Yes y «Aurora», ¿la guinda de la triada?

Antecedentes

En nuestra reseña de «Mirror to the Sky» (2023) destacábamos que Yes había comenzado a escapar de aquella sensación de baja energía y dinosaurismo que afectó especialmente a «Heaven & Earth» (2014) y a «The Quest» (2021).

En ese sentido, «Mirror» no era un nuevo «Close to the Edge» (nadie debería exigir algo semejante a estas alturas) pero al menos mostraba una banda más despierta y con ganas de más, con un Steve Howe más armónicamente presente y la batería de Jay Schellen aportando la vitalidad rítmica que el conjunto necesitaba, y que había perdido de forma progresiva conforme Alan White comenzaba a apagarse (QEPD).

«Aurora» continúa con aquellas buenas noticias, pues sigue por esa senda de recuperación, aunque con ciertas diferencias primordiales con su antecesor. Mientras «Mirror» recurría a varias composiciones extensas para reivindicar las credenciales progresivas del grupo, este actual lanzamiento prefiere canciones más acotadas, directas y melódicas. Solamente «Countermovement», con sus casi catorce minutos, adopta la forma de una gran épica de varias partes.

El resto intenta demostrar que cinco o seis minutos todavía pueden contener suficiente desarrollo, cambios y texturas para sonar inequívocamente a Yes, y de hecho, no son pocos los que han hecho paralelismos con los sonidos acotados pero igualmente grandiosos de «Going for the One» (1977).

Claro, una canción no se transforma automáticamente en progresiva por superar los diez minutos, del mismo modo que una banda no recupera su inspiración simplemente por desempolvar los sonidos de su época dorada. «Aurora» parece funcionar mejor cuando deja de esforzarse por recordar quién fue Yes y se concentra en averiguar qué puede ofrecer esta formación en particular.

Howe entendió esto, puesto que en las sesiones de grabación desechó todo el modus operandi que utilizaba en Yes hasta ese entonces, para dirigirse a una nueva y más fresca forma de potenciar el proceso creativo.

Así, «Aurora» comenzó principalmente a gestarse instrumentalmente, unido a un Jon Davison más activamente involucrado que nunca en la construcción de las canciones, muchas de las cuales nacieron de intercambios de ideas y grabaciones a distancia entre los miembros del grupo.

Pocos saben que entre Steve Howe y Jon Davison hay actualmente una gran conexión, tanto a nivel profesional como personal, ya que comparten los mismos intereses metafísicos y espirituales, algo que influye directamente en las letras del nuevo trabajo. Aquello además explica cómo este actual line up ha sido uno de los más duraderos en la historia de Yes.

En los arreglos, y hablando de una banda con más de medio siglo a sus espaldas, hay algunas cosas que indudablemente nos retrotraen a otras épocas; como el uso (medido, aunque a veces rozando lo kitsch) de arreglos orquestales de la Czech National Symphony Orchestra, conducida dentro del proyecto por el arreglista Paul K. Joyce.

El nombre «Aurora» no tiene nada que ver con el EP de Asia de 1986 (como se especuló en RRSS). Si bien no es un álbum conceptual en regla, existen temas recurrentes relacionados con la luz, la espiritualidad, la naturaleza y la conexión humana. El título surgió de la idea de una “aurora interior”, vinculada tanto al fenómeno natural como al crecimiento espiritual.

Steve adoptó inmediatamente el concepto y vio su potencial visual para el arte de portada realizado por Roger Dean, que por cierto, es realmente bello y atrapante.

El disco fue publicado el 12 de junio de 2026 y contiene ocho composiciones principales más dos canciones adicionales: «Jambustin’» y «Watching the River Roll», de Billy Sherwood.

Madrugada

El comienzo con la pieza homónima establece inmediatamente el carácter del trabajo; con un piano solitario abriendo el espacio antes de que la banda y la orquesta ampliando gradualmente el paisaje (aunque la entrada de ella quedó, digamos, un tanto empalagosa y mas propio de un filme de Disney). Steve Howe ha relacionado este recurso con «Awaken», aunque la comparación debe entenderse más como una referencia estética que como una equivalencia cualitativa.

La canción posee luminosidad, amplitud y ese sentido de elevación espiritual que Yes ha perseguido desde sus años clásicos, ahora expresado mediante una producción más contenida y contemplativa.

Esta es una buena carta de presentación del resto del álbum, sonando pulcro, pausado y consciente de sus posibilidades actuales; con un Howe que ya no necesita tocar como si debiera demostrar que sigue siendo uno de los mejores guitarristas del mundo. Sus intervenciones hace mucho tiempo son menos frenéticas, pero conservan ese fraseo reconocible, ubicado entre la guitarra docta, el country, el jazz y una especie de geometría eléctrica que solo él parece dominar, puesto que no escucharás algo remotamente parecido en ningún lado.

El single de «Turnaround Situation» aumenta levemente la energía mediante guitarras de nuevos efectos, arpegios acústicos, armonías vocales y una interpretación convincente de Jon Davison. El cantante continúa inevitablemente asociado al registro de Jon Anderson, pero así como en «Mirror», aquí vuelve a demostrar que su aporte ya no consiste únicamente en reproducir una voz histórica, sino que juega con sus propios altos y bajos, presentándose como una presencia amable y luminosa, adecuada para una música que privilegia la claridad y la esperanza por sobre el dramatismo.

Uno de los mejores momentos del trabajo es la inofensiva «Love Lies Dreaming». Yes siempre fue una banda compleja, pero sus mejores composiciones arriesgadas también poseían melodías capaces de permanecer en la memoria, y ese es el caso de «Love», la que con un buen gancho sostiene muy bien la música, unido a resultones staccatos sumamente digeribles para el oído.

Geoff Downes resulta fundamental en ese sentido, construyendo ambientes en base a sintetizadores que envuelven la melodía, fondos armónicos y pequeños detalles que hacen crecer las canciones sin saturarlas. Es una labor bastante menos espectacular que cualquiera de sus antecesores, pero relativamente adecuada para esta versión de Yes.

La pieza central es la ya mencionada «Countermovement». Sus 13:48 minutos entregan el gran lienzo progresivo del trabajo, destacando especialmente Billy Sherwood, cuyo bajo adquiere una presencia que no siempre resultaba perceptible en los discos anteriores, a pesar de su interés por recrear el sonido de Chris Squire letra por letra.

La pieza reúne las voces de Davison, Howe y Sherwood, alternando pasajes acústicos con secciones más densas, y demuestra que quizá el grupo aún puede construir una pieza extensa que sea suficientemente atractiva como para mantener nuestra atención durante todo el minutaje. No alcanza las alturas de las grandes catedrales sonoras históricas, pero cumple su función y se convierte en uno de los argumentos más firmes del disco.

«Ariadne» retoma el costado sinfónico y mitológico, desarrollándose con paciencia alrededor del trabajo de sintetizadores de Downes y una sección rítmica que crece progresivamente; aunque este editor aún tiene dudas de si aquel tratamiento sinfónico queda bien para una canción progresiva de 2026, más allá de algunas escalas bastante Bachianas de Steve y Geoff.

«All Hands on Deck», en cambio, es un acotado soft rocker que recuerda por momentos al Yes de «90125» y «Big Generator». Resulta interesante oír a Howe aproximarse a un territorio tradicionalmente vinculado con Trevor Rabin, aunque la canción termina antes de desarrollar completamente sus posibilidades, y probablemente con Trevor mediante, habría quedado mejor.

«Outside the Box» aporta uno de los momentos más rítmicos y juguetones, con una inclinación hacia el groove que evita que la segunda mitad del álbum quede atrapada en la pasividad (y unos coros que nos recuerdan al ochentero «Leave It«). Finalmente, «Emotional Intelligence» funciona como una conclusión delicada y melancólica, con un bellísimo solo de Howe que parece recuperar parte de esa mística trascendencia que aprendimos a amar de esta banda.

Entre los bonus tracks, «Jambustin’» resulta especialmente ligera, saltarina y convincente con su sección etérea (ojo a la cita de «Don’t Kill the Whale»), aunque nada para tirar cohetes. «Watching the River Roll», por su parte, es agradable, aunque su condición de material adicional parece bien justificada, ya que suena como un descarte de «Going for The One», pero de esos descartes bien argumentados.

«Esto no es Yes» (una frase que no aporta nada)

Esa mentada frase ya a estas alturas más parece un meme que poco resuelve y poco explica, sobre todo en un conjunto de músicos que llevan más de una década trabajando juntos. «Aurora» ciertamente tampoco será el disco que convenza a ese tipo de fanáticos que reproducen sin parar su vieja copia de «The Yes Album», o quienes consideran que la historia terminó con Anderson, Squire y White; pero limitar toda evaluación a la legitimidad de su nombre significa ignorar torpemente la música nueva que efectivamente tenemos delante.

Y la música, esta vez, si bien no es nada para destapar champañas, es buena música.

Es cierto, aún no tenemos un trabajo que alcance las cotas de «Fly From Here» (en su versión original de 2011 con Benoît David, ojo), ni tampoco posee esa ambición desenfrenada de las obras fundamentales del grupo. Sin embargo, es más inmediato y tiene muchísima más vida que «The Quest», y parece consolidar las virtudes que «Mirror to the Sky» apenas comenzaba a recuperar por aquí y por allá. Efectivamente, es un progreso.

A cambio, obtenemos melodías cuidadosamente arregladas, arreglos interesantes (sacando a la orquesta, ya me decidí), una mejor presencia del bajo y, sobre todo, músicos que parecen nuevamente interesados en producir algo que nos motive a seguir soñando con una banda que nuevamente se arriesgue a ir un poco más allá.


ProgJazz es un colectivo unido por la amistad nacido en 2007, y que busca difundir música sobre la base del rock progresivo, el jazz, la música de vanguardia y todos sus géneros asociados.

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