Phideaux Xavier y «AutoMoto Animus», extensión y reinvención
A la fecha de escribir estas líneas, han pasado ocho largos años desde «Infernal» (2018), aquel doble disco con que Phideaux Xavier clausuró su celebrada trilogía de «Doomsday Afternoon». Ocho años de silencio discográfico en los que los fanáticos del sonido del norteamericano esperaron cualquier señal de vida de uno de los artistas más particulares que hemos tenido el placer de escuchar.
Porque Phideaux, nacido Scott Riggs en Nueva York, es un músico de pergaminos muy sui géneris. Multiinstrumentista, cantante y compositor, tiene como primer trabajo ser director de televisión, con múltiples premios Daytime Emmy por su labor en la afamada telenovela/serie estadounidense General Hospital.
Que un director de culebrones también haya parido algunas de las obras conceptuales más ambiciosas del prog moderno no es tan difícil de imaginar, dada la cualidad narrativa de nuestro género favorito.
Esta vez vuelve a la carga con «AutoMoto Animus», editado el 6 de julio de 2026 por Bandcamp y descrito por su propio autor como una fábula totalmente nueva, esto podría ser algo engañoso, ya que más bien es un regreso a los terrenos más psicodélicos y lóbregos que el norteamericano ya había habitado en sus primeros «Ghost Story» (2004), «Chupacabras» (2005) y «313» (2006); aquel rock progresivo psicodélico gótico oscuro y luminoso a la vez, que fue su principal carta de presentación, y la razón por la cual se volvió uno de los secretos a voces mejor guardados del progresivo actual.
El material promocional lo plantea en palabras del mismo Xavier como «Ni una ruptura radical ni un regreso a lo familiar, sino una extensión y una reinvención. Nunca sé bien dónde empieza un disco hasta que noto que ya ha ocurrido; los arreglos están más despojados, dejando que menos elementos hagan más, pero el extraño motor creativo de la música sigue muy encendido».
«AutoMoto Animus» fue producido por Paul Roessler y grabado con paciencia en los Kitten Robot Studios de Los Ángeles entre 2021 y 2025, con la mezcla final a cargo de Rich Mouser. Al núcleo de Phideaux se suman colaboradores de lujo, entre ellos el prolífico guitarrista Fernando Perdomo, además de los ya acostumbrados Joe Berardi y Charlie Paxson en batería y percusión, Ariel Farber en violín, viola y voz; Kaitlin Wolfberg en cuerdas; Vince Meghrouni en flauta, píccolo y saxofón, junto a Amanda Lynne en flauta y Angus Weir en trompeta.
En el terreno coral destacan Roger Howarth, Savannah Pope, Molly Ruttan y Naomi Adele Smith, mientras que Johnny Unicorn, Kira Roessler y Nathan York aportan el bajo, y Marcus Watkins y Dustin Boyer suman guitarras adicionales y sintetizadores.
El resultado son ocho cortes de arreglos más acotados que de costumbre, donde la economía de medios es la gran virtud y cada arreglo está cuidadosamente puesto en cada segundo. Así, cada Mellotron, cada órgano Hammond, cada sintetizador y cada solo de guitarra entra cuando debe.
Y es que, si algo confirma este trabajo, es que Phideaux es ante todo un maestro de la producción, un orquestador nato que sabe hacer que decenas de piezas móviles encajen en un todo cohesivo.
Ocho estampas de una fábula
Abre «Do What You Will», una pieza que los seguidores de sus series reconocerán por haber aparecido en un episodio de General Hospital en 2021, con el mismo Phideaux subido al escenario del club ficticio The Savoy. Aquí la pieza pasa de los dos minutos originales hasta casi los cinco minutos y funciona como perfecta declaración de intenciones, con un ritmo machacón ideal para llevar con el pie y preciosistas arreglos que caen como guirnaldas en nuestros oídos.
Le sigue «Hey Humanity», primer single del álbum y muestra cabal del cruce de los paisajes psicodélicos, estilizaciones góticas y la firma melódica inconfundible de su autor.
El tercer corte, «Driving to Destruction», recupera esos beats sincopados que fueron marca registrada de «Doomsday Afternoon» (2007) y «Number Seven» (2009), sostenido por una sección rítmica irresistible y preciosos arreglos de piano. Llega entonces «Stay With Me», una especie de balada romántica con ecos ochenteros, anclada en una melodía que pesa sobre los nervios de la angustia y el miedo al futuro, con Phideaux desplegando un delicado falsete.
«Charlie Knew» probablemente es uno de los clímax en un trabajo que viene hasta el momento con una enorme consistencia. Es una pieza juguetona (que recuerda un poco a ese Queen de los años 70′) y profundamente evocadora, cargada de orquestaciones fastuosas y coros descomunales, mientras deja su carga lírica totalmente abierta a la interpretación del oyente. ¿Qué rayos sabía Charlie?
Por su parte, «Siren in the Storm» exhibe un registro melancólico, coronado por un lamento vocal sobrecogedor de la cantante Savannah Pope, y que nos mete en la cabeza de forma exitosa aquella sirena sobre la roca batida por el temporal. Seguimos en territorios sombríos con la positivamente malévola «Enigmatic Terminus», la que conecta inmediatamente con esas rarezas juguetonas tan características de «313».
El cierre monumental lo pone «Legend of Mary Jo», la suite que acá funciona como épica de más de catorce minutos. Cuenta sobre una profecía, una heroína que desafía al destino para salvar a la humanidad, piano honky-tonk, trompetas, saxo y, cuando menos se lo espera uno, un asalto de guitarras filosas, cascadas de Mellotron y batería tectónica mediante. Un viaje de mareas y remansos, hermoso en su trayecto, aunque a oídos de este editor le queda la sensación de que aún nos queda debiendo una catarsis final grandiosa que no llega del todo, de aquellas que Phideaux sabe administrarnos muy bien.
Una fábula imperfecta, pero irresistible
«AutoMoto Animus» no es una obra maestra que prolonga la senda épica de «Infernal», y más de un fan acérrimo lo lamentará; pero quien tempere sus expectativas y lo escuche por lo que verdaderamente es, una suerte de psicodelia progresiva gótica como bien se autodescribe, se llevará una grata y persistente sorpresa a lo largo de sus consistentes 42:55 minutos.
Es un disco fresco y desenfadado que se disfruta a flor de piel de forma fácil, y que, escucha tras escucha, va revelando detalles escondidos que solo una cabeza de director podría arreglar con tanta naturalidad.
Si el disco en cuestión fue de tu agrado, te sugerimos adquirir el trabajo a través de su Bandcamp, ya que es más equitativa con las ganancias de los artistas que las típicas plataformas de streaming, o en su defecto, hacerte con la copia física en tu tienda de discos de confianza.






