«Pampered Menial» de Pavlov’s Dog, una víctima del destino

El pasado 13 de octubre de 2026, las RRSS de Pavlov’s Dog anunciaron la muerte inesperada de David Surkamp, su cantante, principal compositor y último fundador que aún sostenía el nombre de la banda. Tenía 73 años.

Lo cierto es que la vida de David ya venía muy golpeada, puesto que el 25 de noviembre de 2025 había muerto su esposa Sara, compañera de toda la vida, que a la vez fue voz armónica, guitarrista y mánager del grupo.

Poco antes, la banda había editado «Wonderlust» (2025), donde Sara alcanzó a cantar, y ya había fechas agendadas para 2027, hasta que el destino se encargaría de arrebatarles la vida a ambos con distancia de menos de un año.

Surkamp, nacido un 23 de mayo de 1952, siempre tuvo inclinaciones musicales, pero un entorno que poco potenciaba ese tipo de arte. Durante su infancia y gran parte de su juventud en su natal St. Louis, Missouri, tuvo acceso a pocas formas musicales fuera de los blancos americanos que tocaban country blues para públicos de corte sureño.

El asma severa de Surkamp lo había enviado con apenas cinco años a un internado de monjas cerca de Tucson, donde devoró los cuentos de Grimm y las leyendas artúricas. Además de ello, su abuela era fanática de Shakespeare y, luego de escuchar el debut de King Crimson y Fairport Convention, decidió que quería iniciar su propia aventura musical.

Su vida cambiaría en 1971 con la formación de High on a Small Hill, el grupo que Surkamp ayudó a establecer a los 19 años junto al bajista Rick Stockton. Con la llegada del violinista Siegfried Carver y del baterista Mike Safron, se rebautizó como Pavlov’s Dog, referencia obvia a los perros del científico Iván Pávlov y sus famosos estudios en reflejo condicionado.

Completaban el septeto David Hamilton en teclados, Doug Rayburn en mellotron y flauta, y Steve Scorfina, guitarrista ex REO Speedwagon.

En 1973, la banda grabó unas maquetas en un estudio rodeado de maizales en Pekin, Illinois. Cuando una radio local empezó a programar una pieza temprana llamada «Subway Sue», los sellos llamaron, y ABC ofreció unos 650.000 dólares para hacerles una carrera, cifra bastante inédita para un debutante.

Las sesiones fueron en diciembre de 1974, con la banda en un hotel de mala muerte y Surkamp viviendo prácticamente dentro de su chaqueta de motociclista. Esas sesiones fueron archivadas y vieron la luz en 2014 como «The Pekin Tapes», donde Surkamp mandó a regrabar todo en Nueva York con Sandy Pearlman y Murray Krugman, productores de Blue Öyster Cult.

Volvamos a 1974. De esta forma, se aglutinaba una alquimia musical difícil de clasificar, transitando entre el folk, el rock, el prog y pasajes cargados al Mellotron y teclados. A ello se añade la particular voz de David, quien entrega un sentido de dramatismo poco convencional, lo que es aumentado por un estilo de mucho vibrato, sonidos nasales y su agudo color de voz. Algo así como una especie de Geddy Lee mezclado con Edith Piaf.

Pero no todo es la voz, puesto que no podemos obviar los arreglos instrumentales, que resultan definitivamente un punto fuerte aquí: dos guitarristas, teclado, el mencionado Mellotron, flauta, batería y violín son algunos de los instrumentos que resaltan permanentemente, enriqueciendo el sonido del grupo y otorgando pasajes delicados y pomposos de alta calidad.

Justo cuando salía el disco, el sello ABC cayó en una reestructuración, y CBS compró el contrato. Así, «Pampered Menial» llegó a las tiendas dos veces en apenas dos meses, con sellos distintos y portadas casi idénticas.

Si bien hoy se establece que la fecha real de salida del trabajo fue el 4 de abril de 1975, esos cambios de mano hicieron que la campaña de difusión de una nueva banda con un debut se diluyera y el público se confundiera.

Gracias a estas malas jugadas de marketing, el álbum no pasó del puesto 181 del Billboard. Eso sí, obtendría una inusitada popularidad en Australia, donde treparía hasta el puesto 23, y también obtendría mucha atención desde el Reino Unido.

La portada reproduce un grabado de «Low Life» (1829), de Sir Edwin Landseer, pintor de animales predilecto de la reina Victoria, donde observamos un terrier sentado al estilo Cheems, pero lleno de cicatrices que custodia la puerta de una carnicería. En la contraportada aparecía su pareja pictográfica, «High Life», con un aristocrático lebrel en el estudio de un Sir.

Así, era una contundente alegoría de los plebeyos versus la nobleza, y un título que podría traducirse como sirviente consentido.

El sirviente mimado

El disco abre con un verdadero ícono de la agrupación: «Julia» con su intro de pianoforte bellísimo, siendo una balada que Surkamp compuso en casa de sus padres tras el divorcio de estos, y que plantea desde los primeros segundos esos aspectos melódicos que hacen que esta banda tenga una curva de adopción más empinada de lo normal, con esa voz aguda de vibrato trémulo flotando sobre piano, Mellotron y violín, bien en nuestra cara.

Ya nos podemos percatar de que desde los primeros segundos del LP, la música es divisiva; o se la ama o se la detesta. Nosotros, sin dudarlo, la amamos.

Llegamos a la melancolía gélida de «Late November», primera colaboración entre Surkamp y Scorfina siendo otra de esas piezas inolvidables de la agrupación. «Song Dance», de Safron, armada según Surkamp sobre las teclas negras del piano, es la favorita de los fans, una danza de riffs y ganchos guitarreros que aún suena sumamente vital y que se convirtió en una favorita de los shows en vivo.

«Fast Gun», con su título de western tiene un leitmotiv ascendente bastante particular, sin perder el mood nostáligico del mellotron, mientras la pseudo AOR «Natchez Trace», bautizada como el viejo camino entre Natchez y Nashville, cierra la cara A mostrándonos cómo los instrumentistas de la banda no tienen mucho que envidiar a la movida europea del progresivo de la época.

La cara B arranca con «Theme from Subway Sue», la que les abrió las puertas de la industria, donde guitarras estruendosas ceden el paso al piano y a un estribillo de himno. Ahí Surkamp se permite unos estremecedores juegos agudos pasados los 3:20 que realmente erizan la piel.

La preciosa «Episode», escrita cuando Surkamp rondaba los 18 años, se abre con el violín de Carver y es quizás el momento más delicado del disco, entre el folk de Fairport y la grandilocuencia sinfónica de los primeros Crimson, sus dos grandes influencias. «Preludin», por otro lado, única composición de Carver, es un vertiginoso instrumental un poco Jethro Tulliano de minuto y medio que en las cintas de Pekin había sido una suite de ocho minutos.

El cierre es para «Of Once and Future Kings», que con su eco del rey Arturo es la pieza más ambiciosa del conjunto, con un extraño cambio de tempo que la banda metió, según Surkamp, simplemente porque le encantaba tocar en métricas complicadas. ¡Atención al piano en llamas de Hamilton!

Una víctima del destino

Como te comentamos anteriormente, «Pampered Menial» pasó bastante desapercibido en Estados Unidos, pero tanto en Australia como en las islas británicas fue recibido con entusiasmo. En junio de 1975, el famoso magazine NME celebraba que una banda desconocida irrumpiera con un debut tan intenso, y no es arriesgado decir que fue desde UK donde el perro de Pavlov saltó la cerca hacia el resto del mundo.

Lo que siguió fue una racha de mala fortuna de algo que debió ser muchísimo más grande. Su sucesor, «At the Sound of the Bell» (1976), con Bill Bruford en batería y Andy Mackay de Roxy Music, también fue víctima de un pésimo manejo de marketing; solo basta comparar la promoción de Kansas por esa misma época.

Durante la grabación del tercer disco, David Surkamp estaba harto de las tensiones internas. Según contó posteriormente, la convivencia entre los músicos se había vuelto insoportable. Así acabó marchándose y el grupo se desintegró. Finalmente, Columbia se negó a editarlo por las bajas ventas de los dos LP anteriores.

Sería Europa, sobre todo Alemania y los Países Bajos, la que le daría a la banda una segunda vida, aunque de ahora en adelante, solo como agrupación de ultranicho.

De aquella formación de 1975, Carver, Rayburn, Stockton y Hamilton ya se han marchado a otra existencia. Ahora se apaga la voz, ese instrumento imposible que dividió a la crítica y conquistó a sus fieles.

«Pampered Menial» sigue siendo una especie de disco contracultural de su tierra, pero bañado en Mellotron, violín y una intensidad emocional que pocos discos de la época igualan. Una joya de culto que merece salir del nicho, y quizás no haya mejor momento para descubrirla.


ProgJazz es un colectivo unido por la amistad nacido en 2007, y que busca difundir música sobre la base del rock progresivo, el jazz, la música de vanguardia y todos sus géneros asociados.

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