«Zoolook» de Jean Michel Jarre: Voces y vanguardias

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Tras el éxito sin precedentes de haberse convertido en el primer occidental en tocar en el país del dragón asiático luego de más de 4 décadas en Les Concerts en Chine (1982) – dicho sea de paso, tenemos la historia acáJean Michel Jarre experimentó una gran apertura de mente con respecto a otras culturas y lenguas.

Mientras eso pasaba, el francés había compuesto en 1983 un único álbum llamado «Musique pour supermarché» (música para supermercados), concebido como una única obra de arte que fue destruida públicamente, en protesta contra la comercialización de la música en dichos recintos. Igualmente, fue transmitida una sola vez a través de una emisión radial, donde Jarre instó a los oyentes a que lo pirateasen en sus casas. Acá está para que lo escuches.

Jarre llevaba casi dos años trabajando en procesar grabaciones de voces de personas alrededor del mundo para lograr un ambicioso proyecto que tenía en mente: Crear un LP con base en la fonética humana, fusionando sonidos vocales de distintas culturas con electrónica.

Junto con el etnólogo Xavier Bellenger, Jarre recopiló grabaciones de habla y canto en unas 25 lenguas diferentes, incluyendo dialectos como el quechua, el balinés o el inuit. Bajo los preceptos de la musique concrète de Pierre Schaeffer, esas voces fueron pasadas por el filtro del puntero sintetizador y sampler Fairlight CMI, tratadas rítmicamente y amplificadas en su pitch. Hoy, algo bastante común, pero en aquella época, toda una revolución.

Jarre quería crear un trabajo estilo “sinfonía fonética” o lenguaje musical universal sin significado directo, ensamblando estos fragmentos vocales globales en un tapiz sonoro que llegase a cualquier persona, sin importar su lengua nativa.

Así, este proyecto se convertiría en algo altamente tecnológico y experimental, incluso para los estándares de hoy. Este uso de timbres vocales foráneos añade una textura “étnica” y heterogénea al sonido, amplificando la sensación de un mensaje universal.

La grabación se estructuró primero trabajando las voces con noise gates, Fairlight y vocoder, para luego añadir capas de percusión electrónica, bajo y melodía. En este proceso Jarre perseguía precisamente la innovación: quería un arreglo que pudiese rayar en la locura y lo inescuchable, pero sin perder su acostumbrada accesibilidad. ¡Vaya desafío!

Por vez primera en su carrera, el francés reunió a un grupo selecto de colaboradores que se encontraban en la cresta de la ola de la vanguardia para aquellos primeros años 80′. Destaca la participación de la enorme Laurie Anderson, pionera del arte sonoro y la performance, quien colocó su voz en la pieza “Diva”; siete minutos de arte abstracto indefinible con sus habituales sonidos vocales indeterminados.

También colaboraron Adrian Belew, quien comenzaba a tener una gran vitrina con King Crimson, aportando sus clásicos efectos de guitarra; Marcus Miller, virtuoso del bajo conocido por su trabajo con Miles Davis, que aportó grooves funky; Yogi Horton, baterista de sesión clave en la escena soul/funk de los 80′; y Frederick Rousseau, quien asistió en programación y manipulación del CMI.


¿El resultado? «Zoolook«, lanzado el 16 de noviembre de 1984 (un juego de palabras que combina lo animal y lo lingüístico) posee una atmósfera futurista y multicultural. Gran parte de las pistas giran en torno a loops y samples vocales: voces humanas moduladas electrónicamente, actuando como base rítmica y melódica.

En paralelo, se perciben sintetizadores analógicos unidos a drum machines modernas en lo que es un maravilloso antecedente de la transición de los sonidos analógicos a los digitales durante los primeros años 80′, sobre las cuales se deslizan pads y las habituales líneas melódicas pop de JMJ.

Resulta difícil pensar en otro artista que llevó el Fairlight CMI a este nivel de manipulación. Quizá es solo comparable a lo que haría Kate Bush con su «Hounds of Love» en el siguiente año.

Es importante notar como Jarre se aleja deliberadamente de los sonidos modernosos de los nuevos Yamaha DX7, buscando un carácter más complejo. Una acertada decisión, ya que a estas alturas, el disco tendría una extraña similitud con las cosas más «poperas» de Europe o Van Halen.


Una mirada al «zoo»

Cualquier empresa destinada a describir el disco, canción por canción, está condenada al fracaso.

Las piezas de Zoolook mezclan sonidos extraños que rayan en el mal gusto en el mejor de los sentidos, con grooves bailables. Un verdadero museo antropológico de samples con arreglos pop/electrónicos pulidos.

Podemos destacar hits como la pieza homónima, un trozo de música abstracta de estructura libre, casi como una obra de arte sonoro más que una canción convencional. No hay una melodía clara: la pieza es más rítmica y textural.

Zoolookologie” es el otro hit de marcado beat bailable realzado por el bajo de Miller, las guitarras de Belew y una melodía del CMI muy divertida. Todo nos da la idea que está siendo cantada por «mujeres robot» (el video musical lo deja bastante claro).

Ojo con las piezas más proggy como «Ethnicolor» en sus dos partes; y «Diva» con Laurie Anderson. Son absolutamente supremas.

Único en su clase


Con el paso del tiempo, «Zoolook» se ha consolidado como una obra de culto dentro de su discografía. Un LP innovador y valioso, marcando la culminación de la vertiente concreta de Jarre en el mundo del art pop electrónico.

Uno de esos discos extraños cuyos sonidos no escucharás en ningún otro lado, y merece la pena volver a recordar.


ProgJazz es un colectivo unido por la amistad nacido en 2007, y que busca difundir música sobre la base del rock progresivo, el jazz, la música de vanguardia y todos sus géneros asociados.

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