Mastodon y «Marrow Deep»: se abre un camino valiente
La muerte de un integrante vital para una agrupación cohesionada suele dejar dos rutas de acción, y ninguna permite volver al punto de partida. O el grupo se disuelve, entendiendo que lo que se rompió era estructural y no reemplazable, o sobrevive torciendo el rumbo hacia algo que ya no es lo mismo ni pretende serlo.
Pero hay una tercera vía menos transitada y más extraña: cuando se quiere seguir siendo la misma banda en el núcleo y, al mismo tiempo, admitir en voz alta que falta alguien. Poco transitada, porque las probabilidades de fracasar son demasiado grandes.
«Marrow Deep», noveno álbum de estudio de Mastodon, aparecido el 28 de agosto de 2026 y primero de la banda para Loma Vista Recordings, es sin duda alguna un punto de quiebre de la carrera de los estadounidenses luego de los últimos y turbulentos dos años.
En marzo de 2025, la banda comunicó la salida de su guitarrista estrella y fundador, Brent Hinds, tras una tensa ruptura que Troy Sanders explicaría después, aludiendo a las dificultades personales y a los problemas de alcoholismo que atravesaba el guitarrista. Para rizar el rizo, semanas antes, en febrero, había muerto Michele Lawrence, madre de Brann Dailor.
Pero tal como dicen que las desgracias vienen de a tres, ocurriría la catástrofe que terminaría de sellar el destino de la banda. El 20 de agosto de ese mismo año, cinco meses después de aquel despido, Hinds fallecía inesperadamente en un accidente de su motocicleta Harley Davidson en Atlanta, a los 51 años, tras estrellarse contra un SUV en una esquina peligrosa. El mundo del rock contemporáneo se paralizaba.
Ese nudo de pena, culpa, memoria y reproche es justamente lo que el grupo decidió no esconder. Lo abordaron primero en el reciente cortometraje «The Mastodon in the Room», donde repasan el distanciamiento progresivo (nunca mejor dicho) de Hinds durante sus últimos años en la banda, y lo trasladaron después al álbum al que dedicamos estas líneas, con una franqueza poco frecuente en el metal.
La segunda decisión resultó igual de determinante, ya que por primera vez, Mastodon grababa como quinteto de facto. El canadiense Nick Johnston, guitarrista de sólida carrera instrumental propia que venía acompañándolos en vivo desde mayo de 2025, y el brasileño João Rasta Nogueira, tecladista de gira y sesión de la casa desde hace años, pasaron a ser miembros de pleno derecho.
Las canciones ya existían, pero llevaban meses detenidas, y la incorporación de ambos rejuveneció ese material y le añadió ideas que no estaban. Y eso, para ser el primer disco de la banda sin Hinds, hacía falta.
«Marrow Deep» se coprodujo en West End Sound, el estudio propio de la banda en Atlanta, junto a Patrik Berger (Lana Del Rey, Charli XCX) y Kurt Ballou (Converge, High on Fire), con mezcla de Andrew Scheps. ¿El resultado? Doce canciones y poco más de una hora donde Mastodon redobla su apuesta de metal progresivo y coloca un pie mucho más pesado sobre el acelerador.
Además, tenemos una excitante nómina de invitados, porque seis nombres en doce canciones es una cifra inédita en la discografía de la banda y dice mucho sobre el ánimo con que se encaró el disco.
Ben Koller (Converge) aporta percusión en «Barbarians Blood»; Josh Homme canta en «Snakes for Dinner», veinte años después de su cameo en «Colony of Birchmen»; Randy Blythe (Lamb of God) y Nate Newton (Converge) reparten voces en «A Vampire’s Demeanor».
Además, tenemos al legendario Geezer Butler en «The Vanishing» con su inconfundible bajo saturado, acompañado por Joe Duplantier (Gojira); y Neil Fallon (Clutch) narrando en el cierre de «The Three Fates».
Por cierto, el término alude a las Moiras griegas, aquellas hermanas que hilan, miden y cortan el hilo de la vida, presentes también en la portada. Así, el concepto del destino administrado por otros recorre el disco entero.
El nuevo punto de partida
Mastodon decide entrar con la patada al hígado de «Barbarians Blood» con arreglos percusivos de Ben Koller, todo remitiendo al sludge primerizo, pero tamizado por el mood de «Emperor of Sand» (2017). Tenemos además el primer solo de sintetizador de Nogueira, siendo un aviso temprano de que los teclados aquí serán instrumento solista y no simplemente arreglos circunstanciales de relleno.
«Poisonous Weapons», que da nombre a la gira norteamericana con Deafheaven y Alcest, trabaja en varios niveles de dinámicas, con ese intercambio vocal entre Sanders y Dailor, y contiene además los primeros pasajes genuinamente progresivos del álbum. Por cierto, los solos de tonalidad jazzera son para enmarcarlos, y deliberadamente alejados de aquel bluegrass tan característico de Hinds.
Le sigue el single de «Your Ghost Again», dedicado íntegramente a Brent y también a la madre de Dailor, con una letra que habla de volver a ver el fantasma de alguien seguido por una oleada de culpa. Termina en una avalancha de sucesivas patadas sonoras en riffs, como si se recurriera a un estado catártico de furia como mecanismo de defensa para exorcisar aquellos demonios.
El otro single, «Snakes for Dinner», trae a Josh Homme veinte años después de «Colony of Birchmen», en unos directos cuatro minutos y medio que incluyen una suerte de autocita a «Hearts Alive», de «Leviathan» (2004), es decir, a una de las cumbres del propio Brent.
«Out Like a Lamb» muestra una serie de ostinatos y fills de batería bien logrados que pasan como el remanso para descansar de tanto riffeo; pero eso será por breve tiempo, ya que el tercer single de «In the Ruins», con video animado por Hey Beautiful Jerk, parte de la calma para escalar la tensión hacia el momento emocional más desnudo del disco, con Sanders declarando sin metáforas que de esto quizás no se sale.
La segunda mitad comienza con «They’re Coming For You» y ese solo de Johnston que despeja cualquier duda sobre su pertinencia. «Golden Spires», por su parte, deja a Dailor al frente con Sanders sosteniendo el estribillo; y «Moth and Bone», que nació de Kelliher tocando la acústica en una afinación inusual, justo después de la muerte de la madre de Dailor, es el gran momento de Nogueira, con esa apertura de teclados ambientales que deriva en el pasaje más contemplativo del álbum antes de volver a reventar en riffs retorcidos.
«A Vampire’s Demeanor» nos regala a Randy Blythe y Nate Newton en un cruce de space rock con fondo gótico que promete convertirse en un favorito de los sonidos más oscuros de nuestros progjazzeros más metaleros.
El tramo final es probablemente el más esperado, con «The Vanishing» y el inconfundible bajo saturado del ex Black Sabbath y la aparición de Joe Duplantier en una oda al hard rock setentero con líneas bluseras y voces filtradas que incluso nos pueden remitir a cosas como «Planet Caravan», y de paso demuestra cómo un Geezer de 77 años no pierde su filo.
A estas alturas ya somos un guiñapo, pero el mastodonte no nos sacará los cuernos hasta el final de «The Three Fates», siendo una coda incendiaria rematada por un estridente solo de teclados y un despliegue metalero de esos para poner a todo volumen y estrellarse en las paredes de la habitación.
¿El final o un nuevo comienzo?
No es la primera vez que Mastodon mira hacia el abismo de la muerte. Ya en el fundamental «Crack the Skye» (2009) teníamos un concepto completo de la pérdida de la hermana de Dailor por desuscripción de la vida; pero lo que hoy encara la banda no tiene muchos parangones en el rock actual.
Lo notable de «Marrow Deep» es que suena sumamente humano, con rabia, celebración de las amistades acumuladas en el camino y una banda valiente que decide autosugestionarse que todavía puede construir.
En el primer párrafo, hablábamos de las tres vías que tiene una banda a la hora de encarar el fallecimiento de una pieza clave, pero obviamos el hecho de que, en cualquiera de ellas, la pérdida se convierte en una suerte de fantasma de comparaciones odiosas que nunca dejará de estar allí.
Así, el gran mastodonte en la sala siempre será Brent Hinds. Johnston es un guitarrista notable y Nogueira aporta un color sumamente apropiado que Mastodon jamás había tenido de forma estable, pero esa imprevisibilidad serpenteante, su voz, ese sonido a caballo entre el prog, el country y el bluegrass metido en los momentos más deliciosamente inesperados, francamente no se reemplaza, y es inevitable echarlo de menos.
Para el oyente que llega desde el progresivo, «Marrow Deep» es probablemente la mejor puerta de entrada de Mastodon en años. Teclados con rol protagónico que cualquier proghead agradecería, estructuras que respiran, un guitarrista invitado a la mesa grande, un ex Black Sabbath y, sobre todo, una banda que no divaga, sino que sabe exactamente de qué está hablando.
Así, estamos ante un excelente trabajo y un disco destacado que se mete a esa categoría por los palos. Sí, para el metalero de pura cepa, probablemente no será el mejor álbum de su catálogo, pero es, con toda seguridad, el más difícil de hacer. Y el más valiente.







