Ian Anderson: «Para las artes creativas, la IA se puede ir a la basura»

Considero que es el mejor. Un genio.

Ritchie Blackmore, 2026

Hemos tenido el enorme honor de conversar con Ian Anderson, voz, flauta, guitarra, arreglos y mente creativa de Jethro Tull.

Un músico absolutamente genial que no necesita presentación, pero nobleza obliga. Desde finales de los años 60′, Anderson convirtió un instrumento ajeno al rock, la flauta traversa, en el centro de gravedad de una de las bandas más singulares e influyentes del género, capaz de fundir rock, hard rock, blues, folk, música docta, experimentación y rock progresivo en clásicos absolutos como «Aqualung» (1971) o el monumental «Thick as a Brick» (1972), solo por nombrar dos estandartes de una discografía superlativa.

Más de medio siglo después, Jethro Tull no solo sigue en pie, sino que se encuentra en una de sus etapas más prolíficas con «Curious Ruminant» (2025), su vigésimo cuarto álbum de estudio publicado a través de InsideOut Music (reseñado acá). Aquel trabajo es el tercer disco de la banda en apenas cuatro años, tras «The Zealot Gene» (2022) y «RökFlöte» (2023).

En esta conversación, el músico repasa sus comienzos autodidactas, su relación con la tradición clásica india, su rotunda postura frente a la inteligencia artificial en el arte, o si existiría una eventual vuelta a Sudamérica; además de los consejos que daría hoy a cualquier joven que tome una flauta por primera vez.

Todo, con el humor afilado, inteligencia y honestidad sin concesiones que siempre lo han caracterizado.

Antes de comenzar, queremos dedicar unas palabras de condolencias a Ian y la banda por el fallecimiento de la ex tecladista y arreglista Dee Palmer (antes David Palmer), quien nos dejó el mismo día -13 de junio de 2026- en el que tuvimos la conversación con el músico escocés.

La entrevista con Ian Anderson

PJ: ¡Hola, Ian! Llegaste a la flauta casi por accidente a finales de los años 60. ¿Tomaste alguna vez clases formales o fuiste completamente autodidacta, y cómo te enamoraste del instrumento?

IAN: La respuesta es no, nunca tomé clases formales de nada. De nada en absoluto, en realidad. No conduzco un auto, no piloto un avión. Fui a la escuela como todo el mundo y me fue bastante bien, pero en cuanto a títulos posteriores, no tenía ninguno.

Aprendí a tocar la flauta escuchando música, y no escuchaba música de flauta; en realidad escuchaba música de guitarra, porque al principio, en mi adolescencia, empecé como guitarrista. En aquella época estaban surgiendo tantos grandes guitarristas como Jeff Beck, Jimmy Page, Jimi Hendrix, Eric Clapton, Ritchie Blackmore, todo un puñado de músicos enormes que aparecieron a mediados y finales de los 60′, que pensé que quizás debía buscar otra cosa que tocar para intentar tener éxito en la música. Y, sin ninguna razón en particular, elegí la flauta.

Parte de la razón pudo ser que era pequeña y compacta; podía llevarla a todas partes. No presentaba los desafíos logísticos de convertirse en chelista o tubista. Me pareció un instrumento relativamente manejable, así que decidí tocar la flauta y la armónica, que también empecé a tocar hacia 1967 o 1968.

Mi interés por la flauta viene en realidad de la música docta, del folk y, supongo, de la música con la que crecí, que era el blues y el rock. Simplemente descubrí que era una buena forma de dejar mi huella en el mundo. Había una o dos personas que tocaban la flauta en algunas bandas, como The Moody Blues, o un par de saxofonistas que a veces la tocaban, como en King Crimson o en Traffic, pero yo la tocaba de una manera diferente, más enérgica, y se convirtió en el equivalente de la guitarra eléctrica en los primeros años de Jethro Tull.

La gente se fijó en mí y en lo que hacía. Así empezó todo, a principios de 1968.

Para el verano de 1968 ya era razonablemente conocido en el Reino Unido; para el del 69, en varios países europeos y en Estados Unidos. Tomó cerca de un año, un año y medio, antes de que Jethro Tull se notara en todo el mundo, y en los dos o tres años siguientes nos volvimos muy exitosos. Hacia 1971 o 1972 nos iba bastante bien en casi todas partes, salvo en los países que no podíamos visitar, como Europa del Este, Rusia o, por supuesto, el Lejano Oriente, donde solo habíamos tocado en Japón.

Europa del Este y Rusia se abrieron para nosotros en los años 80′ y 90′. Aunque allí la gente sabía quiénes éramos, nuestros discos se importaban ilegalmente y se copiaban; fue solo alrededor de 1987 u 88, en la era de Gorbachov, cuando Jethro Tull fue reconocido oficialmente en Rusia y se publicó en el sello estatal, Melodiya. Luego, a partir del 89′, se nos fue abriendo el resto de Europa del Este.


PJ: En los años 70′ construiste obras enteras en torno a personajes como Aqualung o el ficticio Gerald Bostock de Thick as a Brick. ¿Qué te motivó a trabajar tras esos personajes, y has pensado en hacer algo así de nuevo?

IAN: Solo intentaba crear algo un poco distinto de las habituales canciones de tres o cuatro minutos que escribía la mayoría. Quería hacer algo un poco más ambicioso. Así que hicimos «Thick as a Brick» en 1972 y, mucho después, en 2012, lanzamos «Thick as a Brick 2», que era una revisita de aquella idea, qué podría haberles pasado a los personajes de «Thick as a Brick» cuarenta años después.


PJ: ¿Cuánto de la disciplina de haber dirigido negocios reales explica que Jethro Tull haya sobrevivido 58 años, cuando casi todos tus contemporáneos implosionaron?

IAN: Bueno, todavía quedan bastantes. Aunque, lamentablemente, fue hace mucho tiempo y muchos ya han muerto; y mucha de esa gente ya no se siente muy bien. La realidad es que muchos de los artistas y bandas de esa época ya no existen, o simplemente se dedicaron a otra cosa. Pero algunos de nosotros seguimos vivos y en pie, e incluso hay quienes son mayores que yo, como Paul McCartney, Ringo Starr, Mick Jagger que siguen tocando.

Así que supongo que hay una base razonable para pensar que podría tener un año o dos más como músico en activo.


PJ: Esperamos muchos más años que eso. Al volver a escuchar tus grabaciones multipista originales para los remixes de Steven Wilson, ¿qué descubriste sobre el músico que eras a los 25 años que más te sorprendió?

IAN: En realidad, todos los músicos que han pasado por la banda han sido muy importantes a la hora de añadir sus toques personales a las canciones. Yo soy el compositor y el productor de la mayoría de los discos, pero los demás músicos tienen cada uno sus cualidades especiales, que han sido una parte enorme de todo lo que hemos grabado a lo largo de los años. Ha habido algo así como 28 o 29 miembros de Jethro Tull desde 1968; la gente va y viene. Pero yo sigo adelante, simplemente, porque puedo.


PJ: Geddy Lee (bajista de Rush) ha dicho que el mejor concierto que vio en su vida fue el de Jethro Tull en Toronto en 1973, y que cuando Rush volvió al escenario tras las tragedias de Neil Peart en los 90′, fue tu mezcla de música compleja y humor lo que los inspiró a relajarse y reírse de sí mismos sobre el escenario.

¿Cómo se siente saber que tu enfoque de tomarse la música en serio sin tomarse a uno mismo demasiado en serio ayudó a otra banda legendaria a sanar y regresar?

IAN: Hay muchos artistas que, con los años, han admitido ser fans de Jethro Tull; algunos no lo reconocían en su momento, pero después han dicho públicamente que en sus primeros años lo eran, y que Jethro Tull estaba entre sus influencias. Pero pienso en mis propios inicios. Cuando tenía unos 25 años, no tenía una o dos influencias, tenía cincuenta. Así que supongo que, cuando alguien dice que Jethro Tull influyó en sus comienzos como músico, no se refiere únicamente a Jethro Tull. Probablemente, igual que yo, se refiere a otras cuarenta o cincuenta influencias, de las cuales la nuestra quizás es una.

Creo que hay que mantenerlo en perspectiva. Sí, Jethro Tull ha influido en mucha gente, pero eso no significa que seamos la influencia más importante que han tenido, solo una de ellas. Y no son únicamente músicos. Hay actores, hay políticos, hay todo tipo de personas que dicen haber sido fans de Jethro Tull. Es una gran variedad de gente, no solo músicos.


PJ: Volvamos a la actualidad. Has dicho que nunca temes borrar material para siempre y, sin embargo, una pieza específica de «Curious Ruminant» (Drink from the Same Well, una de las canciones más largas de Tull en años) existe en parte porque tu hijo rescató un archivo que estaba a punto de ser eliminado. ¿Cambió ese episodio tu relación con tu propio archivo?

IAN: En realidad, solo fue una canción en particular. Era una pieza cuyas grabaciones multipista encontramos, que nunca se había terminado; un demo, una idea para interpretar con otro músico. Cuando la escuché, me sentí motivado a terminarla y a darle continuidad mientras estaba en una racha creativa, escribiendo un montón de otras canciones. Fue uno de esos momentos en que las cosas se alinean. Eso ocurre de vez en cuando. Simplemente se siente como el momento adecuado.

Si me preguntaras si tengo planes para un nuevo álbum ahora mismo, la respuesta es que tengo algunas ideas tentativas, pero no tengo una fecha de inicio. Haré algo cuando se sienta el momento. No será la próxima semana, ni la siguiente, y estoy bastante ocupado durante el verano. Pero quizás, más adelante en el año, me anime a empezar a trabajar en ideas nuevas. O quizás sea en 2027. Reaccionaré cuando sienta que es el momento.


PJ: Más allá de la historia del demo de esa canción con el músico indio Hariprasad Chaurasia, ¿qué quedó de forma permanente de la tradición clásica india en tu fraseo y ornamentación con la flauta, algo que un oyente atento pudiera detectar hoy en el álbum?

IAN: En ese tema en particular, yo había hecho un estudio de la música india en general, pero específicamente de la flauta india tal como la tocaba Hariprasad Chaurasia, que era el flautista con quien tenía agendados algunos conciertos. Escribí una pieza que potencialmente podríamos tocar juntos, pero él decidió hacer en su lugar un raga tradicional indio, así que el demo nunca se usó.

Sin duda, adopto mucho fraseo y muchas ideas de la música de los flautistas clásicos tradicionales indios. Pero es importante entender que no lo he estudiado en gran profundidad, ya que solo capto la sensación y tomo algunos de los elementos que me convienen. Tengo un oído musical occidental, así que escucho armonías y cosas que no ocurren en la música clásica india.

Fuerzo acordes, introduzco ciertos fondos armónicos en las líneas melódicas y en la improvisación que normalmente no estarían presentes en la música india.


PJ: Cuando empiezas a componer una canción, ¿partes de la flauta, o es algo que añades al final?

IAN: No tengo un único método para hacer música. A veces parte de un verso, a veces de un título, a veces de una línea melódica monofónica, como tocar algo en la flauta; a veces de unos acordes en el piano o de algo que he creado en la guitarra. Supongo que más a menudo en la guitarra que en el teclado. Pero intento no hacerlo siempre de la misma manera. Me gusta la idea de que distintos instrumentos puedan ser el punto de partida de distintas piezas.

No tengo un método de producción en cadena en el que diga «así trabajo y así lo haré cada vez». Deliberadamente intento no caer en esa rutina.


PJ: Con tres álbumes en cuatro años y una banda que nunca ha contemplado giras de despedida, y si bien nos acabas de adelantar algo, ¿ya tienes alguna idea más firme para un sucesor de «Curious Ruminant«?

IA: No tengo ideas específicas; tengo algunos pequeños garabatos, bocetos de audio en mi teléfono y, en algún lugar del escritorio de mi computadora, unas líneas de letra. Cuando llegue el momento, empezaré a desarrollar esas ideas y a crear algo tangible. Pero ese momento aún no ha llegado. Después de tres álbumes en cuatro años, creo que merezco un año de descanso.


PJ: ¡Absolutamente! Por otro lado, has dicho que quieres que tu hijo James gestione el catálogo de Jethro Tull bajo control familiar, y que no quieres que se use la IA para recrear la banda o tus canciones. ¿Qué opinas de que plataformas de streaming como Spotify en su versión premium incorporen opciones para que los usuarios generen música con IA?

¿Crees que integrar estas herramientas dentro de las plataformas permitirá más control sobre ese tipo de creación, o normalizará justo lo que temes?

IAN: La gente quiere todo gratis, no quiere pagar y quiere que se lo hagan todo. Así que la IA existe, en lo práctico, sobre todo para quienes no saben pintar, no saben dibujar, no saben hacer música; para quienes simplemente no tienen talento. Existe principalmente para hacerle el trabajo a la gente que no tiene las habilidades ni la capacidad creativa. Y, francamente, no me interesa tomar atajos. Creo que o tienes aptitud y talento, o no los tienes. Por eso la IA no me interesa en ese terreno.

La IA puede ser enormemente útil en los servicios médicos, en la comunicación con la gente; puede ser decisiva en el desarrollo de nuevas tecnologías. Tiene su lugar en el mundo actual y en el futuro. Pero cuando se trata de crear cosas, y específicamente de crear música, en realidad no está creando nada. Lo único que hace es tomar una enorme cantidad de información y procesarla muy rápido para decir: «Si Ian Anderson escribiera otra pieza, sonaría así, y la letra diría algo parecido a esto». Es patético.

Mi hijo lo intentó, probó a que la IA escribiera una letra de Jethro Tull. Era muy evidente que había tomado muchas ideas, temas y cierto uso del lenguaje que quizás reflejaban mi forma de escribir, pero el resultado final era una basura.

Si yo lo hubiera escrito, me daría una vergüenza enorme; nunca lo publicaría, porque era cursi, obviamente derivativo y sin ningún mérito.

Estoy de acuerdo en que la IA se desarrollará y se volverá más sofisticada en los próximos años. Pero la idea de usarla como sustituto… ¿De verdad querrías ir a ver una nueva película de James Bond con Sean Connery? ¿Por qué querríamos eso, si fuera creada artificialmente, sin ninguna sustancia real, sin estar interpretada y hecha por las personas originales, a la manera original? No tendría ningún mérito.

No tengo el menor interés en tomar atajos ni en ayudar a gente sin talento a aparentar que tal vez lo tiene. Y, desde luego, no querría (menos mal que mis hijos ya son adultos) que en estos tiempos usaran la IA para escribir sus tareas, una tesis universitaria o un doctorado.

Está devaluando el mundo en que vivimos, una devaluación del talento, del trabajo duro, de la asimilación y el uso del conocimiento. Solo se lo facilita a los perezosos, y no tengo ningún interés en ayudar a los perezosos.

Aun así, no estoy en contra de la IA; es una herramienta enormemente importante y vital en la sociedad moderna. Pero cuando se trata de las artes creativas, se puede tirar directamente a la basura.


PJ: Sabemos que fuiste invitado al primer Prog Prom de la BBC en el Royal Albert Hall el 18 de julio de 2026, donde se interpretará música de Jethro Tull en formato sinfónico, entre otras, aunque no podrás asistir por un compromiso previo.

¿Sientes que esto por fin reivindica al género progresivo, sobre todo tras la mala prensa que soportó durante tantos años en tu país?

IAN: No. Es solo alguien queriendo ganar dinero rápido vendiendo entradas en el Albert Hall; seamos realistas. No lo harían por motivos altruistas, sino porque quieren montar un concierto comercialmente exitoso, y no tengo problema con eso.

Todos intentamos que nuestra vida funcione económicamente y hacer cosas con alguna posibilidad de éxito. Pero no finjamos que hay algo grandioso y glorioso para el rock progresivo en ello. Es solo un factor más para llevar música al contexto de los llamados Proms del Albert Hall.

He tocado en el Albert Hall varias veces a lo largo de los años; es un edificio muy importante y venerable. Pero si me hubieran avisado un año antes, podría haberme organizado y posiblemente habría podido asistir. No puedo, porque tenemos otro show el día anterior en Italia y no podría regresar a casa para los ensayos con la orquesta, que serían absolutamente necesarios, ya que es un concierto orquestal, no de banda de rock.

Era algo claramente imposible para mí. Quizás, si me lo piden de nuevo el año que viene… aunque tendrían que decidirlo ya, porque ya tengo compromisos de conciertos para 2027. Así que tendrían que apurarse (risas).


PJ: Tus fans sudamericanos llevan años esperando tu regreso, y sabemos que tu última experiencia en Chile fue desagradable. Aquel show de 2015 en el Teatro Caupolicán que se canceló por razones completamente fuera de tu control, aunque tú ya estabas en el país.

¿Hay alguna posibilidad de que veamos a Jethro Tull tocar de nuevo en Sudamérica, y específicamente en Chile, un país que conoces bien por tu antiguo negocio de cultivo de salmón?

IAN: La respuesta es que probablemente no, porque cada vez más intento evitar los viajes de larga distancia. No disfruto pasar todas esas horas perdidas de mi vida sentado en un avión, y la vida es demasiado corta para malgastarla viajando. Tiendo a querer quedarme relativamente cerca de casa, y eso significa Europa, porque vivo en Europa y puedo viajar a casi cualquier lugar del continente en, digamos, dos horas. Pero hacer un vuelo de 12 o 14 horas, o de 22 horas a Australia, Nueva Zelanda o Japón… de verdad ya no quiero hacer ese tipo de viajes.

Tampoco quiero estar fuera de casa más de tres o cuatro días, porque disfruto de mi familia, de mis animales y de mi entorno familiar. Y para hacer una gira económicamente viable en Sudamérica, en uno, dos o tres países, estaría fuera diez días o dos semanas como mínimo, y eso ya no quiero hacerlo.

Llevo haciéndolo toda mi vida, 58 años, y es hora de quedarme más cerca de casa y dedicarme a lo que disfruto. Hay tantos lugares maravillosos en Europa, algunos de los cuales nunca he visitado, que tengo muchas ganas de eso.

Además, podrías decir que es un vuelo de 12 horas, pero tienes que sumarle tres o cuatro horas antes, porque no vivo en el aeropuerto. Estoy a dos horas, y luego hay que hacer check-in dos horas y media antes del vuelo. Y al llegar, entre recoger el equipaje, pasar por inmigración, que puede tomar muchísimo tiempo, y trasladarse quizás a otra ciudad, se suman otras dos o tres horas.

De puerta a puerta puedes añadir seis o siete horas más. No tengo ese tiempo para malgastar; soy un hombre mayor y quiero usar las horas y los días que me quedan para ser productivo y disfrutar de mi vida, no para estar sentado en un avión o una furgoneta todo el tiempo.

Así que es poco probable que me aventure tan lejos como las Américas, ni al norte ni al sur. Recibo ofertas habituales de promotores de lugares en los que he estado, y en principio me encantaría volver, pero no, a menos que exista una forma de entrar en una dimensión paralela y despertar treinta segundos después en Bombay o en Santiago de Chile.

Frente a la realidad del viaje físico, tengo que descartarlo. Lo siento. Y no es solo la cantidad de horas, ya que viajar cansa, pero no tanto de forma física como mental, porque eres improductivo. Puedo hacer algo de trabajo en el avión con la computadora o el teléfono, pero no se siente bien; no lo encuentro realmente productivo. Y tampoco quiero quedarme viendo películas interminables durante doce horas en el avión. Ya me cuesta bastante ver una, ni hablar de cuatro o cinco (risas).


PJ: ¿Cómo fue colaborar con Opeth en su último disco, «The Last Will and Testament» (2024), y volverías a recrear algo así?

IAN: Me encantaría contarte sobre ello, pero no puedo, ni siquiera un poco, porque fue algo que me pidieron hace dos años; lo hice cuando me lo pidieron y no recuerdo absolutamente nada al respecto. A veces toco en discos de otras personas, hago el trabajo, le dedico tres horas de mi tiempo, no más, y luego lo dejo de lado porque tengo otras cosas que hacer. Así que me temo que de verdad no recuerdo cosas en específico.

Conozco a Opeth. He coincidido con su cantante y compositor, Mikael (Åkerfeldt), un par de veces; es un buen tipo, y me pidió que aportara algo. Hice exactamente lo que me pidió, pero no recuerdo qué fue. No entré al estudio con ellos, ya que lo grabé en casa, en este mismo micrófono junto al que estoy hablando contigo ahora. Así que no tuve que ir muy lejos para hacerlo.

Nota de ProgJazz: Aunque Ian no lo recuerde, su aporte resultó más decisivo de lo que recuerda. Mikael Åkerfeldt llevaba unos quince años intentando que participara en un disco de Opeth y, en un principio, solo le pidió la narración hablada como el patriarca del relato. El célebre solo de flauta de «§4» nació por iniciativa del propio Anderson. Mientras grababa los pasajes recitados, le preguntó a Åkerfeldt si necesitaba un solo de flauta, y este, que ni siquiera tenía una sección prevista para ello, aceptó de inmediato.


PJ: ¿Qué consejo les darías a los jóvenes flautistas que recién empiezan con el instrumento hoy?

IAN: Creo que, para ahorrar algo de tiempo, vale la pena tomar una clase, solo para entender cómo sostener la flauta, cómo producir una nota y la escala básica del instrumento. Podrías dedicar una hora y aprender lo esencial; a mí esas cosas me tomaron probablemente una semana aprenderlas por mi cuenta. Así que una clase ayuda. Pero al terminarla, le aconsejaría a cualquiera que luego pase un tiempo a solas con el instrumento, aprendiendo a escuchar lo que intenta tocar. Usa tu oído, usa tu corazón.

Si simplemente aprendes a tocar leyendo notación musical en un papel, que es lo que, obviamente, hacen muchos flautistas, y prácticamente todos los clásicos, creo que deberías intentar antes desarrollar tu propia comprensión de la música y las habilidades que conlleva. Siempre puedes, después de un mes o dos, decir: «En realidad, sí quiero aprender a tocar a fondo, quiero interpretar un concierto para flauta de Mozart». Entonces, perfecto, ve y estudia los siguientes cinco años las tradiciones clásicas con un profesor universitario realmente bueno.

Pero, personalmente, creo que basta una clase para empezar y encaminarte, luego un mes o dos a solas con el instrumento, desarrollando tu propia relación con él, y después, si quieres, volver a tomar más clases.

Por encima de todo, como consejo para cualquier músico, no solo para un flautista, ten un Plan B. Porque si te dedicas al Plan A (ser músico profesional) y pasas meses, años o toda una vida intentando triunfar, y no sucede, estarás muy triste y muy infeliz.

Pero si tras unas semanas, unos meses o un año o dos no te ha funcionado, ten un Plan B. Siempre puedes seguir siendo músico aficionado el resto de tu vida y ganarte el dinero para pagar un auto, una casa y la escuela de tus hijos. Puedes encontrar otro trabajo y ser músico en tu tiempo libre; no hay nada de malo ni de indigno en eso.

Yo tenía un Plan A, un Plan B y un Plan C cuando era adolescente; lo pensé todo con mucho cuidado. Mi Plan A era unirme a la policía y llegar a ser un oficial de alto rango. El Plan B era ser periodista, escribir sobre la actualidad y el mundo en que vivimos para un periódico.

Intenté el Plan A, y no me dejaron entrar en la policía. Intenté el Plan B, e incluso me ofrecí a preparar el té en la redacción solo para empezar, pero tampoco me quisieron ahí. Así que terminé recurriendo al Plan C, que era convertirme en una estrella de rock internacional (risas).


PJ: Muchas gracias por tu tiempo, Ian. Ha sido fantástico. En ProgJazz muchos fans esperaban que conversáramos contigo. ¿Podrías compartir unas palabras para saludar a la comunidad?

IAN: Gracias a ProgJazz. Compartiré las mismas palabras que comparto con los fans de todas partes, lo increíblemente halagado y agradecido que me siento de tener la atención de personas que disfrutan la música. No lo doy por sentado; es una bendición maravillosa que la gente disfrute lo que haces.

Lamento no poder ir a visitar a mis fanáticos sudamericanos, pero siempre son bienvenidos a visitarme a mí. Si entran en el sitio web de Jethro Tull, en jethrotull.com, encontrarán las fechas de la gira; y quizás quieran sentarse en un avión 15 horas y viajar a Alemania, la República Checa, Finlandia o donde sea, y venir a ver a Jethro Tull.

Son muy bienvenidos, y estaré deseando verlos.


Melómana, coleccionista de música en formato físico, traductora y administradora del grupo oficial de Riverside en Chile.

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