Jacula y el malévolo «Tardo Pede in Magiam Versus»
Si en 1972 había un país donde el demonio parecía pasearse a sus anchas, ese era Italia.
Desde la bomba de Piazza Fontana, en diciembre de 1969, Milán era el epicentro de los años convulsos del país de la bota, denominados anni di piombo. La agitación social, política e incluso el terrorismo parecían ser el pan de cada día.
Para muestra, un par de botones: En marzo de 1972, el editor y político Giangiacomo Feltrinelli apareció muerto a los pies de una torre de alta tensión en Segrate, y en mayo, el comisario de polizia Luigi Calabresi fue asesinado frente a su casa.
Como suele ocurrir cuando la realidad de una sociedad se vuelve demasiado chocante, se comenzó a buscar refugio en lo irracional.
En 1971, cerca de 15 millones de italianos siguieron Il segno del comando, una serie de la famosa televisión italiana RAI plagada de sesiones espiritistas y sectas esotéricas. El año siguiente, Lucio Fulci estrenaba el filme Non si sevizia un paperino (conocida en hispanoamérica como El extraño secreto del bosque de las sombras), con su bruja clavando alfileres en muñecos de arcilla.
Todo mientras que en los quioscos se vendían como pan caliente los fumetti neri o cómics de adultos con temáticas bizarras como el terror erótico, protagonizados por vampiresas como la sexy Jacula.
De aquella protagonista tomó su nombre uno de los proyectos más misteriosos, herméticos y deliberadamente mitificados de todo el rock progresivo italiano.
Detrás estaba el multiinstrumentista Antonio Bartoccetti, nacido en Macerata en 1946 y llegado a Milán con una obsesión precoz por el esoterismo. Tras los efímeros proyectos de Dietro Noi Deserto e Invisible Force (cuyo único single de 1971, ya incluía «U.F.D.E.M.»), dio forma a Jacula junto al organista Charles Tiring y al médium (sí, médium) Franz Parthenzy.
Bartoccetti siempre sostuvo que el grupo debutó en 1969 con el mítico «In Cauda Semper Stat Venenum» (el veneno siempre está en la cola), grabado en Londres para el misterioso sello Gnome y supuestamente repartido en apenas 300 copias entre sectas religiosas. Hasta el momento, jamás ha salido una copia original de aquellas a la luz, y lo cierto es que aquello ya da para arquear una ceja y dudar de que aquella historia sea cierta.
Por cierto, el título del disco de Opeth «In Cauda Venenum» (2019) es prácticamente igual al de Jacula. Si bien Mikael Åkerfeldt apunta que encontró esa expresión navegando por Internet, bien podría ser una referencia a la banda italiana.
Y es que no nos extrañaría, porque pocos discos han estado rodeados de tanto misticismo y extrañas contradicciones como aquel debut que hasta el día de hoy no ha podido ser verificado al 100%. Solo por citar algunas fuentes que desacreditan a Bartoccetti, el escritor Valerio Mattioli notó que las letras reproducen palabra por palabra pasajes de «Pawn Hearts» de Van der Graaf Generator, un disco publicado dos años después de la fecha oficial.
Así, un disco con más humo que la chimenea de la capilla sixtina es caldo de cultivo para mitos, algo que Bartoccetti ha sabido sacar partido.
Lo verificado es que «In Cauda» recién apareció a todos los oyentes en 2001 de la mano del sello Black Widow, en una supuesta reedición que el propio Bartoccetti reconoce haber retocado con Pro Tools, guitarras eléctricas y samplers.
En su biografía autorizada, y de forma bastante pícara, deja abierta la pregunta de si fue él o Tony Iommi quien tocó primero el heavy metal real en su guitarra. Así se fabricó todo ese mito sobre Jacula como padres secretos del metal, con videos de YouTube incluidos donde en 1969 supuestamente ya manejaban una pesadez simplemente incomparable con cualquier otra banda de la tierra.
Si nos preguntan a nosotros, probablemente existieron maquetas y demos antiguos que fueron retrabajados para lo que conocemos hoy como «In Cauda», pero el único Jacula verificable de los setenta, y el que hoy nos convoca, apenas tiene guitarras.
Así, el segundo (¿o primer?) disco del proyecto se gestó en 1971 en el Castello Vitalini, la Rocca d’Ajello de Camerino, donde los viernes por la noche Parthenzy caía en trance evocando espíritus de suicidas y entonaba melodías que luego se convertían en canciones.
El tecladista Tirling también tiene su propia leyenda tenebrosa, ya que se habla de un excéntrico organista británico de 68 años, casado con una muchacha de 18, que desaparecería misteriosamente en 1979.
Y la voz femenina no podía ser menos, siendo acreditada en el LP con el alias de Fiamma Dallo Spirito (llama del espíritu). Durante décadas se pensó que la cantante había sido Doris Norton, futura esposa de Bartoccetti, pero recortes de prensa de la época y los créditos de las reediciones la identifican como la cantante Vittoria Lo Turco, fallecida recientemente en 2024.
Pero no todo sería invocar al cola de flecha, puesto que en busca de un órgano de tubos, Jacula llegó al Angelicum de Milán, el centro cultural de los frailes franciscanos anexo al convento de Sant’Angelo, con estudio de grabación desde 1948 y un imponente órgano tamburini instalado en 1960.
Allí, en un ambiente totalmente católico, se grabaría prácticamente todo el LP.
El resultado, editado en una fecha indeterminada de 1972 bajo el nombre de «Tardo Pede in Magiam Versus» (Con paso lento hacia la magia) por el pequeño sello The Rogers, tiene mucho más de avant prog que de prog rock, puesto que no hay batería; la guitarra y el bajo de Bartoccetti son meros ornamentos, y el órgano de Tiring, secundado por clavecín y Moog, lo inunda todo, mientras Vittoria aporta voz, violín y flauta.
El arte de portada del ilustrador británico Martin Travers nos muestra una monja encapuchada de rojo que se alimenta de huesos humanos en un cementerio. Acá sí que no hay humo, porque es con justicia uno de los íconos del horror italiano de los 70′, ahí de tú a tú con otras bandas como Goblin.
Una misa para el hombre fracasado
Ya desde los primeros segundos de «U.F.D.E.M.», acrónimo de Uomo Fallito Dell’Era Moderna (hombre fracasado de la era moderna), parece que estuviéramos escuchando un disco prohibido o una suerte de invocación malévola. Y es que el órgano despliega una majestad sombría bajo una voz femenina hipnótica, pero sumamente apropiada para el tipo de música.
Su letra, una condena al hombre que adora el dinero y reniega del misterio, incomodó tanto que la RAI se negó a emitirla en su programa de música. Reaparecería como «Morte al Potere» en el disco «Zora» (1977) del próximo proyecto de Bartoccetti, Antonius Rex.
Y por si no nos quedara claro que estamos lidiando con cosas jodidas, aparece secundando «Praesentia Domini», que con sus casi once minutos parte como un himno litúrgico para transformarse en una suerte de sesión espiritista musicalizada, con una letanía en latín que advierte al hombre materialista que Dios y los muertos lo ven y lo escuchan, entre efectos de sintetizadores cada vez más perturbadores. ¡Esto sí da miedo!
La cara B abre con la engañosamente amable «Jacula Valzer», guitarra acústica, piano y flauta mediante, que tejen un vals bucólico mientras una voz sin palabras flota a lo lejos, hasta que las disonancias del fondo devoran la melodía.
Es imposible no pensar en Ennio Morricone y en esa costumbre del cine italiano de poner música celestial bajo sus escenas más atroces.
El título de «Long Black Magic Night» no deja mucho lugar a dudas, arrancando con un lamento de flauta y clavecín al que se suma un violín que suena a llanto. Vittoria recita en un inglés bastante extraño y cierra anunciando dos veces que la larga noche de magia negra ha comenzado; la primera como si nos estuviera sermoneando, la segunda con una excitación que eriza la piel. ¡No digan que no les advertimos!
Cierra «In Old Castle», casi diez minutos de órgano de tubos en solitario que suenan a Bach mezclado con la serie Cuentos de la cripta, rematados por una frase susurrada por Bartoccetti. La reedición de Black Widow de 2007, que es la que te dejaremos abajo, intercala además «Absolution», un coral de sabor gregoriano que Bartoccetti ubica en las sesiones originales y que otras fuentes fechan en 1981.
Mitos, otra vez.
Una larga noche que nunca terminó
Por supuesto, la tirada original del LP fue un sonado fracaso en ventas, ya que la mayoría de las fuentes apuntan a que se produjeron solo 112 copias, aunque otras fuentes hablan de 1000, con unas 300 vendidas. No se fabricaron más, simplemente porque no había demanda.
El único show de presentación del LP, en el Teatro Arte de Milán, convocó a 45 espectadores a quienes tuvieron que pagar una pequeña suma de dinero para que se quedaran allí.
Si bien Jacula nunca buscó el éxito comercial, en 1974 Bartoccetti se dio cuenta de que ya no iban para ningún lado, por lo que refundó el proyecto como Antonius Rex, ahora con su esposa Doris Norton a su lado, y no volvería a usar el nombre de la vampiresa hasta «Pre Viam» (2011).
Como tantos de esos discos perdidos del rock progresivo italiano, tuvo un revival a principios de los años 90′, esta vez de la mano de Mellow Records. En 2007, Black Widow lo reeditó, alzándolo como un disco oscurísimo para los fans más hambrientos de las bandas de nicho.
Décadas después y más allá del humo de su supuesto debut, es indudable que el Jacula de «Tardo Pede in Magiam Versus» presentó interesantísimos antecedentes de Goblin, Devil Doll o incluso el metal más oscuro que vendría después; pero sigue siendo un disco que se ama o se odia. Una suerte de misa negra que cae mal al estómago y al espíritu.
Este Halloween, les recomendamos dar ese paso. Con las luces apagadas, claro, a ver si esto es de sus tallas.
Puedes adquirir la edición original de este trabajo en Bandcamp; abajo en Spotify tienes la versión remasterizada.








