«Solaris» de The Ocean, música para el extremo del mundo

El nuevo trabajo de The Ocean tiene una íntima ligazón con el cono sur de Latinoamérica, y es que se despide con las coordenadas 51°28′30″S, 73°6′11″W que nos depositan en el Seno Última Esperanza, en plena Patagonia chilena, el fiordo que Juan Ladrillero bautizó así en su expedición de 1557-1558, convencido de que era su última oportunidad de dar con el Estrecho de Magallanes.

El punto de partida, en cambio, está en las coordenadas de Berlín, ciudad de origen de la agrupación.

Entre ambos extremos, Robin Staps traza un viaje de casi setenta minutos llamado «Solaris», el duodécimo disco de estudio de la banda, aparecido el 25 de septiembre de 2026 a través de Pelagic Records, el sello de la propia casa.

Desde «Precambrian» (2007), Staps hizo de The Ocean uno de los laboratorios conceptuales más ambiciosos del metal progresivo europeo, con escalas como el descenso abisal de «Pelagial» (2013) y un ciclo paleontológico que se completó con los dos «Phanerozoic» (2018 y 2020) y con «Holocene» (2023), disco con influencias electrónicas y que se cerraba con la imagen de una Tierra exhausta e inhabitable.

Luego de eso, hubo cierta incertidumbre sobre el futuro del proyecto, ya que el tecladista Peter Voigtmann se marchó a fines de 2023 y, a lo largo de 2025, partieron el baterista Paul Seidel, el guitarrista David Ramis Åhfeldt y el vocalista Loïc Rossetti, la voz del grupo desde 2009.

Aquella formación se despidió en Hellfest 2025 y el propio Robin llegó a dudar de la viabilidad del proyecto.

Pero tenía un as bajo la manga, ya que tenía varias composiciones escritas durante la pandemia como continuación de «Phanerozoic II», que dejó en el estante cuando «Holocene» se cruzó en el camino. En torno a ellas construyó una nueva banda junto a Mattias Hägerstrand en bajo y Jordi Farré (Crippled Black Phoenix) en batería, sumando a los guitarristas Emmanuel Jessua (Hypno5e) y Marco Gennaro; además de contar con dos veces de excepción: Enrico Tiberi, también pianista y multiinstrumentista, y Lane Shi (Elizabeth Colour Wheel, Otay:Onii).

La grabación se hizo en los legendarios Hansa Studios de Berlín, donde han pasado leyendas de la talla de David Bowie hasta las estrellas-marionetas del afamado productor Frank Farian. Acá la banda se encontró con un arsenal de Rhodes, Hammond, Farfisa y Celesta que terminó influyendo tímbricamente en el sonido del disco.

La mezcla quedó en manos de Jens Bogren, viejo aliado desde «Pelagial», y entre los invitados destacan el regreso puntual de Voigtmann y, sobre todo, los sintetizadores modulares de Thorsten Quaeschning, quien comanda Tangerine Dream desde la muerte de Edgar Froese.

El concepto parte de «Solaris» (1972), la película de Andréi Tarkovski basada en la novela de Stanisław Lem, donde un océano pensante materializa ante los científicos de una estación orbital los fantasmas de su propia memoria. Y si te lo preguntabas, los clásicos húngaros de Solaris también extrajeron el nombre de aquel libro.

Staps cruza la cinta con los diarios de navegantes como Magallanes o Vasco da Gama para imaginar una nave de rescate que huye de una Tierra que se hunde, y para preguntarse en qué momento la curiosidad del explorador se convierte en voluntad de conquista; un hilo que, sin demasiados rodeos, conecta a aquellos aventureros con los líderes políticos de hoy.

El viaje al sur del mundo

La breve «52°30′11″N, 13°26′12″E» (las recién mencionadas coordenadas de Berlín) abre con una misteriosa introducción y guitarra acústica, regalando un primer cruce entre las dos voces nuevas, augurándonos, por algún motivo, que será un gran trabajo.

Sin solución de continuidad, nos deslizamos cual tobogán hacia «Departure Song», donde las guitarras ganan peso de forma progresiva y gustosa, devolviéndonos al terreno natural del clásico sonido de The Ocean. A estas alturas, más de uno notará que el timbre de Tiberi recuerda bastante al de Rossetti, detalle que suaviza el golpe del cambio.

El single de «Light Pollution» arranca con ciertas referencias a «Holocene» para luego ganar impulso hasta un final lento, monumental y asfixiante, con métricas que se tuercen bajo la superficie. Staps habla aquí de una época tan iluminada que ya no deja espacio a lo íntimo: «Si ya no quedan rincones oscuros, perdemos nuestra privacidad», advierte. Tal como la (actual) vida misma.

«Simulacra» es la épica central del disco, con más de diecisiete minutos (divididos en tres partes en las plataformas de streaming) que Lane Shi lidera con pasajes melódicos y guturales de apoyo, mientras las tres guitarras se reparten el trabajo, dos tejiendo líneas en las alturas y una tercera sosteniéndolo todo desde el registro más grave.

El título remite a los visitantes que el océano de Solaris fabrica a partir de los recuerdos, y Staps lo vincula con las apariencias sin correlato real que consumimos a diario. Cuando la pieza se reduce a voz, guitarra y piano para luego recuperar su estribillo, se entiende por qué los fanáticos de siempre estarán de enhorabuena.

Las dos partes de «Belligerence» entrelazan guturales y voces limpias de ambos cantantes sobre ritmos cíclicos, con una segunda parte que funciona como coda de liberación de tensión. Es la canción donde el disco explicita el paralelo entre conquistadores y gobernantes, y uno de los últimos bastiones del The Ocean pesado y sludgy de siempre.

Llegando hacia el final del trabajo, tenemos verdaderas guindas de un pastel que hasta el momento no ha tenido desperdicio. «Última Esperanza» (Parte I y II) abre con una cama de sintetizadores (apostamos que de Quaeschning, aunque no está acreditado) para que Tiberi cante a la esperanza como a un frágil madero a la deriva, todo mientras la pieza crece hasta un clímax de graves descomunales que nos devuelve a los tiempos de «Pelagial».

Si hubiera que ponerle un solo reparo al disco, probablemente esa porción virtuosamente metalera de la segunda parte merecía extenderse un poco más antes de disolverse en las aguas electrónicas.

Pero es solo un detalle, porque si tenemos a Tangerine Dream de por medio, las cosas solamente pueden ponerse mejor. «Milk of My Dreams» (la pieza favorita de este editor), nacida de una idea de Tiberi, deja que los secuenciadores de Quaeschning tomen el mando, metiéndonos imágenes de la expedición en nuestra mente de gran forma.

Cerramos con las coordenadas con las que abrimos la reseña. «51°28′30″S, 73°6′11″W», coordenadas en suelo chileno al extremo del mundo, se reinterpreta a modo de despedida, con ecos inequívocos de Jean-Michel Jarre y de la escuela de Berlín.

Los riesgos valen el disco

«Solaris» tiene grandes virtudes. Ofrece una porción de música que dejará satisfechos a quienes buscan la épica, densidad y buenos riffs que caracterizan al proyecto, pero también una buena porción para los amantes de la música más vanguardista; y es probablemente el mejor momento donde Strap se libera de las ataduras del pasado de The Ocean.

A oídos de este editor, ese riesgo es precisamente lo que lo vuelve memorable. «Solaris» bien podría instalarse entre lo más alto de la discografía de The Ocean y entre los discos destacados de 2026.

Y para quienes leemos desde este lado del mapa, hay algo especialmente conmovedor en que una nave zarpada desde Berlín elija atracar, al final de todo, en un fiordo patagónico llamado Última Esperanza.


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