«Cosmic Messenger» y el momento prog de Jean-Luc Ponty

Cosmic Messenger

Entre 1975 y 1985, Jean-Luc Ponty estaba en la cresta de la ola de su carrera artística, con diez años muy prolíficos que arrancaron con “Upon the Wings of Music” (1975, reseñado acá) y se extendieron hasta “Fables” (1985). Doce álbumes y un lugar prácticamente inamovible en las listas de jazz de Billboard.

Trabajos como “Aurora” (1976), “Imaginary Voyage” (1976) o “Enigmatic Ocean” (1977) lo habían consagrado como una figura central de la fusión junto a bandas como Mahavishnu Orchestra, Return to Forever o Weather Report.

Sin embargo, el dialecto que hablaba JLP dentro de la fusión era uno muy propio y atractivo para el oyente, con estructuras cuidadosamente compactas, virtuosismo a raudales, ciertas «simpatías» por el rock progresivo, unidas a melodías luminosas y una banda que funciona como máquina rítmica y orquesta electrónica a la vez.

Dentro de esa década impecable, “Cosmic Messenger”, grabado en la primavera de 1978 y editado ese mismo año por Atlantic Records, aparece justo después del gran éxito de “Enigmatic Ocean” (impulsado por el hit menor de «Mirage«), manteniendo la receta instrumental, pero de forma más directa, sin suites largas y con piezas bien diferenciadas.

La banda de entonces es la célula dura de su proyecto californiano, con el propio Ponty en violín eléctrico de cinco cuerdas, violines, órgano, sintetizadores y Orchestron; Allan Zavod en teclados (ex Frank Zappa); Ralphe Armstrong al bajo (a menudo fretless), además de Casey Scheuerell a la batería y percusión.

En el departamento de las guitarras, el francés perdió parcialmente a Daryl Stuermer (quien se iría a las giras de Genesis) y a Allan Holdsworth (quien se uniría a U.K.), por lo que se consolida el tándem de guitarras de Joaquin Lievano y Peter Maunu.

El álbum se grabó en Cherokee Studios (Hollywood) y Chateau Recorders (North Hollywood), mezclándose en este último y masterizándose en Sterling Sound, Nueva York, dentro de un circuito de estudios muy usado por el rock y hard rock de la época.

Durante 1978, el jazz fusión campaba a sus anchas por Estados Unidos con una fanaticada fiel; pero a su vez, el público estaba encantado por sonidos más directos y agresivos, como el punk o new wave. En una verdadera jugada maestra por parte del francés, recluta al ingeniero de sonido Ed E. Thacker, un técnico más rockero (produjo «Crisis?, What Crisis?» de Supertramp), para darle un empuje más punchy y contemporáneo a la sección rítmica.

Toda esta combinación de producción tan poco ortodoxa en el jazz apuntaba a esa intención de situar su fusión en el mismo terreno sónico que el rock de finales de los 70′, y no tanto en el terreno de gente como Chuck Mangione.

Así, Ponty produjo el disco y firmó toda la música, manteniendo su ya acostumbrado control obsesivo sobre estructura, timbres y dinámicas.​

En el apartado técnico-musical teníamos uno de los primeros usos de delays con eco en violín eléctrico, claramente referidos en piezas como “Cosmic Messenger”, “I Only Feel Good With You” y “Ethereal Mood”, donde el violín se expande en capas sonoras que terminan envolviendo a toda la banda.

Y es que Jean-Luc fue de los primeros violinistas de jazz en enchufar su instrumento a distorsiones, phasers, wah‑wah y, más tarde, a sistemas MIDI, precisamente para conseguir ese timbre característico que domina en “Cosmic Messenger”.

Además, en esta etapa, Ponty se encuentra claramente fascinado por las estructuras más ceñidas y los ostinatos repetitivos; todo ello mientras se mueve con soltura dentro del swing y el bop hacia el jazz rock de la época y la world music. Esto conlleva que el trabajo tenga más desarrollo atmosférico, más construcción temática y más intención narrativa que sus antecesores.

En el apartado gráfico, tenemos una de las portadas más recordadas de toda la carrera del francés, y una de las pocas de esta época donde él no es el elemento central del arte. La idea visual del “mensajero cósmico” no vino de Atlantic ni de una casa de diseño gráfico, sino de Claudia Ponty, la esposa del violinista, que aparece acreditada como responsable del concepto gráfico. El cuadro en sí lo pintó el artista Daved Levitan, mientras que el fotógrafo Gary Heery hizo la imagen de contratapa y Sam Emerson las fotos interiores.

​Con todo, «Cosmic Messenger» y su consistente musicalidad aparecerían en las disquerías un 10 de agosto de 1978.

Las piezas

El LP amanece con la pieza homónima, la cual no habría desentonado en ningún trabajo de rock progresivo de los años 70′. Una hipnótica amalgama de sintetizadores y guitarras provenientes de un espacio exterior, cual mensajero cósmico, prepara el groove principal donde el violín doblado con eco enuncia un motivo con gran gancho melódico que servirá de ancla para los sucesivos solos.

Aunque el violín es el definitivo protagonista, aquí queda de manifiesto el espacio que deja «Cosmic Messenger» para el desarrollo de las guitarras de Maunu y Lievano, cuya función pasa de acompañamiento rítmico a sostener largos e inspirados solos. Un track que inaugura la música por venir, por todo lo alto.

La primera pieza grabada para el disco en el estudio sería el segundo track de “The Art of Happiness”, la cual abre el flanco más funk del disco con tempos inusuales en batería y un bajo especialmente potente e inventivo de Armstrong. El solo de Lievano, por su parte, es absolutamente sacachispas. ​

Ponty contaría en aquella época que escribió esta música como una especie de oda a la alegría de crear, intentando capturar el subidón anímico que sentía cuando improvisaba con su banda. Lo notable es que todo se grabó en la primera toma, describiéndolo más tarde como «una vibra de pura dicha en la banda».

Con más de seis minutos, “Don’t Let the World Pass You By” es uno de los desarrollos largos y épicos del disco, construido sobre loops de sintetizadores y delay in crescendo, junto a una guitarra rockera de Maunu, estableciendo una sucesión de solos de guitarra y teclados que recuerdan a las suites de «Imaginary Voyage», junto a un virtuoso beat de batería que no decae jamás.

“I Only Feel Good With You” es una verdadera carta de amor a la jazz rock, donde el violín adopta un tono claramente vocal, nostálgico, apoyado por acordes de teclado. Una preciosidad de pieza instrumental que tenemos seleccionada para nuestra playlist de San Valentín en Spotify.

El resultado es de una melancolía luminosa, levemente kitsch quizá para algunos oídos actuales, pero tremendamente efectiva si se acepta la estética del jazz melódico de finales de los 70.

Puppets’ Dance” aligera la epicidad de las piezas anteriores con una danza en 6/8 sobre un bajo muy articulado de Armstrong. La edición digital acredita a Zavod en piano eléctrico, a Ponty en órgano y violín eléctrico y a las dos guitarras eléctricas, lo que explica la densidad rítmica y tímbrica del arreglo pese a su brevedad.

Aquí la escritura de Ponty se aleja del jazz, para acercarse a la “fusión prog”, con motivos juguetones, un diálogo constante entre violín y guitarras y pequeños acentos de teclado que recuerdan al rock sinfónico más ligero. ​

Volvemos a los momentos eléctricos con el 33/16 (!) de «Fake Paradise» y su virtuoso rudimento de base de Casey Scheuerell, alternando secciones en las que el órgano de Zavod construye acordes densos. Mientras ocurre aquello, tenemos pasajes donde la guitarra de Maunu entra apoyada por el enorme bajo de Armstrong.

Los acentos desplazados dentro de algunos cambios en 9/16 le dan ese saborcillo proggy​ que hará las delicias de cualquier oyente novato en las aguas de JLP en busca de música interesante, pero difícil de contar y tocar.

La pieza más ambiental del álbum y una de las favoritas personales de Ponty es “Ethereal Mood”. Fuertemente anclada en el teclado de Zavod, unas congas muy discretas de Scheuerell que le dan un aire latino y el bajo característico de Armstrong, crean el pasaje sonoro perfecto para que el violín, cargado de eco, entre con un tono que nos puede remitir a una voz humana cantando largas notas sostenidas.​​

Y llegamos al gran cierre del trabajo. “Egocentric Molecules” se convirtió en pieza obligada en los sucesivos shows del francés hasta bien entrados los 90′, y ya desde los primeros segundos queda establecida la razón.

Lo cierto es que es una pieza de adrenalina pura que podríamos ver perfectamente adecuada incluso para que Dream Theater haga un cover de ella. Una sucesiva racha de notas hiperveloces al unísono de los instrumentistas desemboca en un frenético 7/8 con apabullantes solos de guitarra, bajo y violín en un despliegue de virtuosismo desatado.

En todo caso, su mejor versión se encuentra en el disco en vivo «Live» de 1979, la cual se estira hasta más de siete minutos y se convierte en un tour de force donde se encadenan emocionantes solos, algo que los fans consideran como el gran momento de los shows de fines de los 70 y 80.

Así, estas «moléculas egocéntricas» se convierten en la cereza del pastel perfecta de un LP consistente de principio a fin.

Un clásico que merece más atención entre los progheads

El mensajero cósmico entró en el Billboard 200 y también tuvo un desempeño fuerte en las listas de jazz. Eso lo posicionó como uno de los trabajos más visibles del francés en el mercado norteamericano.

Con el tiempo, “Cosmic Messenger” se convertiría en uno de los trabajos más recordados de la era Atlantic de Jean‑Luc Ponty. Condensa a la perfección sus ya mencionadas ideas de jazz fusión: estructuras compactas, virtuosismo, su «simpatía» por el rock progresivo (aquí más que nunca), todo sin dejar de lado el atractivo para el oyente interesado en música de escucha atenta.

Un trabajo que merece que cualquier proghead que se precie de tal le dé, por lo menos, una oportunidad.


ProgJazz es un colectivo unido por la amistad nacido en 2007, y que busca difundir música sobre la base del rock progresivo, el jazz, la música de vanguardia y todos sus géneros asociados.

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