El conversatorio de Rick Wakeman en Trading Boundaries

En el mes de junio de 2026, Rick Wakeman se dirigió a grabar dos episodios en vivo de su propio podcast, «The Myths and Legends of Rick Wakeman», frente a un público de unos cuantos cientos de personas en el local de Trading Boundaries de East Sussex, en el Reino Unido.

El programa lo condujo Mark Jeeves, y fueron los propios asistentes de la sala quienes hicieron las preguntas, micrófono en mano. Los dos episodios estuvieron tan interesantes (y un poco inconexos, hay que decirlo) que no nos hemos podido resistir a la tentación de curar el contenido y transcribirlo para nuestra comunidad.

El podcast original está disponible acá; todos los créditos son para Rick Wakeman y para Mark Jeeves. La traducción y curación para el mundo hispanohablante corre por cuenta de ProgJazz.

Rick Wakeman en «The Myths and Legends», por Mark Jeeves

Mark Jeeves: Estamos en este magnífico recinto, Trading Boundaries, que, si no lo conocen, googléenlo, porque es precioso. Es un lugar maravilloso. Rick, has tocado aquí varias veces.

Rick Wakeman: Sí, muchas, tanto con Adam, mi hijo, como con otras personas. Aquí se hizo el maravilloso concierto homenaje a John Wetton, que fue absolutamente fantástico. Y Michael, que es quien lo posee y lo lleva, programa shows increíbles. Mucha gente de la que nunca has oído hablar… porque son realmente buenos.

No soy un gran fanático de las bandas tributo, pero él tiene algunas excelentes, y también grandes artistas que vienen a tocar aquí porque a todos nos encanta venir. Si no han venido nunca a un show, vengan, porque es una gran noche.


Primeras preguntas: Ray e Yvonne

Ray escuchó por primera vez a Rick en «The Six Wives of Henry VIII»; su primer concierto fue hacia el año 2000, en el Connaught Theatre de Worthing. Yvonne, en cambio, lo vio por primera vez en Wembley Arena a mediados de los 70′, con el escenario montado «en redondo». Lo que ella más recuerda: «tantos teclados».

Rick Wakeman: Sí, es lo que hago. Es un buen punto, tengo muchos teclados.

Ray: Después de una carrera tan larga e ilustre, ¿cuál consideras tu mayor obra? ¿Y todavía disfrutas tocarla?

Rick Wakeman: Creo que mi mayor logro, en realidad, sigue siendo despertarme cada mañana. La respuesta cambiaría probablemente cada hora, porque siempre se me viene a la cabeza otra pieza: «esa era importante, esa la disfruté mucho». Pero «Journey to the Centre of the Earth» (1973) es algo realmente importante para mí, porque me encanta poner historias a la música. Siempre quise hacerlo, así que tener la oportunidad de lograrlo con «Journey» es algo que de verdad resuena conmigo. Mañana, mientras desayune mi croissant, probablemente sea otra cosa… pero hoy diría que es eso.

Yvonne: ¿Y qué pieza disfrutas tocar más, si es que tienes una?

Rick Wakeman: Lo hago distinto con la banda, claro, «Journey», o cualquiera de las «Wives«, o «Arthur», incluso parte del material más nuevo. Sé que suena terrible, pero simplemente disfruto tocar, y soy feliz tocando aquí, en un club, en el O2, donde sea en el mundo. Si puedo subir y tocar, soy verdaderamente feliz.

Toco mucho en casa. Tengo tres pianos. Nada de muebles, solo tres pianos. Y eso se lo debo a Benjamin Britten, el gran compositor inglés. En su casa, la Red House de Aldeburgh, que no queda lejos de donde vivo, él tenía tres pianos, uno en la biblioteca, uno en el salón y otro en su sala de música.

Le pregunté a uno de los curadores por qué, y me dijo que Ben nunca quería estar a más de 20 o 25 segundos de un piano, porque si tenía una idea, necesitaba llegar y escribirla rápido, antes de que empezara a cambiar. Lo cual es muy cierto. Así que copié eso en mi casa, tengo tres pianos repartidos, y junto a cada uno siempre hay papel pautado, lápices y una grabadora de casete Sony muy vieja. Así, si me siento y se me ocurre algo, sé que voy a capturar la idea inmediata, antes de que se transforme.

Tengo una rutina en las mañanas. Tengo tres perros rescatados. Saco a los perros, doy de comer a los gatos rescatados, y los perros vienen y se sientan bajo el piano del comedor. Entonces les toco una versión de «How Much Is That Doggie in the Window», que están obligados a escuchar antes de que les abra la puerta al jardín. Simplemente amo tocar.


Roland Dubé

Sus primeros discos de Rick fueron, con Yes, «Fragile» y «Close to the Edge». Todavía los conserva.

Roland Dubé: Tuve un primo, Tim Harris, que tocaba la batería en The Foundations. Por lo visto, a finales de los 60′ prácticamente todo el mundo pasaba por una propiedad en Hayford Avenue, en Lambeth. Estaban Marc Bolan, Reg Dwight, los Stones, David Bowie, Ginger Baker… toda esa gente intentando abrirse paso en la música. El gran error fue que nadie firmó la puerta; era un quién es quién. Me pregunto si tú llegaste a cruzar ese umbral.

Rick Wakeman: Había varios lugares así, casi todos al sur del río, por la zona de lo que hoy es el South Bank. Yo conocía muy bien a The Foundations, porque toqué en «Build Me Up Buttercup». Además, estaban firmados a un management, Arna Carter, que también llevaba a los Strawbs cuando yo recién entré, así que me los cruzaba bastante.

Estoy casi seguro de que el sitio que mencionas estaba en el sur de Londres. Si lo recuerdo con exactitud, te lo diré en un podcast futuro… Ahora mismo me estoy devanando los sesos. Era todo ese ambiente del sur de Londres, bajando hacia Kent, hacia Beckenham, que es donde terminó David Bowie, en Haddon Hall. Por alguna razón, todos parecían irse hacia el sur en vez del norte del río.

Mark Jeeves: Lo que pasará es que, a las dos de la mañana, Rick despertará y dirá «¡ya me acordé!», y saldrá en un próximo podcast.


John Daniels

Conoció a Rick, como tantos, por «The Six Wives of Henry VIII». Su primer concierto fue en el Leas Cliff Hall de Folkestone, en el año 2000, con el desaparecido tenor Ramon Remedios, que vivía allí.

Rick Wakeman: Me encanta el Leas Cliff. Con Ramón hice muchas cosas; lamentablemente, ya no está con nosotros. Hicimos algo llamado «The New Gospels», un oratorio que escribí. Dejé de interpretarlo cuando Ramón murió, pero su viuda, la encantadora Jackie, me dijo las pasadas Navidades: por favor, vuelve a hacerlo. Seguí su consejo, y lo estamos preparando para el próximo año, con Alfie Boe cantándolo. Así que muy ilusionado con eso.

John Daniels: Siempre te he visto tocar el Mini Moog, pero nunca con otros sintetizadores vintage como los ARP o los Oberheim. ¿Hay alguna razón, o simplemente elegiste Moog y te quedaste con él?

Rick Wakeman: Usé un ARP, y tuve varios Oberheim; en el estudio probaba muchas marcas distintas y las usaba en los discos. Pero cuando sacabas un rack a las giras, elegías los instrumentos que harían el trabajo que necesitabas. Los Oberheim eran geniales, pero poco fiables en gira. Y nunca fui muy fan de los ARP, porque los controles eran pequeños y complicaditos. Cuando estás en vivo y tienes que cambiar algo a toda prisa, buscar el control correcto es como buscar una aguja en un pajar. Además, ARP, y también los primeros Yamaha, cometieron el gran error de ponern todo el panel en colores, codificado por colores. Eso es inútil en escenario, ya que les pones una luz roja encima ¡y todo se ve del mismo color! Se lo comenté y me dijeron ¡vaya, no lo habíamos pensado!… y lo cambiaron todo. No hay nada como los diales negros con un poco de plata, porque con esos puedes hacer cualquier cosa.

Mark Jeeves: Recibimos bastantes preguntas técnicas que no suelo hacerte, porque, como tú has admitido, no eres el que tiene mas conocimiento técnico de teclados.

Rick Wakeman: Creo que la palabra que buscas es «malísimo». Amo tocar los instrumentos, amo el sonido, pero no me interesa cómo funcionan ni por qué hacen lo que hacen. Tengo un ingeniero y coproductor maravilloso, Eric Jordan, que entiende todo eso, y lo dejo encargarse. Cuando llega un instrumento nuevo, borramos todos los ajustes que trae y ponemos los nuestros. Eric me pregunta qué busco; yo le digo eso y aquello, jugamos hasta dar con el sonido, y él lo registra y lo guarda.

No tengo idea de cómo llega ahí. A veces, después de un show, alguien se me acerca y me pregunta si ya conseguí el nuevo capacitor tal… y yo le respondo: ¿quieres un café?. No tengo idea. Solo quiero tocar. Hay gente que entiende todo eso de verdad. Jordan Rudess, gran amigo, es buenísimo en esos aspectos técnicos, pero yo solo quiero tocar.


Mark

Lo primero que escuchó de Rick fue «Just a Collection of Antiques and Curios», el disco en vivo de los Strawbs grabado en el Queen Elizabeth Hall en 1970.

Rick Wakeman: Disfruté tanto ese disco; y aunque después yo dejara la banda para unirme a Yes, Dave Cousins siempre siguió siendo un gran amigo, y siempre le tuve el máximo respeto. Gran compositor, letrista maravilloso. De hecho, esperamos hacer un show homenaje a él aquí mismo, en Trading Boundaries, más o menos por estas fechas el próximo año. «Antiques and Curios» fue en vivo porque, como tantas cosas, no podíamos costear el estudio. Y no olvidemos ese solo en «Where Is This Dream of Your Youth», uno de los mejores que he tocado. Fue puro disfrute.

Mark: Recuerdo que llegó tu curry temprano. ¿Todavía pides curries en los conciertos?

Rick Wakeman: A veces lo hacía, sí. Como muchas veces terminábamos tarde, y los curries locales cerraban, los pedíamos de antemano. Lo cual era tremendamente peligroso, porque si te comes uno antes del show, acabas en el baño muy rápido. Teníamos el acuerdo con la banda de que, si a alguien le venía una urgencia en pleno escenario tras un curry, corría la voz y se gritaba «¡drum solo!». Y Tony Fernández hacía un solo de batería mientras el afectado dejaba la muñequera y desaparecía a resolver el asunto. Siempre funcionaba… salvo en lugares como Sudamérica, donde todos al parecer padecimos la venganza de Moctezuma, y en un show Tony hizo once solos de batería.

Mark: Te vimos con mi esposa en la Catedral de Chichester, solo tú y un piano. ¿Qué otros recintos curiosos has tocado? ¿Y hay algún lugar donde te gustaría tocar y no lo has hecho?

Rick Wakeman: Adoro tocar en catedrales. Amo la arquitectura, y cualquier excusa para tocarlas la tomo; de hecho, el próximo domingo estaré en St Edmundsbury, en Bury St Edmunds, con el coro de la catedral. En cuanto a lugares que quisiera tocar, hace unos años hice una lista que incluía cosas como el Kremlin, donde ya he tocado tres veces.

Mi concierto favorito en Moscú fue gracias a un buen amigo ruso que básicamente posee y dirige los ferrocarriles. ¿Han visto esas estaciones ornamentadas y bellísimas, con salones increíbles por dentro? Le comenté lo impresionantes que eran y me dijo: ¿te gustaría tocar ahí?. Organizó todo, y toqué con la orquesta sinfónica de San Petersburgo en ese enorme salón de la estación.

Le pregunté qué pasaría con la gente y me dijo que los había movido a otra entrada para sus trenes, ¡solo para que yo pudiera tocar! Fue tremendo.

¿Lugares que aún quiero tocar? Vietnam, por ejemplo. Estoy muy involucrado con una organización benéfica llamada Animals Asia, que rescata osos luna de las terribles granjas de bilis. Hay un santuario allá, y quería ir a tocar… pero no es nada fácil. Así que lo que haré este septiembre es un concierto, no para personas, sino para los osos. Estamos montando un escenario junto al santuario, con un piano de cola arriba, y daré un recital de una hora para los osos. Al menos ellos no pueden gritarme. Lo vamos a filmar para generar conciencia. Me encantan las aventuras, así que si alguien me ofrece algo realmente fuera de lo común, ahí estoy.

Mark: Hace años compré el CD de «Union» (1991), pero nunca lo he escuchado. ¿Debería?

Rick Wakeman: En realidad, se pronuncia onion (cebolla), porque hace llorar a todos los que lo escuchan. Verás, en esa época, en el Reino Unido estaba ABWH, Anderson, Bruford, Wakeman & Howe, y en Estados Unidos había un Yes al que llamaban «Yes West». Una situación un poco absurda. Nosotros, como ABWH, teníamos contrato discográfico, y ellos no, así que los dos managements propusieron juntarlo todo en un solo álbum y llamarlo «Union».

No nos pareció mala idea. El problema fue que nosotros íbamos a la mitad de nuestro disco, ellos a la mitad del suyo, y de pronto tuvimos que meternos en ensayos masivos para la gira. Entonces nombraron a un… busco la palabra… completo imbécil para terminar de mezclar los discos.

Eran los primeros días de la grabación digital, y cuando por fin escuché lo que había hecho, decía: yo no toqué eso, ¿quién lo tocó?. El tipo metió a todos sus amigos. El único que no aparece en el disco es Ronald Reagan. Fue espantoso, no era un álbum de Yes en absoluto. Trevor Rabin estaba furioso. Pero ya era tarde. Lo curioso de «Union» es que la gira fue absolutamente increíble, pura diversión; el álbum, en cambio, atroz.

Si quieres seguir feliz en la vida, no lo escuches. Es un gran posavasos.


Helen y Steve (amigos de Rick)

Lo escucharon por primera vez en «Animal Showdown», single de «Rhapsodies». Su pregunta sorprendió hasta a Mark.

Steve: ¿Por qué nunca has grabado «Noah»?

Rick Wakeman: Ojalá lo hubiera hecho, y debería. El English Chamber Choir, con quienes he trabajado mucho a lo largo de los años, celebraba, creo que su 35 o 40 aniversario, y me pidieron que escribiera algo especialmente para ellos, para interpretarlo en la Catedral de Southwark.

Como era una catedral, quise un contenido bíblico, y la historia de Noé es muy divertida. Escribí una pieza con armonías a siete voces en algunos pasajes; era complicada, difícil de cantar. La estrenamos en Southwark con el coro y una orquesta de cuerdas, y fue genial. Se ha hecho una vez más desde entonces, en la iglesia de St Mary, en St John’s Wood, que, sin relación alguna con la música, se quemó poco después. Me encantaría grabarla. Es puro tema de costo, y de encontrar a alguien interesado, pero si buscas, siempre aparece alguien dispuesto. Es un proyecto de amor al arte, lo haces a costo, sin quedarte nada, solo para que exista, porque creo que es una buena pieza de música.

Durante 25 años organicé un torneo de golf para una organización benéfica, Sparks, en favor del Great Ormond Street y sus niños. Helen y Steve venían cada año, y Helen era asombrosa buscando pelotas de golf perdidas. Desaparecía y volvía con un puñado de pelotas. Así que, entre todos los famosos que jugaban en mi torneo, quedó como «Sniffer» (la rastreadora). Y Steve es «Snapper» porque es un gran fotógrafo; de hecho, es el fotógrafo oficial del Maidstone United Football Club, y que yo sepa es el único fotógrafo, en cualquier partido profesional, al que un árbitro ha expulsado del campo. Y no es broma. Fue hace 18 años, y me lo recuerda cada vez que lo veo.


Joe

Lo conoció por «Morning Has Broken», de Cat Stevens; su primer concierto fue en Croydon, en 2024, con el «Nursery Rhyme Concerto». Su pieza favorita: «Roundabout», de Yes.

Joe: Has dicho que tus primeros años como músico de sesión fueron tu aprendizaje. ¿Cómo moldeó eso tu manera de tocar hoy?

Rick Wakeman: El 90% de las sesiones que hice fueron al piano, porque los teclados no eran tan habituales todavía. Empecé a hacer sesiones en el 67′ y terminé hacia el 72′. Lo que me enseñaron es que, muchas veces, tus primeras ideas son las mejores. En una sesión te pagaban por hacer las cosas rápido; así hacíamos tres temas en una sesión de tres horas, incluyendo el armado de los sonidos.

Te ponían la partitura delante, le agregabas tus propios detalles y lo tocabas, pero había que resolverlo rápido, porque para los productores y las discográficas era dinero. Y eso me enseñó que la inmediatez es clave. Si estoy a 25 segundos de un piano, puedo llegar a la idea y anotarla, y casi siempre lo primero resulta ser lo mejor.

David Bowie me enseñó algo parecido. Si grabábamos una pieza y no salía como esperaba, lo detenía y decía dejemos esto, pasemos a otra cosa, y se iba a casa a trabajarlo. Me dijo una vez: paro la grabación porque, después de tantos intentos, si algo no funciona es porque hay algo mal en la pieza, no en cómo se está tocando; necesita un pequeño ajuste. Y siempre volvía con el cambio justo. También aprendí qué no hacer. Trabajé con productores y artistas… digamos, terribles, y de eso aprendías igual, volvías pensando debo recordar nunca hacer eso.

Me siento muy honrado de haber hecho sesiones en los días gloriosos. Ya no existen. Antes había tres sesiones diarias en cada estudio, y había 17 estudios solo en Londres; ahora quedan dos. Los músicos de sesión casi no existen, ya no están los que armaban las sesiones. Tuve mucha suerte de estar en pleno apogeo. Y esos discos vendían millones, por algo será. Hoy, si vendes media docena, te fue muy bien.


Paul

Su primer disco de Rick fue «No Earthly Connection»; su primer concierto, el Capital Radio Christmas Concert de 1978, en el Wembley Conference Centre, donde Rick interpretó «King Arthur» completo con la Wren Orchestra.

Rick Wakeman: Lo recuerdo bien. En esa época, Capital Radio era de un tal Richard Attenborough, que vino a vernos, junto con un montón de gente famosa. Hacía un frío tremendo, pero la gente esperó en la puerta del escenario hasta las dos de la mañana, y firmé todo lo que tenían. Y eso, en realidad, se lo debo a mi padre.

En 1970, con los Strawbs, tocábamos en el Acton Town Hall. Ganábamos 18 libras a la semana, y yo había ahorrado un poco para llevar a mis padres a un Berni Inn, los steakhouses recién abrían y democratizaron el bistec, papas fritas, aros de cebolla, tomate, y listo. Había reservado mesa, cerraban a las 11.

Al salir del concierto, había una docena de personas con discos de los Strawbs, el «Dragonfly» (1970), el primer álbum, y pidiendo autógrafos. Empecé a firmar, miré el reloj, eran las 11 menos cinco y dije: lo siento, me tengo que ir. Bajé al auto, donde esperaban mi padre, mi madre y mi esposa de entonces, y mi padre; la única vez que me gritó en su vida, me dijo: sal del auto, vuelve y firma cada uno de esos discos.

Le dije que perderíamos el restaurante. Sal. Firmé todo, volví bastante malhumorado y, al final, el gerente del Berni nos atendió igual. Y mi padre me dijo: nunca te alejes de firmar nada; deberías sentirte privilegiado de que alguien quiera que lo hagas.

Lo más asombroso llegó hacia el 82′ u 83′, tocando en el Grand Rex de París, unas 6.000 personas. Al terminar, el promotor me dijo que me sacarían por la puerta de atrás porque había mucha gente esperando. Pregunté cuántos: Calculamos entre dos y tres mil, haciendo cola alrededor del teatro y de la manzana. Dije: tengo que firmarlos a todos. Me preguntó si estaba loco. La banda se turnó. Tony Fernandez, el baterista, dijo yo te acompaño la primera hora, y terminé alrededor de las cuatro de la mañana. Cuando la última persona se alejó, miré hacia arriba y dije: esto es obra tuya, papá. Gracias, viejo.

Paul: Si no me equivoco, tu profesora de piano, la Sra. Symes, te enseñó a ver la música como colores, y por eso sueles cerrar los ojos al tocar. ¿Cómo logra cualquier humano eso?

Rick Wakeman: Siendo honesto, no se puede explicar del todo. Una vez que yo aprendía las notas y la pieza, ella me decía que dejara la partitura a un lado, tocara con los ojos cerrados y pintara cuadros con la música. Era fácil con el repertorio temprano, porque tenían títulos evocadores: «un bote en el río», «subiendo una montaña», lo que fuera. Se complicó más adelante, con títulos como scherzo o andante.

Cuando empecé con esas piezas, la Sra. Symes notó que ya no tocaba con el mismo sentimiento, y le expliqué que no sabía qué imaginar con un scherzo. Me dijo: entonces ahí tienes que inventar tu propia historia, tu propio título. Un scherzo es una pieza rápida, así que podría ser una carrera de autos, de motos, lo que sea. Imagínate eso, y funcionará. Por eso, en esa misma lección, a la Sonata en Re de Haydn le cambié el título por «I wonder if she’s got freckles on her» («me pregunto si tendrá pecas»). Nunca llegué a averiguarlo… pero es una pieza preciosa.


Harvey

Vio a Rick por primera vez en 1972, con Yes y «Close to the Edge», en el mítico Rainbow.

Rick Wakeman: El Rainbow, en Finsbury Park, fue uno de los mejores recintos para tocar. Es una tragedia que ya no exista. Emerson, Lake & Palmer llegaron a ser dueños del lugar durante un tiempo; se llamaba Manticore. Hoy es una especie de templo de alguna iglesia.

Harvey: En tu papel de gruñón, ¿a quién preferirías entrevistar, a Trump, al Rey Carlos o a Popeye?

Rick Wakeman: ¿No son la misma persona? A los tres, en realidad. A Trump nunca lo he conocido, y dudo que él quisiera conocerme a mí; pero me gustaría hablar con él, porque me gustaría reírme un buen rato. A Carlos lo conozco bastante bien, lo he visto en muchas ocasiones, y hablas de que mi memoria es buena… la suya es asombrosa. Estuve en un evento en Clarence House para un grupo de pacientes recuperados de cáncer, había unas 200 o 300 personas. Una mujer empezó a decirle usted vino a nuestro centro hace siete años…, y él la interrumpió: déjeme detenerla ahí, y recordó su nombre, con quién estaba casada, lo difícil que había sido todo.

Y no lo hizo una vez: lo hizo con 20 o 30 personas distintas. No había forma humana de que lo supiera. Si quieres a alguien con memoria, ese es. Y Popeye… ¿te refieres al marino? Cualquiera que tenga una novia llamada Olive Oyl merece que hablen con él. Amaba al Popeye de los primeros tiempos y todos esos versitos tontos que a los cinco años te hacían llorar de risa. Pero como a Carlos ya lo conozco, me quedo con Trump.


Chris Totman

Su primer disco de Rick fue «Journey to the Centre of the Earth»; su primer concierto, el Festival Hall de Londres en 1974 o 75. Recuerda la emoción de aquel primer gran recinto, y sobre todo la costumbre de los 70′ de juntarse con amigos a escuchar discos.

Rick Wakeman: Es trágico que eso se haya perdido. No puedes invitar a nadie a venir a escuchar tu disco que bajaste de internet tipo «download». Y lo importante era que aquello unía a gente muy distinta; chicos, chicas, todos juntos, de una manera que nunca habríamos imaginado.

Chris Totman: Leí que tomaste la idea de pintar cuadros con la música de compositores como Prokofiev, tras ver «Peter and the Wolf». ¿Qué otros compositores han moldeado tu forma de armar las piezas?

Rick Wakeman: Bastantes, y seré honesto, sobre todo los de Europa del Este, porque conocían todas las reglas y sabían cómo romperlas. Eso me fascina. Melódicamente, están Mozart y Schubert; escucho mucho los lieder de Schubert; me encanta «The Trout», que escribió tras ver, literalmente, una trucha saltando de un arroyo.

Me gusta la melodía y la sorpresa. Por eso amo a Prokofiev: toma «The March» de «Romeo and Juliet», que arranca con una total cacofonía, un caos, y piensas «¿qué demonios es esto?»; empiezas a subir y, justo en el momento en que querrías cambiarlo, estalla en ese tema famosísimo. Te lleva por un sendero de jardín que de pronto se abre al campo de flores más increíble. Los compositores del Este tenían un don para eso.

Y hay un dato curioso, Gustav Holst, con «The Planets», fue el primero en hacer un fade-out. No había discos entonces, claro; lo escribió en la partitura, el coro se quitaba los zapatos y, mientras seguía cantando al final, se alejaba en silencio hacia el fondo del escenario, desvaneciéndose. Un fade-out en vivo. Me encantan esas cosas.

Vivaldi fue la primera estrella de rock, cura en Venecia, con una orquesta enteramente de chicas, capa roja y melena roja, recorriendo las iglesias tocando el violín como si fuera rock and roll. Y Franz Liszt recorrió toda Europa, y al año siguiente de tocar en un sitio aparecían mujeres con cochecitos de bebé afuera… era todo un personaje. Pero qué melodías; mira «Liebestraum», simplemente bellísima. Tengo una especie de archivador aquí en la cabeza. Cuando oigo algo que amo, entra ahí y me digo recuerda eso.


Tim Adams

«Close to the Edge» fue su primer disco; su primer concierto, el Bournemouth Winter Gardens en el 72 o 73. Recuerda la capa de lentejuelas, la cantidad de teclados y unas extrañas formas de flor en el escenario.

Rick Wakeman: Era mi período Spinal Tap, querías vestir el escenario, que no se viera aburrido. La banda incluso se metía por dentro de esas formas raras para salir a escena.

Tim Adams: Tocabas en la gira de «Tales from Topographic Oceans», tenías a un roadie a tus pies manteniendo el Mellotron. En una sección con pocos teclados le pediste que fuera a buscar un curry, volvió y lo puso sobre tus teclados, y Jon Anderson y Chris Squire comieron contigo mientras Steve Howe se quedaba molesto porque no alcanzaba. ¿Es cierto?

Rick Wakeman: Buena parte es cierto, y es fascinante cómo estas cosas se convierten en mitos. Esa historia también se contó en «Loose Ends», el programa de Ned Sherrin en la radio. Yo iba conduciendo el auto y un invitado dijo que Rick Wakeman pidió un curry en el escenario y que el equipo tuvo que ponerle una mesa con mantel a cuadros, vino y una vela, y servírselo mientras la banda tocaba cosas que a él no le gustaban. Pensé ¡eso es brillante!. Años después conocí a Ned y le dije que prefería su versión a lo que realmente ocurrió.

Pero lo que pasó realmente fue que tenía un gran roadie, Toby Errington, lamentablemente ya fallecido, que se tumbaba bajo mi órgano Hammond, donde yo tenía instalados unos dosificadores con brandy y whisky. «Tales from Topographic Oceans» no era ni de lejos mi pieza favorita de Yes, y tenía tramos con poco que hacer. En uno de esos, Toby me gritó desde abajo: ¿qué haces después del show?. Le dije: me voy a comer un curry. ¿Y qué vas a pedir?. Le solté la lista entera, con chicken vindaloo, bindi bhaji, bombay aloo, poppadoms, pilau rice y seguí tocando.

Media hora después olía a curry, como cuando el curry para llevar viene en bolsa de papel marrón, que por alguna razón amplifica el aroma. Miré hacia abajo y ahí estaba Toby con la bolsa y me dijo lo tengo todo. Le dije no, después del show, y él me gritó se va a enfriar. Tenía razón. Así que lo desplegué todo sobre el Hammond. Jon vino a comerse un poppadom, Chris y Alan lo encontraron hilarante, y Steve, en ese momento, no le vio la gracia… pero como ha contado la historia tantas veces desde entonces, creo que ya se ríe. Y era un buen curry, de hecho lo olieron en la platea.


George Forsyth

Lo vio hace un par de años, dos noches en el London Palladium, con «King Arthur» y la sección de Yes.

George Forsyth: Con toda la gente con la que has trabajado, ¿con quién disfrutaste más? Y de quienes ya no están, ¿a quién extrañas más?

Rick Wakeman: Extraño a varios músicos, aunque atesoro los recuerdos. Este año perdimos a Dave Cousins, de los Strawbs, un gran amigo, y echo mucho de menos al viejo. También a Jon Lord; de hecho, el último show que Jon dio fue conmigo, juntos en el Royal Albert Hall.

Pero, en lo que a grabación se refiere, tiene que ser David Bowie. Aprendí muchísimo de él y de sus productores sobre cómo trabajar en el estudio. Él siempre decía, elige músicos que entiendan lo que quieres hacer; no importa lo buenos que sean, si no entienden lo que buscas, son las personas equivocadas. Es de los mejores consejos que he recibido.

Un ejemplo actual, en el disco que sale en un par de meses, «Return to the Red Planet», tengo al maravilloso Adam Falkner en batería, a Dave Colquhoun, uno de los guitarristas favoritos de Brian May, en guitarra, a Lee Pomeroy en bajo, todos ellos con historia en este mismo escenario, y a Mollie Marriott, hija de Steve Marriott, en algunas voces.

Todos entienden exactamente lo que intento lograr. Puedo decirles esta es la pieza, esto es lo que hacemos, salir un rato, volver, y lo han clavado. Eso lo aprendí de David. Su banda era Woody Woodmansey en batería, Trevor Bolder en bajo, el maravilloso Mick Ronson en guitarra y yo. La primera vez que David me tocó «Life on Mars» en su guitarra acústica, en su casa de Beckenham, Haddon Hall, me dijo toma notas; luego ahora tócamela al piano. Le pregunté cómo quería que la tocara y me respondió: ya sabes cómo quiero que la toques, para eso estás aquí. La toqué, y me dijo: sí, así. Puedo detectar en las formaciones de una banda cuándo alguien «no lo capta». Se nota.

Mark Jeeves: Hablas de gente como Mick Ronson o Woody Woodmansey con naturalidad, pero para nosotros estar en una sala con ellos… ¿Sabías en el momento que estabas haciendo algo especial?

Rick Wakeman: Siendo honesto, sí. Hice más de 2.000 sesiones en seis o siete años, y de algunas me iba pensando «¿quién demonios pagó por esto?», porque eran malísimas. Pero en unas pocas sabías que iban a perdurar. Con «Morning Has Broken», de Cat Stevens, aquella mañana supe que era muy bueno, muy ingenioso. Y con todo lo de David, «The Wild Eyed Boy from Freecloud», las piezas de «Hunky Dory», un par de cosas con los Spiders, simplemente sabías que iban a estar dando vueltas mucho, mucho tiempo.


Russ

«Fragile» fue su primer disco; su primer concierto, el Rainbow en el 72, probablemente en la gira de «Topographic Oceans». Recuerda a Jon Anderson discutiendo con alguien del público. Su pieza favorita, el aporte de Rick a «Awaken».

Rick Wakeman: Lo que Jon discutía era que estaba explicando uno de los lados de «Topographic Oceans», y le estaba tomando bastante rato; alguien gritó «¡al grano!», y eso no le gustó. Jon podía enojarse si algo serio lo distraía; se tomaba muy en serio su trabajo. Y el que gritó «al grano», probablemente yo habría dicho «¿podemos tocar otra cosa?».

Russ: Hace unos años se rumoreó un álbum de música nueva contigo, Jon Anderson y Trevor Rabin. ¿Se concretó? Y si no, ¿por qué?

Rick Wakeman: Tienes razón, sí queríamos hacerlo. El problema es solo geográfico. Jon vive en San Luis Obispo, arriba en el norte de California; Trevor, en Hollywood, lejísimos de Jon; y yo en Suffolk. No es que tuviéramos muchos cafés matutinos para conversarlo. Queríamos estar todos en la misma sala escribiendo y grabando, como en los primeros días de Yes, que siempre produce algo grandioso. Con ABWH grabamos en Montserrat, todos juntos, y fue maravilloso… pero eso cuesta dinero.

Y, seré brutalmente honesto, no encontramos ninguna discográfica dispuesta a financiar un disco de ARW. Podríamos haber armado algo a distancia, pero no queríamos hacer nada de segunda categoría. Así que lo archivamos todo, con la vaga esperanza de que alguna compañía, lo que sea que eso signifique hoy, dijera «creemos en esto». Nunca ocurrió. Eso sí, el próximo año voy a hacer algo con Trevor, un disco acústico, porque siempre ha querido explorar ese lado.

Pero, ¿un álbum de ARW? No, porque no hay compañía dispuesta a financiarlo al estándar que queremos.


Chris y Trevor

Su primer concierto fue en el De La Warr Pavilion de Bexhill. Lo que más recuerdan: la historia de la madre de Rick y los residentes de un hogar de ancianos que se «fugaron».

Rick Wakeman: ¡Me había olvidado por completo de eso! Mi madre trabajaba en un hogar de ancianos en Northolt, cerca de South Harrow. No era una prisión, era un lugar muy agradable, y los residentes podían salir, pero había un toque de queda. Una noche, si mal no recuerdo, habían ido a uno de mis conciertos; desaparecieron. Se pusieron, ¿cómo se dice?, borrachísimos, y se fueron de juerga. Mi madre estaba fuera de sí, llamaron a la policía y todo. Al final volvieron… pero ya no los dejaron salir más.

Chris: Si no fueras pianista y compositor, ¿qué carrera te habría gustado?

Rick Wakeman: Gran pregunta. En mi último informe escolar, el director escribió: Wakeman terminará en uno de tres lugares: en el escenario del London Palladium, en Westminster en el Parlamento o en la prisión de Wormwood Scrubs. Dos de tres no está mal. Nunca les mostré ese informe a mis padres; lo destruí y les dije que no daban uno final.

La única otra cosa que de verdad consideré fue ser eurodiputado. Fui al Parlamento Europeo varias veces a hablar por la abolición del comercio de piel de gato y perro, que finalmente logramos, junto con el eurodiputado Struan Stevenson; en apoyo a los músicos y bailarines de países donde, tras la caída de Saddam Hussein, el nuevo régimen prohibió el rock y el ballet, y tuvieron que huir a lugares como Siria; y sobre derechos de propiedad intelectual, un tema enorme, con tasas de regalías y leyes de copyright distintas en cada país, que nadie ordenaba porque nadie lo entendía.

Yo había estado en el directorio de PAMRA y otras entidades de regalías, así que varios parlamentarios de todos los bandos me pidieron que me presentara, con apoyo transversal, para intentar resolverlo. Lo pensé mucho, porque siempre he creído que si puedes hacer algo que marque una pequeña diferencia, vale la pena. Pero es un trabajo a tiempo completo, habría dejado la música en pausa tres o cuatro años, y eso no puedo hacerlo. La música va primero.

Trabajos de verdad solo tuve en las vacaciones escolares, en una empresa de mudanzas. Eran unos desgraciados, puesto que yo tenía 15 años, era alto, flaco y desgarbado, pesaba menos que mi pierna derecha ahora, y me cargaban un refrigerador a la espalda y me dejaban ahí clavado una hora. Lo que sí me habría encantado, de haber sido lo bastante bueno, es ser futbolista. Amo el fútbol, y tuve el honor de jugar en Wembley tres veces con el Showbiz XI, además de Wolverhampton, Fulham, Brentford, Tottenham y Arsenal.

Emlyn Hughes me dijo una vez en Wembley: te das cuenta de que este es el sueño de todo futbolista, y qué pequeño porcentaje llega a cumplirlo. Tenía razón. Nunca he tenido realmente otro trabajo, y no considero la música un trabajo, sino un privilegio. Pero si hubiera terminado de eurodiputado, ahora me estarían tirando cosas.


Duncan

Su primer disco fue «Close to the Edge»; su primer concierto, Crystal Palace en 1974, con dinosaurios, el tomate en Wembley y «Arthur on Ice». Su pieza favorita: «Anne Boleyn».

Duncan: Has comparado «Tales from Topographic Oceans» con un sostén con relleno, tiene mucho espacio hueco. Como también has dicho que tiene grandes melodías, ¿harías una «Yes Sonata» con solo lo mejor del disco? ¿Cuánto duraría?

Rick Wakeman: Para ser justos, hay muy buenas melodías en «Topographic Oceans». Hablé con Jon; Chris estaba a favor de remezclarlo y reducirlo a una hora en un CD, y yo también. Creo que al final todos coincidíamos en que tenía mucho relleno, porque teníamos demasiado material para un álbum simple y no el suficiente para uno doble.

O acortas lo que tienes, o agregas; y agregamos armando cosas en el estudio, que no era la forma en que Yes trabajaba, y de ahí el relleno. Si armara una pieza de piano con solo lo que me gusta, probablemente saldrían unos 15 minutos; la «Yes Sonata» que hice, mezcla de varias piezas, dura unos 20.

Lo que más me irrita de «Topographic Oceans» es que hay interpretaciones fantásticas de todos. Steve hace de su mejor trabajo en guitarra, pero tienes que abrirte paso por tanto para llegar a ellas. Es un disco que lo amas o lo odias. Y lo que le digo a mucha gente es que yo no solo estaba en la banda, era fan de la banda en la que estaba, el equivalente a un futbolista jugando en el club que ama.

Por eso me siento con derecho a opinar. Me encantaría que todos dijeran «adelante, remezcla y reedita “Topographic Oceans”»: creo que terminarías con una joya de entre 36 y 40 minutos. Pero hay tantas probabilidades de eso como de que toda mi ropa se convierta en Tena Lady.

Mark Jeeves: Por si acaso ocurriera, Duncan tiene un título sugerido para ese disco.

Duncan: «Another Plop in the Ocean».

Rick Wakeman: No está nada mal.


ProgJazz es un colectivo unido por la amistad nacido en 2007, y que busca difundir música sobre la base del rock progresivo, el jazz, la música de vanguardia y todos sus géneros asociados.

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