumonía y fallo respiratorio. Apenas dos meses antes había dado en Montreux un show histórico, dirigido por Quincy Jones, donde revisitó por primera vez en 30 años el repertorio orquestal con Gil Evans (fallecido en 1988).

Sin saberlo, era su despedida, pero quedaba un último disco, el inconcluso «Doo-Bop» (1992), grabado a inicios de 1991 con el productor de hip-hop Easy Mo Bee, donde Miles fundía su trompeta con beats sampleados y free style. Lanzado póstumamente, ganó otro Grammy y demostró que, incluso en sus últimos seis meses de vida, Miles seguía abriendo camino para las nuevas corrientes como el jazz-rap y el acid jazz.

Pero la verdadera explosión póstuma ha sido la avalancha de box sets de Columbia/Sony Legacy, que desde fines de los 90′ han ido publicando, prácticamente sin descanso, las cintas completas de todas las sesiones históricas de Miles.

🤩 Imprescindibles póstumos:

  • «Doo-Bop» (1992), el inconcluso
  • «Live at Montreux» (1993).
  • «The Complete Bitches Brew Sessions» (1998), donde se escuchan las tomas sin editar.
  • «The Cellar Door Sessions 1970» (2005), seis noches consecutivas del Lost Quintet con Keith Jarrett y la entrada en vivo de John McLaughlin
  • «The Complete On the Corner Sessions» (2007).
  • «Rubberband» (2019), álbum perdido de 1985-1986 que Miles había abandonado al pasar de Columbia a Warner, finalmente terminado por su sobrino y Marcus Miller.
  • «That’s What Happened 1982-1985» (2022), séptimo volumen de «The Bootleg Series» de Columbia, con descartes de toda la era del regreso. Imprescindible para fans del período ochentero. Aun así, toda la serie de «The Bootleg Series» es muy recomendable.

Como el fan acérrimo observará, han quedado fuera una barbaridad de trabajos, pero si has sobrevivido hasta el final de esta guía, te condecoramos oficialmente con la estrella al Milesmérito 🏆

¡Felices 100 años!


Bibliografía: Miles: The Autobiography de Quincy Troupe y Miles Davis; So What: The Life of Miles Davis de John Szwed; Miles Davis: The Definitive Biography de Ian Carr; y Miles Beyond: The Electric Explorations of Miles Davis, 1967-1991 de Paul Tingen


ProgJazz es un colectivo unido por la amistad nacido en 2007, y que busca difundir música sobre la base del rock progresivo, el jazz, la música de vanguardia y todos sus géneros asociados.

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