Igor Saavedra: «La espectacularidad está reemplazando a la emoción»
En el mundo del bajo eléctrico, la mayoría de los nombres que se nos vienen a la mente como referentes de ir mas allá en el rol tradicional del instrumento suelen provenir del hemisferio norte. La realidad es que Latinoamérica no se queda corto de exponentes, y uno de ellos definitivamente es el chileno Igor Saavedra.
Lejos del circuito mainstream, Saavedra ha construido una carrera sólida a nivel internacional como bajista, compositor e investigador del instrumento, siendo reconocido como pionero por su trabajo con bajos de rango extendido (8 cuerdas). Su trayectoria lo ha llevado a escenarios, clínicas y eventos de primer nivel, además de colaborar y compartir espacio con destacados músicos de la escena del jazz fusión mundial.
Pero reducir su trabajo a lo técnico sería quedarse corto, puesto que su enfoque cruza la música con la filosofía, la disciplina física y una búsqueda constante de identidad artística, alejándose de fórmulas, pensamientos y lugares comunes.
En una enriquecedora conversación con ProgJazz, abordamos su trayectoria, su visión del instrumento, el rol del bajista hoy y los desafíos de la música en tiempos de inteligencia artificial.
Damos muchas gracias a Igor por tomarse el tiempo de responder nuestras respuestas con tanta profundidad, y te animamos a que investigues mas de su quehacer musical en su página web personal.
La entrevista con Igor Saavedra
PJ: ¡Hola Igor!, eres reconocido como pionero del bajo de 8 cuerdas e incluso te han llamado “embajador del bajo sudamericano” en la escena internacional. Siendo el primer bajista sudamericano en participar en eventos como el Bass Player Live de EE.UU, entre otros prestigiosos eventos, ¿qué ha significado para ti abrir ese camino desde Chile hacia el mundo? ¿Cómo ha influido tu identidad latinoamericana en tu música y en la forma en que abordas el bajo?
IS: Aunque abrir caminos no fue mi intención original, pienso que eso fue probablemente la consecuencia natural de un trabajo bien hecho en pos de mis objetivos personales, lo que llevó a los Bass Player Live, Berklee, Tours, publicaciones internacionales, sponsors y tantas cosas más que ya pasaron a formar parte de los más bellos recuerdos de mi vida, así que me alegra saber que esas puertas que he podido ir abriendo hayan servido de motivación o de referencia para algunas personas, ya que lo que veo mayormente, no sólo conmigo sino que en general con quienes han hecho algo en el campo del arte, es un constante escepticismo en vida, seguido de un magro olvido tras la partida.
Mi identidad latinoamericana también ha sido una acompañante no buscada, de la cual por cierto no reniego, sino que convivo en armonía con ella. Es simplemente mi circunstancia, un estado constante que no necesita sumirse en el estereotipo del hombre latino y de lo que se entiende generalmente por música latina…, eso no es lo mío. Mi real identidad aflora mucho más en el fondo de mis composiciones e interpretaciones, que en las tan manidas «formas latinas» usualmente asociadas a ella.
PJ: ¿Qué te llevó a explorar un bajo de rango extendido de 8 cuerdas? Mucha gente asume que tener más cuerdas es solo para tocar en registros más agudos, pero en tu caso mantienes un fuerte enfoque en el groove y la función rítmica tradicional del bajo. ¿Cómo ha ampliado el bajo de 8 cuerdas tu paleta sonora y cómo equilibras tu virtuosismo con el papel de soporte que el bajo cumple en un ensamble?
IS: La principal razón por la que un buen día me convencí de lanzarme al viaje de diseñar y mandar a construir el primer Bajo de 8 cuerdas en 1999, hecho reconocido por quienes estudian y narran la historia del Bajo eléctrico en el mundo, vino de la necesidad de compensar mis limitaciones de una manera creativa y lo más inteligente posible.
Fue así como en un determinado momento debí asumir que mis manos eran demasiado pequeñas como para tocar un Bajo standard sin que eso me limitara de alguna forma, algo en lo que nunca había reparado con claridad.
Así que luego de asumir mi realidad, me lancé a hacer una serie de cálculos y análisis del instrumento, de mi antropometría y de mi situación general que me llevó a concluir que en la medida que tuviese más cuerdas organizadas verticalmente (15,5 mm entre cuerdas en el puente), la técnica personal de mano derecha que venía desarrollando hace 9 años se vería enormemente favorecida…, y en mucho mayor medida mi mano izquierda (mis bajos son de 33″ de escala y ahora están por entregarme el último que será de 32″), ya que tendría una menor necesidad de realizar hiperextensiones al ahora encontrase mucho más cerca en las cuerdas aledañas las mismas notas que antes estaban alejadas horizontalmente.
Es por esas mismas razones que fui el primer bajista de 6 cuerdas en Chile en 1990 (junto a Pepe Ureta)…, así que el Bajo de 8 cuerdas fue casi una consecuencia lógica de un la busqueda que ya tenía una inercia.
Ahora, ¿por que no 7 ó 9 cuerdas?, ahí ya entró un poco a tallar por una parte el criterio de carrera y de marketing, ya que mis averiguaciones me llevaron a encontrar que ya existía el Bajo de 7 cuerdas y también el Bajo de 9 cuerdas, pero no el de 8 cuerdas, por lo que ahí había un espacio y una ventana de oportunidad para mi carrera que obviamente no podía dejar pasar…, pero por otra parte lo que más pesó en ese sentido en mi decisión fue el hecho de que, manteniendo la afinación por cuartas justas, si le agregaba una cuerda más aguda al Bajo de 6 cuerdas (F3) esa era la última cuerda más delgada que se podía entorchar, con lo cual a pesar de ser una cuerda más aguda seguía conservando ese timbre «maderoso», grave y dulce que ofrecen las cuerdas entorchadas en un Bajo…, y por otra parte, la cuerda más grave (F#0 = 23,126Hz) era la última cuerda a la que el oído humano le podía escuchar el armónico fundamental si se mantiene la afinación normal por cuartas justas descendentes…, así que por todo lo anteriormente expuesto, sinceramente considero que el Bajo de 8 cuerdas es el Bajo perfecto.
Respecto de la última pregunta, hace ya más de 20 años que me dedico única y exclusivamente a dar conciertos de Bajo Solista, para lo cual el Bajo de 8 cuerdas es todo lo que puedo pedirle a la vida, pero cuando esporádicamente tengo que tocar en un gig como bajista funcional el mandato es simple…, precisión rítmica, un sonido con peso, sólo las notas justas y necesarias y a disfrutar se ha dicho… Empecé como todos los bajistas tocando en infinidad de bandas, así que todo eso ya está grabado en mi ADN bajístico y musical.
PJ: Tienes una técnica propia de mano derecha llamada Síntesis Vectorial. Para quienes no la conocen, ¿en qué consiste esta técnica y qué ventajas aporta a tu forma de tocar?
IR: El VST es una de las «creaciones» que más satisfacción me han dado en toda mi carrera, y también surgió, como toda invención, de una necesidad a raíz de una limitación personal.
En 1990, con 23 años, recién casado y tocando en De Kiruza, estaba practicando «El Vuelo del Abejorro» de manera frenética, ya que lo quería grabar completo con «dedos» y a la velocidad original (ojalá en 1992 o 1993) pues no había sido grabado aún por ningún bajista en el mundo y sólo existía una versión adaptada de una pequeña parte de la pieza tocada con uñeta por el Bajista de Manowar.
En esa época yo tocaba con la técnica convencional de mano derecha que utilizan todos los bajistas y con esa me las estaba arreglando como podía y ya estaba acercándome a tocarla a 160bpm, pero con un enorme esfuerzo y un fenomenal gasto de energía debo decir. El desastre vino cuando se me pasó la mano con la práctica y con el esfuerzo y me dio una tendinítis muy fea. Como estudié Educación Física, de inmediato me di cuenta de la seriedad del problema, y aunque sabía que se me iba a pasar si me cuidaba, también me quedó claro que si quería acceder a ese tipo de desafíos musicales, la técnica convencional de Bajo eléctrico simplemente no daba para eso por razones muy precisas y objetivas y además me podía volver a lesionar.
De hecho es muy riesgoso para cualquiera, ya que pasarse del límite físico es muy fácil y con 40 años de docencia en el instrumento puedo asegurar que la cantidad de lesionados por intentar tocar cosas más difíciles con la técnica Old School de mano derecha es enorme y casi me he transformado en una suerte de experto en «resucitar muertos», lo cual debo agregar, ha sido algo enormemente satisfactorio y gratificante en mi carrera profesional.
Mi técnica en sí misma, para hacer la explicación lo más breve que se pueda, tiene como principio rector el máximo ahorro posible de movimientos (vectores) con el máximo output de notas posible…, en síntesis, desde 1990 en adelante me dediqué a desarrollar la técnica de mano derecha más eficiente posible, y ciertamente lo logré, ya que mas allá de los gustos y de cualquier plano subjetivo que se pueda esgrimir, puedo asegurar que el VST es definitivamente la técnica de mano derecha para Bajo eléctrico más eficiente que existe.
Un dato entretenido es que pocos años después en 1997, cuando vivía en California, llegó el momento de una prueba extrema del VST para además matar el chuncho respecto de lo que me había pasado, por lo que finalmente grabé en USA con mi Bajo de 6 cuerdas la versión completa y original de «El Vuelo del Abejorro», con dedos y a la velocidad original (168bpm), siendo el primer bajista en grabarlo.
Pude haberlo tocado mejor, pero sólo llevaba 7 años desarrollando el VST, que es una técnica muy compleja de asimilar y más aún cuando aun está en pleno desarrollo y evolución…, de hecho aún sigue evolucionando, pero esa prueba me reafirmó en el hecho de que iba por el camino correcto, y aquí estamos ahora.
PJ: Has trabajado con músicos de géneros muy diversos, desde leyendas como Chuck Rainey, o gente relacionada a Chick Corea o a John McLaughlin (Bob Sheppard, Danny Gottlieb) hasta figuras del rock/metal como David Ellefson. ¿Qué experiencias o lecciones atesoras de colaborar con artistas tan distintos? ¿Cómo adaptas tu enfoque como bajista cuando tocas junto a virtuosos del jazz fusión frente a cuando colaboras con iconos de otros estilos como el rock o la música latina?
IS: En ese sentido pienso que la clave es el manejo de los distintos dialectos de la música, y digo dialectos porque para mí el arte es el lenguaje, la música el idioma y los estilos son los dialectos. Cada dialecto tiene sus inflexiones, sus fonemas, sus particularidades, por lo cual aunque uno hable el idioma de la música en un contexto «dialectizado» y se pueda hacer entender, los primeros en notar la ausencia del dialecto van a ser los integrantes de esa tribu en particular, así que si uno aprende a hablar con el «acento» correspondiente, la integración y la aceptación van a ser más efectivas, es por esto que en razón de ese requerimiento profesional me he pasado años estudiando los dialectos más necesarios y relevantes.
El problema con esto es que en lo personal siempre tuve claro que no quería ser músico de sesión, soy demasiado rebelde y profundamente individualista (en el sentido profundo y veraz de la expresión), como para dedicarme a tocar lo que ya fue hecho por otras personas, así que estudié los distintos dialectos principalmente con el fin de llegar a un blend personal, a la obtención de un dialecto propio, y el hecho de que aquello me haya permitido tocar con varios de los más grandes exponentes mundiales de diversos estilos musicales sólo ha sido un más que bienvenido efecto de un objetivo no buscado, lo que me ha permitido aprender más de cada uno de esos dialectos en la forma más directa y efectiva de todas, que es a través del ejercicio de trabajar y compartir distintos escenarios con sus grandes exponentes.
PJ: Podrías compartir algunos de tus discos de jazz favoritos que más te han influenciado como bajista? ¿Qué tienen esos álbumes o esos artistas que resuena contigo y ha dejado huella en tu estilo o en tu forma de entender la música?
IS: Como no soy un jazzista «per se», mi lista de cabecera no gira en torno a Parker, Coltrane y ese tipo de figuras, sino que más bien a estilos que mezclan el Jazz con otros géneros musicales, así que esa lista estaría conformada por álbumes de bandas como Weather Report, Tribal Tech, Chick Corea Elektric Band, Allan Holdsworth, John Scofield, Yellow Jackets y ese tipo de agrupaciones.
La razón por la que este tipo de músicos y de estilos son de mi gusto, es la mezcla de elementos que coinciden con mis intereses, de hecho es muy difícil que un estilo puro me llene el gusto porque es improbable que en ese estado puro contenga todo lo que a mí me gusta, pero cuando se experimenta mezclando distintos estilos siempre habrá por ahí algo que termina por llenarme el gusto casi por completo. Por ejemplo el Jazz tradicional o el Be Bop me encantan, pero de inmediato echo de menos un buen teclado y sus sonidos, una guitarra eléctrica o una marcación un poco más evidente de los tiempos fuertes.
PJ: Si bien gran parte de tu carrera se mueve en el ámbito del jazz fusión, muchos fans del prog se preguntan si el rock progresivo ha influido en tu trayectoria. ¿Disfrutas del prog rock o encuentras inspiración en bandas progresivas clásicas o modernas? ¿Cómo ves la conexión entre la experimentación del jazz fusión y la del rock progresivo, y ha habido elementos de prog que hayas incorporado a tu enfoque en el bajo?
IS: Con total sinceridad debo decir que el Rock Progresivo no ha sido uno de los estilos que más he investigado y por ende desarrollado, por lo que tengo mucho espacio para aprender ahí. Pienso que esto probablemente se debe a que el formato que advierto en este dialecto musical se nutre en gran medida de extensas frases a unísono, es decir de un amplio predominio de estructuras previamente compuestas, que en muchos casos llega a incluir a los solos.
En ningún caso estoy diciendo que eso esté mal o bien, sólo estoy diciendo que ese formato difiere de aquello que me acomoda más, que es el predominio de espacios de libre exposición y creación en tiempo real dentro de la estructura de una pieza musical…, es por la misma razón que no me he dedicado a cultivar de plano la musica docta, a pesar de que toco algunas piezas por ahí por allá.
PJ: ¿Tienes favoritos exponentes del bajo en latinoamérica, o en el mundo?
IS: Mis mayores influencias bajísticas han sido siempre Jimmy Johnson, Gary Willis, John Patitucci, Gary Grainger, Marcus Miller, Alain Caron, Jeff Berlin, Kai Eckhardt, etc., En cuanto a bajistas latinoamericanos, los que más me han llamado la atención a través de los años han sido Guille Vadalá, Marcelo Pérez Schneider, Thiago Espírito Santo, Pipoquinha, Filipe Moreno y Abraham Laboriel.
Actualmente los bajistas mas jóvenes que realmente me llamen la atención no son muchos, ya que pienso que el plano artístico propiamente tal se extravió por completo en aras de la espectacularidad vacía en la que se advierte claramente la necesidad de sorprender más que la de emocionar.
Sin embargo, debo destacar definitivamente a Hadrien Feraud, ya que es de los pocos bajistas, relativamente más jóvenes, que claramente se expresan primero artística y musicalmente antes que bajísticamente, además de hacerlo con una técnica exquisita.
PJ: Eres conocido tanto por tus shows de Bajo Solista, donde exploras al máximo las capacidades del instrumento, como por tu trabajo como bajista en ensambles. ¿Cómo difiere tu mentalidad o enfoque cuando estás solo en el escenario con tu bajo de 8 cuerdas, en comparación a cuando tocas como parte de una banda o grupo? ¿Te sientes más libre o desafiante al estar solo, o disfrutas más del diálogo e interacción musical que surge al tocar con otros músicos?
IS: Es una excelente pregunta ya que me brinda la oportunidad de explicar las diferencias sustanciales que existen entre dos mundos de la interpretación musical, que además de ser muy distintos en la forma, lo son también en el fondo.
Tocar con una banda es algo maravilloso, siempre lo ha sido, la comunicación que se establece en el escenario entre los músicos es un evento extraordinario en el que todos los integrantes están enfocados en un mismo objetivo, la música, y más en específico en sacar adelante el tema que se está tocando, que es la sustancia que en ese momento los aglutina.
El hecho de que cuando toco con una banda lo haga con mi Bajo de 8 cuerdas no afecta en lo más mínimo el discurso musical, y tampoco lo haría si tuviese un Bajo de 20 cuerdas, ya que la música está primero, por lo que siempre voy a hacer sonar las notas que el tema requiera, ni una más ni una menos, y cualquier adorno o variación rítmico-melódica improvisada que haga en los patterns, va a ser la misma que haría si estuviese tocando un Bajo de 4 ó 5 cuerdas.
El Bajo de Concierto Solista (que no es lo mismo que ser un bajista solista líder de una banda), es definitivamente otro mundo, ya que se trata de un contexto en el que uno como bajista está enfrentado a la máxima exposición imaginable que puede tener un instrumentista, lo que al principio por contraste se hace especialmente más crudo, notorio e intenso en el caso de un bajista, ya que en el contexto de una banda somos casi siempre los instrumentistas a los que la audiencia presta menos atención y por lo mismo gozamos de un espacio de libertad generada por un «pseudo anonimato» del cual la mayoría de nosotros disfruta enormemente, ya que además se ajusta perfectamente al perfil psicológico promedio que tenemos los bajistas.
Pero aquí la cosa es distinta…, todas las miradas, todos los oídos, toda la atención está direccionada al bajista, algo surrealista si uno se pone a pensarlo, por lo cual cualquier chirrido de una cuerda, cualquier nota sospechosa, cualquier fluctuación rítmica, cualquier gesto, en fin, lo que sea, va a ser notado por la audiencia. Esto de verdad no es para cualquiera, y no me refiero a que sólo los más virtuosos «superbajistas» pueden hacerlo, todo eso ya pasa a un segundo plano, porque antes que cualquier obviedad el desafío es principalmente de índole psicológico, y si no se conquista y se vence va a dar lo mismo cuan virtuoso uno pueda ser.
Por otra parte, existe otro gran desafío en el campo del Bajo de Concierto Solista, en especial en el caso más extremo de este particular oficio, que es el mío, ya que nunca he utilizado pistas, loops ni efectos y mis bajos ni siquiera tienen potenciómetros, es decir todo está llevado a su expresión más cruda, natural y simple, que es como más lo disfruto en términos de timbre y de fidelidad de sonido. El desafío principal entonces es desarrollar la capacidad de abstracción, es decir, todo músico profesional tiene muy claro que ir haciendo variaciones o improvisar cuando hay una base sonando «por debajo» es lo habitual y además algo muy agradable y cómodo de hacer, pero cuando se está tocando absolutamente solo, sin siquiera loops o pistas, la única pista de sonido que queda es la que uno se va a tener que imaginar mientras va tocando, y vaya que hay que saber imaginarla bien, de hecho en lo posible hay que llegar al punto de poder «escuchar» toda una base rítmico-armónica como si estuviese ahí mismo siendo tocada por una banda o por una orquesta mientras uno está haciendo un solo, o de otra forma ese solo va a carecer de todo sentido y musicalidad, y el público lo va a notar.
PJ: Sabemos que antes de dedicarte de lleno a la música practicaste artes marciales y educación física, y que te interesan la filosofía, el automovilismo y hasta la física cuántica. ¿De qué manera han influido estas pasiones fuera de la música en tu forma de ver la vida y en tu enfoque como artista? Por ejemplo, ¿encuentras paralelos entre la disciplina del kung-fu o el deporte y la disciplina para dominar el bajo, o entre la curiosidad científica/filosófica y la exploración musical?
IS: Esta interesante pregunta ya me la han hecho antes, por lo que probablemente cada vez he ido aprendiendo a responderla mejor…, veamos si es así.
Desde una perspectiva profundamente humana, siempre he sostenido que primero hay que ser persona, después artista, luego músico y por último bajista. En relación a ese mismo principio por el que intento a cada paso regir mi vida, sostengo que si para nosotros la vida se tratase sólo de la música o del Bajo eléctrico, entonces nos quedaríamos vacíos de contenido…, en síntesis, no tendríamos a quién o a qué cantarle, y eso sería un sinsentido.
Todos tenemos más o menos claro que la música que uno toca debiese reflejar lo que uno es con la máxima transparencia posible, y pienso que de plano esto es algo inevitable, ya que por mucho que lo intentemos no podremos eludir el hecho de «tocar lo que somos», así que me he regido por este conjunto de principios prácticamente desde que empecé a tocar Bajo a los 22 años de edad (nada joven como ven).
Decidí enfatizar vorazmente el desarrollo de mi acerbo cultural y de mi intelecto, algo que para el nerd que siempre he sido fue bastante natural de hacer, pero con la gran diferencia de que finalmente le había encontrado un propósito real y legítimo. Es así como materias como la Filosofía, Historia, Física Cuántica, Economía, etc., han llenado mi vida en un matrimonio poligámico indisoluble con mi Bajo de 8 cuerdas…, todo eso que soy a raíz de lo que voy aprendiendo y también lo que no soy está reflejado en cada nota que toco, en cómo la toco, en el tipo de Bajo que la toco, etc., porque ya sea para bien o para mal, la identidad musical para mí lo es todo, es incluso mucho más importante que tocar «virtuosamente» y todas esas cosas que son esperables y mucho más comunes.
En mi carrera he tenido el enorme privilegio de haber sido invitado a tocar en unos 20 NAMM y alrededor de 4 Musikmesse, que son las ferias músicales más grandes del mundo, una en USA y la otra en Europa. Estos eventos son una fantástica oportunidad para que quien vaya pueda escuchar tocar en vivo y de manera muy cercana a los músicos instrumentistas más destacados del mundo, y me refiero fácilmente por ejemplo a cientos o quizás a miles de bajistas absolutamente extraordinarios, pero aquellos que se pueden reconocer de inmediato luego de una, dos o máximo tres notas, no son más de cincuenta bajistas en todo el mundo, así que a mí no me cabe duda alguna de que la generación de una identidad musical potente es un desafío mucho mayor que el de tocar ultra mega bien, y es por esa razón que siempre me ha interesado mucho más darle prioridad al desarrollo de ese aspecto que al de cualquier otro.
Considero también importante agregar que el deporte es parte de esencial de mis intereses, en especial el Tenis y el UFC, pero mucho más aún la F1, ya que soy un tuerca empedernido. Sin embargo es conveniente agregar que las Artes Marciales ya eran parte de mi vida mucho antes de la música. Llevaba 10 años practicando Kung-Fu y ya era instructor en mi academia, además cursaba quinto año de Educación Física y mi plan era terminar la carrera e irme a hacer los posgrados de Kung-Fu a China…, además ya era el 5to rankeado en el Lanzamiento de Martillo en Chile.., en otras palabras el deporte llenaba toda mi vida…, hasta que un 21 de Septiembre de 1987 se me cruzó un Bajo por delante y ahí todo se me dio vuelta.
Debo agregar que aunque en ese preciso momento sentí que había perdido los últimos 10 años de mi vida, pronto me di cuenta de que los valores, la disciplina y la total ausencia de malicia respecto del concepto de competencia que ese mundo me había enseñado, fueron los valores y principios que en gran medida se encargaron de regir mi carrera musical y le agradezco a la vida por eso.
PJ: Muchos en Chile y en Latinoamérica no lo saben, pero tu eres un auténtico innovador en el instrumento. Inventaste el dispositivo “Mic Ramp” para el bajo eléctrico y siempre te ha interesado la tecnología aplicada a la música. ¿Qué avances tecnológicos o tendencias en el mundo del bajo te tienen más entusiasmado actualmente? ¿Cómo imaginas la evolución del bajo en los próximos años, especialmente en cuanto al tema que hoy en día está tan en boga, sobre la inteligencia artificial en la música?
IS: Esto se concatena de manera muy natural con la pregunta anterior y todo el tema de la identidad musical. La inventiva es una capacidad eminentemente individual que históricamente ha surgido de la necesidad de resolver problemas y de la busqueda de soluciones a ese respecto. En mi caso, toco un Bajo que inventé yo, con un tipo de rampa inventada por mí que ahora está presente en miles de Bajos de distintas marcas, con una técnica que inventé yo mismo y que enseño a mis estudiantes, con un strap que desarrollé y que incluye dos aportes míos que ahora muchas marcas aplican, con amplificadores de Bajo Signature que desarrollé en conjunto con las marcas y que se han vendido al público general con mis especificaciones, con cuerdas signature especificadas por mí que también se venden al público en general, con un estilo de Bajo de Concierto Solista del cual soy precursor, etc.
En el fondo lo que quiero comunicar es que cada vez que toco, más allá de si lo logro hacer bien o no, o de si le gusta más o menos a la gente, estoy haciendo algo que me llena de sentido, cada sonido que sale de mi instrumento significa mucho más que eso para mí y eso es lo que más me importa, porque como decía nuestro enorme Claudio Arrau, el músico más grande de la historia de Chile, y por paliza…, «No hay que tocar para la gente, sólo hay que tocar hacia la gente«…, es decir sin hacer compromisos para agradar, hay que ser honesto y tocar lo que uno es, nada más y nada menos.
Pienso que la tecnología aplicada al Bajo eléctrico alcanzó hace rato una especie de meseta, no veo grandes avances, se ha evolucionado en el peso versus la potencia de los amplificadores mientras al mismo tiempo se está dejando de usarlos en aras de los sistemas in-ear, que aunque son prácticos no me agradan mucho. Pienso que la tecnología está ayudando más que nada a lograr instrumentos más confiables, precisos y de mayor fidelidad sonora, pero no mucho más que eso, y por lo demás es algo normal ya que el instrumento está pasando a ser una especie de clásico.
Pensemos en cuánto han evolucionado los pianos de cola o los violines en los últimos 200 años, casi nada, llegaron hace mucho a su punto máximo de desarrollo y salvo pequeñas mejoras se han mantenido incólumes. La IA ya es otro tema, aquí ya entramos de plano al campo de la Física Cuántica y de las tecnologías más avanzadas de la tierra, pero por sobre todo entramos al campo de la filosofía y ya en el terreno más práctico en el tema laboral.
Mi posición al respecto es simple…, en muy pocos años la composición musical humana pasará a tener sentido sólo para el compositor en cuestión, ya que casi nadie va a seguir confiando en que la composición la haya hecho realmente él o si la hizo la IA, y es exactamente lo mismo respecto de la ejecución instrumental humana.
En definitiva, a la ciberaudiencia ya le va a dejar de importar el origen de lo que está escuchando, es decir si lo que escucha fue hecho por un humano o por una IA, sino que va a ser profundamente pragmática, por lo que si lo que suena es de su agrado lo va a escuchar y punto…, esto no es para nada un vaticinio, porque ya está ocurriendo en todas partes y para qué decir con las nuevas generaciones, en especial con los niños de 8 años en adelante, de hecho hasta yo mismo lo hago.
Pero no todo es una desgracia, ya que por otra parte el efecto compensatorio de este fenómeno es que la ejecución escénica en vivo se va a revalorizar enormemente, en especial en lugares pequeños, ya que los humanos, sobre todo las nuevas generaciones, podrán experimentar lo que es ver a un humano hacer cosas que ellos no creían posibles de hacer por alguien como ellos, pues en estos tiempos de escepticismo enfermizo y desplome del pensamiento crítico, en los que ya ni siquiera se cree que el ser humano llegó a la luna, que la tierra es redonda o que gracias al Concord a fines de los 60s uno podía salir de Londres a las 10am y llegar a NY a las 9am.
Las nuevas generaciones podrán ahora ver directamente a humanos tocando música que ellos no creían posible que un humano pudiese tocar con sus propias manos, es por esto que aunque va a ser un nicho hiper piramidal los músicos que sean capaces de llenar ese mercado presencial van a ser mucho mejor remunerados que ahora, por la sencilla razón de que aquello será precisamente lo único que la IA jamás podrá hacer, satisfacer el inherente placer que nos brinda la identificación con seres que son iguales a nosotros, en especial cuando ostentan capacidades extraordinarias.
PJ: Hablemos de tu actualidad. ¿En qué proyectos musicales estás trabajando hoy? Sabemos que lanzaste tu primer álbum solista «Organic Bass 1» en 2015 y que has estado preparando «Organic Bass 2«. ¿Qué nos puedes adelantar sobre este nuevo material y qué pueden esperar tus seguidores de Igor Saavedra en un futuro cercano, tanto en próximas grabaciones como en presentaciones en vivo?
IS: Mi vida musical ha sido un tráfago desde el 2015 en adelante cuando lancé «Organic Bass 1«. He estado constantemente en gira salvo en la época de la pandemia, así que aún no grabo «Organic Bass 2». En estos momentos la versión 6.0 de Octavio, así bauticé a mis Bajos y así los conoce el medio bajístico, está a punto de ser terminado por mi nuevo sponsor que es el excelente luthier Costarricense Fabián Vargas Brenes.
En ese momento, que calculo debiera ser a principios de Junio del 2026 haré una gira promocional para él en ese país utilizando por supuesto el nuevo Bajo, y a la vuelta ya con mi nueva versión de Octavio la idea es por fin grabar «Organic Bass 2» para empezar a girar con ese álbum y ese Bajo por todas partes, y de hecho les puedo adelantar que estoy muy confiado en que esta versión de Octavio va a ser casi con toda seguridad la mejor que he tenido jamás, no porque los luthieres anteriores no sean también excelentes, ni nada de eso, sino porque a través de cada nueva version de Octavio he ido aprendiendo y sacando nuevas conclusiones, pudiendo aportar en cada versión más ideas e innovaciones, aunque debo señalar que por mucho que siempre el diseño de mis Octavios haya corrido casi enteramente por mi cuenta, nunca había participado tan activamente a través del proceso mismo de construcción de uno de mis instrumentos como lo he hecho ahora, proceso que en este caso ha tomado más de dos años de intenso trabajo a distancia.
PJ: Empezaste a tocar el bajo a los 22 años, dejando atrás una carrera para seguir tu pasión musical. ¿Qué le dirías a alguien que descubre su vocación musical, en cuanto a atreverse a perseguir sus sueños sin importar la edad o las expectativas sociales?
IS: Le diría que lo intente, que no se quede sin intentarlo, que es preferible luchar y perder que haber rehusado la lucha por miedo, inseguridad o por cobardía. Le avisaría eso sí que esta actividad es una pirámide sumamente acentuada, en la que quienes son capaces de comer únicamente gracias a ella, con la consiguiente satisfacción y orgullo personal que aquello conlleva, son menos del 1%, a diferencia por ejemplo de un médico o un abogado donde hasta el peor matasanos y el más incapaz de los leguleyos pueden tranquilamente seguir llevando comida a sus mesas…, eso aquí no va a ocurrir.
Sumado a esta variable, viene el tema de los egos, ya que este es un mundo donde nadie parece querer aceptar que tiene una necesidad de aprobación externa explícita que es objetivamente desproporcionada si la comparamos con el ciudadano común y corriente.
Aquí casi todos andan pensando que el del lado es el engreído o el ególatra, sin antes reparar en el hecho de que la actividad misma que cada uno de nosotros desarrolla está inmersa en un círculo de gratificación externa que va gatillando en bucle la necesidad de más y más aprobación por parte de la gente para poder seguir adelante, siendo la adulación constante y el aplauso una especie de esteroides del espíritu y del alma, y ya sabemos lo que siempre ocurre al final con los esteroides.
Es muy importante poder dominar esta pulsión, ya que es una variable tóxica y por ende sumamente dañina que hay que saber eliminar de nuestras vidas, o como mínimo aplacar, y para hacerlo hay que revisarse y aceptarse antes sin anestesia alguna, ya que el tema de los egos conduce con naturalidad al tema de la envidia, que es el germen que infecta las interacciones entre colegas, y eso lo sabemos todos aquí, no estoy descubriendo el agua tibia.
Finalmente, les diría que si van a emprender este camino nunca dejen de ser intelectualmente honestos, primero con ustedes mismos y luego por consecuencia natural con el medio artístico musical y bajístico. No hagan conseciones esenciales jamás, si por ejemplo son carnívoros y todo el medio en el que se mueven es vegetariano, sean dignos, integros y honestos y defiendan siempre su posición frente a la vida, pero nunca sobre un escenario, el escenario no se ensucia con consignas y panfletos, todo eso déjenlo para sus redes, para sus tertulias, para todo lo que rodee la práctica de su arte, pero no para el escenario, separen el arte del artista.
Nunca claudiquen para agradar o para no perder seguidores…, quienes siguen mi carrera saben que se me conoce como «El Artista Disidente» y a estas alturas hace rato que yo mismo cuando subo mis posteos los firmo de esa forma. Todos los que me conocen saben las razones por las cuales tengo esa posición de disidencia respecto de mi medio, y también saben que eso me ha costado una cantidad significativa de seguidores, y que hasta incluso, ya que el ser humano tiende a ser presa de sus emociones, algunos que siempre me decían que tocaba fantástico y todas esas cosas, ahora mágicamente dicen cosas como En realidad no era para tanto, lo cual es para mí risible y hasta pintoresco.
Todo porque se dieron cuenta de que no estoy de acuerdo con ellos en muchísimas cosas que para mi medio son verdaderos dogmas y vacas sagradas…, pues de eso se trata, de ser íntegro hasta el final y de morir con las botas puestas. Que viva la vida, el arte, la música, el Bajo, el buen café y el individualismo verdadero.
Puedes investigar y adquirir la música de Igor Saavedra a través de su página web personal






