Peter Hammill y «Tears in Time», cuando la confesión desgarra

Este año 2026 ha sido particularmente activo para Peter Hammill, una de las mentes y voces más dotadas e infravaloradas en el rock progresivo británico, arquitecto conceptual detrás de los icónicos Van der Graaf Generator.

El pasado 18 de julio, en el evento de la BBC Prog Prom (el cual cubrimos extensamente en nuestras RRSS y web), el londinense se paró junto a la BBC Concert Orchestra en el Royal Albert Hall para cantar «Refugees», aquel bellísimo corte de «The Least We Can Do Is Wave To Each Other» (1971).

Fue ciertamente un punto alto de toda la noche, a tal punto que la locutora del programa en radio dijo que no había quedado ojo seco después de aquella rendición.

En una entrevista de 1973 con Melody Maker, había deslizado que le gustaría grabar alguna vez con una orquesta sinfónica; pero hoy asegura que ese deseo ya no le quita el sueño, aunque confiesa haber disfrutado enormemente la noche.

Después de algunas fechas en solitario, el 25 de septiembre, a través de Esoteric Antenna, sello de Cherry Red, apareció su primer disco solista con música nueva en casi diez años, «Tears in Time». Así, estamos ante su trigésimo séptimo (!) álbum solista.

No nos pregunten por qué Hammill tiene tan poca repercusión en Latinoamérica, pero repasar su carrera solista se nos antoja sumamente necesario; sin mencionar que está íntimamente ligada a Van der Graaf.

Todo comenzó con «Fool’s Mate» (1971) con figuras como Robert Fripp, integrantes de Lindisfarne y del propio VDGG. Desde entonces ha levantado una de las discografías más intransigentes de la isla británica, capaz de ir desde el solista íntimo al piano, pasando por el progresivo más abrasivo jamás creado, el avant garde puro y luego adelantarse hasta el mismísimo punk.

Ejemplos sobran, como «The Silent Corner and the Empty Stage» (1974), que suele señalarse como su cumbre de los setenta, con la descomunal «A Louse Is Not a Home» heredada del repertorio de la banda madre.

También podemos recomendar «In Camera» (1974), que llevó la experimentación hasta el abismo con las apocalípticas «Gog» y «Magog (In Bromine Chambers)». Ineludible también es «Nadir’s Big Chance» (1975); siendo otra gran cumbre, grabada con sus compañeros de banda bajo la piel de Rikki Nadir, adelantándose al punk con dos años de ventaja e inspirando a Peter Gabriel a escribir su propio personaje, Rael.

«Over» (1977) es fácilmente uno de los discos sobre ruptura amorosa más desgarradores jamás grabados. «A Black Box» (1980), por su parte, cierra con otra pieza ineludible de su discografía, la proggy y retorcida «Flight».

Ya en su etapa independiente, «Fireships» (1992) inauguró el sello Fie! con algunas de sus baladas más bellas; «Incoherence» (2004) se atrevió con una única pieza de más de cuarenta minutos sobre el lenguaje humano, y «Singularity» (2006), su primer disco tras el infarto que sufrió en 2003, lo encontró de tú a tú con su propia mortalidad.

Como es norma desde hace décadas, Hammill tocó, grabó y produjo prácticamente todo en soledad en su estudio Terra Incognita. La única excepción es «The Wheels», coescrita con su viejo amigo y compositor italiano Saro Cosentino, quien además participó en la grabación.

Por cierto, su amistad con el país de la bota lo ha llevado a tener relaciones con importantes bandas de allí como Le Orme, donde incluso sugirió agregar el concepto de «Sorona» para «Felona y Sorona» (1973). También publicaría aquel trabajo en inglés a través de Charisma, en el Reino Unido.

Volviendo a la actualidad, en este nuevo «Tears in Time» tenemos nueva música, excepto con «Heavy Weather» y «Tabula Rasa», que nacieron como instrumentales experimentales cuando Terra Incognita todavía funcionaba en Bath, y esperaron décadas en las estanterías hasta convertirse en canciones.

En todo caso, las letras y arreglos son todos recientes.

Hammill cuenta que trabajó sin pensar en un álbum hasta que once piezas dispares se le revelaron como conjunto, y solo entonces siguió orquestando para darles cohesión, en lo que describe como «un cierto viaje en el tiempo».

El título, además, juega con un doble sentido, ya que en inglés, tears puede leerse como lágrimas o como desgarros, y Hammill se niega a elegir entre las dos, aunque admite que ambas lecturas remiten a las muchas separaciones y finales que recorren el disco.

El arte de portada es honesto y sencillo, con un Hammill de 77 años a luz lateral, lo que acentúa cada marca de la edad en su rostro. Hablando de cosas personales, tenemos el antecedente de Hilary, su esposa y primera oyente de todo lo que graba, la cual encontró el disco de poco más de 46 minutos sumamente oscuro.

Nada nuevo bajo el sol, dice él.

Entre lágrimas y desgarros

Comenzamos con la excelente «For a Rainy Day», siendo la pieza más extensa del LP con ese piano contemplativo marca Peter sobre el que canta con desgarro y contención, mientras un arreglo de cuerdas va ganando terreno de forma absolutamente preciosa. Ese dramatismo remite al Hammill de «In Camera» (1974) y es, a oídos de este editor, una de las mejores canciones de su pluma durante el siglo XXI.

Seguimos en terrenos lóbregos con «The Wheels» con un arreglo que nos puede recordar a los pasajes más oscuros de «A Scarcity of Miracles» de Jakszyk, Fripp y Collins; al servicio de una letra sobre la memoria que engaña y las heridas que no terminan de cerrar.

«Heavy Weather» fue el primer single y aporta un giro bastante refrescante, con batería electrónica, sintetizadores que gritan «noventas» por todos lados (aunque utilizados con gran efecto) y una voz con filo que carga la pieza de una amenaza permanente. Tuvo una primera versión grabada en 2022 en beneficio de las víctimas de la guerra de Rusia y Ucrania.

La letra, según Hammill, explica su posición sobre el convulso estado del mundo actual y da cuenta de los verdaderos gángsters que están en las altas esferas del poder.

«Angle of the Curve» tiene una guitarra acústica como de aquellas de la League of Crafty Guitarists y deliberadamente divagante. «So Much Water», por otro lado, cuenta con un Rhodes jazzy y arreglos que nos pueden recordar a ciertas cosas del último Peter Gabriel.

Volvemos a los arreglos de 1991 con «Tabula Rasa», aunque a esta se le nota menos, ya que es más bien un experimento con reminiscencias de música concreta que establecen un mood avant garde bastante malévolo, «ideal» para colocar en una casa oscura y solitaria de noche.

Tras la delicada y bella balada de Peter y el piano en «Oh the End», llega la rockera «Red Flags (In the Sunset)», directamente emparentada con el espíritu de «Nadir’s Big Chance». Una pieza directa y efectiva.

Luego, tenemos «You’ll Never Know», que regresa a la intimidad del piano y la guitarra acústica para hablar de amigos que ya no están y de la inocencia perdida, mientras «The Half of It» es otro de esos experimentos divagatorios sobre un arreglo como de noche en la niebla.

Finalizamos con la muy personal «And When He Ran»; dedicada a Bentley, el perro de Hammill. Él mismo dudó en hacerla pública, pero terminó entendiendo que la pérdida de una mascota es una experiencia compartida por muchos, y la defiende como una canción sobre la aceptación de lo inevitable, con la imagen del animal corriendo por el campo como última postal en su mente.

Ese final inesperado, de hecho, se asemeja mucho a cuando la muerte nos arrebata a alguien a quien amamos.

Oscuridad

Un disco armado con algunos materiales separados por 35 años puede sonar a un rejunte de rarezas que no suena demasiado excitante. Lo bueno es que cuando tenemos a alguien con la inteligencia musical de Peter Hammill, esto no ocurre.

Para los amantes de los discos de varias escuchas, «Tears in Time» calzará como un par de medias, puesto que no es un disco complaciente que nos quiera arrojar música bonita e inmediata. Es oscuro incluso para sus estándares y pide varias escuchas antes de abrirse.

Debe tenerse cuidado si se está atravesando por alguna situación difícil, puesto que algunas de sus secciones realmente compungen el corazón.

A oídos de este editor, es uno de sus trabajos tardíos más redondos, y confirma que la mente maestra de VDGG sigue teniendo cosas relevantes que decir. A los 77 años, y como él mismo asegura, las canciones todavía encuentran el camino hasta sus manos.


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ProgJazz es un colectivo unido por la amistad nacido en 2007, y que busca difundir música sobre la base del rock progresivo, el jazz, la música de vanguardia y todos sus géneros asociados.

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