Banco del Mutuo Soccorso y los 50 años de su álbum debut

Banco del Mutuo Soccorso 1972

Una maravilla de tomo y lomo. Eso es lo único que podía pensar la primera vez que escuché Banco del Mutuo Soccorso, álbum debut de la banda italiana del mismo nombre, editado el 3 de mayo de 1972. Varios años han pasado de ello, y la piel se me eriza de la misma forma que la primera vez al escucharlo. Sé que muchas personas prefieren otros álbumes de Banco, como «Darwin!» o «Io Sono Nato Libero», por ejemplo. Quizá sea porque lo escuché primero, o simplemente por cuestión de gustos. Pero este disco es mi favorito, por mucho, de Banco del Mutuo Soccorso.

 

La historia de Banco y su disco debut

El grupo se forma en Roma, el año 1969, por dos figuras clave en el sonido de Banco, y del progresivo de Italia: los hermanos Gianni y Vittorio Nocenzi. Ambos tenían sólidos estudios de piano y, especialmente Vittorio, contaba con una fina capacidad de escritura. En 1968 Gianni había colaborado con una banda llamada «Crash«, desde la que llegaron dos nombres al grupo: el bajista Fabrizio Falco y el baterista Mario Achilli. En guitarra, inicialmente se uniría Gianfranco Coletta.

El grupo tocó en varios conciertos y festivales locales, orientándose especialmente al beat, que sonaba fuertemente en Italia en esa época. Sin embargo, las aspiraciones musicales de los hermanos Nocenzi terminaron por cambiar la formación inicial. En 1971 se incorporan cuatro figuras clave. Por una parte, Marcello Todaro se hacía cargo de las guitarras. Por otra, llegaban tres miembros del grupo llamado «Le Esperienze»: el bajista Renato D’Angelo y el baterista Pierluigi Calderoni. Pero la más decisiva de todas, sería la adición del excelso Francesco Di Giacomo como voz principal.

Con esta formación, Banco del Mutuo Soccorso se acercaba a un sonido fuertemente sinfónico. La poesía de Francesco Di Giacomo se sumaba al genio de Vittorio, quien además de algunas letras se encargó de la composición. El camino se encontraba cimentado para su debut discográfico.

El álbum, titulado de manera homónima, se lanzó el 3 de mayo de 1972. Esa fecha también es la que aparece en la zona muerta del vinilo, al menos en la mayor parte de su primera edición. En otras, en tanto, aparece inscrito el 22 de abril de ese año. Algunas copias incluso contenían ambas fechas, una a cada lado. Es posible que abril haya sido la fecha inicial prevista para su lanzamiento, lo que produjo finalmente esta confusión. O incluso que haya sido la fecha en que el vinilo fue prensado, como ocurre con las primeras ediciones de los debuts de Museo Rosenbach o de Reale Accademia di Musica (también con el sello Ricordi).

Banco lanzamiento 3 de mayo
Afiche de lanzamiento del disco: «Las palabras no bastan. Tienes que escucharlo. Se lanza el 3 de mayo de 1972». (Fuente: Facebook oficial de Banco)

El arte del álbum es obra de Mimmo Mellino, quien también trabajó en otros discos del grupo, como «Come in un’Ultima Cena» o «Banco» de 1983. La primera edición del vinilo tenía la forma de la alcancía que aparece en la portada tradicional. Es decir, no era cuadrada, lo que probablemente trajo problemas para guardarse sin sufrir daños.  De hecho, el vinilo tiende a caerse de la caja al estar en posición vertical. El propio Gianni Nocenzi diría más tarde que eso fue un gran problema para el sello, ya que no se podían usar contenedores estándar para su transporte y embalaje.

En la primera edición del disco, además, la ranura de la alcancía tenía una tira removible de cartón. Al levantarla, aparecían los rostros de los integrantes en ella. Ya desde la segunda impresión del disco, éste se mantuvo con la portada que ya conocemos: la alcancía sobre un fondo blanco, con un empaque convencional (cuadrado) del LP.

Banco primera edicion
Fuente: Discogs

49 años más tarde, en mayo de 2021, Banco del Mutuo Soccorso se acreditaría como disco de oro en Italia.

 

Las piezas del álbum

Banco del Mutuo Soccorso comienza con una corta pieza, llamada In Volo. Introducción que suele pasar desapercibida y tomada simplemente como un preludio. Y justamente por este motivo me quiero detener en ella. Centrada en una recitación sobre etéreos teclados y dulces sonidos de flauta, la voz es intercalada por coros infantiles.

La recitación se inspira en el poema épico «Orlando Furioso», escrito por Ludovico Ariosto, poeta del Siglo XVI. Esta es una extensa obra, que tendría también una versión de Vivaldi (1727). Por ello se menciona a Astolfo, así como al hipogrifo, criatura mitológica mitad caballo y mitad grifo. Dicho poema se enmarca originalmente en la guerra entre Carlomagno y los sarracenos (musulmanes). Francesco Di Giacomo diría al respecto «me pareció brillante esta lírica medieval en una época que era demasiado medieval por sus restricciones. Nunca pensé que hoy podría ser tan gris».

Como buena obertura, la letra resulta una invitación, ubicándonos a una altura suficiente como para considerar que estamos fuera del mundo terrenal. De hecho, la letra nos dice:

«Desde aquí, señor, domina el valle. Lo que ves es lo que es«.

En tal sentido, el valle es nuestro mundo. Ello nos indica que las siguientes pistas del álbum representan aspectos del mundo que vivimos. Uno, por cierto, muy terrenal. La letra prosigue:

«Pero si la imagen es débil a vuestra vista, bajemos a mirarla desde abajo. Y nos deslizaremos en un galope alado dentro del cráter donde el tiempo gorgotea».

Por este motivo, «In Volo» termina con el canto de los niños, canto que bien puede simbolizar la transición hacia nuestra propia existencia. El sonido de la flauta y del sintetizador, acompañado de acompasados toques de bajo y batería, nos muestran un mundo onírico, que choca fuertemente con la realidad en la siguiente pieza.

En efecto, como un ladrillo, cae el fuerte riff en 5/4 que da inicio a R.I.P. Un sonido agresivo, potente, cuyo dinámico ritmo contrasta con su antecesor. «R.I.P.» es una directa crítica a la guerra, explicitando en sus letras la crueldad de ésta. Sin mayor preámbulo, comienza diciendo:

«Cuerpos de caballos y lanzas rotas se tiñen de rojo. Lamentos de personas que mueren solas, sin un Cristo que esté ahí».

Aquí Banco se dirige a personas que han sembrado dolor, y que ahora se encuentran abandonadas. Personas que, parafraseando la letra, sembraron su gloria sobre un cúmulo de carne muerta. Veteranos de guerra. Luego de esta sección rockera, que incluye un pasaje cercano al jazz sobre el que se desenvuelve un solo de guitarra, hay un rotundo cambio pasado el minuto 3:30.

Desde aquí en adelante, entramos a una hermosa sección operística, de un alto contenido emotivo. El piano toma las riendas de la música, mientras la voz de Di Giacomo interpreta perfectamente la letra. Aquí se habla directamente al anciano, que guarda silenciosamente secretos de las atrocidades cometidas, y de las «que solo Dios sabe». Que vive su vejez con la frialdad que lleva una vida tras la guerra.

En medio, entra la batería y el bajo, luego el piano y la voz, que construyen un paulatino crescendo. El piccolo ayuda a aumentar la sensación de languidez que arrastra esta sección. A pesar de que la letra muestra cierta lástima por el veterano, la rabia se mantiene latente. En este sentido, los matices de Di Giacomo son decisivos. Claro ejemplo de ello es la rabia que interpreta al cantar «Pero de ti quedará solo el dolor, el llanto que has entregado». Después de todo, ¿de qué sirvió realmente manchar sus manos con sangre?

La intensidad con la que termina «R.I.P.» se equilibra con un breve respiro. Passaggio es, en apariencia, una casual pieza en que Vittorio Nocenzi se escucha entrar a una sala, tararear una melodía, tocar esa melodía en clavecín y retirarse de la sala. Un minimalista descanso que nos lleva al Renacimiento, y que parece elevarnos nuevamente hacia las alturas.

Metamorfosi cierra el lado A del disco. Inicia con un vertiginoso ritmo, que intercala 6/8 y 5/8. Un inicio que vuelve a dar protagonismo a la guitarra eléctrica, que se mantiene con un obsesivo piano liderando la melodía. Una cadencia de órgano nos lleva a un ritmo de 3/4 liderado por el piano de Gianni, que comienza a construir una gran intensidad y a aumentar el vértigo nuevamente. Luego de una transición, se suma el resto de los instrumentos sobre la misma melodía en 3/4, que persiste en diferentes tempos. Varias veces el grupo construye crescendos, que se apagan solo para volver a re-elaborarse.

Ya en el minuto 6:34, con una breve transición con acordes de bajo, parece construirse una nueva melodía. Esta vez en 4/4, una emotiva guitarra eléctrica presenta la melodía que tomará la voz de Di Giacomo, recién pasados los 8 minutos y medio:

«Hombre, no sé si me parezco a ti, no lo sé, siento, sin embargo, que no me gustaría marcar mis días con los tuyos»

El estilo operístico y solemne de esta breve lírica culmina con un sentido lamento. Pareciera que el hablante fuera alguien condenado a vivir como ser humano. ¿Será lo que Jesús habrá pensado antes de encarnarse, luego de ver el desolador estado de la humanidad? Tras dicho lamento, otro obsesivo piano pone en marcha el cierre de «Metamorfosi», que culmina en un ágil juego armónico liderado, una vez más, entre los hermanos Nocenzi.

El lado B de Banco del Mutuo Soccorso comienza con Il Giardino del Mago. El trabajo lírico, obra de Di Giacomo, se relaciona con el tiempo, la libertad y las decisiones vitales. En sus propias palabras: «escribí sobre el cambio, sobre la fuerza, sobre la posibilidad, sobre el placer de abrirse a los demás». Ello se traduce en letras crípticas y, sin embargo, capaces de reflejar imágenes muy claras al conectarse con la música. Música que, por cierto, se encuentra llena de variaciones.

Esta pieza se divide en cuatro movimientos. El primero, «Passo Dopo Passo«, ocupa los primeros cinco minutos. Una melodía lúgubre, cuya letra muestra a un hombre que recuerda su niñez llena de sueños, y que se da cuenta que nunca se sintió verdaderamente realizado. Se ve a sí mismo en su funeral, y lamenta haber desperdiciado su tiempo en vida. Es, además, el movimiento más minimalista, cortado apenas por la guitarra eléctrica en una ocasión y por un breve coro en otras dos.

El segundo movimiento se titula «Chi Ride e chi Geme» (quien ríe y quien gime). Tiene una abrupta entrada, con tempo acelerado, y con el vértigo propio de una fuga. Aquí se describe el jardín del mago que da nombre a la pista completa, lugar al que llega la mente del protagonista.

Un lugar de fantasía donde reír, donde llorar, donde yace todo ideal humano y descansan ideas ya olvidadas. Donde convive lo bueno con lo malo. Incluso un juego de voces dialoga con Di Giacomo, reprochando, cuestionando e incitándole a regresar. «No puedo volver, me quedaré», responde. El caos de este lugar queda especialmente patentado en la música, cuyo ardor no se apaga sino hasta el inicio del siguiente movimiento.

Continúa «Coi Capelli Sciolti al Vento» (con el cabello suelto al viento), pieza que nos dibuja las escenas más oníricas de todas. Luego de una cortina de sonidos acuosos, un piano de influencias clásicas construye la melodía que predomina en este movimiento. La realidad se mezcla con la fantasía, en la sección líricamente más abstracta y compleja del álbum. Pero también la más hermosa, expresando la más bella inocencia de la infancia. Gnomos y árboles que corren persiguiéndose, cisnes danzando, pasteles de flores… ¿alguien en su sano juicio querría volver a la realidad ante un escenario así?

Las armonías que se logran aquí resultan perfectas, sobre todo cuando se conjuga la guitarra acústica, el bajo y el piano. Pasado el minuto 13:30 también suena un viento, que no sé si es un clarín o alguna variación de clarinete, que otorga a la melodía un sentido todavía más estremecedor.

Este tercer movimiento plantea, al menos, tres momentos emotivos, que se reconstruyen sobre la misma melodía. Las tres, además, comienzan a elaborarse en la medida en que Di Giacomo imposta su voz, tras un preludio instrumental. La última, que se puede entender como la catarsis de esta pieza, nos termina señalando:

En los espacios donde la muerte no tiene dominio
Donde el amor cruza fronteras
y el sirviente baila con el rey
Corona sin vanidad
Eterno es el camino que va.

La expresividad del vocalista llega a un punto que, incluso, en el minuto 15:30 (al terminar el último verso) se percibe un leve quiebre de su voz, tras la impostación decisiva que conduce al cuarto movimiento: «Compenetrazione«. Éste termina con una mezcla de las principales melodías de las tres secciones anteriores. Una necesaria síntesis de lo real y lo fantástico.

El álbum cierra con Traccia, una fuga que va aumentando en intensidad en la medida que los contrapuntos se alimentan de la incorporación de cada instrumento. Un final digno de una sinfonía clásica, y que se convertiría en una pieza obligada de Banco en sus presentaciones en vivo.

 

Con todo, Banco del Mutuo Soccorso representa el inicio de una larga y fructífera historia. Un inicio que hoy, a 50 años de su lanzamiento (bueno, más o menos), nos sigue haciendo soñar. Mezclando la fantasía con la realidad, lo épico y lo ordinario, lo bello y lo horrendo del ser humano, Banco se consagraba como el precursor del sonido más puramente sinfónico del rock progresivo de Italia.

 

 

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