Consorzio Acqua Potabile y «Nei Gorghi del Tempo»: lo bueno, tarda en llegar
Si hay un subgénero accidentado en el rock progresivo, ese definitivamente es el PRI o rock progresivo italiano. Tal como nos comentaba Bernardo Lanzetti en su entrevista, el prog en Italia fue un movimiento que tuvo que lidiar con numerosos problemas de gestión, apoyo, dinero e incluso hasta serios enfrentamientos políticos.
De esta forma, la historia de Consorzio Acqua Potabile es otro más de esos cuentos que tienen sabor a mitología, puesto que hablamos de una banda que nació con el género, lo vivió entero desde adentro y no dejó ningún surco de vinilo como prueba.
Consorzio Acqua Potabile, o CAP, se formó en 1971 en la región lombarda de Boffalora sopra Ticino, entre Milán y Novara, donde un puñado de amigos estudiantes, convencidos de que Banco del Mutuo Soccorso, Premiata Forneria Marconi, Le Orme, Genesis y Gentle Giant eran la mejor música de la época, deciden crear una agrupación a imagen y semejanza de las ya nombradas.
De hecho, ese extraño nombre está deliberadamente elegido para llamar la atención y parecerse a BMS y PFM.
Así, CAP desarrolló composiciones propias, shows en teatros provinciales, puestas en escena con bailarines, imágenes y escenografías. Incluso montaron una ópera rock llamada «Gerbrand», paseada por escenarios locales hasta 1975. Jamás fue grabada.
De hecho, nada lo fue.
La música era deliberadamente dramática y mediterránea, girando en torno a los dos teclados de Romolo Bollea y Maurizio Venegoni respectivamente, destilando un grandilocuente estilo con algunas disonancias muy interesantes que solo podrían tener algún parangón con BMS.
Cuando en 1978 el punk y la música disco barrieron con el interés por cualquier cosa que se pareciera al progresivo, la banda simplemente se disolvió sin dejar catálogo.
El rescate llegó con el revival discográfico de principios de los noventa en Italia y la aparición de sellos especializados. La discográfica milanesa Kaliphonia encontró una vieja grabación artesanal de 1977 y la editó como «Sala Borsa Live ’77». El registro era bueno; de hecho, era muy bueno.
Ese hallazgo propició una especie de milagro, ya que cuatro de los cinco integrantes originales encontraron nuevos bríos y volvieron a reunirse para entrar al estudio entre julio y noviembre de 1992 para grabar de una buena vez por todas un debut.
El personal, a saber: Paul Rosette en la voz, Maurizio Venegoni en teclados y programación MIDI, Romolo Bollea en teclados, Massimo Gorlezza en guitarras eléctrica y acústica, Riccardo Roattino en guitarras y bajo, y Alessandro «Pippo» Avondo en la batería electrónica (debiste haber elegido una acústica, Pippo).
El disco se mezcló en los G. Verdi Studios de Novara y apareció en 1993 bajo el sello Kaliphonia, con 45:54 minutos repartidos en apenas cinco piezas y un librillo de ocho páginas con las letras traducidas al inglés por Paul Perfetti.
Todo el material proviene de la época de la Sala Borsa, excepto por «Arnaldo da Chatillon Crociato«, y todas están firmadas por Venegoni y Bollea. Para la ocasión, los italianos rescataron unos ya viejos Hammond L-100, Minimoog, string synth y piano para destilar un exquisito sonido con algunos destellos de inicios de los 90′ (con lo bueno y lo malo que tiene ello).
El disco gira en torno a la idea del paso del tiempo, la memoria, la existencia y el viaje interior, utilizando símbolos y personajes medievales como vehículos de expresión. Ya el título de «En los remolinos del tiempo» sugiere una inmersión en el tiempo como fuerza que absorbe, transforma y nos consume.
Las canciones de «Nei Gorghi del Tempo»
Arrancamos con la tensa energía y dramatismo de «Il Mercante», que sirve como carta de presentación perfecta para todo el trabajo. Luego de una amenazante intro, se repliega hacia un pasaje de guitarra acústica y teclados exquisitos, mientras va construyendo el mood principal de una belleza dolorosa antes de que aparezca la voz de Rosette, con una suerte de peso operático que puede rememorar al dramatismo (guardando las distancias) del gran Francesco di Giacomo.
El crescendo final, con las fanfarrias y la guitarra sobrevolando el escenario sonoro, es puro deleite auditivo.
«In un Vecchio Castello» y sus trece minutos es la pieza mayor del álbum y la que probablemente justifica su compra. Intimidantes cambios de tempo constantes, un piano arrollador, el tenso Rosette que reaparece pasada la marca de los diez minutos y una sección final donde los sintetizadores vuelan hacia el hiperespacio antes del último golpe marcial. 10/10.
Los terrenos medievales de la inédita «Arnaldo da Chatillon Crociato» rompen la estridencia con buen gusto. Los sintetizadores, el llanto de la guitarra y la voz alterna calma y potencia con inteligencia, y su regreso final al tema principal es de los momentos más emocionantes del disco.
«Vivendo un Giorno… Solo di Niente» nos vuelve a traer el mejor BMS con sus teclados virtuosos que difícilmente esquivan la comparación con «Metamorfosi». De allí, la pieza se derrumba hacia una sección de tormenta, lluvia, cantos de pájaros y guitarra acústica, cerrando con un relato hablado sumamente melancólico.
¡Es un disco que se hace muy corto!, prueba de ello es que ya llegamos al final con «Traccia… Ora lo È», una especie de coda que retoma motivos de las cuatro piezas anteriores sobre un piano protagonista. Un cierre correcto, aunque poco épico para lo que veníamos teniendo.
Fuera del remolino
«Nei Gorghi del Tempo» es un interesantísimo disco de los 70′ que tuvo que esperar veintidós años para ser grabado, aderezado con un poco de los años 90′, y esa quizás es una de sus mayores virtudes. No siguió la mayoría de los patrones de moda, por lo que hoy en día se puede disfrutar casi como si hubiese sido grabado ayer.
Es cierto, pide a gritos una remezcla (la producción noventera a veces le hace flaco favor, y Pippo, deshazte de esa batería electrónica por amor a Dios), pero así como está, sigue siendo un debut extraordinario y un recordatorio de cuánta música se pierde por el vil dinero.
Lo mejor de todo es que Consorzio Acqua Potabile no nos volvió a cortar el suministro de aquel líquido vital, la música, y continuó desarrollando una consistente propuesta con Robin delle Stelle (1998), Il Bianco Regno di Dooah (2003), Il Teatro delle Ombre (2014) y Coraggio e Mistero (2016), este último en colaboración con Alvaro Fella de los legendarios Jumbo. Para que los vayas a checar también.
(Gracias a Rockliquias por haber subido este trabajo inencontrable en buena calidad)






