Karfagen y «OMNI II», la cima del buen gusto
Cuando en marzo de 2025 reseñamos «OMNI» acá en ProgJazz, cerramos apuntando que el bonus track del disco se llamaba «Omni II Overture» y dejaba la puerta abierta a una posible secuela.
Poco más de un año después, Antony Kalugin no solo cruzó esa puerta, sino que la convirtió en todo un pórtico ornamental llamado «OMNI II – Act I: The Glass of Time», aparecido en formato digital el 22 de mayo de 2026 y en CD el 19 de junio, en un digipack con libreto de 24 páginas y arte de Gyuri Lohmüller, relevando al polaco Krzysztof Wiśniewski que había firmado la primera entrega.
Conviene recordar de dónde viene una de las bandas más preciosistas de los últimos 30 años en el rock progresivo europeo. Karfagen nació en 1997 en Járkov, cuando Kalugin era todavía un escolar, y desde entonces ha sostenido una obra desmesurada en cantidad y sorprendentemente consistente, repartida además entre Sunchild, el dúo Hoggwash y su carrera solista.
La guerra lo obligó a dejar Ucrania y a rehacer su vida y su estudio fuera del país, algo que cobra más peso en el actual trabajo, ya que buena parte de su obsesión con la memoria, con lo que se rompe y con lo que aún sostiene, viene de ahí.
En octubre de 2025, Kalugin publicó en Bandcamp «OMNI II – Working Stages», un adelanto de poco más que demos refinados; en noviembre llegó «OMNI: A Shuffle of Fate – The Working Tapes», recopilación de descartes y versiones alternativas de las sesiones del primer OMNI que funcionó como una especie de eslabón perdido del ciclo; y en marzo de 2026, «Omni II: Council of Eleven», anticipo con una versión single de «Carry On» y una obertura firmada junto a Rob Reed.
Allí observamos cómo Kalugin numera las secciones correlativamente, donde el «OMNI» original contenía las Partes 1 y 2; «A Shuffle of Fate» aportó la Parte 3; y este nuevo disco se despliega como Parte 4, Parte 5 y una Parte 6.
Así, el trabajo total cronometra unos saludables 48:20, donde todo está en su lugar y nada sobra.
La grabación siguió el método a distancia que Kalugin ha perfeccionado, donde él compone, arregla, produce y toca teclados, bajo, pedales, percusión y voces, y hace circular las maquetas entre un elenco internacional aún más imponente que el del primer OMNI.
Vuelven John Hackett, Michel St-Père, Jean Pageau, Marco Glühmann y Per Malmberg; pero además ahora se suman Roine Stolt (The Flower Kings, Transatlantic) con su hermano Michael Stolt al bajo, Yogi Lang y Kalle Wallner de RPWL, Rob Reed de Magenta, Marek Arnold al saxo soprano, Pascal Gutman al Chapman Stick y el cubano Roberto Díaz, guitarrista de Anima Mundi.
El núcleo ucraniano lo sostienen Aleksandr Murenko, Dmytro Ignatov y una Mariya Panasenko que abandona los coros para asumir un rol protagónico.
Si «OMNI» (del latín omnis, «todo») era todas las caras de la pirámide del ucraniano, «The Glass of Time» estrecha exquisitamente el foco hacia un concepto más destilado. Así, las piezas siempre hablan de superficies que reflejan, congelan o se resquebrajan, tal como el mismo tiempo se nubla en nuestra mente conforme pasan los años y comenzamos a ver las cosas desde un prisma distinto.
El tiempo se tuerce
«The Glass of Time Part 1» abre con una introducción absolutamente preciosa, muy genesiana (si me dijeran que tocó Tony Banks, me lo creo), de Rob Reed a los teclados y guitarras durante el primer minuto y medio, antes de que entre Kalugin y St-Père despliegue una guitarra de resonancias claramente oldfieldianas, aunque también nos puede recordar a ciertas cosas del Vangelis de los años 70′.
Es una gran pieza que decreta el tema principal con la flauta de Hackett aportando ese característico mood pastoral que tanto gusta al ucraniano.
Roine Stolt aparece por todo lo alto en la pop-proggy «Frozen Rivers» cantando y tocando con su hermano Michael al bajo, una melodía exquisita. Obviamente, las comparaciones mentales con The Flower Kings son inevitables, pero Kalugin las esquiva otorgando a la pieza un carácter más propio con el saxo de Arnold, que le da identidad propia.
Si ya veníamos de momentos bellos tras momentos bellos, «Shadowbound» incluso llega a subir el listón con la voz de Mariya Panasenko, entregando una interpretación descomunal, sobre líneas de guitarra tan bien integradas que no repasar la pieza unas tres o cuatro veces sería un desperdicio.
Cierra la cara «The Shape of Love» y sus ocho minutos y medio donde Glühmann demuestra por qué Kalugin insiste en darle alto protagonismo, con una tesitura que pasa de lo desnudo y quebrado a la estridencia total.
Inauguramos la cara B con la épica «Carry On», que reúne a Yogi Lang y Kalle Wallner en lo que suena francamente como la mejor canción que los alemanes de RPWL jamás compusieron; aunque a decir verdad, también nos trae a la mente el mood y la forma de encarar la música del Yes de Benoît David con «Fly From Here» (2011).
«Beyond the Mirror» y «How Fragile We Are» son piezas hermanas unidas sin solución de continuidad, donde la primera tiene un saxo sexy y la voz de Per Malmberg, sostenida alegremente por los coros de Panasenko y Jannica Lund. La segunda devuelve a Panasenko y, como anuncia el título, apunta a la delgada línea sobre la que caminamos como especie. Ambas resultan muy, muy bien, revelando por enésima vez la clase musical e impecable buen gusto de Kalugin.
«The Glass of Time Part 2» cierra con St-Père y Kalugin en un final instrumental de teclados atronadores y guitarra desatada, con las melodías Banksianas de apertura reapareciendo para completar el círculo.
Kalugin decidió incluir en la versión de Bandcamp, Deluxe y CD (léase, todas las que no son de plataforma de streaming tipo Spotify) una tercera sección instrumental bonus track-esque de 19 minutos encadenada como «Under the Northern Lights», «The Silent Compass» y «Omni 45» que funcionan como maravillosos addendum a la versión original y a este editor lo hacen viajar a algunos de los momentos más maravillosos de la discografía de Steve Hackett.
En «We Live While We Remember» tenemos la voz de Jean Pageau sobre una melodía muy resultona y «Shard of Silence» cierra como impecable coda.
La cima del buen gusto
Anthony Kalugin es un músico y reclutador de talentos excepcional, de eso no quedan dudas, y «OMNI II» solo lo reafirma aún más. A oídos de este editor, este es un disco destacado de 2026 con todas sus letras, y probablemente sobrepasa las cotas de excelencia de su primera parte.
Es cierto, el ucraniano ha vuelto a priorizar la canción bien armada por sobre jams instrumentales, y quien venga buscando los paisajes extensos del Karfagen de antaño encontrará menos de lo que quisiera; pero es una elección consciente y ejecutada de forma irreprochable.
Si el disco en cuestión fue de tu agrado, te sugerimos adquirir el trabajo a través de su Bandcamp, ya que es más equitativa con las ganancias de los artistas que las típicas plataformas de streaming, o en su defecto, hacerte con la copia física en tu tienda de discos de confianza.






