«Let’s THRAK Again» de Stick Men, que la máquina vuelva a rodar

Stick Men es un proyecto que vio sus primeros brotes nacer en un disco solista de 2007 de Tony Levin llamado «Stick Man«. En aquel trabajo, Tony quería explorar su acostumbrado Chapman Stick con la tecnología más avanzada disponible en aquel momento, hasta sus últimas consecuencias, ayudado de los loops electrónicos de su colega de King Crimson, el baterista Pat Mastelotto.

Sin embargo, el sonido era demasiado bueno como para dejarlo solo para un trabajo, por lo que decidieron profundizarlo en un nuevo proyecto de pleno derecho. Para él, invitaron a otro experto en el stick, Michael Bernier. El trío ya no tenía solo un stickista, y solo había un nombre posible: Stick Men, en plural.

Desde aquella época han pasado casi 20 años y mucha agua bajo el puente. La banda ganó en musculatura y virtuosismo con la salida de Bernier y el ingreso de Markus Reuter, músico alemán aventajado en las touch guitar.

Después de cinco trabajos de larga duración y tres EP, llega el que sería el sexto disco llamado ¿Let’s Twist Again?… o más bien dicho «Let’s THRAK Again». Lejos de ser un baile sesentero de verano, nos encontramos invocando los fantasmas (o demonios) del estruendo mecánico de «THRAK», el disco con que King Crimson consolidó su formación de doble trío en abril de 1995.

El disco apareció oficialmente el 4 de septiembre de 2026 vía Unsung Records, aunque tuvo un lanzamiento escalonado. Una edición de un solo CD se vendió desde el 5 de junio como merch en la gira europea de BEAT (Adrian Belew, Levin, Steve Vai y Danny Carey), y al día siguiente, justo cuando Levin cumplía 80 años, se abrió la preventa en Bandcamp.

Es, además, el primer larga duración de estudio del trío en una década, tras el denso y convincente «Prog Noir» (2016), probablemente el mejor trabajo de la agrupación, ¿Hasta ahora?

La grabación se repartió entre Kingston (Nueva York), Dripping Springs (Texas) y Berlín, las bases de cada uno de sus integrantes, con masterización de Erik Emil Eskildsen y arte de Ritxi Ostariz. Según la banda, cada patch y cada timbre se diseñaron específicamente para este disco, en piezas pensadas para defenderse en vivo con un mínimo de respaldo electrónico.

Y claro, si estamos citando una de las etapas más grunge y pesadas de Crimson, «Let’s THRAK Again» tiene mucho de eso, con un sonido denso y metálico, que raya en el metal.

«Let’s THRAK Again» quiso hacer la gran Peter Gabriel y sus Bright/Dark mixes, por lo que existe en dos versiones o reels: la Reel One, mezclada por Stefano Castagna y ordenada por Levin, y la Reel Two, mezclada por Fabio Trentini (bajista de H-Blockx y Guano Apes) y ordenada por Mastelotto y Reuter, con 14 cortes en lugar de 12.

La banda lo plantea como un rompecabezas para audiófilos y una tirada de dados; el doble CD reúne ambas, mientras el doble vinilo transparente trae la Reel Two más dos extras, «Pulp» y la improvisación de 14 minutos «In Seventh Heaven».

Dos engranajes del mismo sistema mecánico

Para esta reseña, tomaremos la Reel One, solo por ser la más extendida en las plataformas de streaming. «Let’s THRAK Again» abre con la pista titular de poco más de tres minutos de un cuasi cover de la pieza homónima «THRAK» de 1995 y ayuda a establecer el talante industrial del disco, con algunos pasajes improvisatorios sumamente densos.

Del segundo verso de Let’s Twist Again de Chubby Checker sale directamente el título de «Like We Did Last Summer», aunque probablemente las calcetineras de la época habrían salido arrancando de la pista de baile ante tanta disonancia y potencia.

Le sigue «Haggin Triptych» que incluye «Renoir», «Carriage Parade» y «Yosemite Sunset», cuyos títulos apuntan al Haggin Museum de Stockton, en California, que atesora obras de Renoir y los grandes paisajes del Yosemite pintados por Albert Bierstadt.

Su clima atmosférico lo emparenta con los «Inner Garden» de aquel disco de 1995, y el paralelo es aún más evidente en la Reel Two, donde la pieza se desarma en tres interludios repartidos a lo largo del disco, tal como «THRAK» tenía esas pausas no menos luminosas cada tantos minutos.

El beat de la pesada batería de Mastelotto lleva todo el peso de «Komodo» con sus frippianas y fracturianas citas al medio, antes de desembocar en el ya clásico de Stick Men «Swimming in Tea», escrita por Reuter siendo adolescente para su banda del colegio. Así, el power trio la rescató como un instrumental pesado a mitad de tempo y así la tocó en decenas de conciertos, con diferentes mutaciones e improvisaciones a lo largo de los años.

Ahora recupera su velocidad original y su letra, cantada por el propio Reuter (la única pieza con voz cantada del disco), antes de desembocar en esos inventivos pasajes de stick marca registrada de Levin. Es la mejor versión de esta pieza, de todas.

Luego asoma el bloque heredado del anterior EP «Brutal», con «Bash Machine», la misma «Brutal», «Fandango» y «The Well» en dos lecturas distintas cada una. La pieza titular tiene su propia anécdota, ya que el nombre nació cuando Levin imaginó a Mastelotto sampleando la palabra en boca de Reuter, con su marcado acento alemán. En el disco aparece en dos variantes, una asociada a Levin en la Reel One y otra con la voz de Mastelotto en la Reel Two.

Para cuando llegan las avant garde «Reading the Future» y «Thief of the Dice» nuestra mente se siente como si estuviese resolviendo una prueba de ecuaciones diferenciales, mientras «Dark Birthday», que en la Reel Two abre el disco, arranca con un cuasi grito de alguna bestia salida del inframundo, para desembocar en una especie de The Police en esteroides, para hundirse luego en ambientes tan lodosos que no desentonarían en ningún disco de sludge metal. .

¿Es un disco nostálgico?

«Let’s THRAK Again» no suena como un ejercicio de nostalgia en absoluto, sino que se siente como una declaración de autoridad. Claro, si tenemos dos de los arquitectos de aquel sonido, junto a uno de los músicos que mejor ha prolongado el vocabulario de Fripp fuera de King Crimson, solo podemos obtener una maquinaria bien engrasada de más de tres décadas de funcionamiento, como si fuese un viejo camión Mercedes que sigue trabajando tal como el primer día, sin perder un ápice de su potencia.

Es cierto, quizá las piezas responden a una fórmula ya conocida por los fanáticos, y «Swimming in Tea» lleva años sonando en los escenarios; pero incluso con esos reparos, prácticamente ninguna banda contemporánea tiene el sonido, calidad, integridad artística y densidad que ostenta Stick Men. Y eso, a 20 años de su gestación, tiene un mérito enorme.

Por eso, Stick Men sigue siendo -por lejos- el alumno más aventajado de todos los proyectos satélite del rey carmesí. Hagamos THRAK otra vez, y que suene poderoso.


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