«2112» y la lucha por la sobrevivencia del individuo Rush
Decidimos que preferíamos volver a nuestros trabajos antes que ceder en nuestras aspiraciones y ser algo que todos los demás querían que fuéramos
Alex Lifeson
2112 se trata de libertad creativa. Se trata de creer en ti mismo
Geddy Lee
2112, es basicamente, el hombre abstracto contra las masas
Neil Peart
Para comprender la difícil época que atravesaban unos jóvenes pelilargos autodenominados Rush desde hacía más de un año, hay que retroceder al invierno canadiense de 1975. La banda venía del fracaso comercial y crítico de «Caress of Steel» (1975), un disco ambicioso que incluía dos extensas piezas derechamente progresivas, «The Necromancer» y «The Fountain of Lamneth». Aunque el prog rock aún gozaba de una salud estable para aquella época, estas piezas no conectaron con el público entendido de la época, ni con la prensa, ni con nadie.
Si bien ambas piezas son absolutos temazos, estaba muy claro que Rush aún no lograba una alquimia convincente entre ese amado hard rock y una suite progresiva de forma lo suficientemente fluida y cohesionada, versus sus contemporáneos. En particular, había una vara con la que se medían: los discos mas conceptuales de Jethro Tull, y las óperas rock de The Who.
Lamentablemente, las ventas hasta aquella fecha eran decepcionantes, la asistencia a los shows decayó progresivamente y la gira que le siguió fue bautizada sarcásticamente por los propios músicos como el Down the Tubes Tour (hundiéndose por las tuberías). Mercury Records consideró seriamente dejar caer al trío, y solo las negociaciones del manager Ray Danniels consiguieron arrancarle al sello una última oportunidad. Eternamente agradecido, Ray.
Las circunstancias personales no eran mucho mejores, ya que aquel invierno de 1975 fue especialmente terrible (siendo que ya son bastante malos de por sí en aquellas tierras). Los muchachos no tenían dinero, dormían en sofás ajenos, tenían la reprobación de sus padres, todo mientras la disquera presionaba para que grabaran algo más comercial, con singles radiales y concesiones. Alex Lifeson llegó a plantearse seriamente abandonar la música y volver a la tienda de maquinaria agrícola que lo vio trabajar a principios de los 70′, mientras que su partner Geddy Lee ya tenía más que asumido que volvería a trabajar con su padre en plomería. Neil Peart, por otro lado, ya coleccionaba tantos hit-and-miss que un nuevo fracaso musical no era nada nuevo para él.
En ese punto exacto de quiebre, Rush tomó la decisión que definiría su carrera, prefiriendo hundirse peleando a fabricar el disco que otros querían que hicieran. Era pues, la sobrevivencia del individuo Rush.
Con esa determinación como combustible, Rush entró en enero de 1976 a los Toronto Sound Studios junto a su productor de confianza, Terry Brown, operando una Studer de 24 pistas. El material llevaba ya unos seis meses de escritura, y el proceso de grabación tomó aproximadamente un mes. El nuevo integrante Neil ya había comenzado a escribir las letras, y Lee y Lifeson desarrollaban las canciones con guitarras eléctricas y acústicas que complementaran el clima de lo que Peart estaba narrando.
A diferencia de «Caress», esta vez componían pensando en pocos overdubs, buscando que la música pudiera reproducirse fielmente en vivo. La pieza «The Temples of Syrinx», por ejemplo, fue desarrollada por Lifeson en el backstage, antes de un show en Sault Ste. Marie, Ontario, frente a al cantante Mendelson Joe. Así, las piezas comenzaron a nacer de algunas inspiraciones sobre el escenario, habitaciones de hotel y buses, mientras que «Overture» fue lo último en escribirse.
El corazón ideológico de este trabajo late con fuerza en la suite homónima que ocupa toda la primera cara del vinilo, dividida en siete secciones. Ambientada en un futuro distópico, la historia transcurre en una galaxia unificada bajo el dominio de la Federación Solar y sus Sacerdotes de los Templos de Syrinx, quienes controlan cada aspecto de la vida: los libros, las imágenes, el trabajo.
Anteriormente, había ocurrido una guerra galáctica que unificó a todos los planetas bajo dicha Federación en 2062, y para el año 2112 los Sacerdotes ya controlaban cada aspecto de la vida.
Peart se inspiró para crear un protagonista anónimo que descubre una guitarra antigua en una cueva, símbolo de la expresión creativa individual y de cómo la música puede ser una fuerza desafiante ante regímenes totalitarios. Maravillado, la presenta ante los sacerdotes, quienes la destruyen con desprecio, argumentando que es un viejo artilugio del pasado que no tiene ningún valor en esa actualidad.
Devastado y desesperado, regresa a la cueva donde había encontrado la guitarra y cae en un sueño o visión en la que un oráculo le revela la verdad sobre la Elder Race of Man, o los humanos del pasado que no fueron aniquilados como se contaba según la historia oficial, sino que abandonaron el mundo hace mucho tiempo y sobrevivieron en otro lugar, donde la libertad, el arte y el conocimiento siguieron creciendo. Allí contempla una humanidad capaz de crear, imaginar y vivir plenamente, una visión completamente opuesta a la opresión de Syrinx.
Esa revelación le muestra lo que la humanidad fue y todavía podría volver a ser.
Cuando despierta, el contraste con su realidad es insoportable. Ahora sabe que existe una forma de vida más alta y libre, pero también comprende que él nunca la verá dentro del régimen en el que nació. Incapaz de soportar esa existencia fría y vacía, y sintiendo que toda esperanza personal se ha perdido, decide quitarse la vida en la misma cueva donde había descubierto la guitarra.
El final es algo ambiguo. Segun el propio Peart, la fuerza de liberación inspirada en el nuevo mártir logra derrocar a los sacerdotes, pero también puede significar el inicio de un nuevo ciclo de opresión.
Así, titular este LP como el año donde ocurre la acción, «2112», suena lo suficientemente críptico, pero directo. En todo caso, hay coincidencias numéricas que se han ido descubriendo con los años y son bastante curiosas. 2112 en formato militar corresponde a las 9:12 PM, y el 12 de septiembre (9/12) era justamente el cumpleaños de Neil Peart. Nunca se confirmó oficialmente si fue intencional, pero conociendo la obsesión de Peart por los detalles y los juegos intelectuales, cuesta creer que sea pura casualidad.
También está la conexión con la Obertura 1812 de Tchaikovsky, con aquellos acordes que cita Alex en la propia «Overture» de la suite, y el propio hecho de que la pieza abra con un movimiento llamado así, refuerza ese guiño.
Además, al final de la suite, la frase Attention all planets of the Solar Federation tiene siete palabras y se repite tres veces (7×3=21), mientras que We have assumed control tiene cuatro palabras repetidas tres veces (4×3=12). Juntos forman 21-12.
Juegos mentales mas o menos, lo realmente comprobado oficialmente es la influencia de la novela «Anthem» de Ayn Rand. Peart la reconoció en los créditos del disco, agradeciendo el genio de Ayn Rand, y ya te hemos contado de su admiración por la figura de la pensadora libertaria en esta entrada. Sin embargo, como él mismo aclaró en diversas entrevistas, su intención no era transmitir un mensaje político libertario, aunque naturalmente mantiene puntos en común con dicha corriente de pensamiento.
De hecho, la lucha del protagonista de «2112» era, en esencia, la lucha de Rush contra su propia disquera. La lucha del individuo celebrando su particularidad, contra el colectivismo cuando se vuelve tiránico. Así definió Peart el símbolo del starman diseñado por Hugh Syme para el arte de portada: El hombre abstracto contra las masas.
Con los años, Peart matizaría su relación con el objetivismo, describiéndose a sí mismo como un libertario de corazón blando. En todo caso, el núcleo de «2112» trasciende cualquier etiqueta política, ya que es, ante todo, un manifiesto sobre la libertad creativa.
Al mas puro estilo de ELP con «Tarkus», había que rellenar la cara B con piezas diferentes que no guardarían relación con el primer lado; con un tono, según Lifeson, un poco más liviano y un poco más divertido. De aquella forma nacían cosas como «The Twilight Zone», escrita y grabada en un solo día.
¿Y Mercury Records como reacción frente a esto?, a regañadientes, pero no había nada que pudieran hacer, ya que el contrato con el trio era estrictamente de producción y no de composición. De esa forma, el disco se editó sin cambios, mientras que “The Temples of Syrinx”, acompañado en la cara B por «Something for Nothing», «Passage to Bangkok», y «The Twilight Zone» según el pais, serían los singles.
Así, la última oportunidad del individuo Rush saldría a las disquerías un 1 de abril de 1976. Mas vale que vendiera bien.
Tomando el control
La suite 2112 se despliega en siete movimientos a lo largo de poco más de 20 minutos, iniciando con la que es quizás, una de las secciones mas características. La «Overture» abre con un crescendo espacial de sintetizadores cortesía del ARP Odyssey, procesado con un filtro y un pedal de delay Echoplex de Hugh Syme, quien cortó y pegó varias secciones que practicó en el estudio.
Aquello da paso a una serie de riffs cortantes de guitarra electrica (y algunos arreglos acústicos), unidos a cambios de métricas y staccatos característicos, en lo que fue una verdadera declaración de intenciones de un trío que no pensaba recular en sus convicciones.
«The Temples of Syrinx» irrumpe como un verdadero Panzer, con la voz aguda de Lee alcanzando registros casi sobrenaturales sobre guitarras afiladas y una batería demoledora de Peart.
Llegamos a «Discovery«, la que baja la intensidad dramáticamente, mientras el protagonista encuentra la guitarra, musicalizado con una sección acústica que transmite de forma efectiva una inocencia conmovedora, casi infantil. «Presentation» marca el choque entre el individuo y el poder establecido, con una tensión dinámica que anticipa lo mejor que Rush lograría en «Hemispheres» (1978).
Asi, se concatenan diferentes secciones con dinámicas marcadas. Oracle: The Dream es un interludio onírico antes de la tormenta, preparando la llegada de la devastadora Soliloquy en su intimidad, y el lamento de un hombre derrotado. Finalmente, nos encontramos de cara con Grand Finale, que estalla con la ambigüedad de ese We have assumed control, que, como te dijimos, puede representar tanto liberación como un nuevo ciclo donde todo se reinicia.
Después de ese verdadero tour de force, la segunda cara del disco ofrece cinco piezas independientes que si bien palidecen frente al contundente epicisimo del lado 1, demuestran la evolución de la pluma de Rush, alejandose progresivamente (nunca mejor dicho) de sus orígenes Led Zeppelianos. «A Passage to Bangkok» es un favorito eterno de los conciertos, un viaje pícaro por las capitales mundiales con ciertas hierbas recreativas, unido a un riff central adictivo y una energía de una banda que sabe divertirse.
«The Twilight Zone» toma su inspiración de dos episodios de la famosa serie de Rod Serling, creando una atmósfera inquietante y cinematográfica, siendo lanzada como single en algunos paises específicos. Por su parte, «Lessons», compuesta íntegramente por Lifeson, ofrece un hard rock más directo con un atractivo entrelazado de guitarra acústica y eléctrica.
«Tears», la única pieza firmada en solitario por Lee, es una balada introspectiva que presenta el mellotron de Hugh Syme aportando una textura melancólica y envolvente. Así, llegamos a la rockera«Something for Nothing» cerrando el álbum retomando la filosofía Ayn Randiana del individuo responsable de su propio destino, transmitiendo la idea de que la libertad no es gratis, sino que hay que ganársela. De hecho, Peart se inspiró en un grafiti que vio mientras conducía hacia un concierto en Los Ángeles que decía freedom isn’t free.
La salvación y nuevo camino
«2112» vendió más rápido que cualquier disco previo de Rush, aunque si somos justos, los dos anteriores LP se habían vendido bastante mal, por lo que la vara no estaba demasiado alta. Para junio de 1976, ya había superado las ventas combinadas de todo su catálogo anterior en Canadá y Estados Unidos.
Así, alcanzó el número 5 en las listas canadienses y el 61 en el Billboard 200, la primera vez que la banda entraba en el Top 100 estadounidense. Recién en noviembre de 1977 fue certificado disco de oro, y eventualmente alcanzaría el triple platino con más de tres millones de copias vendidas, convirtiéndose en el segundo álbum más vendido de Rush después de «Moving Pictures» (1981).
Con el tiempo, Lifeson diría que «2112» fue el primer disco de Rush que realmente sonaba como Rush.
¿Y los singles?, la verdad es que no funcionaron demasiado bien, por lo que el éxito fue impulsado por el boca a boca y por una gira incansable de más de 140 conciertos entre febrero de 1976 y junio de 1977, que incluyó la primera visita de la banda a Europa.
Los shows en el Massey Hall de Toronto en junio de 1976 fueron grabados para el doble en vivo «All the World’s a Stage» (1976), y como es el saber popular en la religión Rush, cada disco en vivo representa un cierre de etapa, por lo que asi se cerraba el primer y mas dificil ciclo del trio canadiense.
Medio siglo exacto después, «2112» no solo permanece como un hito del rock progresivo, sino como una lección de coraje artístico. Bandas como Dream Theater, Metallica y Tool han citado este disco como influencia formativa, mientras todo el mundo del rock celebra los 21 de diciembre como el dia internacional de Rush.
En un mundo donde la música se consume en dosis de treinta segundos, este LP nos recuerda que las grandes obras nacen cuando los artistas eligen la integridad sobre la conveniencia y el agradar a las plataformas de moda. A veces, el acto más revolucionario es simplemente decir no.
En 2026, con la gira «Fifty Something» a punto de arrancar a la fecha de escribir estas líneas, con Lee y Lifeson acompañados por la notable baterista alemana Anika Nilles honorando al fallecido Neil, «2112» vuelve a resonar con una vigencia estremecedora, recordándonos una máxima que puede sonar cliché a estas alturas, pero no por eso, menos poderosa: Es importante ser uno mismo.






